Nuestras vidas se cruzaron

Mons. Alejandro y la Hna Inés Arango, lan­ceados por los Aucas a quienes tanto que­rían, son mártires de la caridad.

A partir de 1970, nos habíamos encontra­dos algunas veces, pues somos dos Vicariatos colindantes, separados por la frontera Perú-Ecuador. Ambos llegaron hasta mi choza de Angoteros. Rocafuerte y Angoteros son dos misiones vecinas.

A Alejandro le gustaba compartir su expe­riencia; vibraba cuando me contaba de su contacto con los Huaorani. Como por ós­mosis me contagiaba de su entusiasmo. Nos comunicábamos mutuamente nuestra pasión por los pequeños del Reino, los in­dígenas. Él me animaba a seguir en esta entrega. Su actuación misionera me inspi­raba. Era la nueva evangelización que bus­cábamos para los nativos; una nueva ma­nera de defender el Proyecto de Dios sobre los pueblos indígenas frente al genocidio occidental.

Me acuerdo que el 27/11/77, en una visita a Rocafuerte, me había informado de que los Auca o Pukachaki estarían pasando también a Perú. Me hablaba siempre de los Quichua, Siekoya, Huaorani. Su rostro se iluminaba. Me enseñaba cantos en qui­chua, yo le entregaba los tonos nativos re­cuperados que utilizábamos nosotros, los cuales él incluyó el 4 de octubre de 1983 en su cantoral comentando: “Aquí quiero hacer mención especial del P Juan Marcos Mercier que, con su valiosa colección del Bajo Napo, nos ayuda a unir en abrazo de hermanos, por el canto, la oración y el amor, a toda la familia creyente de la cuen­ca del Napo”.

Mons. Alejandro Labaka nos sorprendió por su actitud entre los nativos al querer descubrir ahí al Dios preexistente: “Me esfor­cé para no llevar mi Breviario. Nada. Es que primero hay que aprender de ellos. He visto..., Dios está con ellos. Ahora no nece­sitan Misas. Necesitan cariño, justicia y tie­rras para su futuro como pueblo... Ellos tie­nen su fe en Dios, en su Huinuni. Es necesa­rio conocer sus criterios, sus sentimientos e ir caminando a su lado, encontrar a Jesús que vive entre ellos”.

En algunos aspectos vivíamos algo seme­jante. En 1973, en abril y noviembre, me tocó ser el primer sacerdote en estar unos meses entre los Matsés o Mayoruna, indios llamados bravos, del río Yavari, frontera Perú-Brasil, que vivían todavía en la inocen­cia de una desnudez paradisíaca. El 26 de noviembre el Ministerio de Agricultura me entregó el ex-pediente por el cual se les re­servaba 350.000 hectáreas de tierra. Por su­puesto no podía dedicarme a la vez a los ru­nas del Napo y a los del Yavarí. Mi obispo me prometió entonces que él mismo iba a buscar un par de misioneros para vivir en medio de los Matsés.

¡Alejandro! Éramos como dos Hermanos Menores que vibraban por lo mismo: el Reino, los pequeños, los indígenas de la Selva. Sintonizábamos en seguida. Te entusiasmabas cuando me hablabas de tu expe­riencia de encarnación entre los Huaorani, de tu ecumenismo con los Siekoya.

Intercambiamos casetes en las cuales los Siekoya, en su idioma, se enviaban mensajes familiares. Nuestro interés hacía buscar las conexiones entre los nativos de allá y los de aquí. Investigar si podían ser parientes de los Huaorani nuestros Vacacocha (Aé'wa), Aushiri o Arabela, del Perú. Con tal fin intercambiamos vocabularios. Él encontró unas 10 palabras parecidas entre Huaorani y el léxico Aushiri del P. Avencio, 2 con el Arabela, y una sola con el Vacacocha (notita del 7 de enero de 1980). Me enviaba las más importantes de sus crónicas. Con devoción guardo su última firma.

¡Alejandro! No me olvido con qué emoción me contaste, a la luz débil de una lamparina, en mi choza de Angoteros, tu adopción y despojamiento huao; repetición del desnudamiento de san Francisco delante delobispo de Asís... Fue de verdad para ti una entrega solidaria a esta etnia, como la de San Isaac Jogues al pueblo Iroquese: “Este pueblo es para mí un esposo de sangre. Me he casado con él con mi sangre”.

Gracias, Alejandro, por nuestros encuentros, demasiado breves. Que nuestras vidas se hayan cruzado es una bendición para mí. A la gloria del Padre de Jesús, nuestro Padre.

Juan Marcos Coquinche

CABODEVILLA, Miguel Ángel (Ed.) Tras el rito de las lanzas. CICAME 2003. p. 132-133.

Alejandro y sus sueños pendientes

Me preparo para morir

Al borde de un sueño,

Como el mártir se prepara para morir

de nuevo.

Mahmud Darwish

 

Lo que el olvido se llevó

El día 23/7/1987, dos días después de la muerte de Alejandro e Inés, cuando se estaba a punto de enterrar sus cuerpos en la pequeña catedral Coca, el Municipio de la ciudad levantó un acta oficial en la que podía leerse esta propuesta:

 

Recomendar su nombre a las generaciones futuras, como ejemplo de honestidad, trabajo, capacidad y sacrificio supremo, en aras del amor para sus hermanos.

Fue un gesto hermoso, pero, como tantos que se hacen con buena voluntad, quizá falto de contenido. Una palabra al viento. ¿Cómo se recomendó a la sociedad ese nombre de Alejandro como un ejemplo?, ¿de qué manera se pensaba mantener en la memoria de todos su esfuerzo solidario, su gesta de valiente, su sacrificio final de amor, por los más olvidados? Nada de eso se decía, ni se previno u organizó. Simplemente se escribió en acta, se firmó; luego se cerró el libro y a otra cosa. Dejemos que el tiempo haga su tarea y borre toda memoria, como hace el río con las pisadas sobre su playa.

En la iglesia de Aguarico, claro está, se sigue manteniendo, de alguna manera, el recuerdo vivo de la vida, trabajo, ideales y muerte de los dos misioneros. Pero, ¿qué sucede en la sociedad de Coca, más aún en el resto del país?

El Municipio decidió también que el puente que une la ciudad con esa carretera que se adentra en tierra huao, y se llama de tan mala manera Vía Aucas, ese puente llevaría su nombre: Alejandro Labaka. Lo pensó muy bien y con justicia. Porque Alejandro fue un auténtico pontífice, es decir, un hacedor de puentes entre las dos orillas culturales: la sociedad huaorani y la nación ecuatoriana. Se empeñó en crear modos de respeto mutuo, de entendimiento y relaciones pacíficas. Precisamente murió en su último intento de construir un puente con uno de los últimos grupos indígenas sin contacto pacífico: los tagaeri. Así que parecía muy propio y justo que ese nombre llevará su nombre, en una placa que se decidió colocar en su base, a la vista de todos, como un recordatorio del hombre que buscaba el diálogo mucho más que la confrontación o la violencia. ¡Y nunca se puso esa placa hasta hoy! Nadie sabe que ese puente se llame Alejandro.

En Ecuador se hizo y divulgó un serial televisivo (tres episodios, si no recuerdo mal, precisamente con el título EL PUENTE LLEVARÁ SU NOMBRE) para el cual se podría recordar aquella afligida sentencia: la buena voluntad no basta. U otra, todavía más lapidaria: hay gustos que merecen palos. Los resultados finales de la serie citada, en efecto, quedaban muy lejos de la generosa intención de su autor.

Es cierto que su nombre ha servido para llamar otras cosas o actividades. Hay, por ejemplo, una línea local de buses llamada así: Cooperativa Alejandro Labaka. Existe una Parroquia del cantón Orellana, con ese mismo nombre. Etc. Pero ya apenas nadie recuerda a quién se refieren, ni quién era ese sujeto. Mucho menos qué hizo, como vivió y murió, por qué se le recuerda en esos títulos. La memoria es débil, si no se la alimenta convenientemente se va desvaneciendo y puede acabar por confundirse.

A pesar de todo, ¿merecería recordarse su figura, como decía la bienintencionada acta municipal de Coca, a las generaciones futuras, las de ahora mismo, como ejemplo? ¿Por qué? ¿Qué hizo por la sociedad de su tiempo? ¿Y en qué sentido puede su figura ser todavía significativa para el nuestro?

 

La luz de Alejandro es alargada

Dicen los astrólogos que hay estrellas en el firmamento que ya se extinguieron, se apagaron. No obstante, su luz sigue llegando a nuestra tierra a través de la distancia espacial. Esto no es una figura retórica ni pomposa si la aplicamos a Alejandro, más bien se queda corta, porque muchas cosas que él inició han alcanzado su cumplimiento después de su muerte y todavía quedan otras pendientes que es preciso llevarlas a cabo.

Dicen que el tiempo es el juez definitivo, de manera que da o quita razón a las cosas que hacemos, a los pronósticos que aventuramos. En este sentido se habría de afirmar que el tiempo ha sido un juez de lo más benigno con las propuestas, ilusiones y planes de Alejandro; no solo les ha dado validez, las ha confirmado, sino que definitivamente le dio nada menos que toda la razón. Comprobémoslo en unos cuantos ejemplos concretos y más decisivos.

