CAMINATA DE CONVERSION

Son días de conversión al Dios que camina con nosotros y que está con nosotros. Realizamos un una caminata que nos lleve a la conversión. Dios te habla a lo largo del camino y te regala una Palabra, un testimonio de amor hasta el extremo, una vida misionera y martirial.

Te coloca en el fondo del corazón y escuchas las voces interiores y tratas de descubrir lo que Dios te pide. Vas a recibir día a día la Palabra de Dios, la vas a escuchar y vas acoger su poder transformador. En actitud de apertura escuchas a Dios.

Con la confianza que te propone Isaías 49,16 “en las palmas de mis manos te tengo tatuado “ vas a experimentar la fidelidad de Dios. Dios es fiel contigo. Es vivir un tiempo gratuito, sorprendente y en total desprendimiento. Vas a vivir un encuentro con Dios, con los hermanos y con la gente a corazón abierto. Es muy importante realizar un intenso y ardoroso camino hasta la tumba de los mártires para encontrarte con el rostro del Señor.

La caminata es tierra del Señor y es preciso descalzarse los pies como Moisés ante la zarza ardiente. Abandonarse en Dios y dejarse hacer por Dios. Como Alejandro e Inés dispuestos a descubrir al Cristo inédito presente en el pueblo Huaorani.

Necesitamos calmar el corazón, el pensamiento y vivir la gratuidad, la libertad interior que proporciona el abandono en las manos del Padre que acompaña nuestro camino. La caminata es un tiempo para renovar nuestro interior. ENCONTRARTE CON TU PROPIA REALIDAD: experimentaras tus conflictos, tu pobreza, tus debilidades, tus sueños. Aunque te angustie, no huyas de la caminata, déjate trabajar por ella. Poco a poco te encontraras contigo mismo y con la fraternidad.

La caminata es una experiencia fuerte, dura que te transforma. déjate transformar. Estar con El y en El. A lo largo de la caminata te encontraras contigo mismo y vivirás desde el interior la solidaridad con los otros caminantes, con la gente y con la realidad que te golpea y cuestiona tu vida. La caminata vivida a fondo, con apertura y sinceridad renovará tu vida.

Encontrarte con Dios desde el interior y encontrarte con la dureza del camino, la aridez, el cansancio, la tentación……..Es preciso pasar momentos de “tierra seca”. Te vendrá la nostalgia de “las cebollas de Egipto, la imprudencia, la locura de haber emprendido el camino y te asedie la tentación de abandono.

Ora insistentemente y haz consciente que dios te ha pedido emprender esta caminata. Reaviva la fe y reafirma el deseo de encuentro con El. Ten paz, descansa y reposa en EL, ABANDONATE CON CONFIANZA. El Señor te condujo a la caminata para hablarte al corazón y recordarte el primer amor que ha sido Jesucristo para ti. RENUEVA TUS MOTIVACIONES PARA CAMINAR: la defensa de la vida, la defensa de la naturaleza, la defensa de los pueblos en aislamiento voluntario….. el anuncio misionero. Dios desea encontrarse contigo.

Vivir la caminata significa vivir con dios y para Dios en fraternidad. Caminamos como hermanos y hermanas, donde cada uno aporta lo mejor de si. Es preciso salir, encontrarse, servir, dinamizar y amar. Dios te concede esta oportunidad para que abras los ojos a la realidad. Dios está presente en la vida de las personas que te acogen, te miran, te pitan, te insultan, te critican, te ignoran……y está presente en tu vida. Puedes experimentar a un Dios fiel y con un amor sorprendente. Has emprendido una caminata de fe y lo haces saliendo de tu lugar de vida. Has sentido una fuerza interior que te llamaba. Es Dios quien te invita, El te ha elegido. Es la llamada a romper con la mediocridad, a cambiar de vida, a poner tu granito de arena en la defensa de la vida, al compromiso.

El permitirá que experimentes su ternura, su gratuidad, su amor providente, su dinamismo. y también te hará experimentar tu pobreza, tu debilidad, tus limites, tus incongruencias, tus infidelidades. El permitirá que experimentes el mal, la voracidad de la plata y sus intereses, la explotación, la contaminación, la destrucción de la naturaleza y el riesgo de genocidio de4 los pueblos no contactados.

