Nuestras vidas se cruzaron

Mons. Alejandro y la Hna Inés Arango, lan­ceados por los Aucas a quienes tanto que­rían, son mártires de la caridad.

A partir de 1970, nos habíamos encontra­dos algunas veces, pues somos dos Vicariatos colindantes, separados por la frontera Perú-Ecuador. Ambos llegaron hasta mi choza de Angoteros. Rocafuerte y Angoteros son dos misiones vecinas.

A Alejandro le gustaba compartir su expe­riencia; vibraba cuando me contaba de su contacto con los Huaorani. Como por ós­mosis me contagiaba de su entusiasmo. Nos comunicábamos mutuamente nuestra pasión por los pequeños del Reino, los in­dígenas. Él me animaba a seguir en esta entrega. Su actuación misionera me inspi­raba. Era la nueva evangelización que bus­cábamos para los nativos; una nueva ma­nera de defender el Proyecto de Dios sobre los pueblos indígenas frente al genocidio occidental.

Me acuerdo que el 27/11/77, en una visita a Rocafuerte, me había informado de que los Auca o Pukachaki estarían pasando también a Perú. Me hablaba siempre de los Quichua, Siekoya, Huaorani. Su rostro se iluminaba. Me enseñaba cantos en qui­chua, yo le entregaba los tonos nativos re­cuperados que utilizábamos nosotros, los cuales él incluyó el 4 de octubre de 1983 en su cantoral comentando: “Aquí quiero hacer mención especial del P Juan Marcos Mercier que, con su valiosa colección del Bajo Napo, nos ayuda a unir en abrazo de hermanos, por el canto, la oración y el amor, a toda la familia creyente de la cuen­ca del Napo”.

Mons. Alejandro Labaka nos sorprendió por su actitud entre los nativos al querer descubrir ahí al Dios preexistente: “Me esfor­cé para no llevar mi Breviario. Nada. Es que primero hay que aprender de ellos. He visto..., Dios está con ellos. Ahora no nece­sitan Misas. Necesitan cariño, justicia y tie­rras para su futuro como pueblo... Ellos tie­nen su fe en Dios, en su Huinuni. Es necesa­rio conocer sus criterios, sus sentimientos e ir caminando a su lado, encontrar a Jesús que vive entre ellos”.

En algunos aspectos vivíamos algo seme­jante. En 1973, en abril y noviembre, me tocó ser el primer sacerdote en estar unos meses entre los Matsés o Mayoruna, indios llamados bravos, del río Yavari, frontera Perú-Brasil, que vivían todavía en la inocen­cia de una desnudez paradisíaca. El 26 de noviembre el Ministerio de Agricultura me entregó el ex-pediente por el cual se les re­servaba 350.000 hectáreas de tierra. Por su­puesto no podía dedicarme a la vez a los ru­nas del Napo y a los del Yavarí. Mi obispo me prometió entonces que él mismo iba a buscar un par de misioneros para vivir en medio de los Matsés.

¡Alejandro! Éramos como dos Hermanos Menores que vibraban por lo mismo: el Reino, los pequeños, los indígenas de la Selva. Sintonizábamos en seguida. Te entusiasmabas cuando me hablabas de tu expe­riencia de encarnación entre los Huaorani, de tu ecumenismo con los Siekoya.

Intercambiamos casetes en las cuales los Siekoya, en su idioma, se enviaban mensajes familiares. Nuestro interés hacía buscar las conexiones entre los nativos de allá y los de aquí. Investigar si podían ser parientes de los Huaorani nuestros Vacacocha (Aé'wa), Aushiri o Arabela, del Perú. Con tal fin intercambiamos vocabularios. Él encontró unas 10 palabras parecidas entre Huaorani y el léxico Aushiri del P. Avencio, 2 con el Arabela, y una sola con el Vacacocha (notita del 7 de enero de 1980). Me enviaba las más importantes de sus crónicas. Con devoción guardo su última firma.

¡Alejandro! No me olvido con qué emoción me contaste, a la luz débil de una lamparina, en mi choza de Angoteros, tu adopción y despojamiento huao; repetición del desnudamiento de san Francisco delante delobispo de Asís... Fue de verdad para ti una entrega solidaria a esta etnia, como la de San Isaac Jogues al pueblo Iroquese: “Este pueblo es para mí un esposo de sangre. Me he casado con él con mi sangre”.

Gracias, Alejandro, por nuestros encuentros, demasiado breves. Que nuestras vidas se hayan cruzado es una bendición para mí. A la gloria del Padre de Jesús, nuestro Padre.

Juan Marcos Coquinche

CABODEVILLA, Miguel Ángel (Ed.) Tras el rito de las lanzas. CICAME 2003. p. 132-133.

La memoria se afianza en el recuerdo

Es la memoria del corazón la que fija los signos de las cosas vividas, la que nos enseña lo que somos.

Han pasado años y en mi recuerdo tengo los tiempos vividos en la selva, cómo los más felices de mi vida; como mujer y como misionera, es más, siempre afirmo que me hice misionera Dominica en la selva de Ecuador, en el Vicariato de Aguarico, a donde llegué con toda la ilusión del mundo en Marzo de 1975, con destino, después de mi profesión perpetua, a San Pedro de los Cofanes, Km. 28 donde la Congregación había fundado una Comunidad en 1974.

Ese era mi primer viaje a la selva y, no iba sola, viajábamos en el Bus “Centinela del Norte”, en la noche, Dos hermanas de la Comunidad a donde iba, y un padre Capuchino: Alejandro Labaka. El primer contacto con uno de los misioneros con los que luego trabajaríamos en la zona de la Carretera desde el Eno, donde residía él con tres misioneros seglares: Alberto, Pachy y Mariano, hasta Shushufindy y el proyecto IERAC. No se atendía, aún la zona de Shachas, sólo había unas casitas de madera y no había centro poblado.

Pronto me di cuenta de los valores de Alejandro y del interés que tenía por nosotras, nos buscaba lo más cómodo dentro de lo que se podía, nos hizo un pozo para que subiéramos el agua a la casa, ya que el tanque era muy pequeño, nos arreglaba la Petromax con lo que nos alumbrábamos en la noche, a veces nos hacía alguna comida, nos regaló un pato y una pata, en fin nos quería y contentas. Con él íbamos los Domingos a las Misas, lo más lejos era Shushufindy donde no había ni escuela para celebrar allí las Misas; Conducía el Carro Pachy, y Alejandro, en esos tiempos, fue que le puso la letra de “La selva es tu mansión…” a la música de: “Cerca de Ti Señor…”. Siempre íbamos cantando a pesar del polvo o de la lluvia.

Era muy cercano y cariñoso con la gente y daba una imagen de Iglesia muy maternal, quiero decir no imponía, explicaba y convencía de porqué se debía hacer así, vivir mejor, prepararse, organizarse, construir escuelas para mejorar la cultura, etc. Estaba pendiente de las necesidades básicas de esos poblados incipientes que carecían de todo lo más elemental. En las Misas explicaba y dialogaba con las gentes, no era de grandes homilías, hablaba sencillo y se dejaba entender. Recuerdo muy bien que mis primeras impresiones eran que Se notaba en el que había asumido muy bien el Concilio Vaticano Segundo. Ad gentes, Mater et Magistra y todo lo que suponía la Misión. Yo aprendí de mis hermanas y de él buenas cosas y experiencias que no olvido y todo en un clima tropical que para todos es duro. Pero, éramos felices y sin mayores necesidades. Era así.

Alejandro Labaka en la carretera hacia Nueva Quevedo 1975. Con las hermanas Dominicas Laura y Clara.

CUANDO LLEGO A ROCAFUERTE

En el año 1980, terminados los 6 semestres de mis estudios de Enfermera; tenía que realizar un año de prácticas en un hospital del ministerio de salud pública, y yo decidí, solicitar el solicitar para mi año de Rural, el hospital Fisco Misional de Nuevo Rocafuerte, ya que allí, me lo concederían y tendría la oportunidad de aprender mucho con el P. Manuel Amunárriz, como así fue, y, seguramente podría vivir en Comunidad con las Hermanas Terciarias Capuchinas que allí continúan con el trabajo de Pastoral y en el Hospital.

Todo me fue concedido ya que a ese hospital tan alejado, nadie deseaba ir por un año.

Fui, acompañada por una de mis hermanas de la Comunidad de Quito donde vivía para poder estudiar. Fuimos muy bien recibidas, tanto por los padres Capuchinos cómo por las hermanas de la comunidad de terciarias Capuchinas, que me aceptaron cómo una más de su comunidad.

En la Comunidad de Padres, entonces, estaba el p. Camilo Mújica, Manuel Amunárriz y Alejandro Labaka.

En la Comunidad de hermanas, estaban entonces: Laura Fernández, Imelda Pérez, Inés Arango y la Hermana Mª Jesús.

Bueno, me sentí muy bien, en el Hospital donde cerca del P. Manuel fui aprendiendo a diagnosticar, a tratar las enfermedades y a los enfermos; qué medicinas dar, atender partos que sólo sabía la teoría, enfermedades tropicales, y cómo detectarlas, suturas, atención a hospitalizados, etc. Y mucho más. En realidad, sentía que el P. Manuel, ante los enfermos, se transformaba… Así que aprendí con él mucho más que lo aprendido en prácticas y en teoría en los 6 Semestres.

