La Hna. Inés escribe a su Superiora General

Tenemos una carta que el día 27 de marzo escribe Inés a su Superiora General, Hna. M.a Elena Echavarren, que tras el capítulo general de septiembre-octubre de 1985, ejerce este cargo. Merece trancribirla por entero.


PAZ Y BIEN.

Apreciada Hermana Elena: Siendo esta la primera vez que me dirijo a Ud. y por consiguiente también Ud. primera vez que sabe algo de esta Hna, quiero saludarla y desearle muy sinceramente en Cristo: que El sea su apoyo, su fuerza y quien le ilumine y le ayude a discernir su voluntad en cada circunstancia, momento y persona.

Soy misionera en la actualidad en tierras Ecuatorianas desde hace diez años; pero desde siempre, desde mis primeros años de infancia abrigaba la ilusión de morir en campos de misión netamente indígena como tengo la oportunidad ahora.

Estos diez años los he pasado en Nuevo Rocafuerte y allí conocí un pueblo entre todos el más primitivo, aún viven casi todos desnudos pues apenas empiezan a salir a la civilización; fui una de las primeras religiosas que entré a ellos y he pasado todo este tiempo esforzándome por aprender su lengua, costumbres, creencias y haciendo lo posible por una efectiva inserción a ellos; es ahora cuando apenas sí se puede empezar a trabajar por una Evangelización inicial.

Desde siempre mi deseo era ir al África o al Asia pero desde que conocí este pueblo me ha parecido que también ellos tienen derecho a una posible Evangelización y que además por ser una minoría son muy pocos los que quieren gastar sus energías por ellos. Muchas veces he pedido y deseado me den una compañera para trabajar juntas pero la Provincia a-pesar de querer hacerlo no ha podido, ya que todas no somos para todo y hay que reconocer que para ir a ellos se requieren muchísimas cosas: buen estómago, buena salud, muchísimo amor a ellos; no tener miedo a la selva porque es dentro de la selva donde ellos están y en fin mucha resistencia física y esto fuera del buen espíritu al que aspiro de verdad y este creo qué se adquiere lentamente porque no podemos ser perfectas.

Tengo cincuenta años próximos a cumplir y no quiero desperdiciar ni un día de mi vida ya que tengo buena salud y resistencia física a pesar de que soy demasiado delgada pero esto es una ventaja para la agilidad que se necesita en el monte y en el río. Ahora he sido trasladada de casa a mucha distancia de ellos pero nada me hará desistir de mi deseo de trabajar por este pueblo y es por eso que ahora le suplico me conceda el permiso de estar entre ellos el mayor tiempo posible. Puedo estar en cualquiera de las comunidades porque es bien claro que no puedo estar allí más de veinte días, salir, descansar ya que la selva agota, el -alimento es reducido y en fin además reforzar el espíritu en la comunidad. Quiero estar muy de lleno con ellos para empezar la Evangelización. Ahora han descubierto otro grupo de esta familia Huao-rani a la que nadie ha podido llegar debido a que aun son salvajes y peligrosos pero desde el mes entrante empezaremos a volar en helicópteros para que una vez se vea aceptación de su parte bajar y conversar con ellos y poderlos acercar a los otros que les temen inmensamente. Gracias a Dios el Obispo ya conoce su lengua y yo poco pero creo que ya me puedo entender.

Una vez más le ruego me conceda el permiso de dedicarme a ellos; no pido nada fuera de lo previsto por el Capítulo; inserción entre los más pobres y ¿quién más que ellos? Me dirán: ¿y la COMUNIDAD? No quiero alejarme de ella, quiero mi congregación en la que he vivido feliz 33 años y por lo cual espero ahora me apoye en algo que no es capricho ni algo mío, creo que es obra de Dios y de la Iglesia y un llamado a mí muy personal y no de ahora sino de siempre.

No quiero llamar la atención ni pasar por heroína; detesto la propaganda, los escritos y además ya hubiera podido hacerme popular por este medio pero no es mi fin, no es mi objetivo; es sencillamente seguir lo que siempre he amado, buscado y que no importe que a mi edad lo haya encontrado pero repito no quiero desistir de mi intento.

Ya pedí permiso a la provincial hace tres meses pero aun la provincial no me contesta. Espero con paciencia y mientras, desde aquí voy en helicóptero con el Obispo y algunas veces con alguna hermana que se quiera arriesgar. Monseñor busca una seglar que me acompañe si es que no puede ir ninguna de las Hnas.

De esto saben algunas hermanas del consejo general como son la Hna. Silvia, la Hna. Myriam Mercado, que muy bien me conoce, la Hna. Adela; yo espero que con el consejo estudie este caso lo más pronto y me den la respuesta que espero sea positiva, porque desde siempre me preguntaba: ¿qué será de mí cuando me saquen de Rocafuerte? Y pensaba que algún día tendría que lanzarme por mi cuenta así tuviera que morir sola entre ellos.

Anticipadamente le agradezco la ayuda que me pueda prestar. Reciba mi fraternal saludo, mis oraciones y espero me encomiende en las suyas.

Esta carta iba acompañada de otra de Monseñor, del día 29 de marzo, que decía:

"Acaba de consultarme la Hna. Inés Arango sobre sus deseos y la posibilidad de realización en la evangeliza-ción de los Huaorani.

A este respecto, me atrevo a sugerir los siguientes puntos:

Por el Convenio mutuo está encargada especialmente a las TT. CC. la corresponsabilidad en la evangelización de esta minoría en peligro de extinción y, como la Hna. Inés se ha especializado en su trato y en el aprendizaje de su lengua y costumbres, se puede acceder a su petición.

La fórmula de concesión podría proponer:

1. Que la obra sea aceptada por la Comunidad en que la Hna. Inés esté destinada.

2. Que la Hna. Inés se ponga de acuerdo con la Comunidad sobre los períodos de vida de inserción entre los Huaorani y los de su Comunidad.

3. Para los tiempos en que la Hna. Inés no puede ser acompañada por otra Hermana o por algún Padre Misionero,se haga lo posible para que la acompañe, al menos, alguna misionera seglar. Quiero aprovechar esta oportunidad para manifestarle mi satisfacción por la obra evangelizadora que su Congregación realiza en este Vicariato Apostólico de Aguarico".

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