Ya en 1977 él, y muy poquitos más, pidieron que el Estado ecuatoriano reconocieran el derecho de los grupos huaorani a compartir un territorio indivisible y lo más amplio posible. El propuso una delimitación concreta. De las autoridades del tiempo, al ver el mapa, unos sonrieron compasivamente, otros se mofaron de forma abierta, los más amables tacharon de irrealizable y quimérica la propuesta. Alejandro murió diez años después, cuando muchos se iban sumando a su pretensión y la levantaban ya como una bandera, aunque las autoridades continuaban sin aceptarla. Sin duda su muerte fue decisiva en esa lucha e inclinó la balanza hacia su vieja pretensión. De manera que, tres años después de su lanceamiento y 13 después de su propuesta, el Gobierno vino a darle la razón donde gobernantes anteriores no le daban sino burlas. Los huaorani recibieron, al fin, un territorio cuyo primer defensor legal fue el obispo lanceado.

En esos finales años setenta y al comienzo de los ochenta, Alejandro, cuando se dirigía a cualquier huaorani, hombre o mujer, o cuando escribía sobre ellos, les llamaba señor o señora, sin ninguna diferencia con otra persona cualesquiera. Recordamos aún cómo los jefes o trabajadores petroleros se burlaban de él cuando llamaba, con toda cortesía, señores, a aquello lluchitos que se acercaban a robar a los campamentos petroleros. De nuevo, lo que entonces levantaba burlas, ahora es algo reconocido por casi todos. La defensa de la igual dignidad de las personas, por encima de otra distinción del tipo que fuera, fue una de las características más notables del trato de Alejandro.

Años antes de su muerte, Alejandro había hecho también otra propuesta que se consideró, en ese primer momento, como absurda. Él decía que el Estado ecuatoriano debía firmar “un Tratado de Paz” con los grupos aún sin contacto. Al mismo tiempo defendía que el petróleo, la colonización, o cualquier otra forma de conquista, no debía hacerse antes de un contacto pacífico y, por tanto, de una consulta previa y una explicación plausible a esos grupos. La propiedad de la tierra, defendía él, es de los indígenas por encima de las pretensiones de cualquier Estado, por tanto nadie podía actuar en ella sin autorización. Esto que en los años 80 parecía a casi todos en Ecuador desatinado e incluso inverosímil, ahora es doctrina que proviene de la legislación internacional y que acá va aceptándose mal que bien por todos.

Hace poco el actual Presidente ecuatoriano, sr. Rafael Correa, reconoció que el problema de los grupos selváticos aún sin contacto es un problema del Estado, el cual debe reconocer sus derechos y comprometerse a hacerlos respetar. Alejandro hubiera estado muy feliz de escuchar eso. Y aún tendrá esperanzas de que alguno de sus viejos sueños (una enseñanza bilingüe para todos los huaorani, la organización propia y consolidada, la intangibilidad de la selva donde siempre han vivido, etc.) sean aceptados, siquiera sea poco a poco, por una sociedad a la que cuesta demasiado reconocer como igual al diferente.

Sí, la vida y palabra de Alejandro siguen alumbrando los pasos que debemos dar en esta parte de la patria ecuatoriana.

 

Miguel Ángel Cabodevilla

Misionero capuchino

Coca 6.6.2007

Curia general: recuerdo de Alejandro Labaca

Prot. N. 1853/87

M. R. P. Eleuterio Ruiz, Min. Prov.

Mayor, 50, 1.° Apdo. 15

BURLADA (Navarra). España

 

Estimado y querido Padre: Paz y bien.

Me dirijo, de nuevo, a ti con el recuerdo de Alejandro Labaca.

He leído vuestro último OPI (n? 285), y su lectura ha aumentado mi amor mi aprecio por él. He sentido el impulso de manifestártelo.

Me he encontrado, además, en el Sínodo en curso, con el Vicario Apostóli­co de S. Miguel de Sucumbíos, Mons. Gonzalo López Marañón, que celebre por la muerte de Alejandro. Me ha hablado de él con encomio y con la convicción de considerarlo como auténtico mártir de Cristo.

Por ello, me parece muy bien la intención de la Conferencia Episcopal Ecutoriana de pedir a la Santa Sede «la elevación a los altares de los dos misioneros muertos a manos de los Tagaeri».

Sería un honor para vosotros y para la Orden; pero será, sobre todo, un estímulo.

Demos gracias a Dios porque no nos faltan tales estímulos, pidámosle nos los aumente, porque mucho lo necesitamos.

Con mi gratitud por el hermano que habéis dado a la Orden, mi bendición confortadora y siempre fraterna.

Roma, 30 de octubre de 1987

En comunión de aspiracióny de afecto.

 

Fr. FLAVIO ROBERTO CARRARO
Min. Gen. O.F.M. Cap.

Monseñor Labaka: mártir de la selva

EL 21 de julio de 1987 el veterano misionero español Alejandro Labaka y su colaboradora, la monja colombiana Inés Arango, se hicieron abandonar en helicóptero en las inmediaciones de una maloca de indios aislados de un clan llamado Tagaeri, en laAmazonía ecuatoriana. Pretendían convencerles que se dejasen contactar en un intento por salvarles la vida. Labaka preveía que un día u otro los intereses dominantes en la zona – petróleo y madera – conseguirían que aquel pequeño grupo, oficialmente inexistente, fuera aniquilado, borrado del mapa, como tantas veces ha venido ocurriendo. No tuvo éxito. Al día siguiente sus compañeros de la misión de Aguarico sacaron no menos de veinte lanzas de su cadáver. El pasado sábado se cumplió el XXV aniversario de su muerte.

El capuchino Andueza muestra una lanza extraída del cuerpo de Monseñor Labaka.

Capilla de la misión de Coca, Ecuador.

FOTO © José F. Ferrer

Evangelio de la Vida

TODO PARA TODOS.

CRISTO EN TODOS.

SEMINA VERBI.

Según usos todavía vigentes, Alejandro cuando le hicieron obispo hizo componer un escudo de "chonta". En el escudo hay muchos árboles, un río largo con un indio bogan­do en solitario y ceñido todo ello del cordón franciscano y de las tres frases de arriba. También se hizo labrar un báculo de chonta, con el que quiso pastorear causas y gentes, hasta que una lanza de chonta hizo florecer de rojo esas tres frases que son un testamento en su escudo.

Alejandro ha hermanado así la vida y la muerte, la idea y la realidad, la "civili­zación" y la civilización, la naturaleza y Dios, el Evangelio y las semillas de evan­gelio, con esta gesta de martirio por el pueblo indio que, después de quinientos años, no ha encontrado el auténtico Dios 'indio'.

Nos ha tocado vivir con Monseñor Alejandro en un lugar maravilloso y trágico, donde chocan de una forma legendaria aspectos y puntos de vista irreconciliables: culturas, modos de vida y pensamiento, el silencio primordial de la selva y el ruido ensordecedor de máquinas sofisticadas, la libertad de los primeros pueblos y la an­gustiosa mezquindad del acaparamiento multinacional, la naturaleza más bella de la tierra y el saqueo de la cultura occidental que destruye para tener y conquista para "civilizar". Lo que ha sucedido en ese rincón de la selva, junto a una casa de hoja­rasca desbaratada por el aire del helicóptero y entre unos troncos de árboles despa­rramados por el suelo, no es un episodio sangriento, cerrado por la noticia, es la interpelación del profeta frente al torrente impresionante de ideologías y causas de salvación que no esperan la contestación a la pregunta que nos lanzan a la cara: ¿qué es la verdad?

Por eso las 18 lanzas clavadas en su cuerpo desnudo han hecho reventar una flor más del Evangelio que está naciendo a lo ancho de estas tierras americanas donde, paradójicamente resulta más peligroso defender la vida y la dignidad humana que “predicar" el Evangelio. El evangelio de la vida, de la dignidad y de los derechos del hombre, de los más pequeños, de los INDIOS que todavía esperan ser admitidos como sujetos concretos de la teolo­gía de la liberación. Teología, por tanto, a la que falta el capítulo profundo sobre la cultura y sobre los pueblos "creados indios”.

Monseñor Alejandro Labaca vivió un tipo de evangelio y de testimonio peculiar; ubicado al borde de este mundo increíble; en las fronteras de la "civilización" y de la "teología"; lugar de debate de proyectos sociales, culturales, económicos y teológicos. Llevan­do la divisa grabada en sangre de su escudo de obispo: TODO PARA TODOS. CRISTO EN TODOS. SEMILLAS DEL VERBO.

Hno. José Miguel Goldáraz

Sup. Reg. de Aguarico.

Agosto 1987

Mensaje de los Caminantes 2016

Mensaje de los Caminantes 2016

Con Alejandro e Inés, “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde el Santuario de Guápulo de Quito y desde el santuario de Alejandro e Inés del Helipuerto de Tiputini hasta las tumbas de Alejandro e Inés para recibir la gracia de la misericordia que nos lleva a ser signo profético creador de un mundo nuevo de respeto a las culturas y a la creación.

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Celebrando 29 años de la entrega martirial de  ALEJANDRO E INÉS  1987-2016

Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en…

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Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos. Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han…

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Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos.

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LOS VUELOS DE 1987

Hasta este momento no han aparecido los Tagaeri. Se quiere proseguir
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7ª Etapa: 15 julio: Reventador a Lumbaqui

Agradecidos por la acogida y alegría de la comunidad del Reventador y los laicos, posesionados de su responsabilidad comunitaria, nos han dado ejemplo de organización y vivencia en comunidad. A las 05:30 nos despidieron con el desayuno, nos han hecho sentir el amor hecho servicio. ¡Qué lindo sentirnos hermanos en Jesucristo y en la fe!. ¡Bendito sea Dios, a él la gloria y la alabanza! Iniciamos la jornada pidiendo la fuerza al Espíritu Santo, ya que esta Caminata no se basa en la fuerza de cada caminante, sino en la fuerza del Señor, en la energía y sueños de la fraternidad y en la presencia misteriosa de Alejandro e Inés. Leer más...