En la Comunidad, compartía con las hermanas, desde la mañana con la oración, la Eucaristía, el trabajo en el hospital, las comidas, el descanso y en las noches, lectura comunitaria y recreación, siempre animada por Inés, Inés Arango; Era una persona que, como Coordinadora de ese grupo, estaba pendiente de todas las hermanas, de las necesidades, los alimentos en la cocina, que allí es difícil de adquirir. Se veía en ella un gran espíritu de sacrificio y, como vulgarmente se dice,” se tiraba a todo”. Eso no lo hacemos todas. Yo lo observaba, aunque no sabía que un día ella moriría de esa forma y yo tendría la oportunidad de contar lo que sentía de ella.

Lo más sorprendente era que en las noches, se transformaba, contando anécdotas y chistes de su tierra, costumbres de Medellín, su familia. Nos hacía reír continuamente, tenía para ello, un arte especial.

Los Padres, que viven a un Kilómetro del Hospital, iban casi todos los días a visitar a los enfermos y a las hermanas.

El P. Manuel, decía la Misa cada día y desayunaba con nosotras. El Padre Camilo, escribía los 4 Evangelios en Quichua, y el p. Alejandro, vivía obsesionado por los huaoranis y visitar a las comunidades indígenas de la ribera de los ríos: Napo, Aguarico, Eno y Cuyabeno.

Personalmente, tengo que decir allí me sentí muy a gusto en aquel ambiente, tanto en el trabajo y prácticas del hospital, como en la Comunidad de hermanas; además , los fines de semana me gustaba y me invitaban a acompañar a los padres y hermanas a las Comunas del Río Napo y rio Tiputini; cantar y aprender los cantos en Quichua y atender enfermos, para lo que llevábamos un pequeño botiquín.

Aprendí mucho, más de lo que suponía. El ambiente de orden y serenidad, la lejanía de todo y de todos, me venía muy bien, me gustaba y disfrutaba.

BIOGRAFIA

Alejandro Labaka e Inés Arango:

mártires de la defensa de la vida y cultura indígena del

Vicariato Apostólico de Aguarico

(selva amazónica ecuatoriana)

El 21 de julio de 1987, el obispo capuchino Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, dos misioneros en la Amazonia ecuatoriana, fueron matados por las lanzas de los nativos huaorani. Frente a la explotación de los recursos naturales de parte de las grandes compañías petroleras, el obispo había priorizado la vida de las personas y defendido con coraje los derechos de las minorías indígenas. Paradójicamente, los indígenas, que se sentían acorralados, mataron a los dos misioneros que les ofrecían su apoyo.

En 1966 «aparecieron» los últimos restos de un pueblo indígena, y les llamaron los tetetes. Al poco tiempo, estos pocos supervivientes volvieron a desaparecer selva adentro. Pero el padre Alejandro Labaka, responsable de los capuchinos que se habían encontrado con los tetetes, tomó en serio este hecho y reflexionó sobre dicha circunstancia: «La sociedad no suele preocuparse mucho de los pueblos pequeños, tienen otros problemas y se olvidan de la gente de la selva... pero los misioneros debemos creer en el Evangelio, allí Jesús dice que dejó las 99 ovejas para buscar una; los que son pocos tienen tanto valor como los muchos; Jesús se preocupó de los pequeños y abandonados. Así debemos hacer. Estas minorías indígenas son los más antiguos pobladores de Ecuador, son los verdaderos dueños de su país, los que estaban acá antes del Estado, muy anteriores a la República y a sus leyes, y debemos ayudar a que la sociedad los reconozca como los primeros ciudadanos, los respete, los ayude y los proteja».

Durante 25 años se dedicó al acercamiento con los huaorani (o aucas), aprendiendo a vestir, a comer, a vivir como ellos y a hablar su lengua, el huao. Llegó a ser conocido y querido por todos los grupos huaorani, todos menos uno: los tagaeri, tribu que jamás había aceptado la intromisión de nadie en su territorio, que poco a poco se había visto acorralada y con menos territorio debido al trabajo de explotación de las compañías petrolíferas en la selva amazónica ecuatoriana. Precisamente por ello, monseñor Labaka se obsesionaba por compartir y ser aceptado por ellos. Además, realizó un trabajo de denuncia contra las compañías, instituciones y gobierno, constantemente cuestionados, en defensa de la vida y la cultura de los pueblos amazónicos.

En junio de 1987, un mes antes del asesinato-martirio el él y de la hermana Inés, pasan varios días conviviendo con otros grupos huaorani «para mantener los lazos de amistad». El 10 y 11 de julio vuelan sobre la casa tagaeri descubierta poco antes, pero no encuentran a nadie. El día 17, después de arrojar unos regalos, encuentran a un grupo de ellos. Escribe: «Regresamos felices con los primeros signos de buena acogida». Esa misma tarde tiene una reunión con los altos representantes de Petrobrás (la compañía petrolera que estaba trabajando en la selva). No se sabe lo tratado en esa reunión, pero sí que el misionero salió preocupado y totalmente decidido a introducirse en el territorio de los tagaeri. Quizás la compañía petrolera se mostró decidida a entrar inmediatamente en dicho territorio, dispuesta a todo para sojuzgar a los tagaeri. Resolvió poner en peligro su vida como único medio para defender la vida del grupo indígena de los tagaeri. Su plan sería el de convencerles de que cambiaran de lugar para evitar su exterminio.Así, pocos días después, el 21 de julio, desde un helicóptero alquilado, logra bajar junto a la hermana Inés, en un claro del bosque, hacia el sur de Coca. El helicóptero debía volver una hora más tarde, pero se perdió en la selva, así que volvió al día siguiente. No encontraron a nadie, sólo divisaron los cadáveres delante de la casa... El misionero aragonés Javier Aznárez, sacerdote y médico, preparó los cadáveres y dijo que contó 160 orificios en el cuerpo de monseñor y 67 en el de la madre Inés. Lo que les hicieron no puede llamarse crueldad, aunque pueda parecerlo, sino que son ritos de los huaos, difícilmente explicables, donde participan hombres y niños, como si mataran a un jabalí, con sus lanzas con 20 centímetros de punta y dentadas, que desgarran el cuerpo por dentro.

Así fue todo: un día bajaron ambos en un claro de la selva, donde los indígenas estaban protegidos. Monseñor desciende primero y se despoja de sus ropas. Inés guarda en un bolsillo el paño que cubría su cabeza y se quita los zapatos. El helicóptero se aleja. Al día siguiente, al amanecer, monseñor yace sobre el tronco de un árbol derribado, con ochenta y cuatro lanzas taladrándole el cuerpo... y cerca de otros ochenta orificios en el cuerpo. Ella se halla sentada en la entrada de la casa de los indios, con veintiuna lanzas en su carne, los hombros desencajados, los ojos en dirección al cadáver del obispo, la boca entreabierta. Hágase, Señor, tu voluntad. Alejandro quería de verdad a los indígenas y ese amor fue tan grande como para llevarle a dar la vida por ellos. Siempre fue consciente del peligro de vida que implicaba esta difícil misión.

Sobre el tapete estaba la cuestión de qué es más importante, qué es prioritario: la vida de unas personas o la explotación de unos recursos naturales. Para el obispo capuchino Alejandro Labaka e Inés Arango, terciaria capuchina, fue de absoluta prioridad la vida de los indígenas, y por eso se le puedes considerar con toda verdad mártires de la defensa de la vida y la cultura indígena. Esto parecía entonces una locura, pero desde la muerte de Alejandro, sus palabras, su esfuerzo han abierto un camino.

Alejandro Labaka nació el 19 de abril de 1920, en Beizama, Guipúzcoa, España.

Falleció el 21 de julio de 1987 en la selva amazónica de Ecuador.

La Causa es llevada ante la Santa Sede en: Curia Diocesana, Nicolás López 349, Apdo. 17-21-1918, Quito, Ecuador.

Fotos antiguas de Alejandro Labaka

Evangelio de la Vida

TODO PARA TODOS.

CRISTO EN TODOS.

SEMINA VERBI.

Según usos todavía vigentes, Alejandro cuando le hicieron obispo hizo componer un escudo de "chonta". En el escudo hay muchos árboles, un río largo con un indio bogan­do en solitario y ceñido todo ello del cordón franciscano y de las tres frases de arriba. También se hizo labrar un báculo de chonta, con el que quiso pastorear causas y gentes, hasta que una lanza de chonta hizo florecer de rojo esas tres frases que son un testamento en su escudo.

Alejandro ha hermanado así la vida y la muerte, la idea y la realidad, la "civili­zación" y la civilización, la naturaleza y Dios, el Evangelio y las semillas de evan­gelio, con esta gesta de martirio por el pueblo indio que, después de quinientos años, no ha encontrado el auténtico Dios 'indio'.

Nos ha tocado vivir con Monseñor Alejandro en un lugar maravilloso y trágico, donde chocan de una forma legendaria aspectos y puntos de vista irreconciliables: culturas, modos de vida y pensamiento, el silencio primordial de la selva y el ruido ensordecedor de máquinas sofisticadas, la libertad de los primeros pueblos y la an­gustiosa mezquindad del acaparamiento multinacional, la naturaleza más bella de la tierra y el saqueo de la cultura occidental que destruye para tener y conquista para "civilizar". Lo que ha sucedido en ese rincón de la selva, junto a una casa de hoja­rasca desbaratada por el aire del helicóptero y entre unos troncos de árboles despa­rramados por el suelo, no es un episodio sangriento, cerrado por la noticia, es la interpelación del profeta frente al torrente impresionante de ideologías y causas de salvación que no esperan la contestación a la pregunta que nos lanzan a la cara: ¿qué es la verdad?

