Cronología de Alejandro Labaka Ugarte

Nacimiento: 19 de abril de 1920, en Beizama, Guipuzcoa, España

Estudios: Primaria, en Beizama.

Ingreso en el Seminario de Alsasua, Navarra, en 1932

Fallece su madre en 1936

Primera Profesion Religiosa como Capuchina en Sanguesa, 15 de agosto de 1938

Estudios de Filosofia en Estella, Navarra, de 1939 a 1942

Estudios de Teología en Pamplona, Navarra, de 1942 a 1945

Ordenacion sacerdotal el 22 de diciembre de 1945 en Pamplona

Misionero para China, abril de 1947, Pingliang

Expulsado de China por los comunistas, 4 de febrero de 1943

Año de espera en Fuenterrabía, Guipúzcoa

Misionero para Ecuador, 1954

Destinado a Pifo, mayo de 1954 a 1957

  • combate a los protestantes
  • acompañamiento a los indígenas y gente pobre del lugar

Destinado a Guayaquil, 24 de marzo de 1958

  • Párroco y Director de la Sagrada Familia
  • participa en la adquisición del terreno donde había de levantarse el Colegio “Guillermo Rohde”

Superior de la Custodia Capuchina en Ecuador, 1961 a 1964

Prefecto Apostólico del Aguarico, 1965 a 1970

Se nacionaliza como ecuatoriano, noviembre de 1967

Cesa de Prefecto Apostólico, octubre de 1960

Misionero en la Zona Petrolera, 1971

Rector del Colegio “Padre Miguel Gamboa”, Coca, 1974

Encargado de la Pastoral de los Huaorani, 1976

Primer contacto con los huaorani, 31 de agosto de 1976

Adoptado como Hijo de huaorani, Inihua y Pahua, diciembre de 1977

Superior Regular de la Misión Capuchina, 1979 a 1982

Prefecto Apostólico del Aguarico, 4 de noviembre de 1982

Consagrado Obispo del Vicariato Apostólico del Aguarico, 9 de diciembre de 1984, Coca

MUERE ALANCEADO POR LOS TAGAERI el 21 de julio de 1987 en las orillas del río Tiguino, Pastaza

Actualmente en proceso de ser Declarado Mártir de la Evangelización.

 

 

Nuestras vidas se cruzaron

Mons. Alejandro y la Hna Inés Arango, lan­ceados por los Aucas a quienes tanto que­rían, son mártires de la caridad.

A partir de 1970, nos habíamos encontra­dos algunas veces, pues somos dos Vicariatos colindantes, separados por la frontera Perú-Ecuador. Ambos llegaron hasta mi choza de Angoteros. Rocafuerte y Angoteros son dos misiones vecinas.

A Alejandro le gustaba compartir su expe­riencia; vibraba cuando me contaba de su contacto con los Huaorani. Como por ós­mosis me contagiaba de su entusiasmo. Nos comunicábamos mutuamente nuestra pasión por los pequeños del Reino, los in­dígenas. Él me animaba a seguir en esta entrega. Su actuación misionera me inspi­raba. Era la nueva evangelización que bus­cábamos para los nativos; una nueva ma­nera de defender el Proyecto de Dios sobre los pueblos indígenas frente al genocidio occidental.

Me acuerdo que el 27/11/77, en una visita a Rocafuerte, me había informado de que los Auca o Pukachaki estarían pasando también a Perú. Me hablaba siempre de los Quichua, Siekoya, Huaorani. Su rostro se iluminaba. Me enseñaba cantos en qui­chua, yo le entregaba los tonos nativos re­cuperados que utilizábamos nosotros, los cuales él incluyó el 4 de octubre de 1983 en su cantoral comentando: “Aquí quiero hacer mención especial del P Juan Marcos Mercier que, con su valiosa colección del Bajo Napo, nos ayuda a unir en abrazo de hermanos, por el canto, la oración y el amor, a toda la familia creyente de la cuen­ca del Napo”.

Mons. Alejandro Labaka nos sorprendió por su actitud entre los nativos al querer descubrir ahí al Dios preexistente: “Me esfor­cé para no llevar mi Breviario. Nada. Es que primero hay que aprender de ellos. He visto..., Dios está con ellos. Ahora no nece­sitan Misas. Necesitan cariño, justicia y tie­rras para su futuro como pueblo... Ellos tie­nen su fe en Dios, en su Huinuni. Es necesa­rio conocer sus criterios, sus sentimientos e ir caminando a su lado, encontrar a Jesús que vive entre ellos”.

En algunos aspectos vivíamos algo seme­jante. En 1973, en abril y noviembre, me tocó ser el primer sacerdote en estar unos meses entre los Matsés o Mayoruna, indios llamados bravos, del río Yavari, frontera Perú-Brasil, que vivían todavía en la inocen­cia de una desnudez paradisíaca. El 26 de noviembre el Ministerio de Agricultura me entregó el ex-pediente por el cual se les re­servaba 350.000 hectáreas de tierra. Por su­puesto no podía dedicarme a la vez a los ru­nas del Napo y a los del Yavarí. Mi obispo me prometió entonces que él mismo iba a buscar un par de misioneros para vivir en medio de los Matsés.

¡Alejandro! Éramos como dos Hermanos Menores que vibraban por lo mismo: el Reino, los pequeños, los indígenas de la Selva. Sintonizábamos en seguida. Te entusiasmabas cuando me hablabas de tu expe­riencia de encarnación entre los Huaorani, de tu ecumenismo con los Siekoya.

Intercambiamos casetes en las cuales los Siekoya, en su idioma, se enviaban mensajes familiares. Nuestro interés hacía buscar las conexiones entre los nativos de allá y los de aquí. Investigar si podían ser parientes de los Huaorani nuestros Vacacocha (Aé'wa), Aushiri o Arabela, del Perú. Con tal fin intercambiamos vocabularios. Él encontró unas 10 palabras parecidas entre Huaorani y el léxico Aushiri del P. Avencio, 2 con el Arabela, y una sola con el Vacacocha (notita del 7 de enero de 1980). Me enviaba las más importantes de sus crónicas. Con devoción guardo su última firma.

¡Alejandro! No me olvido con qué emoción me contaste, a la luz débil de una lamparina, en mi choza de Angoteros, tu adopción y despojamiento huao; repetición del desnudamiento de san Francisco delante delobispo de Asís... Fue de verdad para ti una entrega solidaria a esta etnia, como la de San Isaac Jogues al pueblo Iroquese: “Este pueblo es para mí un esposo de sangre. Me he casado con él con mi sangre”.

Gracias, Alejandro, por nuestros encuentros, demasiado breves. Que nuestras vidas se hayan cruzado es una bendición para mí. A la gloria del Padre de Jesús, nuestro Padre.

Juan Marcos Coquinche

CABODEVILLA, Miguel Ángel (Ed.) Tras el rito de las lanzas. CICAME 2003. p. 132-133.

La misionología de Mons. Alejandro Labaka

Introducción

La vida de Mons. Alejandro Labaka es heterogénea: vivió en tres continentes: Europa, Asia y América. En sus 67 años de vida conoció realidades eclesiales muy diferentes: preconciliar, conciliar y posconciliar. Dejó muchas cartas escritas, pero pocas estrictamente “misionales”. Lo que sí dejó como testamento de su espiritualidad misionera es un libro, escrito en la misma selva amazónica: CRÓNICA HUAORANI. En este estudio quiero limitarme solamente a este libro, descubriendo en él algunos rasgos de la misionología actual.

