9ª Etapa: 17 julio

Sevilla a Lago Agrio

 

 

Hoy disfrutamos de un bello amanecer en la selva. En nuestros primeros pasos hacia Lago Agrio, una oración muy franciscana nos recordó la belleza de Dios en la creación “Y todas las criaturas del cielo y de la tierra, y las que están bajo la tierra y el mar, y todo lo que hay en él; alabémosle y ensalcémosle por los siglos”.

Las lecturas dominicales nos invitaron a dejar los afanes cotidianos para contemplar a Jesús, que sigue vivo en medio de las personas y en la creación.

En la reflexión recordamos nuestras motivaciones y la espiritualidad de esta Caminata para acoger y hacer vida las actitudes de Jesús con un signo profético de anuncio y denuncia. En la oración final, dimos gracias a Dios por estar entre nosotros por medio de la hermana lluvia, que nos acompañó todo el camino.

“Alerta, alerta, alerta, alerta, que camina el grupo misionero en defensa de la vida” fue la frase con la que iniciamos la invitación a los pobladores para conocer y participar en esta misión para que los pueblos en aislamiento tengan una voz. Así, se fueron uniendo a esta causa los jóvenes del grupo misionero de Sevilla y del colegio Guillermo Rode de Guayaquil. Las consignas seguían sonando a lo largo del camino, “aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, la selva ecuatoriana, tiene que vivir”.

Durante el camino escuchamos los audios de las radio novelas de los capítulos de la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco, hechas por la Red Eclecial Pam Amazónica (REPAM) el paisaje y los mensajes nos recuerdan que la naturaleza hoy clama y reclama cuidado.

Las noticias nacionales dicen que el Yasuní-ITT será explotado y que vienen nuevas concesiones mineras y petroleras en todo el país. Ante esto, hay quienes nos dicen que de nada sirve nuestro esfuerzo para cambiar esta realidad. Pero Alejandro está presente con su testimonio: “Hoy los que trabajan por las minorías tienen que tener vocación de mártires (…) nada podemos decirles ni pretendemos. Solo queremos vivir un capítulo de la vida huaorani, bajo la mirada de un Ser Creador que nos ha hecho hermanos” y por eso retomamos fuerzas para seguir porque sabemos que si los que unen fuerzas se callan cada vez será más fácil que la voz de los otros no se escuchen.

Es Dios quien permite que vivenciemos la misericordia y la providencia, en el encuentro con los pobladores, que a diario nos brindan su vida y lo que tienen con generosidad. Hoy fueron las comunidades de Santa Cecilia y San José quienes nos dieron un refrigerio y en especial fue monseñor Celmo Lazzari (obispo del Vicariato Apostólico de Sucumbíos) quien nos acogió con dedicación y cariño, luego de haber organizado con los grupos parroquiales los detalles que llenaron de gestos fraternos nuestra llegada y participación. Dios les pague por su bondad.

Cerca de las 11:30 de la mañana llegamos al seminario del Vicariato que nos recuerda esas semillas misioneras comunitarias sembradas durante cuarenta años por Monseñor Gonzalo y su equipo.

A media tarde se evaluó el día y se redistribuyeron las comisiones. Al dar la bienvenida a los nuevos compañeros se renovó la sintonía con la historia de la Caminata, con sus objetivos y con sus compromisos. Rumba al Eno ya comenzamos a hilvanar el mensaje de la décima caminata.

Para la eucaristía fuimos por grupos a tres parroquias, donde dimos testimonio de la Caminata y animamos a las personas a unirse a esta causa de Alejandro e Inés en defensa de la vida.

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