Ultima estancia de Inés con los Huaorani

En el mes de junio, del 9 al 19, Inés con el consejo de Monseñor, ha estado de visita en el grupo amigo de los Huaorani. En su libreta nos ha dejado unas notas, breves líneas sueltas de los acontecimientos vulgares de cada día.

10 de junio, miércoles. A las 8 me bañé en el río, lavé la ropa; recé un poco y luego de lápiz en mano, apuntando toda palabra nueva. Kay haciendo umpa, luego Deta, y Kay se fue de cacería. No encontró nada. Jugué con los niños. Deta me cuenta una historia larga de la creación.

A las 4 llega Gabamo, Inihua...

11 de junio, jueves. Se van de cacería, comemos arroz, atún, plátano frito... Aprendo un poco de Huao con Deta. A las 3 llegan del monte a cocinar. Comí carne frita con plátano fresco.

12 de junio, viernes. Inihua va al monte a buscar palo con Juan Grefa para canoas. Kay, Deta, Uñacan-go, Gabamo, Dagua, Omehuay, a Garza-Cocha. Me quedo con Yaye, Nemonite, Way, Buca y Güimo.

13 de junio, sábado. (Los gringos se van a las 7 de la mañana. Kay, Deta, Omehuay, Inihua y otros se van al monte). Traen tres ures. Llovió mucho.

14 de junio, domingo. Levantada a las 5,30;

arroz, chicha, atún. Salimos Inihua, Deta, Kay, Güimo, Gabamo (motorista), Inés, Ahuemuro; a las 2,30 estamos en Samona; a las 4,30 en la playa de Ahuemuro. Tomamos chicha dos veces. Ayudo todo el día (pepas).

15 de junio, lunes. Levantada a las 6,30. Buen día. Cocinamos en dos casas: Deta con Buca y yo con Kamero. Arroz, plátano, huevo.

16 de junio, martes. Se van a la Compañía Kay, Gabamo, Tihe, Incobe e Inihua. Traen arroz, azúcar y patatas (?) para los de Kay. Comimos arroz dos veces al día y pescado asado y chicha. Llovía en toda la casa; nos parábamos en algún rincón. Trajeron mucha comida de la Compañía; gasolina no.

17 de junio, miércoles. Se van de nuevo a la Compañía...

18 de junio, jueves. Llueve y llueve todo el día. Todos han soñado que llega el Capitán. Incobe me hace abanicos. Rezo, leo y aprendo Huao. De tarde se van a buscar carne Gabama y Tihe.

Del viaje y estadía de Hna. Inés entre los Huaorani tiene Monseñor un informe oficial, de fecha de 15 de julio, que quedó sobre la mesa de su despacho sin enviar, a la hora del desenlace. Va dirigido al Sr. Ingeniero Edmundo Rojas, Subgerente de Planificación de CEPE, y dice así:

"Al haberse organizado un nuevo contrato de trabajo de la CGG en el área Huaorani de Ahuemuro, se considera conveniente hacer una nueva visita de amistad a los Huaorani para mantener los lazos de amistad, constatar su estado de salud y observar los cambios existentes.

Viaje y estadía de la Hna. Inés Arango. Establecidos los objetivos, la Hna. Terciaria Capuchina, Inés Arango, viaja hasta Rocafuerte el día ocho de junio y, desde aquí, a Taparon Anameni (Garza Cocha) donde permanece en amistosa convivencia los días 9, 10, 11, 12 y 13.

Con el mismo fin, de mantener y fortalecer las buenas relaciones de amistad, el día domingo 14 sube hasta Ahuemuro con canoa; motor y motorista el joven nativo huao GABAMO a quien proporciona el combustible necesario para el viaje, comida y salario diario. Los días siguientes 15, 16, 17, 18 y 19 vive en una casa juntamente con la familia Huao.

Observa la hermana que los nuevos trabajos imprimen un nuevo ritmo a la vida de los Hauorani: tres jóvenes esposos: Araba, Anaento y Bainca trabajan en la CGG y los otros van constantemente a rodear los campamentos petroleros con el fin de intercambiar alimentos por animales, aves o pequeñas artesanías como cerbatanas, con aljabas y carcaj. También parece que muchas veces se sustraen los alimentos y combustibles.

Entre tanto Monseñor Labaka, después de dos días de espera en AUCA 14, por mal tiempo, puede, por fin, el día 19 volar a Ahuemuro y después de saludar a los Huaorani, regresa al campamento juntamente con la Hna. Inés Arango, Misionera terciaria Capuchina".

Sigue en el informe una evaluación de Monseñor con el Ingeniero Claude Chestier sobre algunos puntos.

Así pues, el día 19 de junio el Capitán Memo recogía en helicóptero a la Hna. Inés que los próximos días iba a estar en Colombia.

LA VIDA DE HNA. INÉS ARANGO VELÁSQUEZ

INÉS ARANGO VELÁSQUEZ

Religiosa Colombiana, nacida en Medellín, el 6 de abril del año 1937 y muerta en la selva ecuatoriana alanceada por los indios Tagaeri el 21 de julio de 1987.

 

PRIMERA PARTE: FAMILIA E INFANCIA

“Nací libre como el viento

de las sierras antioqueñas”

 

Así reza el himno de la GRAN ANTIOQUIA, donde vio la luz del día nuestra muy querida y siempre recordada hermana INÉS ARANGO VELÁSQUEZ.

Entre los más grandes de Colombia

Antioquia es el sexto departamento colombiano en extensión territorial. Rico en paisajes, montañas, cerros, verdes y frescos calles, ríos, llanuras con fértiles pastos, hermosas costas a la orilla de los dos océanos que rodean a la hidalga Antioquia: Océano Atlántico y Océano Pacífico. Situado al noroeste de Colombia, es un departamento líder y promisorio.

Medellín, su capital “Ciudad Industrial de las flores” “Capital de la Montaña”, denominaciones que tiene que ver con sus paisajes, sus tradiciones, sus recursos y deseo de realizaciones, rodeada de montañas y cruzadas de sur a norte por el río Medellín, el río principal de su hidrografía. Situada en el Valle de Aburrá a 1.525 metros sobre el nivel del mar, y un promedio de 24 grados, es una de las ciudades más grandes de Colombia.

Fundada en 1.675 y convertida en un gran centro industrial desde los años 30. es hoy por hoy ejemplo de vanguardia y pujanza Antioqueña que con brazos abiertos recibe visitantes de todo el mundo, Medellín mezcla la majestuosidad del Valle de Aburrá (llamado así por los indígenas que lo habitan a la llegada de los españoles), con la armoniosa combinación de estructuras del siglo XX, con el verde de sus árboles primaverales y as imponentes montañas que sirven de murallas alrededor de la ciudad.

Para aquel entonces, en tiempo de la niñez de Inés, todavía Medellín no tenía el aire majestuoso de ciudad, pero ya se vislumbraba el crecimiento y progreso que iba alcanzando en el campo económico, social, cultural, comercial, etc. Inés llevaba en sí, muy adentro, el espíritu de verdadera paisa, cuyas características entre otras son:

Es un ser amable al saludar, fuerte y decidido al estrechar la mano; malicioso y hábil al hablar de negocios, franco y fiel a su palabra, brusco al decir la verdad, pero lo que dice es cierto, optimista en la derrota, alegre en el triunfo. No importa donde haya nacido, porque es tan especial, tenaz, laborioso, soñador, tierno, honrado, trabajador, hablador, que capaz de nacer donde le plazca sin dejar de ser un paisa, es regionalista porque se siente orgulloso de lo suyo y seguro de lo que es. Trabaja a diario por Colombia; le ama sobre todo y ante todo. Si lo ve podrá decirle al mundo que conoció un Paisa.

 

SUS PADRES Y ANTEPASADOS.

En uno de los barrios de Medellín, en el BARRIO BELÉN, vio la luz de l día una niña para quien la providencia tenía reservados caminos impredecibles.

Allí vivía por aquel entonces el ejemplar y patriarcal matrimonio formado por don Fabriciano Arango y doña Magdalena Velásquez, descendientes ambos de raza antioqueña, de fervientes principios cristianos, practicantes y defensores de su fe, la que sabiamente con palabras pero sobre todo con su ejemplo, con su testimonio de vida, fueron infundiendo cada día a sus hijos, testimonio que dejó en ellos huellas imborrables y fue siempre una impronta que los guió y definió en sus decisiones ante la vida y como cristianos.

De esta unión matrimonial vino al mundo una corona de 12 hijos: 5 varones y 7 mujeres, familia que iba creciendo y bebiendo de tan precioso árbol la nutriente savia que alimentara la vivencia de una vida de fe, de temor de Dios, y de confianza sin límites en la Providencia.

El ambiente familiar de donde provenían don Fabriciano y Doña Magdalena, fue un ambiente “levítico”. Ellos mismos fueron alimentados y vivificados en hogares recios y fuertes en virtudes. Sus familias provenían de esos troncos que a manera de robles se yerguen para responder valientes las arremetidas de la vida. Encontramos en su árbol genealógico hermanos, tías y tíos sacerdotes, misioneros y sobre todo una familia muy enraizados en el árbol franciscano ¿Qué extraño que al formar su hogar, fuera éste una prolongación y remedo de lo que cada uno vivió en el suyo?

En la unión matrimonial formada por don Fabriciano y doña Magdalena se dieron a cabalidad las características del matrimonio cristiano: unidad e indisolubilidad, fidelidad y fecundidad. Y como fruto precioso Dios les regaló doce hermosos y promisorios descendientes: Hernán, Fabiola y Orfa; Rafael, Otto, Ángela, Magdalena, León y Conrado, Cecilia, Inés y Ana Isabel.