“¿Enriquece Alejandro Labaka el arsenal de Misionología de la Iglesia? – se pregunta Rufino Grández en su voluminosa biografía: Vida y martirio del Obispo Alejandro Labaka y de la Hna. Inés Arango. Después de haber leído y meditado Crónica huaorani, puedo asegurar que sí.

 

Primer rasgo: Missio Dei en vez de Missio Ecclesiae.

Tanto la Iglesia como la misión tienen su origen en la voluntad divina de amar. La esencia de la misión se diferencia esencialmente del trabajo misionero. El sujeto primero que actúa en la misión es Dios.

Tenemos que ascender de la misión como actividad propia de la Iglesia a la misión como proyecto fundamental de Dios. Prioridad de la misión con respecto a la Iglesia. Dios siempre ha estado actuando en el mundo, en la historia de los hombres, ya que su voluntad es que todos los hombres se salven (1Tim 2,4) y siempre el Verbo ha estado en el mundo iluminando a todo hombre (Cfr. Jn 1,9) y siempre el Espíritu Santo ha soplado donde ha querido (Cfr. Jn 3,8). No comienza la misión con la Iglesia; Dios es el origen de la misión; la Iglesia se pone a disposición de la misión. ¡La Iglesia es Misión!

¿Qué implicaciones tiene esta doctrina para la misión concreta?

La acción salvífica de Dios entre los pueblos no evangelizados. Dice el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et spes: “Todo esto se aplica no solo a los cristianos sino también a todos los hombres de buena voluntad en cuyos corazons la gracia actúa de manera invisible. Ya que Cristo murió por todos; y todos de hecho son llamados a un mismo destino, que es divino, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que , de forma de Dios conocida, se asocien al misterio pascual” (GetS.22)

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

En Crónica Huaorani, p. 108, Alejandro hace esta reflexión: “Nos preguntan: ¿Para qué van a los aucas? ¿Acaso podrán predicarles? ¿Qué pretenden? Sencillamente: queremos visitarles como hermanos. Es un signo de amor con un respeto profundo hacia su situación cultural y religiosa. Queremos convivir amistosamente con ellos, procurando descubrir con ellos las semillas del Verbo, insertadas en su cultura y en sus costumbres. Nada podemos decirles ni pretendemos. Sólo queremos vivir un capítulo de la vida huaorani, bajo la mirada de un Ser creador que nos ha hecho hermanos”.

“De todos modos, Mampahuoe y Omare están muy dentro de nuestros recuerdos. Me hago más bien la ilusión de que son los últimos profetas de un pueblo libre del Antiguo Testamento, esperando entonar el “Nunc dimittis” de la liberación de su pueblo por Cristo” (Crónica huaorani, p. 152)

Alejandro, desde el Concilio Vaticano II en el que participó, ha reflexionado mucho sobre el tema “Semillas del Verbo”, sembradas en otras culturas y religiones diferentes de la cristiana. Dios trabaja en los seres humanos y los pueblos antes de que la Iglesia llegue a ellos. A donde llega el misionero, Dios le ha precedido. El beato Juan Pablo II dijo en uno de sus viajes a América Latina: “Antes que llegasen los misioneros a estas tierras, ya Dios abrazaba con su amor infinito a los Amerindios”.

Como Alejandro tenía presentes estas verdades, ejercitó un estilo misionero humilde, respetuoso y acogedor. Nada impuso, todo lo ofreció. Descubrió los valores de sus cantos, narraciones, tradiciones, su fe en Huinuni: El Ser supremo para ellos.

 

Segundo rasgo: La misión, vida de la Iglesia, servidora del Reino.

No tenemos que identificar Iglesia-Reino. Estaríamos todavía en un concepto eclesiocéntrico de misión. La encíclica Redemptoris missio (1990) ha introducido la clara distinción entre Iglesia y Reino. El cap. II de esta encíclica está todo él dedicado al tema Reino de Dios. En él se afirma: “La realidad incipiente del Reino puede hallarse también fuera de los confines de la Iglesia, en la humanidad entera, siempre que ésta viva los “valores evangélicos” y esté abierta a las acciones del Espíritu Santo que sopla donde y como quiere”.

Esta afirmación hace pensar en una noción de misión que trasciende la actividad propia de la Iglesia, para referirse a toda acción misteriosa de Dios, Salvador en la entera historia de la humanidad. No hay que identificar el Reino de Dios con la Iglesia.

La presencia del Reino de Dios no es otra realidad más que la presencia universal del misterio de salvación que Dios ofrece a todos los hombres, que culmina obviamente en Cristo, pero que ya es activo por obra del Espíritu Santo en la entera humanidad: en él participan ya los hombres de todos los tiempos. En los paganos, en sus tradiciones religiosas, hay valores positivos, que pueden y deben ser considerados como preparación, como apertura al anuncio del Evangelio. La Iglesia no es el Reino, está al servicio del Reino.

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

Escribe en Crónica Huaorani: “Creo que, antes de cargarles de crucifijos, medallas y objetos externos religiosos, debemos recibir de ellos las semillas del Verbo, ocultas en su vida real y en su cultura, donde vive el Dios desconocido” (Crónica Huaorani, p. 108)

Y en otra página: “El profundo silencio de la noche estrellada fue interrumpido de pronto por la sonora voz de Inihua… era como rescatar un salmo del antiguo testamento del pueblo Huaorani”. (Crónica, p. 166)

Vemos la profunda convicción que tenía Alejandro de que en La cultura huaorani latía la acción de Dios.

 

Tercer rasgo: El valor salvífico de las otras religiones.

Este es un tema central de la actual misionología.

El Concilio Vaticano II nos dio el documento Nostra aetateSobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Este documento fue firmado por Mons. Alejandro Labaka que se encontraba en Roma, participando del Concilio Vaticano II en calidad de Prefecto apostólico de Aguarico, del 18 de noviembre al 7 de diciembre de 1965. Y él se llevó en el corazón y en la mente la doctrina conciliar sobre el diálogo interreligioso.

“Todos los pueblos forman una sola comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios ha hecho habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un único fin último que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designio de salvación se extiende a todos”. (Nostra aetate, 1)

Las tradiciones religiosas no-cristianas representan, en relación al cristianismo, un como Antiguo Testamento, con la diferencia de que éste ha sido suscitado por una abierta y directa intervención de Dios, mientras que no podemos decir esto mismo de otras religiones. Antiguo testamento y tradiciones religiosas no-cristianas son vistas como “praeparatio evangelica”, y en el uno y en las otras, Dios actúa salvíficamente.

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

Escribe en Crónica huaorani: “Descubrir con ellos las semillas del Verbo, escondidas en su cultura y en su vida; y por las que Dios ha demostrado su infinito amor al pueblo huaorani, dándole una oportunidad de salvación en Cristo”. (Crónica huaorani, p.104)

 

Cuarto rasgo: Las semillas del Verbo.