Por eso las 18 lanzas clavadas en su cuerpo desnudo han hecho reventar una flor más del Evangelio que está naciendo a lo ancho de estas tierras americanas donde, paradójicamente resulta más peligroso defender la vida y la dignidad humana que “predicar" el Evangelio. El evangelio de la vida, de la dignidad y de los derechos del hombre, de los más pequeños, de los INDIOS que todavía esperan ser admitidos como sujetos concretos de la teolo­gía de la liberación. Teología, por tanto, a la que falta el capítulo profundo sobre la cultura y sobre los pueblos "creados indios”.

Monseñor Alejandro Labaca vivió un tipo de evangelio y de testimonio peculiar; ubicado al borde de este mundo increíble; en las fronteras de la "civilización" y de la "teología"; lugar de debate de proyectos sociales, culturales, económicos y teológicos. Llevan­do la divisa grabada en sangre de su escudo de obispo: TODO PARA TODOS. CRISTO EN TODOS. SEMILLAS DEL VERBO.

Hno. José Miguel Goldáraz

Sup. Reg. de Aguarico.

Agosto 1987

Mensaje de los Caminantes 2016

Mensaje de los Caminantes 2016

Con Alejandro e Inés, “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde el Santuario de Guápulo de Quito y desde el santuario de Alejandro e Inés del Helipuerto de Tiputini hasta las tumbas de Alejandro e Inés para recibir la gracia de la misericordia que nos lleva a ser signo profético creador de un mundo nuevo de respeto a las culturas y a la creación.

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Celebrando 29 años de la entrega martirial de  ALEJANDRO E INÉS  1987-2016

Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en…

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Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos. Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han…

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Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos.

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LOS TAGAERI: PROGRAMA DE ENTENDIMIENTO PACIFICO

Dentro de todo lo llevado a cabo con los Huaorani
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7ª Etapa: 15 julio: Reventador a Lumbaqui

Agradecidos por la acogida y alegría de la comunidad del Reventador y los laicos, posesionados de su responsabilidad comunitaria, nos han dado ejemplo de organización y vivencia en comunidad. A las 05:30 nos despidieron con el desayuno, nos han hecho sentir el amor hecho servicio. ¡Qué lindo sentirnos hermanos en Jesucristo y en la fe!. ¡Bendito sea Dios, a él la gloria y la alabanza! Iniciamos la jornada pidiendo la fuerza al Espíritu Santo, ya que esta Caminata no se basa en la fuerza de cada caminante, sino en la fuerza del Señor, en la energía y sueños de la fraternidad y en la presencia misteriosa de Alejandro e Inés. Leer más...

¿Cómo era Inés?: (Laura Fernández)

“Inés era delgada, pequeña de estatura, pero con un corazón y un alma que no le cavia en su pequeño cuerpo”

La conocí el 29 de Julio de 1977 en Shushufindi, me impresiono mucho al escucharla; Nos recibió con mucho cariño, pero hablaba sin parar, contándonos con grande alegría su experiencia de trabajo con los pobres, las dificultades que había tenido en su apostolado, pues ella había llegado al Ecuador 4 meses antes que yo.

Se notaba el amor que le tenía a su trabajo como misionera; Nos contaba que desde niña había soñado ser misionera y con paciencia había esperado mucho tiempo: Con emoción nos contaba la alegría tan grande que había tenido el día que la hermana Provincial Ana Elsa Moreno, la llamo y le pregunto si quería venir a la misión del Ecuador; Nos decía ……..”fue tanta mi alegría de ver que se realizaba mis sueños, que no hice sino llorar de alegría y darle gracias a Dios por ese regalo tan grande”.

En su trabajo en Shushufindi se incorporo con alma y vida; Solo escucharla te podías dar cuenta como amaba a la gente y su trabajo. Shushufindi era su vida; pero como la vida siempre nos hace sus jugadas duras, el 2 de Agosto de 1977 le dieron orden de bajar a Rocafuerte, segunda casa que fundaba nuestra congregación en este País; le costó bastante dejar a Shushufindi, su trabajo, su gente, que ya tenía muy metida en su corazón, pero acepto.

El Jueves 4 de Agosto bajamos a Nuevo Rocafuerte, largo el viajo por el rio y muy cansadas, pero felices de conocer tanta belleza. Inés entre alegre y triste miraba todo.

Una de las cosas que no le agrado mucho en este lugar, fue porque era Hospital, y ella tenía repugnancia por los Hospitales; pero al llegar allí se animo un poco cuando supo que era trabajo con los Indígenas de la Ribera y gente muy pobre.

Fue nombrada Superiora de esa casa y a pesar de añorar su antiguo trabajo se entrego por completo al apostolado en la ribera del rio Napo y por el Rio Aguarico.

Compartir con ella el trabajo durante 9 largos años, puedo decir que no tenia dificultad para nada y con nadie.

Primero se dedico a conocer el pueblo y su gente, sus costumbres, nombres y hacer amistades. Los domingos salíamos a la Ribera a varias comunas para la celebración de la Eucaristía y para hacer amistad con ellos. Inés cada día se iba incorporando más a su nuevo trabajo y cogiéndole amor a todo. En el pueblo visitaba a las familias, les explicaba la palabra de Dios del domingo, les invitaba a la misa los días sábados, y les enseñaba a manejar la biblia, etc.

Creo que su mayor alegría fue el día que Monseñor Labaka, la invito para entrar donde los Huaorani, lo hicieron en helicóptero desde Pañacocha, en compañía de la Hna. Inés Ochoa misionera Laurita; Esta experiencia fue el tema preferido el resto de su vida. Luego ya se iniciaron los viajes por el río Yasuní a esa comunidad.

Yo la acompañe en varias ocasiones, y sinceramente me admiraba de verla; ella era una persona muy escrupulosa, terriblemente escrupulosa; en la casa tenía que estar todo súper limpio, le aterraba ver una cucaracha en la cocina o en el comedor, era tanta la repugnancia que le quitaba hasta las ganas de comer. Exigía que a los pacientes hospitalizado se les atendiera de lo mejor, pero no permitía que se acercaran por la casa y menos por la cocina; y verla donde los Huaorani comiendo con ellos del mismo plato, o sentada en el suelo, compartía con ellos no importaba si estaban limpios o sucios, se le veía tan feliz cuando estaba con ellos; lo mismo hacia cuando ellos llegaban a Rocafuerte, se dedicaba a acompañarlos, a buscarles comida, llegaba a la casa solo a dormir.

En la comunidad era alegre, detallista y ordenada, responsable, lo mismo en su trabajo.

En su vida espiritual era muy orante y exigente con los demás, nos decía” las cosas de Dios se hacen bien o mejor no se hacen” sus momentos libres los dedicaba a la oración, al estudio de la biblia , la vida de San Francisco, y el padre Luis, también a las gramáticas Quichuas y Huaorani.

En Enero de 1977 le pidieron el favor de hacerse cargo de la casa de Coca por un tiempo, que ella exigió fuera corto; no le agrado mucho el cambio pero acepto, y el 23 de enero salió a cumplir su nueva obediencia, y allí empezó a planear su viaje a los Tagaheri.

En el mes de mayo bajo a Nuevo Rocafuerte para ir de allí a los Huaoranis, yo la acompañe, pasé con ella tres días y me regrese; ella tenía planeado subir mucho más arriba y allí la recogía Monseñor en helicóptero; su ilusión y planes era ir a vivir entre los Huaorani.

Al regresar de allá viajo a Bogotá para participar el en CONLAM, delegada de las Terciarias Capuchinas del Ecuador.

El 19nde julio nos encontramos en Coca, había llegado el día anterior; me saludo muy efusiva, y lo primero que me dijo fue “Laura me voy a los Tagaeri, me dio permiso la hermana General que participo también en el CONLAM, estoy feliz” yo no le conteste nada solo la escuchaba: Yo temía a ese viaje. No sé porque. Esa tarde la acompañe para hacer algunas compras, fuimos al almacén del señor Milton Noboa, con qué alegría le contaba de su viaje, él le dijo, Hna. y si se la comen esos salvajes, le contesto; que va ellos son mejores que nosotros.

De allí pasamos donde la señora Betty Pauker, la misma historia, le contaba de ese viaje con gran alegría, la señora también le dijo: no le da miedo hermana? Ella le contesto ¿de quién? Ellos son buenos; pero cuando nos despedimos la abrazo y le dijo: “bueno amiga hasta nunca” la señora se sorprendió y le dijo: es que no piensa regresar? No le contesto y salió riéndose, yo solo la escuchaba pero tenía miedo.

Esa noche en la casa después de la Eucaristía, pues era domingo, entre a su cuarto estaba arrodillada amarrando un cartón pequeño con las pocas cosas que llevaba. Le dije: Inés de veras no te da miedo, levanto la cabeza y con una seguridad me dijo: “te juro Laura que no tengo miedo y si muero, muero feliz donde y como le he pedido al Señor, ojala nunca nadie sepa mas de mi” yo solo le conteste: no te preocupes pero aunque sea tus huesos pelados o en pedacitos lo hemos de sacar, se rio, y luego me dijo. “Por si algo pasa aquí te entrego lo que tengo” me especifico todo y que debía hacer, me despedí, Salí de su cuarto pero algo presentía.

Al día siguiente, 20 de julio nos encontramos a las 4:30 a.m. en el comedor ella salía para la selva, yo para Quito. Esperaba a Monseñor Alejandro y al padre Roque que los llevaba a ellos para el Eli puerto y yo al padre Alberto que me llevaba al Lago.

