Ante los cuerpos tendidos

banners-aleine3Pasadas las tres de la tarde llegaron los cuerpos a Coca. La multitud aguardaba. El ejército tuvo que acordonar en parte el helicóptero para trasladar los cadáveres a una sala del seminario, donde se iba a proceder al reconocimiento, la limpieza y la mortaja.

Allí se va a firmar el Acta de reconocimiento de los cadáveres por Rómulo García, Comisario Nacional de Orellana, Encargado; Hno. Jesús Elizalde, Perito y Hna. Imelda Pérez, Perito; acta que dice así:

"En la ciudad del Coca, Cantón de Orellana, provincia del Ñapo, República del Ecuadro, a los veintidós (22) días del mes de Julio de mil novecientos ochenta y siete (1987), a las quince horas con diez minutos (15:10). El juzgado de Instrucción compuesto por el señor Comisario Nacional de Orellana, dos miembros de la Policía Nacional, religiosos de la misión Capuchina y la secretaria del Despacho, se trasladan hasta el Seminario Misional del Vicariato Apostólico de Aguarico, perteneciente a la Misión Capuchina, con el objetivo de realizar la diligencia del Reconocimiento y Levantamiento de los cadáveres de dos religiosos salvajemente asesinados por los denominados Aucas.

...sobre la camilla de color tomate, cubierto con un plástico de color verde oscuro, el cual una vez abierto se puede observar un cadáver en posición decúbito dorsal, de aproximadamente 49 años de edad, de más o menos 1 m. 58 cm. de estatura, sexo femenino, raza blanca, cabello negro entrecano. VISTE. Está vestido con una túnica vestido de color habano, debajo de la cual se observa una camiseta de color amarillo, en la que se puede leer claramente "ESCUELA FRAY MARIANO DE AZ-QUETA"; del mismo modo viste primeramente un short blue jeans de color azul, debajo de éste otro short de color café, también lleva puesta una enagua blanca, un brazier de color habano, toda la ropa se encuentra desgarrada y ensangrentada, se encuentra descalza. PRENDAS. No porta ninguna identificación, documentación ni cosas de valor, en el bolsillo derecho del vestido tiene un velo de color blanco, en el izquierdo una peineta y un pañuelo pequeño de color blanco; al lado derecho en el tórax se puede apreciar una herida de aproximadamente 8 cms. de ancho, en el lado izquierdo otra de más o menos 3 cms., a la altura del ombligo tiene otra herida, bajo el ojo derecho también tiene una herida, en fin, muchas heridas repartidas en su cuerpo en un total de 25, el cuerpo se encuentra ensangrentado completamente y en estado de descomposición, los miembros inferiores se encuentran llenos de tierra y faltos de piel en sus partes posteriores. El señor Comisario pregunta a los allí presentes si conocían a la occisa, a lo que responden que sí, que era Religiosa de las Hermanas Terciarias Capuchinas, Superiora local de esta ciudad del Coca y que respondía a los nombres de INÉS ARANGO VELASQUEZ.

Se procede a descubrir el otro cadáver, el cual está asimismo cubierto con un plástico verde oscuro y sobre una camilla de color tomate; una vez descubierto el mismo, se procede a observar un cadáver en posición decúbito dorsal, sexo masculino, raza blanca, pelo entrecano, de aproximadamente 1 m. 75 cms. de estatura y de más o menos 67 años de edad; dicho cadáver se encuentra completamente desnudo, no porta documentos ni objetos de valor, alrededor de las caderas lleva anudado un cordón de hilo, de color blanco; a la altura de la frente tiene una herida de más o menos 6 cms. de ancho, en el lado derecho de la cabeza presenta una herida de 3 cms., en el tórax anterior se observan orificios en un total de 44, de diferente extensión, a nivel de abdomen existen 6 orificios más, de diferentes tamaños, por uno de los cuales está salido parte del intestino grueso; en la mano izquierda tiene una herida de 2 a 4 cms., en miembro inferior izquierdo existen de igual modo 12 heridas, en miembro inferior derecho un total de 11 heridas, en el glúteo derecho (nalga) tiene también un orificio, en la parte posterior del tórax se pueden contabilizar 17 orificios de diferentes tamaños; el cuerpo se encuentra cubierto totalmente de sangre y presenta además en varios orificios restos de chonta seguramente de las lanzas con que fueron asesinados; asimismo se puede constatar que está en proceso descomposición; la parte derecha de la cabeza y cara se encuentra además y tiene sangre reseca en la cara; el señor Comisario pregunta a los presentes si conocían al ahora occiso, a lo que ellos responden que sí, que era el Señor Obispo del Vicariato Apostólico de Aguarico y además Misionero Religioso de la Misión Capuchina".