¿Cuándo comenzó Mons. Alejandro a escuchar estas palabras y a reflexionar sobre ellas? Fue en el Concilio Vaticano II, al escuchar este párrafo del documento Ad gentes:

“Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, deben reunirse con aquellos hombres por el aprecio y el amor, reconocerse como miembros del grupo humano en que viven, y participar en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; familiarizarse con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubrir gozosa y respetuosamente las semillas del Verbo, latentes en ellas; pero, al mismo tiempo, deben estar atentos a la profunda transformación que se produce entre las gentes y trabajar para que los hombres de nuestro tiempo, entregados demasiado a la técnica y a la tecnología del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, sino que, por el contrario, despierten a un deseo más vehemente de la verdad y del amor revelado por Dios”. (Ad gentes, n.11)

Tan hondamente quedó grabada esta doctrina de las semillas del Verbo en el ánimo de Mons. Alejandro, que escogió estas palabras para lema de su escudo episcopal.

 

Quinto rasgo: Encarnación en la cultura.

Un rasgo muy acentuado en la misionología y en la práctica misionera de Alejandro es su inserción en la cultura huaorani.

Leamos los siguientes textos de Crónica huaorani:

“Esta vez traigo una inquietud: ver cómo puedo hacer para integrarme en la familia huaorani”.

“Me parece que lo ideal sería integrarme en una familia huao. Pero, ¿cómo? Dos requisitos serían fundamentales: ser útil en algo material y ser aceptado por ellos. Mis servicios de leñador y aguatero”.

Compartiendo el calor corporal:”Y llegué a pensar que es hermoso compartir incluso el calor del cuerpo con el pobre”.

“La vida misionera no es solo adaptación; es, sobre todo, comunión de vida, de costumbres, de cultura, de intereses comunes”.

 

Sexto rasgo: Una misión de actitudes inéditas.

Alejandro Labaka ya llevaba 10 años en contacto con la minoría étnica Huaorani al momento de recibir la ordenación episcopal. Ese día, en su homilía pronunció las siguientes palabras:

“Esta nuestra Iglesia, nacida de la confluencia de varias nacionalidades indígenas de diversas lenguas y culturas, está llamada a descubrir las semillas del Verbo, no asumidas todavía por ella. Los grupos humanos primitivos como son los Huaorani, Sionas, Secoyas, Cofanes, Quichuas, Shuaras, han tenido “maneras propias de vivir su relación con Dios y su mundo”. Su encuentro con Cristo se hace en situaciones inéditas, ofreciendo, por tanto, maneras y actitudes inéditas de vivir el Evangelio como salvación universal”.

Realmente a Alejandro le tocó vivir situaciones inéditas. Especialmente los 22 años que pasó en la Amazonia ecuatoriana como misionero de las minorías étnicas y muy especialmente cuando convivió con los Huaoranis. Situémonos geográficamente en la Amazonía, a la rivera derecha del río Napo. Desde tiempos ancestrales viven ahí pueblos que no han tenido ningún contacto con la “civilización” (llamémosla así desde nuestra ladera). Y entra un misionero a convivir con ellos. ¿Qué hace? Él entró desnudo, desarmado, llevando amistad, amor, aceptación. Y sabía bien a lo que iba, lo dejó escrito en Crónica Huaorani: “Hoy, lo que trabajen por las minorías tienen que tener vocación de mártires”. (Crónica huaorani, 198)

 

Sétimo rasgo: Rasgos de una nueva idea de misión.

Desde criterios evangélicos. Sin duda que en Alejandro se dio una conversión “pastoral”. En sus años de China se enfrentó a un mundo desconocido y participó del concepto de misión de los años 40 del siglo XX. Llegado a Quito en 1954, vivió una pastoral tradicional de religiosidad popular, enfrentada a un ambiente donde tenía fuerza una emisora evangélica con características proselitistas. Destruyó Biblias “protestantes”. Ahora entra en una cultura ancestral, no “contaminada” por la civilización. Entra con el Evangelio en la mete y eran el corazón. Vive la bienaventuranza de los pobres; vive el despojo material, dando su vestido, dejándose despojar de todo.

Una misión de paciencia y de integración. No todo era idílico en los contactos con los Huaorani: estaban de por medio intereses crematísticos en las petroleras, que veían de forma muy distinta el contacto con los Huaoranis. Estaba la relación con el ILV: Instituto Lingüístico de verano, organización misionera evangélica de USA. Y Alejandro, hombre cortés y diplomático por opción y talante personal, tuvo que contar con estas mediaciones. 

Una misión desde los derechos del pobre. Leyendo las cartas perdónales y oficiales y la Crónica huaorani, llama la atención el respeto y sensibilidad que tuvo Alejandro con el tema de los DDHH. Escribe en Crónica huaorani: “Por otra parte, la labor conjunta de las Compañías petroleras, Instituciones de Gobierno y Misiones Religiosas puede obtener la integración de esta interesante minoría amazónicas, sin menoscabo de sus derechos humanos”. (Crónica huaorani,p.24)

La misión desde la cultura del hombre desnudo.

Una misión de la no-violencia.

 

Octavo rasgo: El corazón misionero de Alejandro.

Y después de pergeñar algunos rasgos de la personalidad misionera de Alejandro, quisiera centrar todo en su corazón misionero. Ese corazón que fue atravesado por una lanza tagaeri el 21 de julio del año 1987. Corazón traspasado como el de Jesús. Un corazón que, desde niño, latió a impulsos del ideal misionero. A sus 12 años ingresa en un seminario donde se respiraba ambiente misionero, alentado por entusiastas cartas que llegaban de China, escritas por capuchinos. Y hasta en los cantos se vivía el entusiasmo misionero:

“Grande ideal, amores sobrehumanos . me llaman hoy allende, allende el mar.

Las voces oigo de otros mis hermanos – que el corazón me quieren alentar.

Ya voy, ya voy a la misión querida – ya voy, ya voy tus hijos a salvar.

Que de mi patria es corta la medida – y al mundo entero intento yo abrasar.

Hasta los 25 años vivirá progresivamente el descubrimiento y cultivo del ideal misionero. Y al recibir la ordenación sacerdotal, inmediatamente escribe a su superior una carta pidiendo ser enviado a China.

Carta al superior: “Ecce ego.mitte me!Mi alegría sería inmensa si el Espíritu Santo se dignase escogerme para extender la Iglesia y salvar las almas en misiones…y sobre todo en países de más dificultad y donde más haya que sufrir”.

Un corazón que late con anhelos de entregar toda su vida a la misión hasta derramar su sangre por la fe.

Textos de martirio

“Mi premio ha de ser, oh Madre – al pie de un árbol morir.

De todos abandonado – de todos menos de ti.

Bendita mil veces –diré al expirar – la hora en que me enviaste la fe a propagar.

Y en China va a permanecer del año 1947 al año 1953. Son 7 años en que el corazón de Alejandro latió a nivel universal. China fue la misión añorada y nunca olvidada. Su mente y su corazón se abrieron a la cultura milenaria de un pueblo que no conocía a Cristo. El impacto de China dura toda la vida.

Y la última etapa de su vida, la más larga, de 1954 a 1987, son 33 años, la va a pasar en Ecuador, patria del corazón. Llega a Ecuador con 34 años, en plenitud de vida y entrega todas sus energías a la labor pastoral en Sierra y Costa del Ecuador. Pero es especialmente donde descubre su verdadera vocación misionera, cuando se contacta con los pueblos ocultos amazónicos. Ciertamente que su corazón ha vibrado a impulsos eclesiales universales en la última etapa del Concilio Vaticano II. Allí se fraguó una nueva idea de misión, las semillas del Verbo, que será su lema del escudo episcopal.

Y de su corazón y de su pluma brotaron las páginas de Crónica huaorani, que es su legado misionero, su ideario, la plasmación de su ideal en páginas llenas de fuego. Las escribió muchas de ellas en la misma selva, en las chozas de los Huaorani.

