Alejandro Labaka y el martirio

1. Introducción.

Presentamos en este trabajo un estudio sistemático sobre el martirio en el pensamiento, en la vida y en la práctica de Mons. Alejandro Labaka. La finalidad de este estudio es demostrar que la muerte violenta a manos de los tagaeri el 21 de julio del 1987, no fue algo accidental. Tuvo su preparación y previsión. Como Vicepostulador de la causa del Siervo de Dios, me propongo también colaborar a que se considere como “mártir” de la caridad al obispo misionero que regó con su sangre la Amazonía ecuatoriana.

2. Datos y hechos durante la vida de Alejandro

2.1. Seminario y años de formación. Alejandro Labaka nació en Beizama (Guipúzcoa – España) el 19 de abril de 1920. Ingresa al seminario seráfico de los capuchino de Alsasua (Navarras) el año 1932. Hasta 1945 recorrerá las distintas etapas de formación, noviciado, profesión religiosa y ordenación sacerdotal en el año 1945. Quien esto escribe puede dar testimonio del extraordinario fervor misionero que se vivía en las etapas de formación de la Orden capuchina, incluyendo la petición del martirio.

“Al pie de un árbol morir”. Esta es la letra de un canto misionero  que se entonaba en el seminario:

                          Mi premio ha de ser, oh Madre – al pie de un árbol morir,

                         De todos abandonado – de todos menos de ti.

Este canto se hizo realidad en la muerte de Alejandro: murió solo, al pie de los árboles de la selva amazónica, amparado por la Virgen María

2-2.Ante la Virgen del Pilar.  En el año 1947, en unión con otros tres capuchinos, Alejandro parte para China. El ha escrito a su superior una carta solicitando ir a misiones: “para extender la Iglesia y salvar almas en misiones… sobre todo en países de mayor dificultad y donde más haya que sufrir”.  En su camino a Barcelona, puerto donde debe embarcar, pasa por Zaragoza y visita el santuario de la Virgen del Pilar. Y desde allí escribe la siguiente carta a su hermana Felisa:

¡Felisa, Felisa, sé siempre muy devota de la Virgen. Ámala con todo tu corazón y toda tu alma para que Ella te una más y mejor con Dios. Ofrécele todas tus obras y tus mé­ritos; pon todo en sus manos, que Ella te bendecirá. Mañana diré la misa ante su cama­rín. ¡Qué alegría! A ella me ofreceré como me ofrecí cuando fui al frente de Teruel y Ella, como me protegió entonces en cuerpo y alma, me guardará y protegerá en la nueva vida.

Le pediré que me conceda la gracia de ser mártir dando toda mi sangre por Jesús, por María y por las almas. Si yo me hiciera digno de eso, cuántas gracias y mercedes conseguiría para todos mis familiares; por eso te digo que aunque no sea más que por egoísmo, le pidas eso mismo a Dios por la Virgen. Yo te tendré muy presente mañana y pediré porque se realicen tus intenciones si han de ser para gloria de Dios y bien de tu alma tan amada de Dios y de la Virgen. Sé siempre buena, alegre, cariñosa y caritativa. Sé la alegría del padre y de los demás hermanos. Acuérdate de vez en cuando de mí cuan­do recibas a Jesús en tu pecho. Adiós. Otra vez te escribiré más.

Te bendice tu hermano

Alexocolo”.

Tengamos en cuenta esta petición que hace: “La gracia de ser mártir”. Esta idea le acompañará toda su vida.

2.3. Carta a P. Domingo. El Padre Alejandro tuvo un hermano carnal, capuchino como é, a quien escribía cartas. He aquí parte de una de ellas:

Estamos en noviembre de 1949. Desde Pingliang (sin haber podido trasladarse todavía Tsingning), escribe a su hermano Domin­go: "Más de una vez se te habrá ocurrido ya decir por mí una Misa de Réquiem o el pensa­miento de gloriarte de tener en la familia un mártir. Pues bien, ahora vengo yo con mi letra a sacarte de esos santos ensueños. Todavía no ha llegado la hora aunque tampoco creo que haya pasado del todo. El por qué no ha llegado tan pronto como esperábamos no se a qué atribuirlo. Veces hay que me parece que me he hecho indigno de tan señalado beneficio y veces que me parece oír el murmullo silencioso de vuestras oraciones y el chasquido incon­fundible de vuestras disciplinas apagando el tic-tac del reloj del martirio. En fin, esperemos y trabajemos entretanto como valientes soldados de Cristo".

