1ª Crónica de la Caminata 2009

Hemos iniciado la Tercera Caminata por la Vida y por la Paz con nuestros Mártires Alejandro e Inés. Desde las 07h00, el Santuario de Guápulo, de los Hermanos  Franciscanos, se abría para recibirnos. Nos congregamos los caminantes, enarbolando los carteles de Alejandro Labaka e Inés Arango. En el Santuario participamos de la Eucaristía, presidida y concelabrada por los Hermanos Capuchinos y un Sacerdote Jesuita. Debajo del altar se colocó el más grande de los carteles que decía: “Con Alejandro e Inés, otro mundo es posible”.

Coincidencialmente, el evangelio de este día nos hablaba del envío de Jesús a sus discípulos: “vayan … anuncien la buena nueva… no lleven nada para el camino, anuncien la paz”; estas palabras nos llenaban de ánimo y resonaban en nuestro corazón, antes de partir.

Si hablamos de número, podríamos decir que en el interior de la Basílica nos acompañaron unas ciento cincuenta personas, entre las que se encontraban el Embajador de España, quien posteriormente nos recibió a todos los caminantes brindándonos un reconfortante desayuno en su residencia.

A las once de la mañana empezamos a caminar gritando las consignas ya conocidas: “Con Alejandro e Inés a defender la vida” “A dónde van caminantes? Al Coca” “A qué van caminantes? A defender la vida” “Vea , vea, vea, qué cosa más bonita, la Iglesia organizada en defensa de la vida”… Al entrar y salir de cada población: Guápulo, Cumbayá, Tumbaco, Chiche, Puembo, saludábamos con un sonoro “No se asusten compañeros, esto no es revolución, es la barra misionera, que saluda … PAZ Y BIEN”.

Tras recorrer una veintena de kilómetros durante cinco horas llegamos a la población de Pifo, lugar entrañable donde en años anteriores vivió Alejandro, con nuestros siempre recordados hermanos de la vieja guardia capuchina.alt

Nos recibieron: el párroco y la oren seglar fraciscana, quienes presentaron un ameno momento musical. Posteriormente nos repartimos con varias familias del sector, quienes bondadosa y generosamente nos hospedaron en sus hogares, y con quienes compartirmos un tardío almuerzo. Numerosamente nos acompañaron en la ceremonia eucarística en la parroquia, y juntos partimos a un reparador descanso, hasta la mañana siguiente donde -después del desayuno- salimos muy temprano. Cortos -pero entrañables- los momentos compartidos con nuestros benefactores, que los llevaremos en lo profundo del alma y nos acompañarán a cada paso.

Uno de los momentos más emotivos fue escuchar los testimonios de los habitantes de Pifo, que conocieron personalmente a Alejandro, conocido para ellos como el Padre Manuelito, a quien recuerdan como un testimonio vivo de cercanía, acogida, bondad y entrega a los demás.

Después de la ceremonia tuvimos una pequeña rifa, donde todos los presentes participamos atentos, dichosos los ganadores, pero todos ganamos al compartir y entregar un pequeño aporte para la caminata.

El segundo día inició a las seis de la mañana en la parroquia, donde nos volvimos a congregar junto con nuestras familias de acogida. Un agradecimiento entrañable, el canto y la oración que nos brindó la fuerza para empezar; a lo largo del camino, el santo rosario y las oraciones abrieron nuestro corazón e iluminaron la larga jornada que emprendíamos.

Iniciamos sesenta caminantes, además de quienes empezamos en Guápulo, se nos unieron cinco Hermanas Misioneras Lauritas, y otros misioneros de Pifo, que enriquecieron con su presencia nuestra marcha por la Paz y por la Vida.

Esta es la más larga jornada; son cuarenta y seis kilómetros, desde Pifo a Papallacta, cruzando el páramo. El camino inició con algo de frío. Saliendo de Pifo empieza el ascenso que no cesa hasta 7 horas después. En el camino hicimos un descanso necesario en el Paradero de Doña Michita Guerrero quien nos recibió con un cafecito caliente y una sabrosa empanada con queso (Dios bendiga su alma generosa), como la de Doña Mercedes que nos esperaba en el Santuario de la Virgen del Páramo con un chocolatito caliente que nos ofreció con toda la alegría y la bendición de esos ángeles que vamos encontrando en nuestro camino, quienes nos enseñan la bondad y el enorme amor de Dios, que tal como nos iluminaba el evangelio del día anterior, siempre Dios bendice y provee. 

Este es el sector más fuerte de la caminata, atravesamos el famoso “cruce de la muerte” con buen ánimo, a pesar del intenso frío, la hermana lluvia nos acompañó constantemente, cuando salía el hermano viento venía gélido, que nos carcomía, los pies mojados, la ropa estilando, con paraguas,  chompas, impermeables, éramos un solo grupo caminando compacto todos de rojo, llamando la atención en la carretera, quienes nos animaban con los pitos, con señales, numerosas fotos y hasta se quedaban a conversar y caminar.

Tres horas más de caminata, hacia abajo del páramo, el sol, la lluvia, el viento, el frío nos acompañaban, pero qué bueno es saber disfrutarlos en el preciso instante que llegan, sin oponernos a su presencia, sino integrándonos a ellos, siendo parte del frío con el frío, parte del viento que nos roza, juega con nuestros cabellos y nos empuja a seguir caminando.

Tuvimos unas pequeñas bajas momentáneas, que se ayudaban a continuar el camino en el vehículo, pero que retomando un poco de fuerza y calor se reintegraban nuevamente en etapas. Fue valiosa la integración entre los compañeros de camino, quienes en una cercanía de pasos, el intercambio de ideas y de sensaciones fue muy valioso, saber que todos en la misma ruta, pero provenientes de distintos rumbos, motivaciones y propósitos, y aún así unidos en una sola voz que clama por La Vida y por La Paz. Es hermoso descubrirnos tan cercanos y tan similares entre seres que jamás nos habíamos encontrado, y gracias a esta maravillosa oportunidad que nos da la vida, la concordia, Alejandro e Inés.

Llegamos a Papallacta a las 15h30 nos esperaba un reparador almuerzo, que continuó con un buen baño reparador de nuestros cuerpos cansados, en las aguas termales de Papallacta.

La eucaristía la presidió el Hno. Adalberto Jiménez,  y la homilía y animación estuvo a cargo del Hno. Vicente Quisirumbay. Fue una ceremonia cercana, muy vivida e intensa, que nos invitaba a ser sagaces y humildes en cada momento, porque cada paso es una meta.

Así nos preparamos alegres para descansar y retomar fuerzas para mañana  que vamos a Baeza.

Fraternalmente,

 

Hermanos Caminantes

 
 
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