Corazón que derramó hasta la última gota de su sangre para regar la selva amazónica. Corazón que dejó de latir una tarde del 21 de julio de 1987, pero que sigue siendo el símbolo de una entrega misionera hasta el martirio. Corazón enterrado bajo las losas del pavimento de la catedral de Coca, en aquel mismo lugar donde un 9 de diciembre de 1984 se extendió en el suelo para su consagración episcopal.

Ahí está enterrado para brotar en siembra de ideales misioneros.Corazón universal: misionero de China, misionero de América. Una acción misionera, antítesis de una evangelización impuesta arrasando las culturas. La antítesis de una misión que no respeta a los evangelizados. Ahí está ese corazón que clama por una nueva evangelización de amor, de respeto, de entrega hasta dar la vida.

Recio y humilde Alejandro

Una de las experiencias que más me han impactado en la vida de Alejandro Labaka es su capacidad para enfrentar los problemas y dificultades conservando intactos sus valores esenciales. Seguro que a lo largo de su vida, llena de variadas responsabilidades, este hecho se podrá constatar repetidamente, pero a mí personalmente me impactó una situación concreta durante su presencia en Aguarico.

En 1969 yo me encontraba aún en España, soñando en una vida misionera irrealizable por el momento, cuando alguien me informó sobre problemas humanos existentes en la Misión. Alejandro, entonces Prefecto Apostólico, pedía a sus superiores de la Provincia, y a través de ellos a la Santa Sede, que le permitieran dejar sus responsabilidades eclesiales. Con expresiones que manifestaban profundo sufrimiento y un cierto sentimiento de culpabilidad, comunicaba que los graves problemas de armonía entre los misioneros y él mismo no desaparecerían hasta que fuera relevado de su puesto. Quien tenía estas confidencias conmigo ponderaba cuán grave debía ser la situación para que un hombre de la reciedumbre humana de Alejandro pudiera expresarse en estos términos.

Yo llegué a Aguarico en abril de 1970. Las aguas se habían calmado y Mons. Alejandro Labaca continuaba con total normalidad el ejercicio de su actividad pastoral dentro de aquella Iglesia Local. En junio de ese mismo año se nombraba un nuevo Prefecto Apostólico en la persona de Jesús Langarica, precisamente cuando Alejandro realizaba una gira pastoral por el río Aguarico, En aquellas fechas él dejaba sus responsabilidades, pero mantenía su presencia como un misionero de a pie en aquellas tierras hacia las que se sentía tan atraído. Marcharía unos meses a Norteamérica, merecido descanso que él emplearía en perfeccionar su inglés, después sería nombrado rector del Colegio de secundaría de Coca, y a los pocos años sería destinado a Nuevo Rocafuerte, donde le encontraría la llamada de la Compañía CGG, cuyo centro de operaciones estaba en Pañacocha, par iniciar, esta vez con éxito, sus primeros contactos con el mundo Huaorani.

Siempre me ha llamado poderosamente la atención esta forma de reaccionar ante la adversidad. Todos hubiéramos comprendido una salida definitiva de Aguarico, ante la problemática planteada y el cese de sus responsabilidades al frente de aquella Iglesia amazónica. Pero, no. El dejaba un puesto, porque había llegado a la conclusión que era la actitud que más beneficiaría a todos. Pero seguía ligado a los hermanos y las gentes amazónicas y quería continuar en la brecha, conviviendo con todos, en completa armonía, con total dedicación, como una persona más en el engranaje de una comunidad cristiana que trata de vivir su fe en las fronteras mismas de la vida misionera.

Alejandro puede definirse como una recia personalidad, de fuertes y sólidas convicciones, capaz de soportar el peso de decisiones que no todos tienen posibilidad de comprender, siempre tras un verdadero esfuerzo por entender los puntos de vista de quienes piensan y juzgan de otra forma los mismos hechos y las mismas situaciones. Cederá en muchas cosas, pero será firme en aquello que cree depender de forma importante de su personal responsabilidad. Daba, a veces, una falsa imagen de inflexibilidad y de cierta arrogancia. Pero tras esa fachada, era enormemente respetuoso con las personas y se sentía hermano verdadero de sus hermanos misioneros.

Este talante humano se ha mostrado de forma muy particular en su lucha por el pueblo Huaorani. Su particular manera de encarnarse en su cultura, hasta niveles que pocos pueden imitar, conservando, sin embargo, una verdadera libertad a la hora de compartir con ellos criterios y normas de conducta, indican flexibilidad y firmeza, entrega y claridad de ideas. Su permanente y constante combate a favor de los derechos de esta minoría étnica frente al poder y la soberbia de los poderes reales del país es la otra faceta de esta lucha sin cuartel. Todo con suavidad, todo con exquisita diplomacia, pero siempre con una tenacidad que pocos pueden igualar.

                                                          Manuel Amunárriz

La memoria se afianza en el recuerdo

Es la memoria del corazón la que fija los signos de las cosas vividas, la que nos enseña lo que somos.

Han pasado años y en mi recuerdo tengo los tiempos vividos en la selva, cómo los más felices de mi vida; como mujer y como misionera, es más, siempre afirmo que me hice misionera Dominica en la selva de Ecuador, en el Vicariato de Aguarico, a donde llegué con toda la ilusión del mundo en Marzo de 1975, con destino, después de mi profesión perpetua, a San Pedro de los Cofanes, Km. 28 donde la Congregación había fundado una Comunidad en 1974.

Ese era mi primer viaje a la selva y, no iba sola, viajábamos en el Bus “Centinela del Norte”, en la noche, Dos hermanas de la Comunidad a donde iba, y un padre Capuchino: Alejandro Labaka. El primer contacto con uno de los misioneros con los que luego trabajaríamos en la zona de la Carretera desde el Eno, donde residía él con tres misioneros seglares: Alberto, Pachy y Mariano, hasta Shushufindy y el proyecto IERAC. No se atendía, aún la zona de Shachas, sólo había unas casitas de madera y no había centro poblado.

Pronto me di cuenta de los valores de Alejandro y del interés que tenía por nosotras, nos buscaba lo más cómodo dentro de lo que se podía, nos hizo un pozo para que subiéramos el agua a la casa, ya que el tanque era muy pequeño, nos arreglaba la Petromax con lo que nos alumbrábamos en la noche, a veces nos hacía alguna comida, nos regaló un pato y una pata, en fin nos quería y contentas. Con él íbamos los Domingos a las Misas, lo más lejos era Shushufindy donde no había ni escuela para celebrar allí las Misas; Conducía el Carro Pachy, y Alejandro, en esos tiempos, fue que le puso la letra de “La selva es tu mansión…” a la música de: “Cerca de Ti Señor…”. Siempre íbamos cantando a pesar del polvo o de la lluvia.

Era muy cercano y cariñoso con la gente y daba una imagen de Iglesia muy maternal, quiero decir no imponía, explicaba y convencía de porqué se debía hacer así, vivir mejor, prepararse, organizarse, construir escuelas para mejorar la cultura, etc. Estaba pendiente de las necesidades básicas de esos poblados incipientes que carecían de todo lo más elemental. En las Misas explicaba y dialogaba con las gentes, no era de grandes homilías, hablaba sencillo y se dejaba entender. Recuerdo muy bien que mis primeras impresiones eran que Se notaba en el que había asumido muy bien el Concilio Vaticano Segundo. Ad gentes, Mater et Magistra y todo lo que suponía la Misión. Yo aprendí de mis hermanas y de él buenas cosas y experiencias que no olvido y todo en un clima tropical que para todos es duro. Pero, éramos felices y sin mayores necesidades. Era así.