Siete mujeres, cinco varones, siendo Inés entre los doce, la undécima, Cada nuevo hijo traía a la familia nueva alegría, nuevas esperanzas, nuevo planes de vida para el futuro.

La vida en familia se iba desarrollando normalmente: un papá laborioso dedicado a su trabajo en la Banca, donde fue escalando diversas posiciones, gracias a su dedicación honradez y pulcritud de costumbres, un poco apretada la situación económica, según testimonio de uno de sus propios hijos, y nada de extrañar, debido al duro pero gozoso compromiso y a la obligación moral de sostener y levantar familia tan numerosa, doña Magdalena dedicada de lleno al cuidado de sus hijos y del hogar; laboriosa y difícil tarea. Gracias a que aún no se ha dado la liberación femenina, tuvieron estos hijos la fortuna de gozar de lleno de los cuidados, mimos y detalles de su mamá.

Fue un hogar alegre y dinámico, con la presencia de chicos llenos de vida, energía e inquietud. Hogar de sanas costumbres y tradiciones, no fue golpeado por la degradación de sus raíces, tales como la ambigüedad acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, ni por la desintegración familiar, etc. Al contrario, fue un centro de transmisión de valores con el testimonio de cada día, viviendo a cabalidad o aprendiendo de sus mayores las costumbres de la época,: misa diaria desde pequeños los que eran conducidos por sus padres, rosario, catecismo dominical, salidas y expansiones siempre juntos, todo un beber en las fuentes el agua fresca de una fe robusta, futuro esperanzador para esos hijos que poco a poco se van abriendo a la vida y buscaron quien antes, quién después, su realización personal sin encontrar oposición, sino orientación y apoyo en clima de libertad.

 

En cuanto a su hogar, Cecilia su hermana dijo:

“Nuestro hogar podemos decir que fue modelo de piedad, fervor y religiosidad, ya que mis padres fueron verdaderamente cristianos. Con un gran amor a la Virgen Dolorosa, todos los problemas eran colocados en sus manos… todas las noches se rezaba el rosario y antes de ir a la cama cada uno pedía la bendición y recomendaba se le llamara para ir a la Misa al día siguiente”

Con el pasar de los años estos hijos fueron encontrando caminos de futuro y se organizaron: Fabiola, Cecilia e Inés, Terciarias Capuchinas. Los varones todos, formaron sus hogares y los bendijeron con el sacramento del matrimonio, semilleros y ejemplo para sus hijos, dando lo que ellos recibieron en abundancia… hombres de negocios, profesionales otros, comprometidos con Dios, con la patria y con la sociedad a la que pertenecen o pertenecieron. Al igual que Orfa, Magdalena y Ana Isabel, Ángela permanece soltera, desde ese estado realiza un importante papel como cristiana comprometida, respondiendo desde allí a su plan de salvación, porque aunque estuvo algunos años formando para de la comunidad de Hermanas Terciarias Capuchinas, poco a poco fue discerniendo que su lugar estaba como laica, ayudando a quienes lo necesitan, y como lo hace cada uno y cada una, desde el lugar de su realización y cumplimiento de su misión. Para este momento, ya varios han pasado a la Casa del Padre: Rafael, Otto, Conrado, Orfa.

 

BAUTISMO CONFIRMACIÓN, PRIMERA COMUNIÓN

La pequeña Inés recibe, como todos los niños de la época, las aguas bautismales a los pocos días de nacida, en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Belén, costumbre con la cual la Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor y además, siempre ha estimado que no se debe privar a los niños del bautismo durante mucho tiempo, sin justa causa. Es también una tradición memorable que se debe respetar. Este acontecimiento produce en la familia alegría y regocijo.

Siguiendo el hilo conductor de su infancia, llegamos a la recepción del Sacramento de la Confirmación, donde reafirma su condición de cristiana, adquiere una configuración más profunda con Cristo y una mayor abundancia del Espíritu Santo, Espíritu que le dará la plena madurez en la fe hasta las últimas consecuencias, hasta la inmolación en la cruz del martirio, como en ella se realizó.

Recibió este sacramento el 6 de octubre de 1940 de manos del entonces Arzobispo de Medellín, Monseñor JOAQUIN GARCÍA BENÍTEZ, sacramento que recibió en compañía de su hermana Cecilia. Tenía entonces 3 años y medio.

La Primera comunión la recibió en el Colegio de la Presentación de Medellín cuando cursaba el Infantil, apenas abriéndose a la vida, y con el entusiasmo y la limpieza de quien en la flor de la inocencia se acerca a recibir al dueño de la vida desde siempre y para siempre.

La niñez de Inés sigue su curso, desarrollándose al ritmo de las exigencias y costumbres de cada día, suave y tranquila al lado de sus padres, hermanos y hermanas en actividades, juegos y distracciones propias de su edad.

En 1944 ingresa al Colegio de la Presentación donde cursa el Infantil y los grados primero y segundo de educación primaria. Los grados tercero, cuarto, quinto y parte del 1º. De Bachillerato los cursa en la escuela normal de la ciudad, dirigida por honorables y especializadas pedagogas, muy admiradas en la sociedad.

Sus actividades en esta época son las normales para una niña de su edad: asiste puntual y gozosamente al Catecismo Dominical, donde participa de todo lo planeado y organizado por quienes lo dirigían. Es huésped seguro en las fiestas infantiles a las que asistía en compañía de sus hermanas, ya que vivaracha como era, todo lo disfrutaba a cabalidad. En Navidad asistía al rezo de la Novena al Niño Jesús y participaba del canto de villancicos y coros navideños.

 

SEGUNDA PARTE: ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Con el devenir de cada día, Inés fue entrando en la adolescencia, periodo crítico plagado de ajustes y problemas. Se entra en la adolescencia con buena parte de los sentimientos, actitudes, capacidades y dependencias de la vida anterior. Lo normal es que culminada esta etapa ya se esté preparando para comportase como persona responsable y adulta.

 

Un autor desconocido escribe acerca de esta etapa:

“No estás sólo. Perteneces a una familia y a unos amigos. Formas parte de un pueblo o ciudad, de una tierra, de un país y de una cultura. Goza y disfruta con las cosas y personas que la vida ha puesto en tu camino; hacerse mayor es una hermosa aventura que exige esfuerzo y no un juego para caprichosos”.

Como su hermana Fabiola, Terciara Capuchina, había sido trasladada a la Normal La Mercede Yarumal, dirigida por esta comunidad religiosa, Inés se fue a su lado a continuar sus estudios; ahí termina el 1º. Bachillerato que había iniciado en la Normal Antioqueña cursa además el 2º. e inicia el 3º. Esto hasta 1953, cuando su hermana es trasladada nuevamente y entonces Inés también emprende viaje de regreso a Medellín.

Al regresar de Yarumal, en su casi obsesión por realizar su sueño misionero, resuelve entrar de aspirante a la Comunidad de las Hermanas Misioneras de la Madre Laura, donde solo permaneció por escasos meses, fue un paso fugaz, ligero, como decisión tomada también a la ligera por una adolescente sin experiencia de la vida,. Su destino estaba en otro lugar, ya la Providencia le iría mostrando los caminos, como en efecto sucedió. Al salir del aspirantazo en 1953 se matricula en el Colegio María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas, donde termina el tercer año de bachillerato y cursa el 4º. año.

En esta época de su adolescencia se descubren en ella rasgos muy característicos de su edad y su temperamento: decisiones rápidas y poco estables; temperamento franco, ardiente, búsqueda de un ideal que para aquel entonces, aún no lograba. Sus hermanas carnales, sus compañeras de colegio, han dejado constancia de en sus testimonios de algunas manifestaciones en su actuar. La describen: amante y delicada con sus padres y en general con su familia, muy fuerte su devoción a la Sma. Virgen, su amor por las misiones por las que trabajó con empeño y dedicación en las jornadas misionales que se organizaban. Por sus venas corría sangre misionera, familiares muy cercanos de sus padres se destacaron como misioneros infatigables. Cuenta una prima salesiana que cuando recibió la primera comunión le dijo: “Yo seré monjita para entregarme a las misiones”

Se granjeaba el cariño de cuantos rodeaban por su sencillez y su alegría. Tenía una risa contagiosa, amante de la verdad, era transparente, no aceptaba nada incorrecto, lo que la hizo aparecer a veces como intransigente, poco tolerante.

De gran sensibilidad para con los pobres y necesitados. Del dinero que le daban para sus dulces y gastos semanales reservaba para compartir con ellos, sobre todo con los indígenas que siempre fueron soñado ideal. Tuvo muchos admiradores, pero su vista miraba otros horizontes, cuando se presentaban para visitarla siempre buscaba quien la sustituyera, el Señor no la llamaba al matrimonio, así lo expresó en varias oportunidades.

 

TERCERA PARTE: NACIMIENTO DE SU VOCACIÓN.

“Mi vocación es un fuego que llevo en el alma, con susurros de amor y de calma, como un viento que corre veloz, no es ilusión, no”

Cantaba con energía y alegría. Desde pequeña Inés sintió siempre en su corazón el fuego abrasador que la impelía a mirar hacia arriba y escalar las alturas de la santidad y de la entrega. La gracia de Dios la iluminó e impulsó a consagrarse a Dios plenamente y para siempre. Son llamadas a las que no se puede resistir sino que llevan a la entrega sin reservas.

Fiel a este fuego e impulso misionero ingresa en la comunidad de las “Hermanas Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina” comúnmente conocidas como Misioneras de la Madre Laura o más familiarmente, Lauritas.