2.4. Permanecer en el puesto. Una de las características del misionero es permanecer en su puesto pastoral ante las amenazas de persecución. En esta situación se encontró el misionero en China, Alejandro, ante la amenaza comunista.

El 5 de diciembre de 1948, responde a una circular que el superior de los capuchinos de la misión de Pingliang había dirigido a todos los misioneros, para que manifestaran su disposición y voluntad ante el momento crucial que se acercaba. La carta dice así:

Pingliang, 5 de diciembre de 1948

Mi Rvdo. Y amado Padre: Paz y bien.

Recibí su amable y paternal invitación fechada el 1 diciembre. Después de considerar detenidamente lo que en ella me dice, y otras muchas cosas que deja traslucir, me decido a exponer mi decisión para su completa tranquilidad.

M.R.Padre: le suplico humildemente que, si el Señor llega a creernos dignos de padecer por Él y endereza los pasos de los comunistas hacia nuestra Misión, me dé su paternal bendición y  obediencia y me deje en cualquiera de las estaciones de la Prefectura.

Creo que mi pena sería mayor si me mandasen huir que mandándome permanecer en mi puesto. Para mayor tranquilidad suya le digo que esta mi decisión es anterior a su carta y tomada ante las gradas del altar.

Si, llegado el momento, y a pesar de esta mi decisión, creyera otra cosa más conveniente para mi alma y gloria de Dios, le suplico disponga de mí con toda libertad según vea ser la voluntad de Dios.

Vernos con claridad la disposición martirial ante la amenaza comunista y su decisión de buen pastor de no abandonar a sus ovejas, aunque hubiera de sufrir.

2.5. Expulsión de China.

A pesar de la generosa decisión de permanecer en su puesto misionero, llegó la decisión de los superiores y tuvo que salir de China. Así lo expresa en carta a su hermano Padre Domingo:

 Queridísimo e inolvidable hermano: Dios ha dispuesto que en más de dos años no haya podido saber nada de ti ni de la familia. Varias veces intenté reanudar la corresponden­cia y no sé si recibiste alguna de las cartas o los saludos que te enviaba en otras cartas. Esta la comienzo con la intención de mandártela con el P. Superior Regular, con el que espero po­der entrevistarme a su paso por aquí. Para esta fecha te habrás enterado por los repatriados de las cosas de aquí y de las mías en particular. Estoy aquí solito, pero con suficiente traba­jo; antes estaba con el Rev. D. Lucas Chang, que era mi párroco y mi cocinero a la vez, pero al ver el sesgo que iban tomando las cosas, le aconsejé que fuera a otra parte y desde entonces (hace ya unos tres meses) estoy solo.

La comida me la hacen en una familia pagana, a la cual hemos alquilado una parte de las casas de la estación misional. No hay cristianos en la ciudad y los cristianos de las alde­as no pueden venir a vernos, lo que hace mayor y más sensible nuestra soledad. Pero estoy contento en medio de estas dificultades pues Dios me sostiene con su gracia a pesar de mis infidelidades. Puede ser que me llegue pronto la hora de dejar esta misión y pudiera ser tam­bién que preparen algún juicio popular, como parece desprenderse de algunas investigacio­nes que están haciendo entre la gente. Que se haga la voluntad de Dios y pide al Señor que nos haga dignos de ir tras las huellas del Divino Misionero.

Recuerdo que un día, fatigado por el mucho trabajo del dispensario y con el corazón pren­sado y oprimido por las noticias de la Iglesia de China, salí a respirar un poco de oxígeno en las orillas del río Tsingning y tras un saludable baño en sus aguas comencé insensible­mente a cantar:

Mi premio ha de ser, oh Madre, al pie de un árbol morir, de todos abandonado, de todos menos de Tí.