Alejandro Labaka en la carretera hacia Nueva Quevedo 1975. Con las hermanas Dominicas Laura y Clara.

CUANDO LLEGO A ROCAFUERTE

En el año 1980, terminados los 6 semestres de mis estudios de Enfermera; tenía que realizar un año de prácticas en un hospital del ministerio de salud pública, y yo decidí, solicitar el solicitar para mi año de Rural, el hospital Fisco Misional de Nuevo Rocafuerte, ya que allí, me lo concederían y tendría la oportunidad de aprender mucho con el P. Manuel Amunárriz, como así fue, y, seguramente podría vivir en Comunidad con las Hermanas Terciarias Capuchinas que allí continúan con el trabajo de Pastoral y en el Hospital.

Todo me fue concedido ya que a ese hospital tan alejado, nadie deseaba ir por un año.

Fui, acompañada por una de mis hermanas de la Comunidad de Quito donde vivía para poder estudiar. Fuimos muy bien recibidas, tanto por los padres Capuchinos cómo por las hermanas de la comunidad de terciarias Capuchinas, que me aceptaron cómo una más de su comunidad.

En la Comunidad de Padres, entonces, estaba el p. Camilo Mújica, Manuel Amunárriz y Alejandro Labaka.

En la Comunidad de hermanas, estaban entonces: Laura Fernández, Imelda Pérez, Inés Arango y la Hermana Mª Jesús.

Bueno, me sentí muy bien, en el Hospital donde cerca del P. Manuel fui aprendiendo a diagnosticar, a tratar las enfermedades y a los enfermos; qué medicinas dar, atender partos que sólo sabía la teoría, enfermedades tropicales, y cómo detectarlas, suturas, atención a hospitalizados, etc. Y mucho más. En realidad, sentía que el P. Manuel, ante los enfermos, se transformaba… Así que aprendí con él mucho más que lo aprendido en prácticas y en teoría en los 6 Semestres.

En la Comunidad, compartía con las hermanas, desde la mañana con la oración, la Eucaristía, el trabajo en el hospital, las comidas, el descanso y en las noches, lectura comunitaria y recreación, siempre animada por Inés, Inés Arango; Era una persona que, como Coordinadora de ese grupo, estaba pendiente de todas las hermanas, de las necesidades, los alimentos en la cocina, que allí es difícil de adquirir. Se veía en ella un gran espíritu de sacrificio y, como vulgarmente se dice,” se tiraba a todo”. Eso no lo hacemos todas. Yo lo observaba, aunque no sabía que un día ella moriría de esa forma y yo tendría la oportunidad de contar lo que sentía de ella.

Lo más sorprendente era que en las noches, se transformaba, contando anécdotas y chistes de su tierra, costumbres de Medellín, su familia. Nos hacía reír continuamente, tenía para ello, un arte especial.

Los Padres, que viven a un Kilómetro del Hospital, iban casi todos los días a visitar a los enfermos y a las hermanas.

El P. Manuel, decía la Misa cada día y desayunaba con nosotras. El Padre Camilo, escribía los 4 Evangelios en Quichua, y el p. Alejandro, vivía obsesionado por los huaoranis y visitar a las comunidades indígenas de la ribera de los ríos: Napo, Aguarico, Eno y Cuyabeno.

Personalmente, tengo que decir allí me sentí muy a gusto en aquel ambiente, tanto en el trabajo y prácticas del hospital, como en la Comunidad de hermanas; además , los fines de semana me gustaba y me invitaban a acompañar a los padres y hermanas a las Comunas del Río Napo y rio Tiputini; cantar y aprender los cantos en Quichua y atender enfermos, para lo que llevábamos un pequeño botiquín.

Aprendí mucho, más de lo que suponía. El ambiente de orden y serenidad, la lejanía de todo y de todos, me venía muy bien, me gustaba y disfrutaba.

Mensaje de los Caminantes 2016

Mensaje de los Caminantes 2016

Con Alejandro e Inés, “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde el Santuario de Guápulo de Quito y desde el santuario de Alejandro e Inés del Helipuerto de Tiputini hasta las tumbas de Alejandro e Inés para recibir la gracia de la misericordia que nos lleva a ser signo profético creador de un mundo nuevo de respeto a las culturas y a la creación.

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Celebrando 29 años de la entrega martirial de  ALEJANDRO E INÉS  1987-2016

Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en…

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Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos. Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han…

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Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos.

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VISPERA AL MARTIRIO

A las 5.30 salían en un Jeep-Toyota: Roque al volante, Monseñor, Inés y una hermana de la comunidd,
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3ª Etapa: 11 julio: Papallacta a Baeza

En la mañana, después del desayuno hemos salido con destino Papallacta – Baeza. Las consignas nos recuerdan que peregrinamos al Coca “con Alejandro e Inés a defender la vida”. El camino tiene sentido pleno desde el Evangelio, que es orado y compartido a lo largo del trayecto. La travesía de hoy se caracterizó por la contemplación de la naturaleza: lluvia suave y constante; exuberante vegetación, grandes y encantadoras cascadas; pero también hemos constatado la tala de árboles, por lo que hay derrumbes y corte de las vías. Nos duele profundamente la contaminación y la tala de madera. Hemos visto a nuestro paso dos camiones con troncos enormes que salen de la selva. Leer más...

Extractos de la crónica de Nuevo Rocafuerte

Abril 1979.
3 de abril. Llamado el P. Alejandro Labaca para entrar a los Aucas en ?? de pacificación. Le acompañan la Hna. Inés Arango y una Hna. Laurita. Por segunda vez llegan religiosas donde los Aucas.

Salimos de Nuevo Rocafuerte hacia Pañacocha de donde seremos conducidos a los Aucas en Helicóptero de la compañía. Tres días tardamos para llegar donde ellos por algunas dificultades en el vuelo; unas veces por falta de visibilidad, otras por fuertes tempestades y además el piloto no era muy conocedor de aquella zona motivos por los cuales regresábamos cada día a Pañacocha. Al tercer día llegamos donde ellos felizmente a las 4 de la tarde. Durante aquellos tres días nos esforzamos por aprender unas 4 palabras en Huaorani; otros momentos los tomábamos como reflexión en compañía del Padre.
 
Gran alborozo causa a los Huaorani nuestra llegada y más alegría sentíamos nosotros de poder llegar hasta donde ellos, cosa que nunca hubiéramos creído posible; pero el Señor ya había señalado esta hora para el principio de una evangelización tan sólo a base de convivencia y cariño hacia aquel pueblo olvidado entre la selva por los demás hermanos que disfrutamos de la civilización y la Buena Nueva.
 
Nuestros sentimientos no podrán ser expresados en palabras. Tan sólo se sabe lo que esto significa cuando se experimenta en carne propia llegándose hasta donde estos nuestros hermanos que desean como toda criatura el Reino de Dios. Sólo decimos gracias Señor por esta experiencia y este aprender y ser evangelizados por los más pobres materialmente, porque sólo poseen los medios y recursos de la selva careciendo aún de vestido y espiritualmente porque no hay operarios suficientes ni quien sea capaz de correr el riesgo a un de su vida por la extensión del Reino.

