9° Etapa

17 julio

Sevilla a Lago Agrio

altDespués del descanso de la noche en la parroquia de Sevilla, muy temprano, Dios nos brinda la oportunidad de vivir un día nuevo. A las 05:30 nos alimentamos con el desayuno en uno de los restaurantes del sector. Luego, a eso de las 06:00, empezamos con nuestra caminata, esperando recorrer los 23 km que dan desde Sevilla hasta Lago Agrio.

Comenzó a clarear el día. Cabe resaltar que para este tramo nos acompañaron los hermanos monfortianos Javier y Diego (postulantes) y el padre Carlos (formador de postulantes); además de dos jóvenes de Sevilla: Maricela y Marisol. También se unió en este tramo don Jorge, de Quito, junto a su familia.

En este día nos animaron con la oración los hermanos laicos, juntamente con Txarli. Hicimos de este día una alabanza, contemplando al Dios de la vida en toda su creación, porque si bella es la naturaleza, extremadamente mejor es el autor de ella. Además, disfrutamos de la compañía de cada uno de los hermanos que nos animan y nos apoyan.

Esta vez tuvimos la oportunidad de ser testigos de todo el movimiento que genera la actividad petrolera y el comercio en Lago Agrio que, por ser frontera con Colombia, se puede ver el abundante tráfico de los vehículos de compañías que prestan sus servicios a estas entidades que explotan el petróleo en nuestras tierras. Sin embargo, todo aquello no fue un impedimento para cumplir con nuestras expectativas de defender los derechos de las vidas de los pueblos en aislamiento voluntario.

En el trayecto paramos tres veces, para recargar fuerzas y servirnos los alimentos que nos brindan los hermanos de logística y las personas de buena voluntad. La hora de llegada fue a las 12:15, con un clima entre cálido y lluvioso.

Una vez en la catedral de Lago Agrio, realizamos un momento de oración muy sentida desde el corazón y desde la fe, además de las palabras de bienvenida del párroco, el padre Gabriel. Luego, un grupo de laicos  nos deleitó con una agradable serenata que nos ayudó a paliar el cansancio y el dolor de nuestros cuerpos fatigados, y también para acompañar nuestro almuerzo. Al rato comenzaron a llegar las diferentes familias en las cuales iríamos a descansar y compartir.

La experiencia que adquirimos en esta caminata ha significado el ir corrigiendo las pequeñas dificultades del grupo y el ir fortaleciéndonos a nivel de fe, de fraternidad, de solidaridad y de humildad.  

A eso de las 18:00, nos reunimos para hacer la evaluación casi todos los caminantes, en la que tuvimos la oportunidad de escuchar el testimonio del joven Felipe Segura, promotor de cultura de la fundación Alejandro Labaka, que vino a compartir su experiencia en el trabajo con los huaorani. Además compartimos nuestra experiencia que vamos reforzando a medida de lo que vamos dando con nuestras capacidades y también debilidades. Culminamos el día dando gracias a Dios a través de la Eucaristía, a las 19:00. Luego al descanso con las familias.

Jairo Saá,

postulante capuchino

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