Oh, querido hermano, casi tenemos al alcance de la mano todas esas cosas pero ¡cuan flaca es la carne! Y de nuevo sentí pena de que no estuvieses aquí junto a mí para hacerme el dúo como en la despedida de España ante Radio San Sebastián. Tras esa ráfaga fugaz de pesimismo o de nostalgia (llámalo como quieras) me inundó la paz y la serenidad recordan­do: "Tu hermano y otros muchos, muchísimos, hacen por ti más, mucho más de lo que sig­nificaría hacer compañía en esta soledad". Si; lo sé, querido hermano y queridos bienhecho-0 experimento, lo palpo y me avergüenzo de estas ráfagas de pesimismo. Y para vues­tro consuelo, cumplo aquí con la obligación de comunicaros el fruto de vuestras oraciones en el ejercicio de 1951-1952.

Por la documentación transcrita podemos verificar las disposiciones martiriales en que vivía Alejandro Labaka, misionero en China, a sus  28 años de edad. Demos un salto grande en su vida, después de 16 años: estamos en el año 1965. Alejandro lleva ya 11 años de misionero en Ecuador. Es Prefecto apostólico de la Misión capuchina en Aguarico, nombrado unos meses antes por Su Santidad Pablo VI. Y está en Roma, participando en el Concilio Vaticano II.

2.6. Carta a Pablo VI.  “Propter evangelium”.

7 de noviembre de 1965

Beatísimo Padre:

Informado de que el 21 de los corrientes se dignará recibirnos en audiencia a los Señores Obispos y Prelados del Ecuador y no atreviéndome a pedir audiencia especial,

Por no aumentar el trabajo a Su Santidad, quiero con filial confianza exponerle el siguien­te asunto pastoral pidiendo su orientación y UNA BENDICIÓN ESPECIAL.

Tengo en la Prefectura tribus salvajes, conocidas con el nombre de AUCAS, que matan a los que entran en sus dominios y hacen también incursiones hacia las partes civilizadas donde siembran el terror con sus muertes. Recién nombrado Prefecto Apostólico, he asisti­do por primera vez al Sacrosanto Concilio y he sentido muy fuerte en mi interior el man­dato de Cristo de predicar a todas las gentes, especialmente a estos AUCAS.

Está comenzada la campaña de acercamiento hacia ellos pero -y ésta es mi duda- ¿has­ta qué punto puedo exponer la vida de los misioneros, seglares y la mía propia, propter Evan-geliuml

Por otra parte, los protestantes "Lingüistas Americanos" están intentando lo mismo des­de otro ángulo geográfico y con más medios humanos y -aquí mi segunda duda- ¿hasta qué punto puedo ofrecer nuestra colaboración ó pedir la de ellos para el plan de ganarlos (a los AUCAS) para Cristo?

Beatísimo Padre: si en los designios de Dios, fuera necesario el sacrificio de alguna vida para llevar a Cristo estas tribus, DÍGNESE OFRECERNOS juntamente con la DIVINA VÍC­TIMA en Su Santa Misa para que seamos dignos de esta gracia y para obtenernos una ES­PECIAL BENDICIÓN para todos los misioneros y para toda la grey que nos ha sido confia­da.

Et Deus

Fr. Alejandro Labaca Ugarte, O. F. M. Cap. Prefecto Apostólico de Aguarico. Ecuador

Por esta carta vemos con meridiana claridad la disposición de Mons. Alejandro Labaka al martirio, disposición que conservó hasta el 21 de 1987.

 Mc 8, 35:

2.7. La muerte martirial

Y así llegamos al momento culminante de una vida misionera fiel hasta la muerte. Mons. Alejandro Labaka es Obispo Vicario apostólico de Aguarico  desde el año 1984. ^Pero no deja de dedicarse a las minorías étnicas. La tribu de los Huaorani está pacificada desde el año 1977. Pero queda una parcialidad de la misma etnia, los Tagaeri, en aislamiento voluntario, amenazados por la expansión de la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana.

Mons. Alejandro  se siente pastor de esa minoría étnica amenazada. Él mismo dirá: “Si no vamos nosotros, los matan a ellos”. Y en carta a las autoridades petroleras escribe: “Con la última evidencia  evidencia de los signos positivos para un acercamiento personal, se decide que Mons. Alejandro Labaka y la Hna. Inés Arango, misionera de las Terciarias Capuchinas de la Sgda. Familia, desciendan, Dios mediante, el 20 de julio de 1987 a los Tagaeri”.

¿Qué había sucedido y por qué los mataron?