Agosto de 1980.
El día 1 de agosto salen de Nuevo Rocafuerte hacia el pueblo Huaorani a 300 kilómetros de distancia por el río yasuní la Hna. Laura, una misionera Laurita y el padre Alejandro Labaca y dos motoristas de la misión. Llevan provisiones para una semana de compartimiento con este pueblo para luego quedarse allí el padre Alejandro todo el mes de Agosto aprendiendo la lengua, costumbres para estudiar la forma de una futura evangelización.
 
Agosto 15.
La Hna. Elvira Fernández, misionera dominica del Rosario, quien había terminado sus estudios de enfermería y pidió hacer su año rural en este hospital. Compartiría con nosotras nuestra vida de comunidad y de trabajo.
A finales de este mes vienen tres hermanas misioneras dominicas a pasar unos días de descanso en nuestra casa. Fueron ellas las Hnas. Cova y Luz.

Septiembre de 1980.
El primero salen en busca del padre Alejandro que aun permanecía entre los Huaorani las Hnas. Cova dominica y la Hna. Inés Arango, acompañadas del P. Manuel. Permanecieron allí durante 5 días en conocimiento del pueblo y sus costumbres. Fue un viaje lleno de obstáculos y grandes peligros pero bella experiencia de evangelización a un pueblo que aun no han percibido la Buena Nueva.
 
Septiembre 20.
Salen de nuevo a la gira apostólica del Aguarico el padre Alejandro, la Hna. Inés Arango y la Hna. Elvira Fernández. A las 8 de la mañana previendo que llevaban las provisiones necesarias para tres semanas. Visitaron las diferentes tribus atendiéndolas con medicinas y también se realizaron bautismos. Permanecimos en cada lugar 1 ó 2 días, según las necesidades. Las gentes esperan ansiosas estas visitas pues carecen de toda clase de recursos debido a las distancias.

Inés abre su corazón a una amiga

Un par de semanas después de la carta que Inés había dirigido a la Superiora General, abre su corazón a una amiga, Myriam Mercado, consejera general y encargada de las misiones. La Hna. Myriam, originaria de la provincia de San José, a la que pertenecía Inés, en la actualidad es miembro de la provincia de Santa María, uno de los dos distritos en que se dividió San José. Inés le repite cosas dichas a la general y manifesta de modo más directo algunas fibras de su corazón. La carta es del 12 de abril. He aquí algunos extractos:

Ya me conoces desde siempre y sabes que mi único ideal era el ser misionera, que soñaba vivir entre indígenas y que por fin se realizó mi sueño...

... Yo por una gracia especial del Señor, me creo capaz de vivir allí y he estado con ellos quince días sola, sin que esto perjudique en nada mi vocación, espíritu y amor a la comunidad; peligro entre ellos, ni el más mínimo; me siento feliz entre ellos como hermana, amada y respetada y acatada, a quienes puedo ayudar en cuanto es posible... tengo que contar con la salud y fuerza que el Señor me da ahora; el tiempo corre, las canas aumentan, la vejez no viene sola y no puedo perder tiempo: ¿te parece?

... Estoy decidida a correr el riesgo así tenga que morir sola y abandonada entre ellos. ¿Crees que después de tener entre mis manos el sueño de toda mi vida he de querer dejarlo así no más? Creo que lo ves de la misma manera... Te juro, Myriam, que siendo ésta una de las cosas más incómodas, no he de querer algo para mi persona o interés personal... pero no es mi objetivo ni fue nunca, cuando elegí venir a la misión; somos el Obispo y yo los que hemos puesto nuestro ideal en este pueblo y es por esto que quiero ayudarle a él que también desea la evangelización de este pueblo. Ahora han encontrado un grupo de ellos mismos,pero que aún viven en estado salvaje y son feroces; en este caso el gobierno ha acudido a Mon-señor para que llegue hasta ellos pues es el único que arriesga su vida por esta causa, así que dentro de unos quince días irá a hacer un reconocimiento de sus casas, tirarán regalos hasta llegar a notar en ellos aceptación, como se hizo con los que hasta ahora conocemos; esto se hará en helicóptero, y sabes, yo también estoy anotada a esta experiencia... si muero ¿no te parece mejor? no quiero mi popularidad ni mucho menos; ya la pudiera haber tenido pero me parece ridículo el escribir, el hacer propaganda de uno mismo. Ya me conoces ¿verdad?

Inés es de una pieza; poca cosa de cuerpo pero de un temple terrible. Nada extraño que Inés, con su temperamento, haya creado algunas dificultades.

Escrito de la Hna. Candela, la Superiora de Coca cuando murió Inés.

INES RECORDEMOS (seis meses Inés con nosotras)

Te recuerdo muy bien Inés cuando llegaste a Coca para encargarte de esta comunidad. Eran las doce del día del mes de Enero del 87. Yo salía de la Escuela Fiscal de dar catequesis, en mi memoria está tu figura, sencilla, descomplicada; venías de un largo viaje por el río Napo 360 Km., que nos distancian de Rocafuerte. Venías cargada con tu equipaje de misionera; un bolso en la mano y colgada de tu hombro una chigra tejida por los Huaoranis; venías pobre, sandalias en tus pies, tu delantal sencillo, y una sonrisa que te acompañaba cuando tu destino era servir. Llegamos a la casa a la media cuadra, te recibimos con amor y sobre todo con agradecimiento, por haberte ofrecido para aceptarnos.

Ahora quiero recordar algunos episodios de tu vida aquí en Coca. Con la Comunidad empezaste a trabajar con entusiasmo. Te agradeceremos el empeño e interés por hacernos adelantar en el espíritu de oración y en la fraternidad.

Pero sobre todo Inés nos has dejado el gran testimonio de tu servicio y esto con los más necesitados. Te integraste y conseguiste una amiga de tu confianza para visitar y llevarles el mensaje del evangelio a las prostitutas, lo hacías los lunes en las tardes. Ya algunas las motivaste por la Biblia, pues te vi en la salita de la casa con una de ellas explicándole la palabra de Dios.

No escatimaste ni la hora, ni la oscuridad de la noche, no la llovizna que caía para hacer el bien. Recuerdo una noche eran las 8 y media, cuando llegó una a esa hora casi llorando y nos dijo que una amiga suya que vivía sola se estaba muriendo y allí mismo sin pensarlo dos veces saliste en compañía de otra de las hermanas. La casa era a orillas del río Payamino. Caminaron largo rato bajo la lluvia. La señora estaba mal, mandaron a buscar un taxi: la llevaron al Hospital, luego fuiste a la farmacia a comprarle las medicinas y cuando ya la dejaste bien atendida, volviste a casa a las once de la noche.

Un día te invite para que fuéramos a ver a un niño enfermo; había nacido invalido. Llegamos a su casa y desde este momento te hiciste cargo de este pobre niño que estaba en estado lamentable. Fue el momento providencial para él, pues sufría mucho y sus padres muy pobres no podían atenderlo debidamente. Con muchos sacrificios lo llevaste a Quito a una guardería del estado que con mucha dificultad te lo recibieron. Pero allí cumpliste esta gran obra de misericordia, que en nuestra carisma N. Padre Fundador lo insinúa, proteger la niñez desamparada.

Te afanaste porque en la Escuela Fisco Misional estuviera bien organizada la catequesis y ya tenías la intención de celebrar, ayudando a las clases y al profesorado.

