Cuerpo Documental de Alejandro

alt

Tienes, lector, entre tus manos un escrito de Mons. Labaca de primera categoría. Quizá ni sospechabas que el obispo alanceado por los Tagaeri tuviera una pluma tan ágil y que desde joven manejó con soltura. Su pluma fue íntimo instrumento de amistad, de compañerismo y de animación espiritual.

Admirando la perla fina de la CRONICA HUAORANI, aquí sobre el terreno en la Isla de Pompeya, hemos recordado con nitidez la extensa documentación salida de la mano de Mons. Labaca y que hemos visto dispersa en archivos de Ecuador y de Europa. La queremos describir en este lugar de forma concentrada para ayuda del lector de la Crónica y para auspiciar que esta documentación pueda un día quedar recogida en una serie que respalde la personalidad histórica del Pastor de Aguarico, que pronto hará un año que daba la vida por sus amigos.

 alt

1. Entre la documentación de Mons. Labaca descubrimos, ante todo, un filón de cartas, que podría convertirse sin dificultad en una sección de Fuentes epistolares. Tenemos recogido y transcrito su cuerpo epistolar desde China, en el que se refleja no sólo su temple misionero, sino la apertura a aquella cultura milenaria. Su pasión indigenista por los grupos de Ecuador se fue forjando ya en el Celeste Imperio.

De Mons. Labaca se conserva también un cuerpo epistolar de los abundantes años que rigió diversas casas de Ecuador y del tiempo en que fue Superior de todas ellas. Son documentos muy variados, siempre al galope de la historia y de la renovación de la Iglesia. Otro tanto y más cabe decir del cuerpo epistolar firmado desde la Iglesia de Aguarico, a la que trató de vivificar a base de circulares y numerosas cartas.

2. Al cuerpo documental epistolar, vital, cercano y recio, sigue en interés el cuerpo de Fuentes narrativas. Son las que él mismo redactó con tinta cálida mientras realizaba sus exploraciones pastorales sobre los grupos indígenas a lo largo de la tela de araña de los ríos del Oriente Ecuatoriano. Buena prueba de esta literatura de Alex es la CRONICA HUAORANI que CICAME ofrece al público. Ahora bien, estas fuentes narrativas no terminan con esta CRONICA HUAORANI. El mismo Mons. apuntó datos en sus viajes y redactó crónicas menores sobre otras incursiones apostólicas. Más aún, no eclipsan dicha literatura narrativa, sino que la complementan e iluminan las narraciones de diversos misioneros, que escribieron crónicas parecidas, alentados por sus superiores de Aguarico y en especial por Mons. Labaca, que gozaba en espíritu releyendo las hazañas de sus admirados hermanos y súbditos.

3. Mons. Labaca fue un Pastor de cuerpo entero, sensible a la renovación eclesial y religiosa. Habiendo tenido por otra parte el don de consejo y de gobierno, queda de él un cuerpo de fuentes pastorales, dirigidas a sus religiosos y a sus fieles de la Prefectura y del Obispado-Vicariato. Esta documentación le fluía a borbotones de su manantial interior, pero quedó cristalizada a raíz de su asistencia al Concilio Vaticano II, pudiéndose afirmar que selló con su sangre los ideales de aquel histórico hecho eclesial y que lo hizo florecer como una hermosa flor de selva en el Oriente Ecuatoriano.

4. Finalmente, el Pastor que fue siempre en busca de sus ovejas, dejó un cuerpo muy valioso de documentación indigenista. El estuvo en relación no sólo con la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, sino con las supremas autoridades de la nación y de los organismos oficiales, tanto centrales, como locales. Es de tal peso este cuerpo de documentación que la Dirección de CICAME ha añadido a la CRONICA HUAORANI un breve apéndice de textos, que iluminen la Crónica y sea una pequeña muestra del ideario en que se movía Mons. Labaca en este campo.

De paso por Pompeya (Napo), donde tantas veces recaló Mons. Labaca, hubiéramos deseado escribir para su Crónica un prólogo exuberante, como la Madre Tierra, que nos rodea y sustenta. Sin embargo, esperamos que el lector sabrá descubrir bajo este seco y enjuto prólogo diversos horizontes y aspectos de la personalidad de Mons. Labaca, querido compañero de estudios y admirable ejemplo de vida eclesial y religiosa, sacrificada y consumada hasta el extremo.

Pompeya (Napo), 15 de mayo de 1988, Ascensión del Señor.

Tarsicio de Azcona, ofmcap.

"Releyendo, catorce años después de su publicación, la Crónica Huaorani  de Alejandro Labaka, se comprueba, página tras página, que, además de estar ante un documento excepcional, se halla uno delante de un verdadero tratado de evangelización en la línea más actual de la moderna teología. Es muy fácil percibir que por encima de anécdotas, de aventuras, de observaciones personales, es un teólogo, un creador de doctrina teológica, el que anota los variados trabajos por el Reino que Alejandro y sus compañeros, religiosos, religiosas y laicos, llevaron esos años navegando por el río Yasuní y volando en muchos viajes en helicóptero sobre el verde y tupido techo de la selva amazónica.

En su estupenda afición por dejar blanco sobre negro sus impresiones misioneras, Alejandro hará a veces “apuntes de misionología”, como él llama a veces con un deje de ironía. Y lo son. Porque sus lecciones  están asentadas sobre sus trabajos de campo no sobre teorías elaboradas fuera de la realidad. La suya es una misionología práctica. ¿Es que podría ser de otro modo la evangelización? ¿No ha hecho lo mismo toda la tradición misionera de la Iglesia desde Pablo de Tarso hasta el último de los misioneros y misioneras caídos en el surco? No en vano recurre Alejandro con frecuencia a la figura de Pablo para tratar de entender y de entenderse en su manera de evangelizarde parecer excesivo, pero su misión y la de Pablo son más que próximas, son hermanas. " (Fidel Aizpurúa, ofmcap)

  alt
VisitasVisitas

Vicariato Apostólico del Aguarico - (02) 2257689 - (06) 2880501 - info@alejandroeines.org
                                          TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS - 2012