 

LAS MISIONERAS DE LA MADRE LAURA Son una congregación colombiana, netamente misionera, fundada para construir el reino desde los más pobres, por la Madre LAURA MONTOYA UPEGUI, nacida en Jericó, Antioquia, Colombia, en 1874 y muerta en Medellín el 21 de octubre de 1949.

El 5 de mayo de 1914 salieron de la ciudad de Medellín, Laura Montoya Upegui en compañía de su madre y cinco jóvenes valerosas, iniciando lo que ella denominó “la obra de los indios”. El 14 de ese mismo mes y año, funda la congregación en las selvas antioqueñas de Dabeiba, con los indígenas Catíos.

La madre Laura tuvo una visión universal de su misión, celo sin límites de lugar, ni personas, ni tiempo, se afirma en su biografía; al morir la madre Laura deja 90 casas fundadas en tres países: Colombia, Ecuador y Venezuela, y su carisma misionero sigue latente como respuesta al “tengo sed” grito de Jesús en la cruz desde el abandono y la marginación en que se encontraban los indígenas. A esta congregación ingresó Inés cuando regresó de Yarumal, movida por el anhelo, casi que obsesión de ser misionera, ye entregarse a la evangelización de los indígenas; decisión ligera, sin mucha maduración, propia de sus edad adolescente, pero de admirar porque dio el primer paso para alcanzar lo que tanto anhelaba. Pero así como ingresó, rápidamente, así fue su decisión para salir. Permaneció únicamente por tres meses. Fue un paso fugaz, tres meses, pues no era el lugar para la realización y consumación de su vocación, y mas concretamente de su vocación misionera, solo que en su inquietante búsqueda creyó seria en el seño de esa comunidad donde encontraría el terreno propicio para la realización de sus sueños, pero… mis caminos no son vuestros caminos.

Cuenta una de sus hermanas, que una tarde llegó al convento de la Madre Laura doña Magdalena, su mamá, a cancelar el aporte que debían hacer las aspirantes; no la llamaron donde su mamá, pero ella, no se sabe cómo, la vio llegar y cuando se disponía a regresar a casa, la llamó y le dijo desde lejos, “mamá, espéreme que yo me voy con usted, yo no que quiero quedar más aquí” ¿Motivo?... en última instancia, caminos de la Providencia que guía amorosamente nuestros pasos en el caminar hacia el Padre, porque “Yo soy el barro, Tú eres el Alfarero Señor”. Al retirarse del aspirantazo de la Madre Laura, continúa estudiando el 3er. Año de bachillerato en el colegio de María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas. Corría el año 1953.

Las Hermanas Terciarias Capuchinas fueron para Inés como un ambiente natural desde su infancia, puesto que su Hna. Fabiola ya pertenecía por aquel entonces a esta comunidad y así tuvo desde pequeña la oportunidad de familiarizarse con las hermanas, conociéndolas poco a poco.

Esta comunidad fue fundada por FRAY LUIS AMIGO Y FERRER Obispo de Segorbe, el 11 de mayo de 1885.

En 1884 el joven Luis de Massamagraaell contaba solo 30 años, cuando movido por el Espíritu emprendió la colosal aventura de fundar esta comunidad, y cuatro años más tarde fundó la Comunidad de los Padres Terciarios Capuchinos de Ntra. Señora de los Dolores.

El Padre Luis había nacido en Massamagrell – España – el 17 de octubre de 1854. Desde niño sintió la llamada del Señor para consagrarse a su servicio. Después de vencer varias dificultades ingresó a la Orden Capuchina en Bayona Francia, el 12 de abril de 1874; tenía entonces 19 años; al regresar a España fue ordenado sacerdote en 1879.

Desde Massamagrell, su pueblo natal, ejerció su apostolado con varios grupos seglares y fue precisamente trabajando con estos grupos donde recibió la inspiración de fundar sus dos congregaciones, como él mismo lo escribe:

“El progreso siempre creciente de la Tercera Orden Seglar y el deseo de mayor perfección de algunas almas que querían consagrarse a Dios, me impulsaban ya mucho tiempo a intentar la fundación de una Congregación de Religiosas Terciarias Capuchinas y, creyendo ser voluntad de Dios, empecé a escribir unas Constituciones implorando para ello el auxilio divino”

La forma cómo surge esta Congregación pone de manifiesto los designios ocultos del Señor. El Padre Luis al escribir las Constituciones dejó muy en claro el espíritu propio de la Congregación. Le debe distinguir el espíritu cristiano en el amor y enmarcar su vida en la penitencia y en la minoridad franciscanas, dedicándose unas veces a la contemplación y otras a socorrer, con dedicación y esmero, las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, como la expresa en sus escritos:

“Las hermanas servirán al Señor en vida mixta, entregándose unas veces a las dulzuras de la contemplación y dedicándose otras, con solicitud y desvelo al socorro de las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, en los hospitales, asilos y casas de enseñanza… si en algún día La Sagrada Congregación de Propaganda FIDE las pidiese para las misiones entre infieles, se prestarán con toda docilidad”.

En 19885 el mismo año la fundación de las Hermanas Terciarias Capuchinas se desató en España, y sobre todo en Valencia, una terrible epidemia de CÓLERA ASIÁTICA que afectó profundamente la población, a tal punto que no encontraban quien atendiese a los enfermos ni quien le diera sepultura a los muertos.

Las autoridades angustiadas acudieron al Padre Luis pidiendo su heroica ayuda. Él expuso la situación al grupo de Hermanas que apenas iniciaban. Todas se ofrecieron generosamente. Cuatro se fueron a prestar el servicio en Massamagrell, y tres de ellas murieron contagiadas de la enfermedad.

Dejemos que sea el Padre Luis quien nos narre:

… “Por ser este un acto heroico me limité a exponer a las religiosas la petición y decirles que si alguna se veía con ánimo para ejercer la caridad me lo dijese. No hubo alguna que no se ofreciese al sacrificio. Se designaron cuatro que fuesen a Massamagrell…”

El diario “Las Provincias” se hizo eco del heroísmo de las hermanas de la naciente comunidad;

“Una simple invitación que los vecinos de Massamagrell hicieron a las hermanas terciarias capuchinas ha sido bastante para que se ofreciera toda la comunidad a asistir a los enfermos coléricos, siendo preciso que la superiora contuviera su fervor marchando solo alguna de ellas… es de desear que estas heroicas mujeres que en aras de la caridad corren a los sitios más peligrosos para cuidar a los coléricos, se prevengan en lo posible la epidemia”.

Como se aprecia, ya desde sus inicios la congregación da muestra de la entrega y vocación martirial de sus miembros.

Corría el 1954, año centenario del nacimiento del Padre Luis; una solemne celebración Eucarística se había preparado en el Noviciado Getsemaní, situado en Medellín, Belén para conmemorar este gran acontecimiento. A esta celebración fueron invitados los familiares de las hermanas, y la Hna. Fabiola hizo a Inés una invitación especial. Como era de esperar, la inquieta y dinámica Inés asistió llena de entusiasmo.

“En esta celebración iba a ingresar una joven – cuenta su hermana Cecilia que en aquel momento era novicia terciaria capuchina – cuando Inés se dio cuenta de ello, acudió donde la Madre Provincial, y le pidió que la recibiera. Ella le respondió que imposible, que estaba muy joven y que sus papás no sabían nada; siguió insistiendo y entonces la Madre llamó a Fabiola y le consultó. Decidieron entonces que ingresara y llamaron a la casa para dar esta noticia a mis padres, quienes al instante acudieron presurosos para asistir al ingreso… ”

 

Y en otra nota apunta la misma hermana:

“Su ingreso fue a las 11 a.m. después de la Misa Solemne en una sencilla ceremonia en la que se cantaban la Salve Regina, y luego el abrazo de toda la comunidad como señal de acogida. Desde ese momento solo pensaban en su misión, cada vez que tenía oportunidad de manifestar este deseo, lo hacía”.

 

PARTE CUARTA: SOR MARIA NIEVES DE MEDELLÍN

Con inmensa alegría, no pos eso sin dolor, Inés se despidió de los suyos, feliz de iniciar el camino que tanto había buscado y anhelado y que al fin se veía transitándolo en búsqueda de la realización de su ideal.

La esperó y acogió su familia religiosa quienes con verdadero amor fraterno la recibieron con un abrazo que no se quedó en simple símbolo de acogida, sino que se fue haciendo día tras día realidad. Inició entonces el Postulantado, tiempo destinado a la preparación para recibir el Hábito religioso, tiempo previo al Noviciado.

“Porque es imposible conocer a primera vista las cualidades de una joven y su vocación, ni esta, si los rigores de la Orden son o no sobre sus fuerzas, por eso antes de darle el Santo Hábito, se le tendrá como postulante, el cual tiempo pasará en el noviciado siguiendo en un todo los ejercicios a que se emplean las novicias”.

Su maestra de Postulantes, la Hermana Esperanza Vélez en sus testimonios nos dice de ella, acerca de cómo la vio en el postulantado.

“Era una persona muy decidida en su vocación, alegre y fervorosa especialmente en sus relaciones con el Señor Sacramentado y con la Inmaculada, una persona muy servicial dispuesta para todo, ningún trabajo era grande para ella, inquieta espiritual y físicamente, no se sabia estar en un solo punto mucho tiempo, era activar por naturaleza, de un modo de ser muy agradable, buena con sus compañeras, amiga de ayudar al que necesitaba y como tenía muchas cualidades podía ayudar mucho, porque no solo intelectualmente era muy capacitada, sino que humanamente tenía muchos dotes. El defecto que siempre se le corrigió a Inés era que era muy primaria, sus respuestas duras que de inmediato le causaban remordimiento, porque era una persona muy delicada de conciencia, como ella era así a la carrera quería que todo el mundo marchara a su compás y eso no se consigue”.

