2ª Crónica de la Caminata 2009

La noche de los caminantes en la casa comunal de Papallacta había sido especialmente fría. Paradójicamente, el corazón de las aguas termales acogía el amanecer con un gélido frio. El cielo se mostraba totalmente despejado y las montañas nos mostraban un paisaje sin igual de un atezado azul que trazaba las siluetas caprichosas en los contornos del bellísimo lugar.

En pie ya, los caminantes de la vida con Alejandro e Inés a las 05h30 bajamos de la casa de doña Aidé, una señora del lugar que junto con la hermana Alma, Carlota y Carmita nos tenían preparado un reforzado desayuno con arroz y pollo, manzanas y chocolate.

A las 06h00 reemprendíamos la marcha en un casi permanente descenso hacia el cantón Quijos. A diferencia del día de ayer -de Pifo a Papallacta- que era un camino de permanente ascenso bajo una copiosa lluvia, que duró alrededor de siete horas…, el camino de hoy estuvo acompañado por un día seco en su totalidad. En la primera parte de la mañana el sol se mostraba discreto y esporádico por encima de las nubes. A media mañana el sol y el calor se abrieron paso intensamente.

Como en los días precedentes a media marcha nos visitaron los encargados de la logística, que nos brindaron agua, refresco y refrigerio para los caminantes. La policía nos acompaña prácticamente todo el camino, con dos patrulleros que escoltaban el sendero de los caminantes.

La cálida mañana se llenó de sabor a alabanza al Creador y de avemarías a nuestra Madre de los creyentes. Al pasar por los poblados y por algunas estaciones petroleras, repetíamos en un solo estribillo algunas consignas: “en la causa de Cristo nadie se queda… los misioneros caminantes dan un saludo de paz y bien a la población de Cuyuja…” “Oro petróleo y cobre y el país más pobre…” “fuera petroleras y madereras de Cononaco Chico y Armadillo…” Un joven de Pifo se unió a nuestra caminata hasta Baeza.

Después de cinco horas recorridas por unos paisajes fascinantes, llenos de contrastes y tonos verdosos y azules, divisamos cómo entre montaña y montaña se erguía el albo coloso del Intizana. Todos comenzamos a cantar “Alabado seas mi Señor, el sol y las estrellas proclaman tu grandeza, las flores y la luna nos cantan tu poder”. La naturaleza nos permitió así interiorizar en un largo espacio contemplativo en silencio, interrumpido tan sólo por el canto de las aves y los estribillos cantados por los caminantes.

Cuando llevábamos recorridos alrededor de 34 km divisamos la centenaria población de Baeza, en el cantón Quijos, paso obligado de caminantes de otros siglos -nacionales y extranjeros- que buscaban llegar hasta la Amazonía. Esta ciudad fue fundada hace más de 450 años y es un punto clave en la historia de nuestro Ecuador.

Cuando llegamos al Centro misionero comunal de Baeza nos esperaban diez habitantes del pueblo con el almuerzo preparado y agua con sal caliente para aliviar y desinflamar los pies de los caminantes. El equipo de enfermería tuvo el arduo trabajo de curar ampollas y heridas. Los cincuenta y siete caminantes en medio del agobio llegamos contentos.

La iglesia parroquial estaba en el centro de Baeza, aproximadamente a un km del campamento donde pernoctaríamos. A las 19h00 Juan Carlos presidió la Eucaristía, que estuvo asistida por el Diácono Luis Audino y un joven acólito de la población. En seguida tuvimos la evaluación en la que se destacaron estos aspectos: “La acogida de los habitantes de Baeza, la servicialidad del equipo de logística, la cohesión y solidaridad del grupo cada vez mayor. Se sugiere mayor puntualidad a la hora de partir”.

Mañana nos espera una nueva jornada que, por ser muy larga, esperamos partir a las 05h00. Que el Señor de la vida siga acompañando nuestras pisadas, por sus caminos.  

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