Todo para nostras era expectativa en la casa de Quito, en la tarde llego a visitarnos Monseñor Jesús Langarika y nos conto que no habían salido por un fallo del helicóptero y estaban en casa en Coca.

Al dio siguiente 21 nos comunicaron que se habían ido, nos quedamos esperando noticias, en la tarde llego monseñor Langarika y nos dijo, cuando le preguntamos ¿ qué sabia?, no sabemos nada, hasta estarán muertos, ¿Qué se sabe?

Al día siguiente Salí para hacer algunas compras en el Ipiales, pero no pude, sentía algo raro “miedo” me regrese y mi sorpresa fue encontrar la puerta abierta y equipos de periodistas en la sala, pero no me imagine nada. Me quede en la puerta, en eso bajo una hermana y me dijo “Laura los mataron” es imposible narrar esos momentos, subí y la superiora me dijo, vete al aeropuerto a buscar dos pasajes para ir al Coca.

Cuando fue ya habían salido todos los vuelos “no había esperanza” me mandaron a la oficina y allí después de decirles los motivos, el gerente muy amable nos dio dos pasajes a lago a las tres de la tarde.

Al llegar a Coca ya los habían traído de la selva, encontré a Inés en su ataúd, se me hace presente ese momento, que dolor, era otra totalmente distinta.

De ese viaje feliz no regresaste Inés: te regresaron, pero después de haber derramado la última gota de tu sangre en la selva ecuatoriana. Tu cuerpo totalmente perforado por las lanzas de los que por amor fuiste a buscar..

Murió como y donde había deseado según sus últimas palabras. “Si muero, muero feliz”

Cristo derramo la última gota de su sangre en la cruz por amor, tú la derramaste en las tierras ecuatorianas también por amor.

Hoy recuerdo la tarde del 222 de julio cuando te vi en tu ataúd…. Increíble…. No te parecías. Y el 24 cuando entregábamos tu cuerpo a la tierra en esta catedral que dolor….

Gracias Inés por la herencia que nos dejaste de tu cuerpo aquí, por tu testimonio de vida de entrega, porque supiste correr el riesgo y por tu fidelidad como Terciaria Capuchina, tu recuerdo vivirá siempre entre nosotras dándonos animo en el caminar de cada día. Inés… como eres hoy ayuda siempre desde el cielo al Vicariato, a la Congregación y cada misionero.

LA VIDA DE INÉS

 INÉS ARANGO VELÁSQUEZ

Religiosa Colombiana, nacida en Medellín, el 6 de abril del año 1937 y muerta en la selva ecuatoriana alanceada por los indios Tagaeri el 21 de julio de 1987.

 

PRIMERA PARTE: FAMILIA E INFANCIA

“Nací libre como el viento

de las sierras antioqueñas”

 

Así reza el himno de la GRAN ANTIOQUIA, donde vio la luz del día nuestra muy querida y siempre recordada hermana INÉS ARANGO VELÁSQUEZ.

Entre los más grandes de Colombia

Antioquia es el sexto departamento colombiano en extensión territorial. Rico en paisajes, montañas, cerros, verdes y frescos calles, ríos, llanuras con fértiles pastos, hermosas costas a la orilla de los dos océanos que rodean a la hidalga Antioquia: Océano Atlántico y Océano Pacífico. Situado al noroeste de Colombia, es un departamento líder y promisorio.

Medellín, su capital “Ciudad Industrial de las flores” “Capital de la Montaña”, denominaciones que tiene que ver con sus paisajes, sus tradiciones, sus recursos y deseo de realizaciones, rodeada de montañas y cruzadas de sur a norte por el río Medellín, el río principal de su hidrografía. Situada en el Valle de Aburrá a 1.525 metros sobre el nivel del mar, y un promedio de 24 grados, es una de las ciudades más grandes de Colombia.

Fundada en 1.675 y convertida en un gran centro industrial desde los años 30. es hoy por hoy ejemplo de vanguardia y pujanza Antioqueña que con brazos abiertos recibe visitantes de todo el mundo, Medellín mezcla la majestuosidad del Valle de Aburrá (llamado así por los indígenas que lo habitan a la llegada de los españoles), con la armoniosa combinación de estructuras del siglo XX, con el verde de sus árboles primaverales y as imponentes montañas que sirven de murallas alrededor de la ciudad.

Para aquel entonces, en tiempo de la niñez de Inés, todavía Medellín no tenía el aire majestuoso de ciudad, pero ya se vislumbraba el crecimiento y progreso que iba alcanzando en el campo económico, social, cultural, comercial, etc. Inés llevaba en sí, muy adentro, el espíritu de verdadera paisa, cuyas características entre otras son:

Es un ser amable al saludar, fuerte y decidido al estrechar la mano; malicioso y hábil al hablar de negocios, franco y fiel a su palabra, brusco al decir la verdad, pero lo que dice es cierto, optimista en la derrota, alegre en el triunfo. No importa donde haya nacido, porque es tan especial, tenaz, laborioso, soñador, tierno, honrado, trabajador, hablador, que capaz de nacer donde le plazca sin dejar de ser un paisa, es regionalista porque se siente orgulloso de lo suyo y seguro de lo que es. Trabaja a diario por Colombia; le ama sobre todo y ante todo. Si lo ve podrá decirle al mundo que conoció un Paisa.

 

SUS PADRES Y ANTEPASADOS.

En uno de los barrios de Medellín, en el BARRIO BELÉN, vio la luz de l día una niña para quien la providencia tenía reservados caminos impredecibles.

Allí vivía por aquel entonces el ejemplar y patriarcal matrimonio formado por don Fabriciano Arango y doña Magdalena Velásquez, descendientes ambos de raza antioqueña, de fervientes principios cristianos, practicantes y defensores de su fe, la que sabiamente con palabras pero sobre todo con su ejemplo, con su testimonio de vida, fueron infundiendo cada día a sus hijos, testimonio que dejó en ellos huellas imborrables y fue siempre una impronta que los guió y definió en sus decisiones ante la vida y como cristianos.

De esta unión matrimonial vino al mundo una corona de 12 hijos: 5 varones y 7 mujeres, familia que iba creciendo y bebiendo de tan precioso árbol la nutriente savia que alimentara la vivencia de una vida de fe, de temor de Dios, y de confianza sin límites en la Providencia.

El ambiente familiar de donde provenían don Fabriciano y Doña Magdalena, fue un ambiente “levítico”. Ellos mismos fueron alimentados y vivificados en hogares recios y fuertes en virtudes. Sus familias provenían de esos troncos que a manera de robles se yerguen para responder valientes las arremetidas de la vida. Encontramos en su árbol genealógico hermanos, tías y tíos sacerdotes, misioneros y sobre todo una familia muy enraizados en el árbol franciscano ¿Qué extraño que al formar su hogar, fuera éste una prolongación y remedo de lo que cada uno vivió en el suyo?

En la unión matrimonial formada por don Fabriciano y doña Magdalena se dieron a cabalidad las características del matrimonio cristiano: unidad e indisolubilidad, fidelidad y fecundidad. Y como fruto precioso Dios les regaló doce hermosos y promisorios descendientes: Hernán, Fabiola y Orfa; Rafael, Otto, Ángela, Magdalena, León y Conrado, Cecilia, Inés y Ana Isabel.

Siete mujeres, cinco varones, siendo Inés entre los doce, la undécima, Cada nuevo hijo traía a la familia nueva alegría, nuevas esperanzas, nuevo planes de vida para el futuro.

La vida en familia se iba desarrollando normalmente: un papá laborioso dedicado a su trabajo en la Banca, donde fue escalando diversas posiciones, gracias a su dedicación honradez y pulcritud de costumbres, un poco apretada la situación económica, según testimonio de uno de sus propios hijos, y nada de extrañar, debido al duro pero gozoso compromiso y a la obligación moral de sostener y levantar familia tan numerosa, doña Magdalena dedicada de lleno al cuidado de sus hijos y del hogar; laboriosa y difícil tarea. Gracias a que aún no se ha dado la liberación femenina, tuvieron estos hijos la fortuna de gozar de lleno de los cuidados, mimos y detalles de su mamá.

Fue un hogar alegre y dinámico, con la presencia de chicos llenos de vida, energía e inquietud. Hogar de sanas costumbres y tradiciones, no fue golpeado por la degradación de sus raíces, tales como la ambigüedad acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, ni por la desintegración familiar, etc. Al contrario, fue un centro de transmisión de valores con el testimonio de cada día, viviendo a cabalidad o aprendiendo de sus mayores las costumbres de la época,: misa diaria desde pequeños los que eran conducidos por sus padres, rosario, catecismo dominical, salidas y expansiones siempre juntos, todo un beber en las fuentes el agua fresca de una fe robusta, futuro esperanzador para esos hijos que poco a poco se van abriendo a la vida y buscaron quien antes, quién después, su realización personal sin encontrar oposición, sino orientación y apoyo en clima de libertad.