El Señor sale a tu encuentro, experimenta su gratuidad de amor que sete da sin limites y que espera de ti un cambio sin precedentes. Toda caminata es una aventura de fe, lee el capitulo 11 de hebreos. Déjate encontrar y descubre lo que El dice para ti. El te sale al encuentro. La caminata es lo que dice jeremías en Jr. 2,6 “es tierra de estepas y barrancos, tierra sedienta y sombría, tierra que nadie atraviesa, que ninguno0 habita”. Esto exige disponibilidad, entrega y amor para abandonarnos a esta misteriosa llamada de Dios.

La caminata es disposición a salir de la vida mediocre, de la comodidad, de la contaminación, de la destrucción……Es comenzar a vivir los valores del evangelio. Deja que Jesucristo sea el protagonista de tu vida, El iluminara tus pasos. Toma conciencia de lo que te distancia de Dios, de Jesucristo y del Reino al iniciar esta caminata y lo que tienes que hacer para volver a Dios. Es preciso que te sitúes donde estás y tomar la decisión de caminar con todo el sentido. Es descubrir lo que Dios te pide al comenzar esta caminata.

 

INES ARANGO, RASGOS DE SU VOCACION MISIONERA

1.- Conciencia de ser llamado

En la espiritualidad del misionero hay una convicción de haber sido llamado personalmente, de haber recibido un don, la conciencia que su historia misionera no comienza en él mismo, sino en Dios.

En el punto de partida de toda vocación misionera está siempre, de alguna forma, la experiencia de fe y de encuentro con Cristo, la escucha de su llamada, de su envío a la misión, y la respuesta confiada de quien se ha sentido llamado y se pone en camino: “Sal de tu tierra y de tu parentela..” (Gen 12,1); “aquí estoy, envíame..” (Is 6,1-8); “Síganme y los haré pescadores de hombres...” (Mt 4,19); “proclamen que el Reino de Dios está cerca” (Mt 10,7)

“Había un artículo en la revista Almas que trataba de las misiones y se llamaba noches hogareñas, era feliz leyendo esa revista y comentaba Si no me reciben de Capuchina, me voy así sea de Laurita, porque yo quiero ser misionera” testimonio, barro y vasija en la selva herida

La llamada es una persona concreta, con su realidad personal…esa que es y Dios conoce.

“Inés era una persona que irradiaba alegría, la expresaba en una sonrisa franca y ruidosa; era creativa, dinámica, espiritual, sincera, necesitaba muy poco para vivir, su amor a Jesucristo lo vivía en el servicio y la entrega, era sensible hacia los pobres, radical para ayudar a los más necesitados y para luchar contra las injusticias, también era rebelde generalmente por su carácter fuerte, era voluble, impulsiva que la llevaba a la indisciplina…esta manera de ser creaba a su alrededor amistades incondicionales pero también enemistades de quienes no se sienten cómodos con su manera de ser.”

2.- Experiencia de fe que crece y se ve

El misionero tiene una experiencia de encuentro con el Señor, ahí va creciendo una experiencia gozosa que no se puede ocultar ni guardar para él solo: “Lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos...” ( 1 Jn 1,1-4); “vuelvan y cuenten lo que han visto y oído...” (Lc 7,22); “vuelve a tu casa y cuenta lo que el Señor ha hecho contigo” (Lc 8,39).

“Inés era una persona decidida en su vocación, alegre y fervorosa, especialmente en su relación con Jesús Sacramentado y con la Virgen María”

“Aprendí de ella como de un libro abierto porque su vida fue un perenne testimonio de entrega, de abnegación. Inés no conocía el cansancio ni el desaliento para entregarse y servir”

3.- Hacer rupturas para ir a la frontera

La salida hacia los pobres o lejanos supone rupturas importantes en la propia vida del misionero: ruptura consigo mismo (ideas, costumbres, actitudes, etc…), con los seres queridos (especialmente la familia, amigo, etc) y con cotidiano estilo de vida.

Sin embargo no es una ruptura en el vacío sino un dejar para acoger nuevos rostros, personas, formas de vivir y realidades nuevas.

