4ª Crónica de la Caminata 2009

 

Un día más amanece para los caminantes de Cristo, con Alejandro e Inés. En esta ocasión a las cinco y diez de la mañana nuestros pies empezaron a recorrer el camino que conduce hacia San Carlos. La hermana lluvia nos habló -desde el amanecer- de la presencia de nuestro Creador que, con sus delicadas gotas, se llevaba el dolor acumulado por el caminar de los días anteriores.

María nuestra Madre se puso en camino con nosotros. Los tres hermanos Capuchinos Diáconos animaron y dirigieron la oración de alabanza a Dios en la mañana y luego rezamos el Santo Rosario.

El espíritu de los caminantes se aviva cada día más; nos estimulan los gestos de solidaridad de las personas que van desde un aplauso, pasando por un delicioso jugo de tomate, producido en la zona, hasta la integración al grupo de más de diez habitantes de la zona que se unieron a nuestra caminata.

Este es uno de los días más fuertes de la caminata, por las intensas subidas y bajadas y por el largo kilometraje (cerca de 40). Dios nunca se deja ganar en generosidad y por eso nos regaló un día bastante sombreado y lluvioso.

Cada día que pasa se va notando más la alegría, la tenacidad, el espíritu de sacrificio de los caminantes. Así quedó comprobado en el momento de la evaluación con esta expresión: “sentimos que somos una familia, una verdadera fraternidad”.

Mientras nuestros pies acortan el camino hasta Coca, no podemos dejar de contemplar con asombro la majestuosidad de la madre tierra. Ella nos sonreía a lo largo del camino en las hermosas orquídeas y flores de colores; nos hablaba de la humildad y pureza de su Creador en los ríos – algunos manchados con el petróleo derramado-, las montañas -que valientemente subimos-, nos gritaban que solo Dios es grande. Y la variedad de la vegetación verde nos habló de la esperanza de que “ con Alejandro e Inés otro mundo es posible”.

A las trece horas, la población de San Carlos nos acogió con mucho cariño. Unos carteles llevados por los niños, nos daban la bienvenida. Después nos brindaron un delicioso y reparador almuerzo. En la tarde visitamos la hermosa cascada de san Rafael donde aprovechamos sus aguas para refrescarnos y lavar la ropa.

A la dieciséis horas treinta, nos reunimos alrededor de la Eucaristía. El padre Juan Carlos, además de bendecir el restaurant nuevo de la familia que nos acogía, animó la celebración hablándonos de la relación de Alejandro con los Huaorani y cómo éste fue adoptado por una familia de ellos. Luego, varios caminantes compartieron sus experiencias de la peregrinación: “El camino causa sus heridas, tal vez no culmine toda la Caminata pero he dado lo mejor de mí y cada día tiene su enseñanza y es una meta”. “Estoy gradecido con los  caminantes porque he sentido su solidaridad”. “Los caminantes somos la voz de la madre tierra que está siendo maltratada”.

Don Nicolás Patiño, presidente y catequista de la Comunidad de San Carlos, compartió toda la realidad de contaminación que han sufrido los ríos Santa Rosa y Quijos desde hace año y medio, en que se dio en esta zona un gran derrame petrolero. Que desde entonces, OCP y Petroecuador están realizando tareas de limpieza del crudo derramado. Él fue contratado para trabajar en el río y nos dice: “Existe el presupuesto para la limpieza del río tras el derrame del crudo que hubo en esta zona, pero los ingenieros no realizan un buen trabajo. Los cultivos han quedado afectados, la tierra queda estéril y no hay cosechas. También en los territorios de esta comunidad se va a construir la nueva hidroeléctrica, pero manifiesta que el estudio de impacto ambiental no está bien hecho, ya que en el bosque existe una gran cantidad de especies únicas que no son tomadas en cuenta en el estudio. Saben que todo esto traerá progreso para las familias, pero el mismo tendrá sus consecuencias.

Después de la merienda nos fuimos a descansar con algunas ampollas pero, sobre todo, con el corazón lleno de alegría y agradecimiento a nuestro Dios por tanta maravilla compartida.

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