 

En cuanto a su hogar, Cecilia su hermana dijo:

“Nuestro hogar podemos decir que fue modelo de piedad, fervor y religiosidad, ya que mis padres fueron verdaderamente cristianos. Con un gran amor a la Virgen Dolorosa, todos los problemas eran colocados en sus manos… todas las noches se rezaba el rosario y antes de ir a la cama cada uno pedía la bendición y recomendaba se le llamara para ir a la Misa al día siguiente”

Con el pasar de los años estos hijos fueron encontrando caminos de futuro y se organizaron: Fabiola, Cecilia e Inés, Terciarias Capuchinas. Los varones todos, formaron sus hogares y los bendijeron con el sacramento del matrimonio, semilleros y ejemplo para sus hijos, dando lo que ellos recibieron en abundancia… hombres de negocios, profesionales otros, comprometidos con Dios, con la patria y con la sociedad a la que pertenecen o pertenecieron. Al igual que Orfa, Magdalena y Ana Isabel, Ángela permanece soltera, desde ese estado realiza un importante papel como cristiana comprometida, respondiendo desde allí a su plan de salvación, porque aunque estuvo algunos años formando para de la comunidad de Hermanas Terciarias Capuchinas, poco a poco fue discerniendo que su lugar estaba como laica, ayudando a quienes lo necesitan, y como lo hace cada uno y cada una, desde el lugar de su realización y cumplimiento de su misión. Para este momento, ya varios han pasado a la Casa del Padre: Rafael, Otto, Conrado, Orfa.

 

BAUTISMO CONFIRMACIÓN, PRIMERA COMUNIÓN

La pequeña Inés recibe, como todos los niños de la época, las aguas bautismales a los pocos días de nacida, en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Belén, costumbre con la cual la Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor y además, siempre ha estimado que no se debe privar a los niños del bautismo durante mucho tiempo, sin justa causa. Es también una tradición memorable que se debe respetar. Este acontecimiento produce en la familia alegría y regocijo.

Siguiendo el hilo conductor de su infancia, llegamos a la recepción del Sacramento de la Confirmación, donde reafirma su condición de cristiana, adquiere una configuración más profunda con Cristo y una mayor abundancia del Espíritu Santo, Espíritu que le dará la plena madurez en la fe hasta las últimas consecuencias, hasta la inmolación en la cruz del martirio, como en ella se realizó.

Recibió este sacramento el 6 de octubre de 1940 de manos del entonces Arzobispo de Medellín, Monseñor JOAQUIN GARCÍA BENÍTEZ, sacramento que recibió en compañía de su hermana Cecilia. Tenía entonces 3 años y medio.

La Primera comunión la recibió en el Colegio de la Presentación de Medellín cuando cursaba el Infantil, apenas abriéndose a la vida, y con el entusiasmo y la limpieza de quien en la flor de la inocencia se acerca a recibir al dueño de la vida desde siempre y para siempre.

La niñez de Inés sigue su curso, desarrollándose al ritmo de las exigencias y costumbres de cada día, suave y tranquila al lado de sus padres, hermanos y hermanas en actividades, juegos y distracciones propias de su edad.

En 1944 ingresa al Colegio de la Presentación donde cursa el Infantil y los grados primero y segundo de educación primaria. Los grados tercero, cuarto, quinto y parte del 1º. De Bachillerato los cursa en la escuela normal de la ciudad, dirigida por honorables y especializadas pedagogas, muy admiradas en la sociedad.

Sus actividades en esta época son las normales para una niña de su edad: asiste puntual y gozosamente al Catecismo Dominical, donde participa de todo lo planeado y organizado por quienes lo dirigían. Es huésped seguro en las fiestas infantiles a las que asistía en compañía de sus hermanas, ya que vivaracha como era, todo lo disfrutaba a cabalidad. En Navidad asistía al rezo de la Novena al Niño Jesús y participaba del canto de villancicos y coros navideños.

 

SEGUNDA PARTE: ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Con el devenir de cada día, Inés fue entrando en la adolescencia, periodo crítico plagado de ajustes y problemas. Se entra en la adolescencia con buena parte de los sentimientos, actitudes, capacidades y dependencias de la vida anterior. Lo normal es que culminada esta etapa ya se esté preparando para comportase como persona responsable y adulta.

 

Un autor desconocido escribe acerca de esta etapa:

“No estás sólo. Perteneces a una familia y a unos amigos. Formas parte de un pueblo o ciudad, de una tierra, de un país y de una cultura. Goza y disfruta con las cosas y personas que la vida ha puesto en tu camino; hacerse mayor es una hermosa aventura que exige esfuerzo y no un juego para caprichosos”.

Como su hermana Fabiola, Terciara Capuchina, había sido trasladada a la Normal La Mercede Yarumal, dirigida por esta comunidad religiosa, Inés se fue a su lado a continuar sus estudios; ahí termina el 1º. Bachillerato que había iniciado en la Normal Antioqueña cursa además el 2º. e inicia el 3º. Esto hasta 1953, cuando su hermana es trasladada nuevamente y entonces Inés también emprende viaje de regreso a Medellín.

Al regresar de Yarumal, en su casi obsesión por realizar su sueño misionero, resuelve entrar de aspirante a la Comunidad de las Hermanas Misioneras de la Madre Laura, donde solo permaneció por escasos meses, fue un paso fugaz, ligero, como decisión tomada también a la ligera por una adolescente sin experiencia de la vida,. Su destino estaba en otro lugar, ya la Providencia le iría mostrando los caminos, como en efecto sucedió. Al salir del aspirantazo en 1953 se matricula en el Colegio María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas, donde termina el tercer año de bachillerato y cursa el 4º. año.

En esta época de su adolescencia se descubren en ella rasgos muy característicos de su edad y su temperamento: decisiones rápidas y poco estables; temperamento franco, ardiente, búsqueda de un ideal que para aquel entonces, aún no lograba. Sus hermanas carnales, sus compañeras de colegio, han dejado constancia de en sus testimonios de algunas manifestaciones en su actuar. La describen: amante y delicada con sus padres y en general con su familia, muy fuerte su devoción a la Sma. Virgen, su amor por las misiones por las que trabajó con empeño y dedicación en las jornadas misionales que se organizaban. Por sus venas corría sangre misionera, familiares muy cercanos de sus padres se destacaron como misioneros infatigables. Cuenta una prima salesiana que cuando recibió la primera comunión le dijo: “Yo seré monjita para entregarme a las misiones”

Se granjeaba el cariño de cuantos rodeaban por su sencillez y su alegría. Tenía una risa contagiosa, amante de la verdad, era transparente, no aceptaba nada incorrecto, lo que la hizo aparecer a veces como intransigente, poco tolerante.

De gran sensibilidad para con los pobres y necesitados. Del dinero que le daban para sus dulces y gastos semanales reservaba para compartir con ellos, sobre todo con los indígenas que siempre fueron soñado ideal. Tuvo muchos admiradores, pero su vista miraba otros horizontes, cuando se presentaban para visitarla siempre buscaba quien la sustituyera, el Señor no la llamaba al matrimonio, así lo expresó en varias oportunidades.

 

TERCERA PARTE: NACIMIENTO DE SU VOCACIÓN.

“Mi vocación es un fuego que llevo en el alma, con susurros de amor y de calma, como un viento que corre veloz, no es ilusión, no”

Cantaba con energía y alegría. Desde pequeña Inés sintió siempre en su corazón el fuego abrasador que la impelía a mirar hacia arriba y escalar las alturas de la santidad y de la entrega. La gracia de Dios la iluminó e impulsó a consagrarse a Dios plenamente y para siempre. Son llamadas a las que no se puede resistir sino que llevan a la entrega sin reservas.

Fiel a este fuego e impulso misionero ingresa en la comunidad de las “Hermanas Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina” comúnmente conocidas como Misioneras de la Madre Laura o más familiarmente, Lauritas.

 

LAS MISIONERAS DE LA MADRE LAURA Son una congregación colombiana, netamente misionera, fundada para construir el reino desde los más pobres, por la Madre LAURA MONTOYA UPEGUI, nacida en Jericó, Antioquia, Colombia, en 1874 y muerta en Medellín el 21 de octubre de 1949.

El 5 de mayo de 1914 salieron de la ciudad de Medellín, Laura Montoya Upegui en compañía de su madre y cinco jóvenes valerosas, iniciando lo que ella denominó “la obra de los indios”. El 14 de ese mismo mes y año, funda la congregación en las selvas antioqueñas de Dabeiba, con los indígenas Catíos.

La madre Laura tuvo una visión universal de su misión, celo sin límites de lugar, ni personas, ni tiempo, se afirma en su biografía; al morir la madre Laura deja 90 casas fundadas en tres países: Colombia, Ecuador y Venezuela, y su carisma misionero sigue latente como respuesta al “tengo sed” grito de Jesús en la cruz desde el abandono y la marginación en que se encontraban los indígenas. A esta congregación ingresó Inés cuando regresó de Yarumal, movida por el anhelo, casi que obsesión de ser misionera, ye entregarse a la evangelización de los indígenas; decisión ligera, sin mucha maduración, propia de sus edad adolescente, pero de admirar porque dio el primer paso para alcanzar lo que tanto anhelaba. Pero así como ingresó, rápidamente, así fue su decisión para salir. Permaneció únicamente por tres meses. Fue un paso fugaz, tres meses, pues no era el lugar para la realización y consumación de su vocación, y mas concretamente de su vocación misionera, solo que en su inquietante búsqueda creyó seria en el seño de esa comunidad donde encontraría el terreno propicio para la realización de sus sueños, pero… mis caminos no son vuestros caminos.

Cuenta una de sus hermanas, que una tarde llegó al convento de la Madre Laura doña Magdalena, su mamá, a cancelar el aporte que debían hacer las aspirantes; no la llamaron donde su mamá, pero ella, no se sabe cómo, la vio llegar y cuando se disponía a regresar a casa, la llamó y le dijo desde lejos, “mamá, espéreme que yo me voy con usted, yo no que quiero quedar más aquí” ¿Motivo?... en última instancia, caminos de la Providencia que guía amorosamente nuestros pasos en el caminar hacia el Padre, porque “Yo soy el barro, Tú eres el Alfarero Señor”. Al retirarse del aspirantazo de la Madre Laura, continúa estudiando el 3er. Año de bachillerato en el colegio de María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas. Corría el año 1953.