El periodo duraba seis meses o un poco más los que pasó en el Noviciado “Getsemaní” en Medellín. Transcurrido este tiempo tiene lugar la “Toma de Hábito” el dos de julio de 1955, ceremonia que fue presidida por el sacerdote José Lozano, terciario capuchino. Como era costumbre recomendada por el mismo padre Luis, cambió su nombre de pila por su nombre de religión SOR MARÍA NIEVES DE MEDELLÍN

Con la investigación del hábito se inicia el Noviciado y con esta etapa se inicia propiamente la Vida Religiosa. Es un tiempo más largo y con mayores responsabilidades y más fuertes decisiones; tiempo dedicado a que las novicias se arraigan más en la virtud y adquieran el espíritu seráfico que debe animar a las hijas del Patriarca de Asís, aprendiendo en que consiste la vida de la perfecta religiosa y verdadera terciaria capuchina.

El año del noviciado transcurrió normalmente; alegre como era, la infundía diáfana y ampliamente a sus compañeras, sorteando con valentía las inevitables dificultades, convencida de que la fe no las elimina y porque sabía que Dios vela y camina con nosotros aunque algunas veces a distancia. Puede parecer que Dios está ausente pero El no puede permitir que se hundan los suyos aunque deja actuar las causas segundas; lo definitivamente grave es el hundimiento de la fe. Pero pasaron los días e Inés continuó firme en su caminar.

Transcurrido el año de noviciado hizo su Profesión Religiosa el 7 de Julio de 1956 en Eucaristía que presidió el Padre Aureliano Restrepo, cuando contaba con 19 años de edad.

Con la Profesión Religiosa terminó la etapa de formación y pasó entonces a ejercer el apostolado en las diferentes obras que tenía la Provincia de San José. Fue designada para dedicarse a la tarea de la Educación.

 

QUINTA PARTE: SOR MARIA NIEVES COMO RELIGIOSA Y COMO EDUCADORA

Desde siempre y por siempre Inés soñó con ser misionera lo hemos afirmado ya varias veces, y misionera entre indígenas, pues en el sentido amplio de la palabra, todos somos misioneros al cumplir cada día la misión que Dios nos encomienda.

Como la Provincia no tenía obras dedicadas a las misiones entre indígenas, fue destinada a trabajar en los colegios que tenía la Provincia a los que Inés les dedicó buena parte de su vida, con entrega, dedicación y esmero. Prueba de ello son los diferentes testimonios emitidos por sus alumnas y hermanas que trabajaron con ella.

Inicia su misión como educadora, al estilo de Jesús, como misionera itinerante, por quien ella se dejó guiar, combatiendo con energía las debilidades naturales con fuerza certeza y seguridad a la manera de San Pablo: “Sé de quien me he fiado”. Cumplió con dedicación su trabajo, con sentido de humor para ver la vida con alegría y optimismo. Por eso porque era una hermana alegre, era de esas personas que conservan siempre su juventud, por eso era muy atrayente para con las alumnas con quienes siempre tuvo muy buenas relaciones; exponía sus puntos de vista sin violentarlas, les sabía exigir cuando era necesario sin violentarlas. La Hna. María nieves, la joven educadora, gozó siempre de gran acogida entre sus alumnas, quienes acudían a ella a pedir orientaciones especiales en sus momentos difíciles y siempre se retiraban confortadas y animadas.

En 1956 apenas emitió su primera profesión fue destinada al colegio “Manuela Beltrán” en Versalles (valle del Cauca), pero al siguiente año 1957 pasa al Colegio “Santa Inés en Bolívar 8Antioquia). Su Superiora local, la Hna. Blanca Myriam Arroyave, en su testimonio entre muchas cosas dijo:

“… El Señor me regaló convivir con la Hna. Inés en dos ocasiones, en Bolívar y años después en Armero, la conocí muy a fondo, guardo gratos recuerdos de ella y ahora como en aquel entonces sigue siendo mi ayuda. Fue siempre la persona generosa, activa, en sumo grado, nada se le dificultaba… leía en su mirada franca y sincera que me decía: ¿qué necesita? La alegría fue siempre una característica muy especial suya…”

En 1958 fue trasladada al Colegio “Santa Rosa de Lima” en Jericó (Antioquia); aquí emitió su profesión perpetua el quince de agosto de 1959 al cumplir tres años de votos temporales, en Eucaristía oficiada por el Señor Obispo de la Diócesis Monseñor Antonio José Jaramillo.

Allí estuvo acompañada por su familia en momento tan importante y decisivo para quien ha consagrado su vida al Señor, y poder hacerlo ahora en forma definitiva; esto en lenguaje jurídico, puesto que teológicamente hablando la entrega definitiva ha sido desde el sí de la Primera Profesión.

Acariciando y esperando el momento de marchar a las misiones, continúa prestando sus servicios como educadora. En 1960 estuvo como en la Norma “Nuestra Señora del Carmen” en Cereté (Cordoba), donde además obtuvo su título de Normalista Superior en 1964. Continuó laborando en el mismo establecimiento hasta cuando al finalizar 1967 es trasladada al Colegio “Sagrada Familia” en Armero (Tolima)

De sus alumnas se tiene testimonios valiosos y gratificantes. Citamos los de Eyder Tocher hoy terciaria capuchina:

 

Escribiendo a hna. Cecilia Arango le dice:

“Tú sabes el cariño la gratitud de quienes tuvimos la dicha de ser sus alumnas y más las internas… vivimos tan cerca alegrías, triunfos, fracasos,… ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante,… aprendí de ella como de un libro abierto, porque su vida fue perenne testimonio de entrega, de abnegación. Inés no conocía el cansancio para entregarse y servir”.

Los años 1969 – 1971 los vive en la Normal “La Merced” de Yarumal donde encontró gratos recuerdos de su adolecía y donde encontró a la Hna. Esperanza Vélez como superiora de la Comunidad, las mismas hermanas que había sido su muestra de postulantes….

Pasa luego al colegio de María de El Peñol (Antioquia), en 1974 fue trasladada al Colegio La Inmaculada de Puerto Berrío donde regresó en 1976, después de estar en el colegio La Inmaculada de Medellín y nuevamente en Armero en 1975.

Veinte años de paciente y desesperada espera para ser “misionera de verdad” como ella misma lo decía. Veinte años como educadora cuando su mirada siempre estuvo con las misiones, pero es Dios quien mueve y el hombre es movido por Dios.

“Yo me entré para ser misionera y me han dejado de maestra, ayúdeme usted que puede”, decía a la Hna. Ana Dolores Rojo en diálogo con ella, Superiora provincial de entonces. El Evangelio invita a estar abiertas a eventualidades dispares y opuestas.

Cuando la Hna. Beatriz Arbeláez (q.e.p.d.) se le solicitó hacer un flash acerca de Inés, escribe:

“Una mujer dinámica, entusiasta, activa, emprendedora, destacaría especialmente su dinamismo y su sentido de responsabilidad, su inquietud por la evangelización. Yo la conocí en Armeo, y además desde su trabajo como educadora con Amelia Echeverri se iban después de terminar las clases del colegio a una hacienda a dar catequesis a los niños que se preparaban para recibir los sacramentos; yo admiro mucho ese trabajo, porque el clima de Armero es muy fuerte, demasiado caliente, ellas no conocían la fatiga… Dentro de la comunidad era muy diligente y ágil poco paciente para acostumbrarse al ritmo de los otros, un poco colérica y tajante, cuando tenía que decir las cosas, su dinamismo la llevaba actuar así. Esto aunque pudiera verse como negativo es también muy positivo depende de uno según con quienes uno viva; personas así ayudan a despertar una comunidad a dinamizar un grupo”.

Y llegó la hora marcada y fijada por Dios para abrir a Inés el camino hacia la plenitud de sus sueños e ideales durante una vida y una larga espera ¡Misionera de verdad!

Fue su único ideal, como lo repitiera meses antes de morir, sueño al que hubo que esperar para verlo realizado, pero no porque ella no lo hubiera buscado y tocado en muchas puertas sin obtener respuesta inmediata. Cuando la provincia de la Inmaculada empezó una misión en el Zaire. Inés pensó que también ella podría ser misionera en África, como 5 hermanas de esa provincia que en 1971 llegaron a Kansenia.

En 1973, cuando se hablaba de la misión en Mitú a cargo de la Provincia del Sgdo. Corazón en los Llanos orientales de Colombia, Inés presentó una petición escrita para formar parte de la misma, pero esta solo se inició en 1978.

A petición del Superior de la Misión de Aguarico en el Ecuador y Prefecto Apostó lico de entonces Monseñor Jesús Langarica, las hermanas Terciarias Capuchinas llegaron a Ecuador en 1977 y en esta ocasión Inés fue designada para ir a trabajar en esa misión.

Al fin se cumplió su sueño tan acariciado, anhelado y esperado, ahora sí ¡misionera de verdad! Ahora sí tiene ante ella el inmenso horizonte y las selvas tanto tiempo deseadas y añoradas.

Ahora puede respuesta a esa vocación especial a la que el Señor le llamó, inmenso regalo como toda vocación; ahora puede saciar la sed de Jesús entre los más pobres y necesitados.