Inés también aprendió en sus constituciones que: “La hermana misionera necesita gran espíritu de oración y sacrificio, de adaptación, de caridad y alegría, olvido de si misma para renunciar a sus preferencias personales, culturales y territoriales. Deberá apreciar el patrimonio y las costumbres de la región donde le toque actuar, aprenderá a expresarse en la lengua propia de dicha región lo que le proporcionará un mejor contacto con las mentes y los corazones de los hombres”

4.- Vivir con humanidad

La espiritualidad del misionero debe alimentarse del caminar espiritual de los pueblos en los que se inserta, de la realidad histórica que le desafía y que le estimula, a  la vez. El lugar de su vida y misión es el pueblo que Dios ha elegido como destinatario de su Reino. Ser misionero es, ante todo, dejarse evangelizar y participar de la experiencia que ese pueblo va teniendo con Dios. El misionero se hace compañero de camino de ese pueblo.

“Inés era una persona de fe y no podía disimularlo…tampoco lo intentaba. ¡al contrario! Aquello que vivía, lo que le hacía feliz, sus convicciones más profundas , las expresaba con las muchachas, con tal interés ¡con tal fuerza! que convencía. Vivía con la ilusión de ser misionera y de enseñar a amar a Jesús"

Inés aprovechaba los juegos con los niños y las estancias más prolongadas entre los huaorani para seguir aprendiendo con ellos palabras nuevas que luego repasaba con las hermanas y con Alejandro en los viajes…Inés era muy observadora y receptiva. Experimento lo que es vivir el silencio con los pueblos ocultos, con ellos y como ellos. Experimentó en su propia persona eso de silenciar nuestros deseos…no solo adaptarse a su vida; se trata de valorar sus valores.

Ella misma nos cuenta: En la fiesta lo típico es la carne de mono, animales diferentes que ellos han casado los ocho días anteriores y la chicha, compartimos con ellos toda clase de alimentos por ellos acostumbrados que nos brindan con gusto y carriño…es hoy cuando recibimos de los indígenas una gran lección de fraternidad, sencillez, alegría y aquel saber acoger a todos por igual. En este caso es cuando nosotras somos evangelizadas por los pobres”.

5.- Esta dispuesto a dar la vida por Jesús y su reino….por los pobres

“Me siento enviada entre ellos como una hermanas…No es capricho ni algo mío; creo que es la obra de Dios, de la Iglesia y un llamado a mí, muy personal y no de ahora sino de siempre… Desde mis primeros años de infancia, abrigaba la ilusión de morir en campos de misión netamente indígena como tengo la oportunidad ahora…”

En vísperas de su último viaje hay un diálogo entre Inés y Laura hermanas de su comunidad:

Inés: “Tengo que dejar todo arreglado”

Laura: ¿No te da miedo?

Inés: NO Laura, si muero, muero feliz. Ojalá me dejen en la selva…porque si muero, muero como y donde lo he deseado.

En su testamento encontramos:

“Si muero, muero feliz y ojalá nadie sepa de mí. No busco nombre…ni fama. Dios lo sabe. Siempre con todos, Inés”

Cuando miramos a Inés y su testimonio Misionero vemos que a más de su ser como persona es alcanzada por la gracia igual que tantos hombres y mujeres de ayer y de hoy que siguen invitándonos con su vida a ser LUZ en medio de tantas tinieblas y a comprometer la vida con la causa del reino.

Pero lo más hermoso es que muere junto a Monseñor Alejandro por amor a los pequeños, los últimos los huaorani que para ellos y para Dios son los primeros…y por amor a Dios que los amó primero… entonces podemos comprender que el amor provoca amor…

 

Para la meditación:

  1. Relee el contenido y retoma lo que te ha impactado no solo en tu cabeza sino que resuena en tu corazón.
  2. Colócate en la presencia del Señor y responde ¿Para qué existes? ¿Cuál es tu misión?
  3. Mirando tu realidad anota las cualidades que posees para servir a los demás y da gracias en oración por ello
  4. A quienes te sientes invitado a servir… (nombres, rostros, causa y realidades concretas)
  5. Anota una invitación concreta que surja a través de lo reflexionado (De cara a la caminata)
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