Las Hermanas Terciarias Capuchinas fueron para Inés como un ambiente natural desde su infancia, puesto que su Hna. Fabiola ya pertenecía por aquel entonces a esta comunidad y así tuvo desde pequeña la oportunidad de familiarizarse con las hermanas, conociéndolas poco a poco.

Esta comunidad fue fundada por FRAY LUIS AMIGO Y FERRER Obispo de Segorbe, el 11 de mayo de 1885.

En 1884 el joven Luis de Massamagraaell contaba solo 30 años, cuando movido por el Espíritu emprendió la colosal aventura de fundar esta comunidad, y cuatro años más tarde fundó la Comunidad de los Padres Terciarios Capuchinos de Ntra. Señora de los Dolores.

El Padre Luis había nacido en Massamagrell – España – el 17 de octubre de 1854. Desde niño sintió la llamada del Señor para consagrarse a su servicio. Después de vencer varias dificultades ingresó a la Orden Capuchina en Bayona Francia, el 12 de abril de 1874; tenía entonces 19 años; al regresar a España fue ordenado sacerdote en 1879.

Desde Massamagrell, su pueblo natal, ejerció su apostolado con varios grupos seglares y fue precisamente trabajando con estos grupos donde recibió la inspiración de fundar sus dos congregaciones, como él mismo lo escribe:

“El progreso siempre creciente de la Tercera Orden Seglar y el deseo de mayor perfección de algunas almas que querían consagrarse a Dios, me impulsaban ya mucho tiempo a intentar la fundación de una Congregación de Religiosas Terciarias Capuchinas y, creyendo ser voluntad de Dios, empecé a escribir unas Constituciones implorando para ello el auxilio divino”

La forma cómo surge esta Congregación pone de manifiesto los designios ocultos del Señor. El Padre Luis al escribir las Constituciones dejó muy en claro el espíritu propio de la Congregación. Le debe distinguir el espíritu cristiano en el amor y enmarcar su vida en la penitencia y en la minoridad franciscanas, dedicándose unas veces a la contemplación y otras a socorrer, con dedicación y esmero, las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, como la expresa en sus escritos:

“Las hermanas servirán al Señor en vida mixta, entregándose unas veces a las dulzuras de la contemplación y dedicándose otras, con solicitud y desvelo al socorro de las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, en los hospitales, asilos y casas de enseñanza… si en algún día La Sagrada Congregación de Propaganda FIDE las pidiese para las misiones entre infieles, se prestarán con toda docilidad”.

En 19885 el mismo año la fundación de las Hermanas Terciarias Capuchinas se desató en España, y sobre todo en Valencia, una terrible epidemia de CÓLERA ASIÁTICA que afectó profundamente la población, a tal punto que no encontraban quien atendiese a los enfermos ni quien le diera sepultura a los muertos.

Las autoridades angustiadas acudieron al Padre Luis pidiendo su heroica ayuda. Él expuso la situación al grupo de Hermanas que apenas iniciaban. Todas se ofrecieron generosamente. Cuatro se fueron a prestar el servicio en Massamagrell, y tres de ellas murieron contagiadas de la enfermedad.

Dejemos que sea el Padre Luis quien nos narre:

… “Por ser este un acto heroico me limité a exponer a las religiosas la petición y decirles que si alguna se veía con ánimo para ejercer la caridad me lo dijese. No hubo alguna que no se ofreciese al sacrificio. Se designaron cuatro que fuesen a Massamagrell…”

El diario “Las Provincias” se hizo eco del heroísmo de las hermanas de la naciente comunidad;

“Una simple invitación que los vecinos de Massamagrell hicieron a las hermanas terciarias capuchinas ha sido bastante para que se ofreciera toda la comunidad a asistir a los enfermos coléricos, siendo preciso que la superiora contuviera su fervor marchando solo alguna de ellas… es de desear que estas heroicas mujeres que en aras de la caridad corren a los sitios más peligrosos para cuidar a los coléricos, se prevengan en lo posible la epidemia”.

Como se aprecia, ya desde sus inicios la congregación da muestra de la entrega y vocación martirial de sus miembros.

Corría el 1954, año centenario del nacimiento del Padre Luis; una solemne celebración Eucarística se había preparado en el Noviciado Getsemaní, situado en Medellín, Belén para conmemorar este gran acontecimiento. A esta celebración fueron invitados los familiares de las hermanas, y la Hna. Fabiola hizo a Inés una invitación especial. Como era de esperar, la inquieta y dinámica Inés asistió llena de entusiasmo.

“En esta celebración iba a ingresar una joven – cuenta su hermana Cecilia que en aquel momento era novicia terciaria capuchina – cuando Inés se dio cuenta de ello, acudió donde la Madre Provincial, y le pidió que la recibiera. Ella le respondió que imposible, que estaba muy joven y que sus papás no sabían nada; siguió insistiendo y entonces la Madre llamó a Fabiola y le consultó. Decidieron entonces que ingresara y llamaron a la casa para dar esta noticia a mis padres, quienes al instante acudieron presurosos para asistir al ingreso… ”

 

Y en otra nota apunta la misma hermana:

“Su ingreso fue a las 11 a.m. después de la Misa Solemne en una sencilla ceremonia en la que se cantaban la Salve Regina, y luego el abrazo de toda la comunidad como señal de acogida. Desde ese momento solo pensaban en su misión, cada vez que tenía oportunidad de manifestar este deseo, lo hacía”.

 

PARTE CUARTA: SOR MARIA NIEVES DE MEDELLÍN

Con inmensa alegría, no pos eso sin dolor, Inés se despidió de los suyos, feliz de iniciar el camino que tanto había buscado y anhelado y que al fin se veía transitándolo en búsqueda de la realización de su ideal.

La esperó y acogió su familia religiosa quienes con verdadero amor fraterno la recibieron con un abrazo que no se quedó en simple símbolo de acogida, sino que se fue haciendo día tras día realidad. Inició entonces el Postulantado, tiempo destinado a la preparación para recibir el Hábito religioso, tiempo previo al Noviciado.

“Porque es imposible conocer a primera vista las cualidades de una joven y su vocación, ni esta, si los rigores de la Orden son o no sobre sus fuerzas, por eso antes de darle el Santo Hábito, se le tendrá como postulante, el cual tiempo pasará en el noviciado siguiendo en un todo los ejercicios a que se emplean las novicias”.

Su maestra de Postulantes, la Hermana Esperanza Vélez en sus testimonios nos dice de ella, acerca de cómo la vio en el postulantado.

“Era una persona muy decidida en su vocación, alegre y fervorosa especialmente en sus relaciones con el Señor Sacramentado y con la Inmaculada, una persona muy servicial dispuesta para todo, ningún trabajo era grande para ella, inquieta espiritual y físicamente, no se sabia estar en un solo punto mucho tiempo, era activar por naturaleza, de un modo de ser muy agradable, buena con sus compañeras, amiga de ayudar al que necesitaba y como tenía muchas cualidades podía ayudar mucho, porque no solo intelectualmente era muy capacitada, sino que humanamente tenía muchos dotes. El defecto que siempre se le corrigió a Inés era que era muy primaria, sus respuestas duras que de inmediato le causaban remordimiento, porque era una persona muy delicada de conciencia, como ella era así a la carrera quería que todo el mundo marchara a su compás y eso no se consigue”.

El periodo duraba seis meses o un poco más los que pasó en el Noviciado “Getsemaní” en Medellín. Transcurrido este tiempo tiene lugar la “Toma de Hábito” el dos de julio de 1955, ceremonia que fue presidida por el sacerdote José Lozano, terciario capuchino. Como era costumbre recomendada por el mismo padre Luis, cambió su nombre de pila por su nombre de religión SOR MARÍA NIEVES DE MEDELLÍN

Con la investigación del hábito se inicia el Noviciado y con esta etapa se inicia propiamente la Vida Religiosa. Es un tiempo más largo y con mayores responsabilidades y más fuertes decisiones; tiempo dedicado a que las novicias se arraigan más en la virtud y adquieran el espíritu seráfico que debe animar a las hijas del Patriarca de Asís, aprendiendo en que consiste la vida de la perfecta religiosa y verdadera terciaria capuchina.

El año del noviciado transcurrió normalmente; alegre como era, la infundía diáfana y ampliamente a sus compañeras, sorteando con valentía las inevitables dificultades, convencida de que la fe no las elimina y porque sabía que Dios vela y camina con nosotros aunque algunas veces a distancia. Puede parecer que Dios está ausente pero El no puede permitir que se hundan los suyos aunque deja actuar las causas segundas; lo definitivamente grave es el hundimiento de la fe. Pero pasaron los días e Inés continuó firme en su caminar.

Transcurrido el año de noviciado hizo su Profesión Religiosa el 7 de Julio de 1956 en Eucaristía que presidió el Padre Aureliano Restrepo, cuando contaba con 19 años de edad.

Con la Profesión Religiosa terminó la etapa de formación y pasó entonces a ejercer el apostolado en las diferentes obras que tenía la Provincia de San José. Fue designada para dedicarse a la tarea de la Educación.