Nuevamente es la hna. Cecilia habla y describe la vocación misionera de su hermana, desde su pronto de vista:

“Tuvo que esperar 20 años para que al final la mandaran a las misiones. Llegado el momento no vaciló. Tenía muy claro en su mente y corazón las características de un buen misionero: pobreza absoluta, desprendiéndose de sus seres más queridos, su patria y hasta de su lengua, ya que tenía que aprender algunos dialectos, pero feliz marchó, sin tener en cuenta la enfermedad de mi mamá y también su edad avanzada. Marchó con el mayor entusiasmo y alegría sin limites… en todo lo que hacía y admiraba, contemplaba la presencia de Dios como lo hiciera San Francisco de Asís”

Inicia Inés una nueva etapa de su vida, llena de ilusiones y plena en realizaciones, esperando llevar a cabo los planes que durante una vida acarició, asumiendo realidades impensables pero aceptadas de antemano, pues bien sabía los riesgos que correría en sus peligrosos pero anhelados viajes en la misión. Fue su gesto, fue su anhelo, fue su ideal.

 

Hna. Estela Gómez Pineda. Terciaria capuchina.

 

Nota. Desde su llegada a Ecuador, la vida de Hna. Inés corre paralela con la de Mons. Alejandro Labaka hasta su muerte. También sus tumbas están juntas en la catedral de Coca.

Escrito de la Hna. Candela, la Superiora de Coca cuando murió Inés.

INES RECORDEMOS (seis meses Inés con nosotras)

Te recuerdo muy bien Inés cuando llegaste a Coca para encargarte de esta comunidad. Eran las doce del día del mes de Enero del 87. Yo salía de la Escuela Fiscal de dar catequesis, en mi memoria está tu figura, sencilla, descomplicada; venías de un largo viaje por el río Napo 360 Km., que nos distancian de Rocafuerte. Venías cargada con tu equipaje de misionera; un bolso en la mano y colgada de tu hombro una chigra tejida por los Huaoranis; venías pobre, sandalias en tus pies, tu delantal sencillo, y una sonrisa que te acompañaba cuando tu destino era servir. Llegamos a la casa a la media cuadra, te recibimos con amor y sobre todo con agradecimiento, por haberte ofrecido para aceptarnos.

Ahora quiero recordar algunos episodios de tu vida aquí en Coca. Con la Comunidad empezaste a trabajar con entusiasmo. Te agradeceremos el empeño e interés por hacernos adelantar en el espíritu de oración y en la fraternidad.

Pero sobre todo Inés nos has dejado el gran testimonio de tu servicio y esto con los más necesitados. Te integraste y conseguiste una amiga de tu confianza para visitar y llevarles el mensaje del evangelio a las prostitutas, lo hacías los lunes en las tardes. Ya algunas las motivaste por la Biblia, pues te vi en la salita de la casa con una de ellas explicándole la palabra de Dios.

No escatimaste ni la hora, ni la oscuridad de la noche, no la llovizna que caía para hacer el bien. Recuerdo una noche eran las 8 y media, cuando llegó una a esa hora casi llorando y nos dijo que una amiga suya que vivía sola se estaba muriendo y allí mismo sin pensarlo dos veces saliste en compañía de otra de las hermanas. La casa era a orillas del río Payamino. Caminaron largo rato bajo la lluvia. La señora estaba mal, mandaron a buscar un taxi: la llevaron al Hospital, luego fuiste a la farmacia a comprarle las medicinas y cuando ya la dejaste bien atendida, volviste a casa a las once de la noche.

Un día te invite para que fuéramos a ver a un niño enfermo; había nacido invalido. Llegamos a su casa y desde este momento te hiciste cargo de este pobre niño que estaba en estado lamentable. Fue el momento providencial para él, pues sufría mucho y sus padres muy pobres no podían atenderlo debidamente. Con muchos sacrificios lo llevaste a Quito a una guardería del estado que con mucha dificultad te lo recibieron. Pero allí cumpliste esta gran obra de misericordia, que en nuestra carisma N. Padre Fundador lo insinúa, proteger la niñez desamparada.

Te afanaste porque en la Escuela Fisco Misional estuviera bien organizada la catequesis y ya tenías la intención de celebrar, ayudando a las clases y al profesorado.

Con un grupo de señoras organizaste un estudio de Biblia. Te recuerdo en las tardes calurosas de Coca salir entusiasta con tu Biblia bajo el brazo, a compartir con ellas la palabra de Dios y ayudarles en sus problemas familiares.

Los Padres Misioneros, cuando tenían algún caso sobre personas necesitadas o sobre indígenas, acudían a ti reconociendo tu espíritu de caridqad y servicio. Visitabas las familias y procurabas darle solución a sus problemas. En fin en tan poco tiempo que estuviste al frente de esta comunidad y misión en el Coca fue mucho lo que hiciste en bien de sus gentes y de nosotras tus hermanas capuchinas.

Pero lo que sí superaba en tu persona era el amor por los Huaorani. Ya la comunidad estaba de acuerdo de que irías a visitarlos y se te llegó el momento de ir a verlos. Esto fue más o menos faltando un mes de tu martirio; saliste para Rocafuerte y de allí te llevaron al Aguarico (la hermana Candelaria quiere decir YASUNI) dos de nuestras hermanas que regresaron al siguiente día. Allí estuviste ocho días con ellos y luego, después de un día por el río en canoa, visitaste los otros Huaorani otros ocho días. Quién hubiera creído fue tu despedida definitiva de ellos.

Cuando regresaste a Coca no tuvimos tiempo mucho tiempo para comentar tu viaje, pues ya de Quito nos habían llamado para que las Hermanas, que trabajamos aquí en esta misión, enviáramos alguna de las misioneras al Congreso Misionero que se celebraría pronto en Bogotá. Cuando llegaste de visitar a tus Huaorani, ya nosotras te habíamos delegado para asistir al COMLA 3, porque te veíamos la misionera que con verdadero amor y sacrificio trabajabas por el bien de la Misión y de los indígenas. También por haber sido tu la primera con otras tres hermanas, que en 1977 pisaron esta tierra de la misión del oriente amazónico del Ecuador.

Recuerdo que al principio de haberte hecho la propuesta, no lo querías aceptar., diciendo que había otras hermanas que podían ir, pero al fin de insistir lo aceptaste. Saliste de Quito toda alegre, en compañía de la Delegación Ecuatoriana de misioneros.

Inés, te esperábamos con ansia, para recibir tus impresiones, ya del Congreso como del encuentro con tus Hermanas en religión y Hermanas carnales, con las cuales compartiste recordando tu vida familiar y tus misiones entre los indígenas.

A tu regreso tuviste que demorarte unos días en Quito arreglando tu pasaporte. Y llegaste un sábado 18 de julio, llena de alegría y entusiasmo, contándonos lo maravilloso y bien que lo pasaste. Lo primero fue decirme: "Estuve feliz con el encuentro con nuestra Hna. General Elena; es toda una madre comprensiva y amable, me oyó, me escuchó mis ideales de trabajar con los Huaorani. Me siento feliz. También departí con mis hermanas carnales y con ellas pasé esos días en su apartamento, Cecilia, Angela y Ana Isabel, lo pasamos de primera". Yo te comenté, los caminos del Señor cómo te proporcionaron este tiempo para tu provecho espiritual. Entre otras cosas que me comentaste fue la invitación que te hicieron junto con las Hnas. Miriam Mercado y Fabiola Zapata las exalumnas del Colegio de Armero, como profesora que fuiste de ellas. Donde departieron con ellas con entusiasmo, hubo cantos tolimenses y obsequio de un gran almuerzo. Tuvieron recuerdos de tiempos idos, sepultados en lodo y arenas.

Inmediatamente llegaste a Coca; organizaste la ida donde tus Hnas. de Shushufindi y San Pedro para compartir con ellas tus impresiones del Congreso y llevarles los escritos y mensajes de este.

El domingo 19 a eso de las 11 de la mañana recibimos una llamada telefónica de Monseñor Alejandro solicitándote, pues al día siguiente saldrían para el viaje a la selva donde los Tagaeris y tendrían que comprar lo necesario para dicha aventura. Llegaste a las 12 y media, te dimos la razón e inmediatamente corriste al almacén donde te esperaban. Luego regresaste con lo necesario para el viaje. Esa tarde tuvimos la visita de Inigua, el Huaorani, que había adoptado a Monseñor como hijo. Cenó con nosotras. Yo me embelesaba, Inés, viéndote conversar con él. Tu cara resplandeciente de alegría y el indio con mayor razón hablaba con entusiasmo, accionaba y se le veía la dicha, sabiendo que podía comunicarse con alguien que lo conocía y entendía su lengua.

Y amaneció el lunes 20 y a las seis de la mañana saliste con Monseñor a donde tus indios, y cuál sería nuestra sorpresa al verlos de nuevo regresar a eso de las diez de la mañana. ¿Qué pasó? Que antes de salir ensayaron la cuerda por la cual iban a bajar del helicóptero a la selva y ésta se había reventado. Así que el viaje sería al otro día.

Ese día teníamos en nuestra comunidad una reunión familiar con nuestras hermanas de las tres comunidades de la misión. Entonces tú, Inés, providencialmente estuviste compartiendo con tus hermanas, alegre, chistosa y fraterna.

Ya en la tarde en nuestra comunidad nos quedamos solas las cuatro hermanas de la comunidad del Coca y en la mesa, te recuerdo, serena y centrada en tu idea nos dijiste: "Hermanas, si matan, muero contenta". Nosotras en silencio la admirábamos y yo decía para mí, qué mujer tan valiente. Por la noche se despidió de la hermana menor (nota: era la Hna. Lucero) y la otra hermana (nota: la Hna. Cristina) sintió algo especial y se entró a su celda a llorar.