Con un grupo de señoras organizaste un estudio de Biblia. Te recuerdo en las tardes calurosas de Coca salir entusiasta con tu Biblia bajo el brazo, a compartir con ellas la palabra de Dios y ayudarles en sus problemas familiares.

Los Padres Misioneros, cuando tenían algún caso sobre personas necesitadas o sobre indígenas, acudían a ti reconociendo tu espíritu de caridqad y servicio. Visitabas las familias y procurabas darle solución a sus problemas. En fin en tan poco tiempo que estuviste al frente de esta comunidad y misión en el Coca fue mucho lo que hiciste en bien de sus gentes y de nosotras tus hermanas capuchinas.

Pero lo que sí superaba en tu persona era el amor por los Huaorani. Ya la comunidad estaba de acuerdo de que irías a visitarlos y se te llegó el momento de ir a verlos. Esto fue más o menos faltando un mes de tu martirio; saliste para Rocafuerte y de allí te llevaron al Aguarico (la hermana Candelaria quiere decir YASUNI) dos de nuestras hermanas que regresaron al siguiente día. Allí estuviste ocho días con ellos y luego, después de un día por el río en canoa, visitaste los otros Huaorani otros ocho días. Quién hubiera creído fue tu despedida definitiva de ellos.

Cuando regresaste a Coca no tuvimos tiempo mucho tiempo para comentar tu viaje, pues ya de Quito nos habían llamado para que las Hermanas, que trabajamos aquí en esta misión, enviáramos alguna de las misioneras al Congreso Misionero que se celebraría pronto en Bogotá. Cuando llegaste de visitar a tus Huaorani, ya nosotras te habíamos delegado para asistir al COMLA 3, porque te veíamos la misionera que con verdadero amor y sacrificio trabajabas por el bien de la Misión y de los indígenas. También por haber sido tu la primera con otras tres hermanas, que en 1977 pisaron esta tierra de la misión del oriente amazónico del Ecuador.

Recuerdo que al principio de haberte hecho la propuesta, no lo querías aceptar., diciendo que había otras hermanas que podían ir, pero al fin de insistir lo aceptaste. Saliste de Quito toda alegre, en compañía de la Delegación Ecuatoriana de misioneros.

Inés, te esperábamos con ansia, para recibir tus impresiones, ya del Congreso como del encuentro con tus Hermanas en religión y Hermanas carnales, con las cuales compartiste recordando tu vida familiar y tus misiones entre los indígenas.

A tu regreso tuviste que demorarte unos días en Quito arreglando tu pasaporte. Y llegaste un sábado 18 de julio, llena de alegría y entusiasmo, contándonos lo maravilloso y bien que lo pasaste. Lo primero fue decirme: "Estuve feliz con el encuentro con nuestra Hna. General Elena; es toda una madre comprensiva y amable, me oyó, me escuchó mis ideales de trabajar con los Huaorani. Me siento feliz. También departí con mis hermanas carnales y con ellas pasé esos días en su apartamento, Cecilia, Angela y Ana Isabel, lo pasamos de primera". Yo te comenté, los caminos del Señor cómo te proporcionaron este tiempo para tu provecho espiritual. Entre otras cosas que me comentaste fue la invitación que te hicieron junto con las Hnas. Miriam Mercado y Fabiola Zapata las exalumnas del Colegio de Armero, como profesora que fuiste de ellas. Donde departieron con ellas con entusiasmo, hubo cantos tolimenses y obsequio de un gran almuerzo. Tuvieron recuerdos de tiempos idos, sepultados en lodo y arenas.

Inmediatamente llegaste a Coca; organizaste la ida donde tus Hnas. de Shushufindi y San Pedro para compartir con ellas tus impresiones del Congreso y llevarles los escritos y mensajes de este.

El domingo 19 a eso de las 11 de la mañana recibimos una llamada telefónica de Monseñor Alejandro solicitándote, pues al día siguiente saldrían para el viaje a la selva donde los Tagaeris y tendrían que comprar lo necesario para dicha aventura. Llegaste a las 12 y media, te dimos la razón e inmediatamente corriste al almacén donde te esperaban. Luego regresaste con lo necesario para el viaje. Esa tarde tuvimos la visita de Inigua, el Huaorani, que había adoptado a Monseñor como hijo. Cenó con nosotras. Yo me embelesaba, Inés, viéndote conversar con él. Tu cara resplandeciente de alegría y el indio con mayor razón hablaba con entusiasmo, accionaba y se le veía la dicha, sabiendo que podía comunicarse con alguien que lo conocía y entendía su lengua.

Y amaneció el lunes 20 y a las seis de la mañana saliste con Monseñor a donde tus indios, y cuál sería nuestra sorpresa al verlos de nuevo regresar a eso de las diez de la mañana. ¿Qué pasó? Que antes de salir ensayaron la cuerda por la cual iban a bajar del helicóptero a la selva y ésta se había reventado. Así que el viaje sería al otro día.

Ese día teníamos en nuestra comunidad una reunión familiar con nuestras hermanas de las tres comunidades de la misión. Entonces tú, Inés, providencialmente estuviste compartiendo con tus hermanas, alegre, chistosa y fraterna.

Ya en la tarde en nuestra comunidad nos quedamos solas las cuatro hermanas de la comunidad del Coca y en la mesa, te recuerdo, serena y centrada en tu idea nos dijiste: "Hermanas, si matan, muero contenta". Nosotras en silencio la admirábamos y yo decía para mí, qué mujer tan valiente. Por la noche se despidió de la hermana menor (nota: era la Hna. Lucero) y la otra hermana (nota: la Hna. Cristina) sintió algo especial y se entró a su celda a llorar.

Y llegó el día 21, martes, Monseñor Alejandro había quedado de venir por ella a las cinco y media de la mañana. Yo pensé: me voy a bajar a despedirlos. Llegué a la capillita de la comunidad y la encontré orando muy fervorosa; ya tenía todo listo para salir; me senté a su lado y a los 10 minutos, sentimos el carro que venía por ella; nos levantamos las dos rápidamente.

Bajó, Monseñor le cogió el equipaje a Inés y nos abrazamos en profundo silencio, como si presintiéramos algo que podía pasar, era el silencio de la muerte envuelto en eternidad. Eran las cinco y media de la mañana. Se presume que a las dos o tres horas eran atravesados por las lanzas. Sólo los árboles de la selva fueron los testigos mudos de lo que allí pasó.

Inés, gracias por tu entrega generosa, a tu misión, a tu Congregación y sobre todo a esos seres que tanto amaste, los indígenas. "Dios lo sabe todo", escribiste antes de morir. En su corazón te dejamos nosotras que vivimos de la fe y esperamos un día encontrarnos contigo. Volvemos a repetirte, gracias y ruega a Dios por esta iglesia naciente del Aguarico, que tú tanto amaste y serviste.

Tu ruega también por nuestra amada Congregación para que El suscite almas misioneras decididas y entregadas como tú.


Hna. María Candelaria Quijano M.