Estaban acribillados. Acaso, tras la muerte. los habían pinchado para ahuyentar espíritus o para adquirir espíritu guerrero. Pero lo sorprendente es que. si hoy se mira las fotografías, con misteriosa envidia o fascinación, contemplamos que Inés tiene la cara plácida del sueño de la muerte y Alejandro inicia una sonrisa. ¡Felices ellos!

¿Qué había pasado...? Exactamente no lo sabemos. Diez años antes (1977) los Huaorani habían dado muerte en el Ñapo a tres humil­des trabajadores ecuatorianos: Segundo Ribera Proaño. Pablo Huarnizo Cumbicus e Isaías Paredes. ¿Qué culpa tenían estas pobres víctimas que nunca pasarán al Martirologio? Ninguna. Un estampido de indignación resonó en la nación, pero "la Prefectura Apostólica de Aguarico. Representada por Mons. Jesús Langarica Olagüe y los Misioneros Capuchinos se cree en el deber de presentar a las Autoridades Guberna­mentales. Eclesiásticas, petroleras y Misionales del Ecuador el siguiente estudio sobre el pueblo Huaorani (Aucas) y sobre los recientes y lamentables hechos sangrientos acaecidos la semana pasada". Son cuatro folios que. en la copia que poseemos, terminan con el nombre de Mons. Jesús Langarica. Prefecto Apostólico, y la firma y rúbrica de Fr. Alejandro Lacaba U. Prefecto Delegado. El documento acaso lo redactó personalmente el mismo Alejandro; en todo caso él lo firmó.

...Los grupos Huaorani se halla sometidos a una psicosis de cerco y encerramiento molestos y frecuentes. Estudiados en su medio, en su plena región selvática, son grupos familiares, separados entre sí por fronteras de antagonismos, odios y rivalidades, casi centenarios. Mirando hacia afuera, su milenaria historia, transmitida de padres a hijos, les recuerda las terribles matanzas hechas a su pueblo por los Kolmoren. extraños a su tribu, que, como caníbales, alimentaban el Kaenlo Mágico con sangre y tajadas de carne Huaorani... Este pueblo, en épocas remotas, sufrió el empuje de las migraciones internas, que avanzaban desde el Brasil... En nuestros días la exploración y explo­tación petrolera en su región ha supuesto para  el pueblo huaro ni ¡a invasión, pérdida de cientos de kilómetros de un territorio, considera­do y utilizado, como propiedad suya y con la alarmante limitación de

¿Cómo fue la muerte?

Un testimonio escalofriante de verdad y de amor

Hay un dato que, no obstante lo desagradable que sea, es necesario consignarlo por la verdad de la historia. Inés, como dice el testimonio de Reconocimiento y Levantamiento, iba vestida con tales y cuales prendas. Con una tijera tuvieron que rasgarle sus ropas. En el mo­mento del rescate el P José Miguel encontró que, aparte de las tres lanzas, los Huaorani, sin desnudarla, le habían clavado e introducido un palo, una rama desgajada, por la vagina. ¿Cruel­dad...? ¿Un signo referente a la vida...?

El R José Miguel hizo fuerza para sacarlo y lo tiró allí1242.

Estamos ante estos cuerpos sagrados1243.

Cómo había ocurrido exactamente esa muerte..., es una pregunta que queda en el aire, en espera de que un día, hechos al fin amigos los Tagaeri, puedan contestarla ellos mismos. Todo lo demás son conjeturas.

Y la primera conjetura es que la acometida y muerte fue al poco tiempo de bajar. "Yo creo que los masacraron en el primer cuarto de hora", dice el P José Miguel Goldáraz.

Las lanzas eran de las grandes1244. Cuando las vieron los Huaorani amigos de la misión, dijeron muy convencidos que los habían matados los viejos, porque los jóvenes usan lan­zas livianas.

La multitud de agujeros —tórax, piernas...— se debe, al parecer, a algún rito con su pro­pio significado. Cuando abaten un animal como el jabalí, cumplen un rito de participación. Explica José Miguel: "Los Tagaeri acostumbran a los niños a clavar sobre el cadáver lance­tas para alejar a los espíritus y para hacerlos fuertes. Los padres untan con la sangre a los hijos pequeños en los brazos, en el pecho. Todos pican como avispas. Las lanzas las dejan clavadas. Así queda cogido el espíritu. Pintan las lanzas de rojo en la guerra o muerte". Pero los misioneros preguntaron a los Huaorani amigos si habrían participado mujeres y niños; ellos dijeron que no...