 

QUINTA PARTE: SOR MARIA NIEVES COMO RELIGIOSA Y COMO EDUCADORA

Desde siempre y por siempre Inés soñó con ser misionera lo hemos afirmado ya varias veces, y misionera entre indígenas, pues en el sentido amplio de la palabra, todos somos misioneros al cumplir cada día la misión que Dios nos encomienda.

Como la Provincia no tenía obras dedicadas a las misiones entre indígenas, fue destinada a trabajar en los colegios que tenía la Provincia a los que Inés les dedicó buena parte de su vida, con entrega, dedicación y esmero. Prueba de ello son los diferentes testimonios emitidos por sus alumnas y hermanas que trabajaron con ella.

Inicia su misión como educadora, al estilo de Jesús, como misionera itinerante, por quien ella se dejó guiar, combatiendo con energía las debilidades naturales con fuerza certeza y seguridad a la manera de San Pablo: “Sé de quien me he fiado”. Cumplió con dedicación su trabajo, con sentido de humor para ver la vida con alegría y optimismo. Por eso porque era una hermana alegre, era de esas personas que conservan siempre su juventud, por eso era muy atrayente para con las alumnas con quienes siempre tuvo muy buenas relaciones; exponía sus puntos de vista sin violentarlas, les sabía exigir cuando era necesario sin violentarlas. La Hna. María nieves, la joven educadora, gozó siempre de gran acogida entre sus alumnas, quienes acudían a ella a pedir orientaciones especiales en sus momentos difíciles y siempre se retiraban confortadas y animadas.

En 1956 apenas emitió su primera profesión fue destinada al colegio “Manuela Beltrán” en Versalles (valle del Cauca), pero al siguiente año 1957 pasa al Colegio “Santa Inés en Bolívar 8Antioquia). Su Superiora local, la Hna. Blanca Myriam Arroyave, en su testimonio entre muchas cosas dijo:

“… El Señor me regaló convivir con la Hna. Inés en dos ocasiones, en Bolívar y años después en Armero, la conocí muy a fondo, guardo gratos recuerdos de ella y ahora como en aquel entonces sigue siendo mi ayuda. Fue siempre la persona generosa, activa, en sumo grado, nada se le dificultaba… leía en su mirada franca y sincera que me decía: ¿qué necesita? La alegría fue siempre una característica muy especial suya…”

En 1958 fue trasladada al Colegio “Santa Rosa de Lima” en Jericó (Antioquia); aquí emitió su profesión perpetua el quince de agosto de 1959 al cumplir tres años de votos temporales, en Eucaristía oficiada por el Señor Obispo de la Diócesis Monseñor Antonio José Jaramillo.

Allí estuvo acompañada por su familia en momento tan importante y decisivo para quien ha consagrado su vida al Señor, y poder hacerlo ahora en forma definitiva; esto en lenguaje jurídico, puesto que teológicamente hablando la entrega definitiva ha sido desde el sí de la Primera Profesión.

Acariciando y esperando el momento de marchar a las misiones, continúa prestando sus servicios como educadora. En 1960 estuvo como en la Norma “Nuestra Señora del Carmen” en Cereté (Cordoba), donde además obtuvo su título de Normalista Superior en 1964. Continuó laborando en el mismo establecimiento hasta cuando al finalizar 1967 es trasladada al Colegio “Sagrada Familia” en Armero (Tolima)

De sus alumnas se tiene testimonios valiosos y gratificantes. Citamos los de Eyder Tocher hoy terciaria capuchina:

 

Escribiendo a hna. Cecilia Arango le dice:

“Tú sabes el cariño la gratitud de quienes tuvimos la dicha de ser sus alumnas y más las internas… vivimos tan cerca alegrías, triunfos, fracasos,… ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante,… aprendí de ella como de un libro abierto, porque su vida fue perenne testimonio de entrega, de abnegación. Inés no conocía el cansancio para entregarse y servir”.

Los años 1969 – 1971 los vive en la Normal “La Merced” de Yarumal donde encontró gratos recuerdos de su adolecía y donde encontró a la Hna. Esperanza Vélez como superiora de la Comunidad, las mismas hermanas que había sido su muestra de postulantes….

Pasa luego al colegio de María de El Peñol (Antioquia), en 1974 fue trasladada al Colegio La Inmaculada de Puerto Berrío donde regresó en 1976, después de estar en el colegio La Inmaculada de Medellín y nuevamente en Armero en 1975.

Veinte años de paciente y desesperada espera para ser “misionera de verdad” como ella misma lo decía. Veinte años como educadora cuando su mirada siempre estuvo con las misiones, pero es Dios quien mueve y el hombre es movido por Dios.

“Yo me entré para ser misionera y me han dejado de maestra, ayúdeme usted que puede”, decía a la Hna. Ana Dolores Rojo en diálogo con ella, Superiora provincial de entonces. El Evangelio invita a estar abiertas a eventualidades dispares y opuestas.

Cuando la Hna. Beatriz Arbeláez (q.e.p.d.) se le solicitó hacer un flash acerca de Inés, escribe:

“Una mujer dinámica, entusiasta, activa, emprendedora, destacaría especialmente su dinamismo y su sentido de responsabilidad, su inquietud por la evangelización. Yo la conocí en Armeo, y además desde su trabajo como educadora con Amelia Echeverri se iban después de terminar las clases del colegio a una hacienda a dar catequesis a los niños que se preparaban para recibir los sacramentos; yo admiro mucho ese trabajo, porque el clima de Armero es muy fuerte, demasiado caliente, ellas no conocían la fatiga… Dentro de la comunidad era muy diligente y ágil poco paciente para acostumbrarse al ritmo de los otros, un poco colérica y tajante, cuando tenía que decir las cosas, su dinamismo la llevaba actuar así. Esto aunque pudiera verse como negativo es también muy positivo depende de uno según con quienes uno viva; personas así ayudan a despertar una comunidad a dinamizar un grupo”.

Y llegó la hora marcada y fijada por Dios para abrir a Inés el camino hacia la plenitud de sus sueños e ideales durante una vida y una larga espera ¡Misionera de verdad!

Fue su único ideal, como lo repitiera meses antes de morir, sueño al que hubo que esperar para verlo realizado, pero no porque ella no lo hubiera buscado y tocado en muchas puertas sin obtener respuesta inmediata. Cuando la provincia de la Inmaculada empezó una misión en el Zaire. Inés pensó que también ella podría ser misionera en África, como 5 hermanas de esa provincia que en 1971 llegaron a Kansenia.

En 1973, cuando se hablaba de la misión en Mitú a cargo de la Provincia del Sgdo. Corazón en los Llanos orientales de Colombia, Inés presentó una petición escrita para formar parte de la misma, pero esta solo se inició en 1978.

A petición del Superior de la Misión de Aguarico en el Ecuador y Prefecto Apostó lico de entonces Monseñor Jesús Langarica, las hermanas Terciarias Capuchinas llegaron a Ecuador en 1977 y en esta ocasión Inés fue designada para ir a trabajar en esa misión.

Al fin se cumplió su sueño tan acariciado, anhelado y esperado, ahora sí ¡misionera de verdad! Ahora sí tiene ante ella el inmenso horizonte y las selvas tanto tiempo deseadas y añoradas.

Ahora puede respuesta a esa vocación especial a la que el Señor le llamó, inmenso regalo como toda vocación; ahora puede saciar la sed de Jesús entre los más pobres y necesitados.

Nuevamente es la hna. Cecilia habla y describe la vocación misionera de su hermana, desde su pronto de vista:

“Tuvo que esperar 20 años para que al final la mandaran a las misiones. Llegado el momento no vaciló. Tenía muy claro en su mente y corazón las características de un buen misionero: pobreza absoluta, desprendiéndose de sus seres más queridos, su patria y hasta de su lengua, ya que tenía que aprender algunos dialectos, pero feliz marchó, sin tener en cuenta la enfermedad de mi mamá y también su edad avanzada. Marchó con el mayor entusiasmo y alegría sin limites… en todo lo que hacía y admiraba, contemplaba la presencia de Dios como lo hiciera San Francisco de Asís”

Inicia Inés una nueva etapa de su vida, llena de ilusiones y plena en realizaciones, esperando llevar a cabo los planes que durante una vida acarició, asumiendo realidades impensables pero aceptadas de antemano, pues bien sabía los riesgos que correría en sus peligrosos pero anhelados viajes en la misión. Fue su gesto, fue su anhelo, fue su ideal.

 

Hna. Estela Gómez Pineda. Terciaria capuchina.

 

Nota. Desde su llegada a Ecuador, la vida de Hna. Inés corre paralela con la de Mons. Alejandro Labaka hasta su muerte. También sus tumbas están juntas en la catedral de Coca.

Inés abre su corazón a una amiga

Un par de semanas después de la carta que Inés había dirigido a la Superiora General, abre su corazón a una amiga, Myriam Mercado, consejera general y encargada de las misiones. La Hna. Myriam, originaria de la provincia de San José, a la que pertenecía Inés, en la actualidad es miembro de la provincia de Santa María, uno de los dos distritos en que se dividió San José. Inés le repite cosas dichas a la general y manifesta de modo más directo algunas fibras de su corazón. La carta es del 12 de abril. He aquí algunos extractos:

Ya me conoces desde siempre y sabes que mi único ideal era el ser misionera, que soñaba vivir entre indígenas y que por fin se realizó mi sueño...