Cómo había ocurrido exactamente esa muerte..., es una pregunta que queda en el aire, en espera de que un día, hechos al fin amigos los Tagaeri, puedan contestarla ellos mismos. Todo lo demás son conjeturas.

Y la primera conjetura es que la acometida y muerte fue al poco tiempo de bajar. "Yo creo que los masacraron en el primer cuarto de hora", dice el P. José Miguel Goldáraz.

Las lanzas eran de las grandes. Cuando las vieron los Huaorani amigos de la misión, dijeron muy convencidos que los habían matados los viejos, porque los jóvenes usan lanzas livianas.

La multitud de agujeros —tórax, piernas...— se debe, al parecer, a algún rito con su propio significado. Cuando abaten un animal como el jabalí, cumplen un rito de participación. Explica José Miguel: "Los Tagaeri acostumbran a los niños a clavar sobre el cadáver lancetas para alejar a los espíritus y para hacerlos fuertes. Los padres untan con la sangre a los hijos pequeños en los brazos, en el pecho. Todos pican como avispas. Las lanzas las dejan clavadas. Así queda cogido el espíritu. Pintan las lanzas de rojo en la guerra o muerte". Pero los misioneros preguntaron a los Huaorani amigos si habría participado mujeres y niños; ellos dijeron que no...

Ahí queda el terrible testimonio del Acta de reconocimiento con el deseo de que un día podamos saber algo más de la verdad.

El Acta puede tener sus complementos. El misionero aragonés Javier Aznárez, sacerdote diocesano y médico, fue uno de los que, efectuado el reconocimiento forente, estuvieron actuando sobre los cadáveres hasta las 9 de la noche, limpiándolos, extrayendo gusanos que se habían introducido en las heridas, cosiendo... Relata a sus compañeros de misión que él contó en el cuerpo de Monseñor unos 160 orificios y en el de la Hna. Inés unos 67.

Por parte de las terciarias capuchinas participaron en esta operación médica María Luz Restrepo e Imelda Pérez. La Hna. Imelda, enfermera en el Hospital de Ro-cafuerte, había sucedido a Inés en el cargo de superiora. Siete años habían compartido juntas la vida. "Su capacidad de servicio ha sido sin límites...", escribió.

Las fotografías de los cuerpos traspasados de heridas, insertas en esta Semblanza, son un testimonio escalofriante de verdad y de amor. La paz de los mártires baña sus rostros.

¿A quien mataron primero...?

La hermana estaba a mínimos pasos de la casa. Monseñor estaba —obsérvese la foto— donde termina la senda que da acceso al pequeño claro del delante del bohío. Pudo ser allí o unos metros antes donde el Obispo, avanzando desde la chacra donde el helicóptero les había dejado a unos 200 metros, se despojó de su ropa y le dijo a la hermana:

—¡Adelántate, Inés...!

Y entonces Inés habría recibido el impacto mortal la primera...

Otros conjeturan que el rostro de sufrimiento de Inés retrata el dolor que ella sufrió al ver caer a su amado Obispo...

Dios lo sabe.

 

 

 

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