Ahí queda el terrible testimonio del Acta de reconocimiento con el deseo de que un día podamos saber algo más de la verdad.

El Acta puede tener sus complementos. El misionero aragonés Javier Aznárez, sacerdo­te diocesano y médico, fue uno de los que, efectuado el reconocimiento forense, estuvieron actuando sobre los cadáveres hasta las 9 de la noche, limpiándolos, extrayendo gusanos que se habían introducido en las heridas, cosiendo... Relata a sus compañeros de misión que él contó en el cuerpo de Monseñor unos 160 orificios y en el de la Hna. Inés unos 67.

Por parte de las terciarias capuchinas participaron en esta operación médica María Luz Restrepo e Imelda Pérez. La Hna. Imelda, enfermera en el Hospital de Rocafuerte, había su­cedido a Inés en el cargo de superiora. Siete años habían compartido juntas la vida. "Su capaci­dad de servicio ha sido sin límites...", escribió.

Las fotografías de los cuerpos traspasados de heridas, insertas en esta Semblanza (Arries­gar la vida por el Evangelio), son un testimonio escalofriante de verdad y de amor. La paz de los mártires baña sus rostros.

2.8. Funerales.

La Iglesia unida en torno a sus mártires

La cuidadosa limpieza y preparación de los cuerpos acribillados se hizo interminable "A eso de las 10 p.m. llegaron los cadáveres al templo parroquial, donde una gran multitud de fieles y amigos de la parroquia les esperaban

2.9. Juan Pablo II en el Coliseo de Roma.

Los mártires del siglo XX.

Las celebraciones del Jubileo del 2000: Los Mártires Alejandro e Inés junto al Coliseo de Roma (7 mayo 2000)

La magna celebración del Jubileo de la Encarnación, que surge en el horizonte espiri­tual de Juan Pablo II desde el principio de su pontificado, fue una Gran Memoria para toda la Iglesia: un repaso de su historia para dar gracias, pedir perdón y lanzarse al Nuevo Mile­nio.

Un domingo cuaresmal (12 de marzo) el Papa, como portavoz de la Iglesia, pidió hu­mildemente perdón por los pecados históricos de la Iglesia, de los hijos de la Iglesia. Pero con la misma lealtad hubo de dar gracias por los mártires del siglo XX en una celebración ecuménica que se hizo un domingo pascual por la tarde (7 de mayo) junto al Coliseo.  El Papa escogió unos pocos testigos de la "inmensa nube de testigos" (Hb 12,1); entre ellos es­taban los mártires -no romanos- Alejandro e Inés. El Siglo XX, mirando en panorámica la historia de los cristianos, ha sido por excelencia "el siglo de los mártires".

Para esta caravana de testigos cristianos se tomaron dos ejemplos por cada una de estas ocho categorías:

1. Cristianos que han dado testimonio de la fe bajo el totalitarismo sovié­tico. –

2. Testigos de la fe, víctimas del comunismo en otras Naciones de Europa. –

3. Con­fesores de la fe, víctimas del nazismo y del fascismo. –

4. Seguidores de Cristo que han dado su vida por el anuncio del Evangelio en Asia y

Oceanía. –

5. Fieles de Cristo perseguidos or odio a la fe católica. –

6. Testigos de la evangelización en África y Madagascar. –

7. Cristia­nos que han dado su vida por amor de Cristo y de los hermanos en América. - 8. Testigos de la fe en diversas partes del mundo.

***

En el curso de la celebración ecuménica, presidida por Juan Pablo II, tras los ritos iníciales, liturgia de la Palabra y en ella la homilía del Papa, una voz proclama: Cristiani che han-no dato la vita per amore di Cristo e dei fratelli in América.

Era el séptimo título de los ocho de la inmensa pléyade.

En italiano y en inglés se dan los datos esenciales biográficos y se concluye así: "El 21 de julio de 1987 es herido mortalmente junto con la Hna. Inés Arango, ella también misio­nera capuchina, por las lanzas de aquellos a quienes querían anunciar el Evangelio. Encontrándose en Roma en 1965, por el Concilio Vaticano II, escribió a Su Santidad Pablo VI".