Luz verde en el Consejo General

La Superiora General recibió la carta de Inés y se sintió profundamente conmovida al ver tan en directo la talla de esta misionera. Se puso en contacto con la Superiora Provincial de Inés, Hna. Berenice Sepúlveda y consultó el caso con el consejero general. El 2 de mayo escribe a Inés una carta de exquisita cordialidad. "¿Qué puedo decirte? Que siento una alegría honda por tu espíritu misionero, por tu deseo de entregarte a los más pobres y hacer llegar el Evangelio a "los últimos"". Está plenamente de acuerdo con los puntos que indica Monseñor, y dice a Inés que esta obra se lleve adelanté como proyecto asumido por la comunidad y contando con el discernimiento comunitario. Debe ir acompañada de alguien. "Es imprescindible esta compañía, ¿será difícil conseguirla? Comprende, Inés, que tú no puedes ni debes hacerlo sola. Posiblemente sea difícil encontrar una Hna. porque se requiere, según parece, un talante especialmente arriesgado. La solución sería alguna misionera laica..".

Termina la carta llena de afecto: "Querida Inés, deseo con toda el alma que esto vaya adelante, que Jesús sea conocido, que te entregues totalmente a El y que crezca el amor entre todos. Tengo gran deseo de conocerte. Cuenta con mi apoyo fraterno, mi oración y todo mi cariño. Pide tú también por mí y por la Congregación para que estemos al servicio del Reino de Jesús y en favor de los hombres nuestros hermanos. Hagamos nuestra plegaria junto a María".

La carta resultaba profundamente alentadora. Inés podía aceptar la vocación del pueblo Huaorani como vocación personal, en armonía con la comunidad donde estaba.

De la Cronica de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Coca

(Sólo lo referentes a Inés)

Día 19 de junio de 1987:

"En las horas de la tarde llega la Hna. Inés con Monseñor Alejandro quien fue a recogerla después de haber pasado algunos días con los Huaoranis. En este viaje tuvo la oportunidad de visitar a dos grupos huaoranis. Inés nos cuenta con gran satisfacción lo que vivió allí. Le tocó tres días pasar con solo chicha porque se le agotaron los víveres. Pero no importa soy feliz con ellos.

Día 29 de junio de 1987:

(Sale a Quito) la Hna. Inés Arango quien tenía programado salir el día martes con el fin de organizar los trámites para asistir al Congreso Misionero en Colombia (CONLA III). Salieron a eso de las 8,30 en un avión de carga (Búfalo).

Día 18 de julio de 1987:
Se hace la culminación del año lectivo en la Escuela "Fray Mariano de Azqueta" en la cual se pide disculpas por la no asistencia de Mons. Alejandro ya que estaba haciendo un viaje de reconocimiento al lugar donde estaban los Tagaeris.

En las horas de la mañana regresa la Hna. Inés quien venía de participar en el Congreso Misionero en Colombia. Después de compartir un poco con Candela, Lucero y Cristina se marcha con Mons. Langarica a San Pedro y luego a Shushufindi.

Día 19 de julio de 1987:

A las 12,50 regresa Inés Arango de Shushufindi, después de haber saludado y compartido un poco con las hermanas, de inmediato va a la tienda del Sr. Milton Noboa con quien conversa un poco y además con Carmen Teneda y Emilia Gallardo. Allí se provee de algunas cosas para el viaje a realizar el día siguiente entre los Tagaeri.
En las horas del mediodía llega la Hna. Laura Fernández de Rocafuerte, quien va para Quito. Más tarde la Hna. Inés sale a la calle con Laura a conseguir algunas cosas que le hacían falta. También en esta tarde visita a las Lauritas y a Betty Pauker.

Día 20 de julio de 1987.
En eso de las 6,30 de la mañana salieron Mons. Alejandro, Roque, Inés y Cristina hacia la compañía CGG con el fin de dejar a Mons. Alejandro y a Inés quienes irían en helicóptero al sitio donde se encuentran los Tagaeris. Dado que el cable para la bajada del helicóptero se había roto y aun no estaba reparado se postergó el viaje para el día martes. Después de preparar algunos víveres y utensilios que da la compañía desayunamos allí mismo. Seguidamente regresamos y trajimos a Huaorani que se (??) por tener a su hija enferma. También entramos a saludar a las Hnas. Dominicas (Elvira (no ??) Tere, Merche, Clarita) y a eso de las 11 am llegamos al Coca.

Las Hnas. Emma, Laura Salazar, Nelly Posada, Luz Elena Restrepo, Gabriela Arango, Martha Oliva, Inés Arango, Candela Quijano, Lucero Giraldo, Cristina Tamayo nos reunimos en esta casa con el fin de ayudarnos y buscar formas de vivir mejor. Todo el encuentro estuvo dentro de un clima muy fraterno y positivo. Quedamos de reunirnos el día 7 de septiembre.

En la tarde cada quien marchó a su casa felices de haber celebrado también la Independencia y por llevar medicinas, ropa, alimentos para los pobres. También nos acompañó un rato Mons Alejandro. Este mismo día Laura Fernández salió para Quito.
 
Día 21 de julio de 1987:
A las 5,30 de la mañana llegó Monseñor Alejandro y Roque que venían a recoger a Inés para ir al grupo Tagaeri. En la tarde llegó Imelda Pérez de Nuevo Rocafuerte.
 
Día 22 de julio de 1987:
De mañana va Roque a Vía Auca con el fin de hacer algún contacto con Monseñor e Inés, se dirige a la CGG (Compañía). A eso de las 6,30 llega el Hno. Jesús por Imelda para llevarle al aeropuerto, además le acompañó la Hna. Lucero Giraldo ya que Imelda estaba delicada de salud.
Más tarde nos llama Imelda por Teléfono: "Cristina una mala noticia". ¿Qué? ¡Sí! ¡Mataron a Monseñor e Inés. Fue terrible! De inmediato Candela reaccionó con un fuerte llanto a pocos momentos le dije (Cristina) a Candela que me iba a llamar a Quito para que de allí pasaran la noticia a Colombia. Inmediatamente la Señora Rosa de León me comunicó a Quito. La Hna. Ligia recibió la noticia.

Después Imelda, Cristina, Lucero, Candela nos dispusimos a realizar las gestiones del caso y a preparar para el velorio y recibir sus cuerpos.
A eso de las 3 pm llegan con los cadáveres y se procede al levantamiento. Esto se hizo en el seminario. A eso de las 10 pm llegaron los cadáveres al templo parroquial del Coca; donde una gran multitud de fieles y amigos de la Parroquia les esperaban. Celebramos la Eucaristía y velamos en la noche. En la velada de la media noche celebraron la eucaristía el P. Alberto Calvo y Mons. Gonzalo López M.

Día 23 de julio de 1987:
A las 11 am los Señores Obispos de la Conferencia Episcopal nos acompañan u celebran la Eucaristía por el alma de Monseñor e Inés. En las horas del medio día se regresan a Quito. A eso de las 2 pm llegan la Hna. Elena Echavarren, Superiora General, Hna. Berenice Sepúlveda Superiora Provincial, Hna. Fabiola Arango, Hna. Cecilia Arango, hermanas carnales de Inés, Ligia Aurora y Sara Hernández.

Día 24 de julio de 1987:
A eso de las 10 am llegan de Pasto la Hna. Cecilia Rodríguez y la Hna. Estela quienes nos acompañaron en estos momentos tan duros.
La eucaristía de sepultura fue presidida por Mons, Gonzalo López M y hubo participación de todo el pueblo; las ofrendas, los memorandos, este fueron muchos. Después de la Eucaristía a petición del pueblo se dio una vuelta por las calles con los dos cadáveres. Después de colocar los cadáveres en las tumbas se dejar abiertos hasta las 3 pm, donde se procede a cerrarlos.

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