Y llegó el día 21, martes, Monseñor Alejandro había quedado de venir por ella a las cinco y media de la mañana. Yo pensé: me voy a bajar a despedirlos. Llegué a la capillita de la comunidad y la encontré orando muy fervorosa; ya tenía todo listo para salir; me senté a su lado y a los 10 minutos, sentimos el carro que venía por ella; nos levantamos las dos rápidamente.

Bajó, Monseñor le cogió el equipaje a Inés y nos abrazamos en profundo silencio, como si presintiéramos algo que podía pasar, era el silencio de la muerte envuelto en eternidad. Eran las cinco y media de la mañana. Se presume que a las dos o tres horas eran atravesados por las lanzas. Sólo los árboles de la selva fueron los testigos mudos de lo que allí pasó.

Inés, gracias por tu entrega generosa, a tu misión, a tu Congregación y sobre todo a esos seres que tanto amaste, los indígenas. "Dios lo sabe todo", escribiste antes de morir. En su corazón te dejamos nosotras que vivimos de la fe y esperamos un día encontrarnos contigo. Volvemos a repetirte, gracias y ruega a Dios por esta iglesia naciente del Aguarico, que tú tanto amaste y serviste.

Tu ruega también por nuestra amada Congregación para que El suscite almas misioneras decididas y entregadas como tú.


Hna. María Candelaria Quijano M.

Anexo

1.- Fabriciano, su padre, era empleado del Banco y además negociante.

2.- el noviciado está situado en un barrio de Medellín, que se llama Belan San Bernardo y su nombre es Getsemaní.

El Centenario del Padre Fundador, se celebró en capilla del Noviciado — concelebraron varios Obispos y además nuestros Hermanos los Terciarios.

3.- Sus estudios loa realizó en los siguientes colegios:

Colegio de la Presentación del Centro en Medellín en 1944 ingresa para empezar sus estudios y en este mismo año hace su primera comunión, — allí realiza el Primero y Segundo Infantil, primero y segundo Primaria.

En 1948 pasa a la Normal Antioqueña donde cursa el Tercero, Cuarto, -Quinto Primaria y parte del Primero Bto.

En 1951 pasa para hacer la segunda Parte del Primero Bto., segundo y — Parte de Tercero Bto. a la Normal la Merced de Yarumal, de donde se retira en los primeros meses del año 1953. Ingresa como aspirante donde las Hermanas Lauritas.

En 1953 termina el Tercero Bto en María Auxiliadora, donde también empieza el Cuarto de Bto. hasta el día 17 de octubre en que Ingresa en Nuestra congregación.

4.- En la redacción de los colegios el orden es así:

Colegio Manuela Beltrán de Versalles. Valle 5 Colegio Santa Inés de Bolívar, Ant., Colegio Santa Rosa de Lima de Jericó, Ant. Normal del Carmen de C. R. T, Córdoba en donde cursa sus últimos años de Normal Superior Colegio Sagrada Familia de Armero, Tolima Normal la Merced de Yarumal Colegio de María de El Peñol, Antioquia Instituto La Inmaculada de — Puerto Berrío; Colegio La Inmaculada de Medellín, vuelve de nuevo a Armero y al Instituto de la Inmaculada de Puerto Berrío.

5.- La entrevista no solo fue un intercambio de impresiones informativas, — sino que también ella quería tener el consentimiento de la Hna. General para la realización de su labor entre los indígenas Huaoranis y pide especialmente el permiso para entrar donde los Tagaeris.

6.- El 9 de Marzo de 1977 llegan por carretera, desde Quito, las primeras  Misioneras con destino a la misión de Shushufindi, que estaba formada por Las Hnas. María Jesús Gil, Camila Benmidez, Inés Arango y Teresita Sanchez.

7.- Inés está en Shushufindi solo cinco meses ya que el 4 de Agosto del año 1977 llegan a Rocafuerte (Aguarico) al Hospital Franklin Tello para hacerse cargo de el, que estaba dirigido por el Misionero médico Padre Manuel Amunárriz. Las hermanas que llegan son Inés Arango, como responsable de la comunidad, Camila Bermúdez y Blanca Nubia Fernández, para llegar hasta allí, lo tienen que hacer por medio de un deslizador o lancha de motor por las aguas del río Napo.

8.- Inés está en Rocafuerte hasta el 20 de Enero de 1987 ya que el 21 llega al Coca como encargada de la comunidad, es decir que estuvo en Rocafuerte 9 años y medio

9.- El apellido de Laura sí es Fernández.

10.- El apellido de Lucero es Giraldo, Terciaria Capuchina y quien parte de la Comunidad de la Hna. Inés.

11.- Después de su muerte se celebraron varias misas en distintas partes así»Iglesia Catedral del Coca, Ecuador} toda la semana se celebran las Eucaristías por los dos mártires, unas veces Monseñor Jesús Langarica y siempre en la tarde el Padre Roque Grandez.

Iglesia de S. Francisco, Quito, Ecuador, organizada por la conferencia de Religiosos del Ecuador. Celebra Monseñor Langarica, pero concelebran gran número de sacerdotes, con asistencia de los religiosos del país. Capilla del Noviciado de Medellín la primera el día 31 de Julio, con la presencia de la Hna. General y Hnas. de las distintas casas de Antioquia además mucha familia de la Hna. Inés es celebrada por nuestros Hno. loa Terciarias. Luego otra el día 8 de Agosto, presidida por el Padre Jesús Ma. Giraldo Ramírez, Francisco Yepea, Gilberto Gil y el Padre Jorge Moreno.

Capilla de la Casa Provincial de Montiel en Bogotá, es celebrada por el Padre Eduardo Rodríguez el día 22 de Julio, fecha en la que Be recibe la noticia, asistieron las religiosas de la casa Provincial. La Hna. Elena Echavarren Superiora General, Hna. Berenice Sepúlveda .Superiora Provincial de San José, Fabiola, Cecilia, Ángela y Ana Isabel Arango, Hnas. de Inés.

Iglesia de San Ambrosio en el Barrio el Batán de Bogotá, celebra su párroco el Padre Daniel Res trepo, con asistencia de Hernán, Ana Isabel, Ángela, Hna. de Inés, además sus sobrinos, cunada y demás parientes residentes en la capital.

Iglesia de la Porciúncula en Bogotá, organizada por la conferencia de Religiosos de Colombia, la preside su presidente el Padre Rómulo Cuartas, sacerdote Carmelita, concelebran varios sacerdotes.

Parroquia de San Bartolomé, Bogotá, esta parroquia está regentada por -Nuestros Hermanos los Terciarias, quienes celebraron presididos por el Padre Antonio López, Superior Provincial, con asistencia de la Hna. General y todas las Superioras de las Provincias de Bogotá, que se encontraban reunidas en asamblea especial.

Iglesia Catedral de Itsnuna, Chocó, presidida por Monseñor Gustavo Posa da, Obispo de esta región, con asistencia de los religiosos de la Diócesis.

Inés en el Congreso Misional Latinoamericano

Inés tenía que participar en el III Congreso Misional Latinoamericano (COMLA III), que se desarrollaba del 5 al 8 de julio. El trayecto Quito-Bogotá lo hizo en autobús. La temática del Congreso, celebrado en Bogotá, se había formulada así: La nueva Evangelización de América Latina y su compromiso "ad gentes". Había cuatro ponencias de base: La Iglesia es misionera por naturaleza — El comportamiento misionero de América Latina a los 500 años de su evangelización — La inculturación de la fe y la evangelización de las culturas — Los laicos misioneros de América Latina para una nueva evangelización.

Tomaron parte en el Congreso unas 35 terciarias capuchinas. Al final del mismo, en una solemne Eucaristía de envío "ad gentes", 11 terciarias capuchinas recibían el crucifijo de misioneras para África.

En el mismo Congreso participó la Superiora General, quien junto con su Consejo se encontraba en Colombia desde el mes de junio. A raíz del Capítulo General (1986), el Consejo planificó sus actuaciones de gobierno y pensó en una larga estancia en Colombia, de junio a septiembre de 1987, para conocer de cerca la realidad de América Latina y para dinamizar las opciones tomadas en Capítulo: "una inserción real entre los más pobres, desde nuestra opción preferencial por ellos...; urgencia de hacernos presentes en los lugares de evangeli-zación inicial y en el campo de la marginación...".

Fue providencial. "Nunca pensó que le tocara venir al COMLA —escribe a propósito de Inés su hermana Cecilia Arango—, pero sus compañeras la eligieron por votación y llegó feliz; mayor fue su alegría al saber que se encontraba en el mismo la Hna. Elena, Superiora General, que pudo dialogar con ella, comunicándole sus inquietudes y esperanzas respecto de su Misión; esto le colmó de felicidad ya que se identificó plenamente con ella".

Efectivamente este dato es importante. La Hna. Elena y la Hna. Inés hablaron de hermana a hermana, de corazón a corazón, largo rato, dos horas largas. Inés salió dilatada y dicen que cuando volvió a la misión las hermanas le veían particularmente radiante ante la aventura que se avecinaba, confortada con el aliento y la confianza que le había inspirado su Superiora General. La Superiora General, según el testimonio que de ella recibimos, pudo constatar los siguientes puntos:

— La autenticidad del ideal misionero de Inés y el fuerte enraizamiento cristiano del mismo, que le llevaba a estar dispuesta a dar la vida por los Huaorani.

— La calidad de la amistad con Monseñor. Era una amistad honda, recta, pura y desprendida, vivida sinceramente como designio de Dios en la común vocación para las minorías indígenas.

— La recta motivación que le impulsaba a entregarse a los Huaorani como ideal de su vida.

— Y en última instancia, una relativización de sus proyectos y una aceptación de la obediencia en cuanto voluntad de Dios, entendida en la oblación de la Cruz.

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