Y se lee el texto que ya conocemos:

"... he sentido muy fuerte en mi interior el mandato de Cristo de predicar a todas las gentes, especialmente a estos AUCAS.

6.  Benedicto XVI y las reliquias de los mártires en Roma.

 Las reliquias de Mons. Alejandro Labaka y de Hna. Inés Arango en los altares de los mártires del siglo XX en Roma.

El día 7 de abril del año 2008 tuvo lugar en Roma,  la celebración de los 50 años de vida de la comunidad de Sant´Egidio, uno de cuyos actos conmemorativos fue inaugurar el templo de los mártires del s. XX. El lugar escogido fue en la isla Tiberina, iglesia de san Bartolomé. Y fue el papa Benedicto XVI quien presidió la celebración y quien fue colocando las reliquias de cada uno  de los mártires en su respectivo altar. Desde el Ecuador llegaron las reliquias de Alejandro e Inés: una cruz pectoral que usó el obispo y una sandalia de la misionera. Los encargados de portar estas reliquias fueron los capuchinos Benjamín Echeverría, ministro provincial de Navarra y Adalberto Jimén3ez, ministro viceprovincial de Ecuador. En su homilía el papa destacó algunos aspectos: “ Podemos considerar nuestro encuentro en la basílica de san Bartolomé, en la Isla Tiberina, como una peregrinación a los mártires el s. XX, innumerables hombres y mujeres, conocidos y desconocidos, que a lo largo del siglo derramaron su sangre por el Señor y que hoy iluminan con su luz nuestras vidas… Muchos han sido inmolados por no abandonar a los necesitados, a los pobres, a los que les habían sido encomendados, sin temor a las amenazas y peligros… ¡Qué útil es entonces contemplar el testimonio luminoso de quienes nos han precedido en el signo de una fidelidad heroica hasta el martirio”

Beatísimo Padre: si en los designios de Dios, fuera necesario el sacrificio de alguna vida para llevar a Cristo estas tribus, DÍGNESE OFRECERNOS juntamente con la DI­VINA VICTIMA en Su Santa Misa para que seamos dignos de esta gracia y para obte­nemos una ESPECIAL BENDICIÓN para todos los misioneros y para toda la grey que nos ha sido confiada.

Viene a continuación el segundo testimonio de esta séptima categoría de testigos. Se tra­ta del obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, Misionero Javeriano de Yarumal (Colombia), secuestrado por un grupo de guerrilleros, asesinado el 2 de octubre de 1989, mientras rea­lizaba la visita pastoral a unas parroquias de su diócesis.

Se termina esta sección de testigos con esta plegaria en lengua portuguesa:

"Acuérdate, Padre de los pobres y de los marginados, de todos los que han dado testimo­nio de la verdad y de la caridad del Evangelio en América, hasta entregar el don de su propia vida: pastores celosos como el inolvidable arzobispo Óscar Romero, asesinado en el altar du­rante la celebración del sacrificio eucarístico, sacerdotes generosos, catequistas hombres y mu­jeres valientes, religiosos y religiosas fieles a su consagración, laicos comprometidos en el ser­vicio de la paz y de la justicia, testigos de la fraternidad sin fronteras. Todos ellos han hecho res­plandecer la bienaventuranza de los que tienen hambre y sed de justicia. Que sean saciados con la visión de tu rostro y que sean para nosotros testigos de la esperanza,

Y el speaker comenta: Viene ora accesa ai piedi del Crocifisso la Vil lampada, che ricorda i testimoni dellajede nelle Americhe (Ahora se enciende a los pies del Crucifijo la Vil lámpa­ra, que recuerda a los testigos de la fe en América Latina).

***

Termina esta impresionante Conmemoración ecuménica, mientras los participantes alzan todavía en sus manos la pequeña lámpara prendida en el Cirio pascual. Alejandro e Inés, con sus lanzas, que son lámparas al honor de Cristo pascual, han llevado de la selva amazónica al Coliseo Romano. Con ellos estaban presentes, invisible, los Huaorani, amados hijos y her­manos. Aquel atardecer de mayo del año 2000, iniciaban su camino de gloria hacia la coli­na del Vaticano, junto a la tumba de Pedro.

El Obispo Alejandro y la Virgen Inés, misioneros, están en el corazón de la Iglesia.

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