¡Preparados!

"De verdad, Inés, ¿no te da miedo?"

El día 17, viernes, Inés se encuentra en Quito, adonde acaba de regresar de Bogotá. Allí recibe una llamada telefónica de Monseñor, quien le anuncia que el lunes, día 20, bajarían los dos a los Tagacri. Será un primer encuentro de un par de días. Con ellos y sirviéndose de los mácheles que han lanzado limpiarán un trozo de selva para hacer un helipuerto, y salvado este primer contacto, luego se continuarán las visitas normales de amislad. Así piensa Monseñor.

El día 18, sábado, Inés enire sus hermanas terciarias capuchinas de Quilo, en la ciudadela Andalucía, se encuentra dispuesta y deseosa para el regreso a la misión.

Regresa radiante. "Venía feli?.,pucs se sentía apoyada por sus hermanas y confirmada en su vocación —escribe el misionero de Coca, párroco de la población, P. Roque Grande?..— Las hermanas capuchinas Comenzaron a vivir con intensidad el hecho de que su hermana Inés iba a entrar por primera ante los temibles Tagacri. Vivían la seriedad de la hora, atisbaban el peligro, la posible muerte. Le preguntaron siempre si tenía miedo y si por casualidad muriera...; la conversación se repetía en las tres comunidades de la zona (Coca, San Pedro de los Cofanes, Shushufindi). Y ella siempre respondió serena y tranquila: que estaba contenta, y en el peor de los casos si tuviera que morir, moría feliz... El domingo se confesaba con Monseñor mismo".

Marta Oliva Giraldo A., de la comunidad de Shushufindi, recuerda el paso de Inés por su comunidad capuchina de Shushufindi. "Inés, siempre ibas de prisa, tenías mucho que hacer por los hermanos, tu proyecto de vida es servir. Pero nunca te vi con tanta prisa como el día 19 cuando te apresurabas a alcanzar tu corona en tu primero y definitivo viaje a los Tagaeri. Sin embargo viniste a nuestra casa para traernos las buenas noticias del congreso misionero; pero tu gran noticia era tu viaje a los Tagaeri. Sólo pasaste con nosotros 20 o 30 minu-tos.pero vividos intensamente. Nos dijiste que al regreso de los Taga vendrías a pasar con nosotras un día completo...".

En la residencia de Coca, donde estaba el Obispo, había confianza en el buen resultado. Y el P. Roque Grández... (si el lector ha llegado a sospechar que este nombre tiene algo que ver con el autor de las presentes páginas, sepa ahora que es hermano de sangre y profesión) sigue su relato: "Yo vivía el entusiasmo y la alegría de Monseñor al acercarse la hora; más aún, con sencilez le manifesté el deseo de acompañarle si él lo quería, a lo que muy sencillamente me indicó que no hacía falta, pues ya iban dos... Monseñor poseía una confianza absoluta sobre el éxito de la empresa; estaba confiado en sí mismo,pues conocía la lengua para entenderse y llevaba consigo a Inés, que siempre la mujer es señal de paz, de bien; y esa confianza nos la transmitía a los demás sin darse cuenta".

José Miguel, muy cauto, el misionero que les había de arrancar las lanzas, no participaba del mismo entusiasmo. Ni tampoco los cuatro Huaorani del Yasuní que aquellos días estaban de visita en la misión.

Dice de nuevo Roque: "Precisamente su padre, Inihua, que se encontraba allá era quien le aconsejaba muy seriamente que no bajase, que le habrían de matar. Igualmente se manifestaba así en la casa de la Hermana Inés, donde pasó toda la tarde del domingo con las hermanas. Expresaba que no había que bajar, porque les habían de matar, y que en todo caso él quería ir, pues había de decirles que no les matasen, pues son buenos y Huinuni (el Dios Huaorani) prohibe matar. No tomábamos en serio las recomendaciones de Inihua, pensando que él estaba discurriendo desde otra perspectiva y desde otro nivel. Con todo la víspera de la bajada durante la cena Inihua pedía a su hijo, Monseñor, acompañarle para que no lo matasen. Monseñor no supo qué decirle; con toda suavidad, sonriente, le manifestó que le llevaría la próxima vez".

Un detalle muy simpático del domingo día 19. Lo contaba la religiosa Misionera Dominica del Rosario, del km. 30 Vía de los Aucas, Elvira Fernández, cuando el día 22 hablaba por Radio Católica de Ecuador. "El domingo Monseñor Alejandro le llevó a su padre Inihua a un Salón de belleza para que le cortaran el pelo y le hicieran la barba, porque él quería hacerse la barba como los demás; y él mismo le ha dado mil sucres y le ha dejado en una barbería. Y los otros jóvenes han querido hacer lo mismo, y les ha dado plata, y reuniendo entre ellos se han comprado una radio. Yo los he oído durante toda la noche, a las 11, con la radio prendida".

La Hna. Laura Fernández, compañera de Inés durante diez años, del primer grupo de terciarias capuchinas que llegó a la misión, nos ha dejado escrita la despedida de Inés.

"— Laura —le dice Inés—, me voy para los Tagaeri.

— ¿No tienes miedo? ¿Y si te matan?

— Ah, tranquilas, muero feliz.

Esto sucedía el domingo, día 19, mientras buscaba el plástico para la cama de Monseñor.

Viteri, jefe de personal de la CGG, comenta con Betti que el día 19 se despidió: "¡Hasta siempre!", como si pre-sentiera su muerte.

El día 20 Inés quiso entregar a Monseñor un regalo (una pluma Parker) que le habían mandado las hermanas de Inés. Monseñor le indica que ahora no se preocupe de eso.

El día 19 va a despedirse de todos: seglares, madres, padres... Cuando le preguntan "¿Hasta cuándo?, responde "Hasta nunca".

El 19 por la noche fui a su pieza y la encuentro arreglando todo. Me dice:

— Tengo que dejar todo arreglado.

— Y ¿no te da miedo entrar a los Tagaeri?

— No, Laura. Si muero, muero feliz. Ojalá me dejen en la selva.

Inés se arrodilló y me dijo:

— Esta ropa me la han regalado mis familiares; es para los Huaorani.

Nos abrazamos y salí de su pieza. Pero regresé inmediatamente y le dije:

— De verdad, Inés, ¿no te da miedo?

— No, me dijo; porque si muero, muero como y donde se lo pedido al Señor

"Si muero, me voy feliz"

En la habitación de Inés, tras la muerte, se encontró una pequeña hoja, escrita de su puño y letra. Era su última palabra, su testamento, y decía así:


En casó de muerte:

El dinero que queda es así. Colombiano de mis hermanas, Angela y Ana Isabel y 2.000 Pesos de Roque. 4. (= 4.000) sucres debo a Gabamo por motorista. 5.000 me había dado Imelda y no los gasté. El resto de los 25.000 que me dieron en Rocafuerte para lentes, dientes, etc. que lo empleen para aucas y pobres.

Si muero me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mí, no busco nombre... ni fama. Dios lo sabe.
Siempre con todos
Inés.

Es claro que Inés tiene conciencia de que puede morir, porque una hoja así no se escribe sino ante una posibilidad cercana.

Inés afronta la muerte con paz, con serenidad, e incluso con felicidad en su total despojo.
Además Inés nos promete su compañía:
Siempre con todos
Inés.

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