... Yo por una gracia especial del Señor, me creo capaz de vivir allí y he estado con ellos quince días sola, sin que esto perjudique en nada mi vocación, espíritu y amor a la comunidad; peligro entre ellos, ni el más mínimo; me siento feliz entre ellos como hermana, amada y respetada y acatada, a quienes puedo ayudar en cuanto es posible... tengo que contar con la salud y fuerza que el Señor me da ahora; el tiempo corre, las canas aumentan, la vejez no viene sola y no puedo perder tiempo: ¿te parece?

... Estoy decidida a correr el riesgo así tenga que morir sola y abandonada entre ellos. ¿Crees que después de tener entre mis manos el sueño de toda mi vida he de querer dejarlo así no más? Creo que lo ves de la misma manera... Te juro, Myriam, que siendo ésta una de las cosas más incómodas, no he de querer algo para mi persona o interés personal... pero no es mi objetivo ni fue nunca, cuando elegí venir a la misión; somos el Obispo y yo los que hemos puesto nuestro ideal en este pueblo y es por esto que quiero ayudarle a él que también desea la evangelización de este pueblo. Ahora han encontrado un grupo de ellos mismos,pero que aún viven en estado salvaje y son feroces; en este caso el gobierno ha acudido a Mon-señor para que llegue hasta ellos pues es el único que arriesga su vida por esta causa, así que dentro de unos quince días irá a hacer un reconocimiento de sus casas, tirarán regalos hasta llegar a notar en ellos aceptación, como se hizo con los que hasta ahora conocemos; esto se hará en helicóptero, y sabes, yo también estoy anotada a esta experiencia... si muero ¿no te parece mejor? no quiero mi popularidad ni mucho menos; ya la pudiera haber tenido pero me parece ridículo el escribir, el hacer propaganda de uno mismo. Ya me conoces ¿verdad?

Inés es de una pieza; poca cosa de cuerpo pero de un temple terrible. Nada extraño que Inés, con su temperamento, haya creado algunas dificultades.

Luz verde en el Consejo General

La Superiora General recibió la carta de Inés y se sintió profundamente conmovida al ver tan en directo la talla de esta misionera. Se puso en contacto con la Superiora Provincial de Inés, Hna. Berenice Sepúlveda y consultó el caso con el consejero general. El 2 de mayo escribe a Inés una carta de exquisita cordialidad. "¿Qué puedo decirte? Que siento una alegría honda por tu espíritu misionero, por tu deseo de entregarte a los más pobres y hacer llegar el Evangelio a "los últimos"". Está plenamente de acuerdo con los puntos que indica Monseñor, y dice a Inés que esta obra se lleve adelanté como proyecto asumido por la comunidad y contando con el discernimiento comunitario. Debe ir acompañada de alguien. "Es imprescindible esta compañía, ¿será difícil conseguirla? Comprende, Inés, que tú no puedes ni debes hacerlo sola. Posiblemente sea difícil encontrar una Hna. porque se requiere, según parece, un talante especialmente arriesgado. La solución sería alguna misionera laica..".

Termina la carta llena de afecto: "Querida Inés, deseo con toda el alma que esto vaya adelante, que Jesús sea conocido, que te entregues totalmente a El y que crezca el amor entre todos. Tengo gran deseo de conocerte. Cuenta con mi apoyo fraterno, mi oración y todo mi cariño. Pide tú también por mí y por la Congregación para que estemos al servicio del Reino de Jesús y en favor de los hombres nuestros hermanos. Hagamos nuestra plegaria junto a María".

La carta resultaba profundamente alentadora. Inés podía aceptar la vocación del pueblo Huaorani como vocación personal, en armonía con la comunidad donde estaba.

De la Cronica de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Coca

(Sólo lo referentes a Inés)

Día 19 de junio de 1987:

"En las horas de la tarde llega la Hna. Inés con Monseñor Alejandro quien fue a recogerla después de haber pasado algunos días con los Huaoranis. En este viaje tuvo la oportunidad de visitar a dos grupos huaoranis. Inés nos cuenta con gran satisfacción lo que vivió allí. Le tocó tres días pasar con solo chicha porque se le agotaron los víveres. Pero no importa soy feliz con ellos.

Día 29 de junio de 1987:

(Sale a Quito) la Hna. Inés Arango quien tenía programado salir el día martes con el fin de organizar los trámites para asistir al Congreso Misionero en Colombia (CONLA III). Salieron a eso de las 8,30 en un avión de carga (Búfalo).

Día 18 de julio de 1987:
Se hace la culminación del año lectivo en la Escuela "Fray Mariano de Azqueta" en la cual se pide disculpas por la no asistencia de Mons. Alejandro ya que estaba haciendo un viaje de reconocimiento al lugar donde estaban los Tagaeris.

En las horas de la mañana regresa la Hna. Inés quien venía de participar en el Congreso Misionero en Colombia. Después de compartir un poco con Candela, Lucero y Cristina se marcha con Mons. Langarica a San Pedro y luego a Shushufindi.

Día 19 de julio de 1987:

A las 12,50 regresa Inés Arango de Shushufindi, después de haber saludado y compartido un poco con las hermanas, de inmediato va a la tienda del Sr. Milton Noboa con quien conversa un poco y además con Carmen Teneda y Emilia Gallardo. Allí se provee de algunas cosas para el viaje a realizar el día siguiente entre los Tagaeri.
En las horas del mediodía llega la Hna. Laura Fernández de Rocafuerte, quien va para Quito. Más tarde la Hna. Inés sale a la calle con Laura a conseguir algunas cosas que le hacían falta. También en esta tarde visita a las Lauritas y a Betty Pauker.

Día 20 de julio de 1987.
En eso de las 6,30 de la mañana salieron Mons. Alejandro, Roque, Inés y Cristina hacia la compañía CGG con el fin de dejar a Mons. Alejandro y a Inés quienes irían en helicóptero al sitio donde se encuentran los Tagaeris. Dado que el cable para la bajada del helicóptero se había roto y aun no estaba reparado se postergó el viaje para el día martes. Después de preparar algunos víveres y utensilios que da la compañía desayunamos allí mismo. Seguidamente regresamos y trajimos a Huaorani que se (??) por tener a su hija enferma. También entramos a saludar a las Hnas. Dominicas (Elvira (no ??) Tere, Merche, Clarita) y a eso de las 11 am llegamos al Coca.

Las Hnas. Emma, Laura Salazar, Nelly Posada, Luz Elena Restrepo, Gabriela Arango, Martha Oliva, Inés Arango, Candela Quijano, Lucero Giraldo, Cristina Tamayo nos reunimos en esta casa con el fin de ayudarnos y buscar formas de vivir mejor. Todo el encuentro estuvo dentro de un clima muy fraterno y positivo. Quedamos de reunirnos el día 7 de septiembre.

En la tarde cada quien marchó a su casa felices de haber celebrado también la Independencia y por llevar medicinas, ropa, alimentos para los pobres. También nos acompañó un rato Mons Alejandro. Este mismo día Laura Fernández salió para Quito.
 
Día 21 de julio de 1987:
A las 5,30 de la mañana llegó Monseñor Alejandro y Roque que venían a recoger a Inés para ir al grupo Tagaeri. En la tarde llegó Imelda Pérez de Nuevo Rocafuerte.
 
Día 22 de julio de 1987:
De mañana va Roque a Vía Auca con el fin de hacer algún contacto con Monseñor e Inés, se dirige a la CGG (Compañía). A eso de las 6,30 llega el Hno. Jesús por Imelda para llevarle al aeropuerto, además le acompañó la Hna. Lucero Giraldo ya que Imelda estaba delicada de salud.
Más tarde nos llama Imelda por Teléfono: "Cristina una mala noticia". ¿Qué? ¡Sí! ¡Mataron a Monseñor e Inés. Fue terrible! De inmediato Candela reaccionó con un fuerte llanto a pocos momentos le dije (Cristina) a Candela que me iba a llamar a Quito para que de allí pasaran la noticia a Colombia. Inmediatamente la Señora Rosa de León me comunicó a Quito. La Hna. Ligia recibió la noticia.

Después Imelda, Cristina, Lucero, Candela nos dispusimos a realizar las gestiones del caso y a preparar para el velorio y recibir sus cuerpos.
A eso de las 3 pm llegan con los cadáveres y se procede al levantamiento. Esto se hizo en el seminario. A eso de las 10 pm llegaron los cadáveres al templo parroquial del Coca; donde una gran multitud de fieles y amigos de la Parroquia les esperaban. Celebramos la Eucaristía y velamos en la noche. En la velada de la media noche celebraron la eucaristía el P. Alberto Calvo y Mons. Gonzalo López M.

Día 23 de julio de 1987:
A las 11 am los Señores Obispos de la Conferencia Episcopal nos acompañan u celebran la Eucaristía por el alma de Monseñor e Inés. En las horas del medio día se regresan a Quito. A eso de las 2 pm llegan la Hna. Elena Echavarren, Superiora General, Hna. Berenice Sepúlveda Superiora Provincial, Hna. Fabiola Arango, Hna. Cecilia Arango, hermanas carnales de Inés, Ligia Aurora y Sara Hernández.

Día 24 de julio de 1987:
A eso de las 10 am llegan de Pasto la Hna. Cecilia Rodríguez y la Hna. Estela quienes nos acompañaron en estos momentos tan duros.
La eucaristía de sepultura fue presidida por Mons, Gonzalo López M y hubo participación de todo el pueblo; las ofrendas, los memorandos, este fueron muchos. Después de la Eucaristía a petición del pueblo se dio una vuelta por las calles con los dos cadáveres. Después de colocar los cadáveres en las tumbas se dejar abiertos hasta las 3 pm, donde se procede a cerrarlos.

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