El martirio

Punto de mira y enfoque

Vamos a narrar en este capítulo el final precioso de Monseñor Alejandro y de la Hermana Inés. Lo llamamos martirio. Entiéndase que sin apoteosis, sin violencia, utilizamos la palabra en un sentido cristiano sencillo, dejando abierta de par en par, por supuesto, la vía del discernimiento a la autoridad eclesial a quien corresponda. Valga esta observación de una vez por todas.

Y de paso digamos también que esta biografía, recalcando "con verdad" lo hermoso de nuestros dos protagonistas, no entra en ulteriores disquisiciones del temperamento de Monseñor, del temperamento de Inés, cuando anteriormenle a la gloria del martirio eran vistos de un modo o de otro, según la libertad de opinión de los humanos. No eludimos la objetividad, sino que describimos "con verdad" (nos parece) la trayectoria de las dos vidas, al final lundidas en una.

Importa que nos detengamos en referir con detalle los antecedentes de esta muerte y las circunstancias que la envolvieron. Hay datos que no se valoran en una información periodística —por lo demás, no siempre se saben—; pero que los consideramos esenciales para la comprensión profunda de la muerte, bajo unas lanzas, de Alejandro e Inés.

Dejando a un lado múltiples actividades que hacen la trama de las ocupaciones de un obispo, nos fijaremos en el cauce de los acontecimientos que han llevado hasta el desenlace. Narraremos hechos. El lector concluirá de su parte si no ha habido acaso una serie de coincidencias providenciales para limpiar esta muerte de cualquier interpretación extraña a la intención constante de los protagonistas, como si Alguien desde el otro lado fuera manejando los hilos para que al final las cosas aparezcan claras e inequívocas.

Desde su llegada a Ecuador Inés había residido casi todo el tiempo en Rocafuerte; salvo los meses iniciales (enero-julio 1977), desde el 4 de agosto del año de su venida Inés estaba en Rocafuerte. Se aproximaba el final del trienio, e Inés pensaba y deseaba que, liberada de su servicio de superiora, quedaría del todo disponible para indígenas y sobre todo para los Huaorani; se siente en plena forma para este ministerio. He aquí un retazo de su corazón en una carta puramente familiar escrita a su hermana carnal Angela para felicitarle el cumpleaños: "... Ya nos hacemos viejitas; no puedo creer que yo esté llegando a la moneda grande como decía mi mamá; aún creo que soy la niña loca como cabra y la verdad es que no me pesan los años. Ya casi termina mi reinado. ¡Bendito sea Dios! Ahora diré viva la libertad. Espero me dejen aquí para dedicarme más de lleno a los indígenas y al apostolado de los Huaorani" (2-II-86).

En realidad la cosa no fue así. Llegados los cambios Inés fue trasladada a Coca y de nuevo con el oficio de hermana superiora de la comunidad. Llegó a su nuevo destino el 21 de enero de 1987. La comunidad de Inés, en la que residirá hasta el final, son estas hermanas: Candela Quijano, Cristina Tamayo y Lucero Giraldo.

Es cierto que estando en Coca estaba al lado de Monseñor; pero este traslado no dejó de ser contrariedad. Si ha de entrar a los Huaorani por el Yasuní, tendrá que bajar primero a Rocafuerte, 300 kilómetros por vía fluvial.

La Nacionalidad Huaorani y sus derechos: última voluntad de Mons. Labaka, "voz de' los sin voz"

En la II Asamblea General del Vicariato, que se celebró en Coca del 16 al 20 de diciembre de 1985, con la participación de Mons. Proaño, Mons. Labaka expuso otra vez el tema de Los indígenas y la tierra. Según leemos en el Boletín "Iglesia de Aguarico" (4, 14):

"En nuestro Vicariato hablamos de indígenas minoritarios en peligro inminente de extinción biológica o cultural. Basta examinar las cifras de población:

Población

Huaorani Sionas Cofanes Shuaras Quichuas Ñapo


Vicariato

100

120

50

500 (?) 7.000 "


Total

600

250

300

20.000

Se volvió al tema sobre "derecho a sus territorios ancestrales". Ya anteriormente Mons. Labaka había redactado lo que podríamos llamar la Carta de los Derechos de la Nacionalidad Huorani (Iglesia de Aguarico 2, junio 1985, 14-16), documento dirigido a la autoridad estatal. El documento termina: "Esperando que sea escuchada-esta "voz de los de sin voz". Muy atentamente, DIOS PATRIA Y LIBERTAD. Fray Alejandro Labaka, Obispo de Aguarico".

Este documento se volvió a recoger en el último Boletín del Vicariato que vio Monseñor (Iglesia de Aguarico 5, noviembre de 1986, 13-15 con mapa en la página 16), que bien podemos considerar como su voluntad definitiva. El preámbulo está más desarrollado, el articulado es el mismo con variantes que no afectan al contenido, y se precisan más detalladamente en el anejo los límites oeste, sur, este y norte del Territorio Huaorani. He aquí la parte central, que es el articulado:

Ante la inminencia arrolladora de nuevos contratos petroleros en la tona del Cononaco del Consorcio CEPE-TEXACO y del nuevo bloque 16, puesto a licitación internacional, la Iglesia del Ecuador presenta los siguientes postulados:

1. Que el pueblo Huaorani tiene derecho a que el Gobierno Nacional garantice su existencia como pueblo con su propia identidad, lengua, cultura, costumbres y utilización de sus recursos naturales a su alcance.

2. Que el pueblo Huaorani, aunque hoy dividido en grupos antagónicos, tiene derecho a ser considerado como una única Nacionalidad y sería una injusticia no propiciar por todos los medios su unidad territorial, dejando marginados a los grupos del Yasuní, Tagaeri y otros posibles.

3. Que el Gobierno Nacional debe proteger los derechos del pueblo Huaorani impidiendo eficazmente la penetración de colonos, explotación maderera, incursiones indiscriminadas para cacería y pesca de pueblos e instituciones circundantes.

4. Que el pueblo Huaorani es una minoría en peligro de extinción biológica y que es deber tanto de la Iglesia como del Gobierno Nacional defender su derecho al reconocimiento legal de sus territorios ecológicamente suficientes para vivir y crecer física y cultu-ramente; que estos territorios los ocupan con pleno derecho de pacífica posesión milenaria y que sería lesionar gravemente ese derecho todo intento de usurpación, desalojo, reubicación forzosa o disminución excesiva de espacio vital.

5. Que el Gobierno Nacional debe conceder gratuitamente toda la documentación necesaria para acreditar sus derechos de ciudadanos ecuatorianos como son:

Partida de Nacimiento, respetando sus costumbres en nombres y apellidos; cédula de identidad, cédula tributaria, libreta militar; matrimonio civil, etc., etc., todo aquello que les facilite el acceso a los beneficios sociales pero permitiendo legalmente que vivan dentro de sus territorios de acuerdo a sus costumbres y cultura sin ser coaccionados a formar parte de organizaciones ajenas a sus tradiciones y sistema social.

6. En fin, solicitamos que el Gobierno nacional adjudique al pueblo Huaorani los títulos de la tierra en forma colectiva global y fuera siempre de los terrenos asignados al Parque Forestal Yasuní.

7. En consecuencia de cuanto antecede proponemos los siguientes límites aproximadamente al plano adjunto: Nacionalidad Huaorani; su territorio. Nacionalidad Huaorani; descripción de los límites.

Este es el sentir de Monseñor Alejandro Labaka, Vicario Apostólico de Aguarico, que tiene carta de ciudadanía ecuatoriana desde noviembre de 1967 (Reg. Civil, t. 5, p. 248, acta 77), y éste es el sentir de los misioneros y misioneras del Vicariato.

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