¡Alejandro e Inés con los Tagaeri!

Volvió el helicóptero a la base con tres hombres de tripulación, vacío de regalos. Alejandro e Inés ya estaban con los Tagaeri en un punto ubicado entre los ríos Ti-güino y Cachiyacu, en la provincia de Pastaza, cerca del área del Cononaco, en la zona del Bloque 17 para la exploración petrolera. ¿Cómo había sido?

El episodio visto desde el helicóptero fue, según la carta que escribió Roque al P. Domingo Labaka (30-VII), de esta manera:

"Y a la vuelta me contaron lo ocurrido.

Llegaron y lo primero que hicieron después de dar una vuelta y hacerse presentes fue echar los paquetes de regalos que habían llevado: ollas, machetes, hachas y algo de comida para compartir, como arroz, papas y plátano verde. Al echarlos salieron de la choza y fueron

tranquilamente por el camino hacia el lugar. No llevaban lanzas y había más de 200 metros desde la choza hasta el lugar donde echaron los paquetes.

El helicóptero tomó vuelo, dio una vuelta y se colocó como a 3 metros del suelo para bajar a Monseñor e Inés con la grúa. Y bajaron poco a poco. En ese momento, que los Tagaeri estaban muy, muy cerca del helicóptero se replegaron, se dispersaron y se escondieron. Algunos sencillamente se agacharon y como que cubrían su cuerpo y cabeza con brazos y manos. Los dos estaban en el suelo y el helicóptero se elevó separándose del lugar, alejándose para volver como a los 5 minutos.

Volvieron y encontraron el lugar casi como lo habían dejado. Monseñor y la Madre Inés estaban a pocos metros del lugar donde habían bajado, y los Tagaeri no se acercaban y todavía estaban ocultos.

Al ver esta situación el helicóptero se alejó definitivamente, no sin antes ver que tanto Monseñor y la Madre Inés llamaban como a gritos, con las manos puestas de bocina junto a la boca, a los Tagaeri. Sabemos lo que entonces estarían diciendo, al modo de los Huaorani:

— Hemos venido.

— Estamos aquí.

— Somos amigos, etc.

El helicóptero se recogió en un campo de apoyo dentro de la selva, se aprovisionó de combustible y esperó un tiempo para volver a ver cómo les había ido a Monseñor y a la Madre Inés.

Habría pasado como media hora, y fueron, pero se perdieron, no dieron con la choza. ¿Incomprensible? Sí, pero fácil de entender. Sencillamente se equivocaron de río, como punto de referencia. Dieron vueltas y vueltas y no encontraron la choza. Nadie sabe explicar por qué no intentaron de nuevo volviendo al campamento de apoyo y comenzando de nuevo la operación. Seguramente que el jefe de la CGG también estaba contagiado de la seguridad y confianza que irradiaba Monseñor. Yo mismo les pregunté si tenían intenciones de volver esa tarde, y me contestaron que no, que tenían programados otros trabajos".

El misionero regresó a Coca. De camino, en el km. 30, se detiene para contar a las Dominicas los episodios del día.

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