Acto académico sobre Alejandro Labaka

Vitoria 28 de marzo de 2012

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El día 28 de marzo, miércoles, ha tenido lugar en la Facultad de Teología de Vitoria un acto académico para profundizar sobre la figura de Alejandro Labaka, con motivo del veinticinco aniversario de su muerte martirial junto con la hermana Inés Arango (alanceados por los Tagaeri).

La media jornada de estudio (de 11 a 13.30 hs.) se ha celebrado a instancias del profesor de la Facultad y capuchino Fidel Aizpurúa, y ha quedado enmarcada en las celebraciones que irán teniendo lugar a lo largo de este año para conmemorar el cincuentenario de la celebración del Concilio Vaticano II, pues en su cuarta sesión (septiembre‐diciembre 1965) participó Alejandro Labaka como Prefecto Apostólico de Aguarico.

Después de una breve introducción sobre la vida de Alejandro Labaka y su participación en el Concilio Vaticano II, expuesta por el decano de la facultad, el salesiano Carlos García Llata, las reflexiones sobre Alejandro giraron en torno a su escrito Crónica Huaorani, y así la jornada tuvo como título: La “Crónica Huaorani” de Alejandro Labaka Ugarte: Misión viva en tiempos de secularidad. Cuatro conferencias de media hora cada una, que serán publicadas próximamente por la Facultad, centraron la reflexión. 17 PdE

La primera estuvo a cargo del profesor de Sagrada Escritura de la Facultad, José Antonio Badiola, y llevó por título: Las raíces bíblicas de la misión en la “Crónica Huaorani”. El ponente, con un gran calor y participación, manifestó la emoción que le había producido la lectura de la Crónica, subrayando que en dicho escrito no se encuentran muchas citas textuales de la Biblia, pero sí se pueden rastrear muchas alusiones indirectas.

Muy sugerente resultó la interpretación de las dos citas textuales que contiene el escrito. La primera es del libro del Génesis, cuando se habla del hombre y la mujer que estaban desnudos en el jardín, evocadora de su desnudez entre los huao, y la última del juicio final del evangelista Mateo, cuando se afirma que el Reino será de los que hayan dado un vaso de agua al sediento o pan al hambriento, reflejo de las gentes entre las que se encontraba. Estas dos citas enmarcan misteriosamente la creación bondadosa y providente de Dios, la selva‐jardín de los orígenes donde reinaba la inocencia original no contaminada.

Seguidamente intervino Fidel Aizpurúa, con una reflexión titulada: Una nueva idea de misión en la “Crónica Huaorani”. Fidel desarrolló sobre todo la idea, constantemente repetida en la Crónica, de las semina Verbi, tema que posteriormente quedó inscrito en el escudo episcopal de Alejandro. Esta idea de Alejandro era deudora, al menos en gran parte, del concilio, que había recuperado la teología de San Justino sobre el “logos spermatikós”, cuando habla de la inculturación de la fe cristiana y del diálogo con las culturas y con otras religiones, sobre todo en el decreto sobre el apostolado misionero Ad Gentes. Alejandro buscaba y rastreaba con auténtica pasión las semillas del Dios único y verdadero en la cultura de los Huao, con quienes contactó y congenió de forma ejemplar y paradigmática. Fidel salpicó su ponencia con recuerdos personales sobre Alejandro e insistió en que la “Crónica Huaorani” debe ser considerada como un escrito constitutivo y fundacional de la Iglesia de Aguarico, de su tradición eclesial.

La tercera ponencia estuvo a cargo de Guillermo Múgica, sacerdote y teólogo de la diócesis de Pamplona, y trató sobre la eclesiología de la Crónica. Guillermo resaltó la idea de que Alejandro no había sido un ‘llanero solitario’, sino un pastor cuya labor se enmarca en la estela de otros grandes pastores de América Latina, como Leónidas Proaño, Helder Cámara, Pedro Casaldáliga, Monseñor Romero, fruto del concilio, de las asambleas del episcopado latinoamericano (Medellín, Puebla) y de la renovación de la Orden capuchina, que celebró su primer Consejo Plenario en 1968, en Quito, sobre temas de pobreza y evangelización.

La eclesiología que rezuma la Crónica es una eclesiología que parte de la base, del pueblo, y es de comunión, ecuménica y misionera. Además esta eclesiología, porque se da una muerte de la cultura y eclesiología dominantes, una kénosis, un desnudarse (Alejandro no murió desnudo, sino vestido con la vestidura huao), se convierte en eclesiogénesis, en vida resucitada y nueva.

Por último habló Miguel Ángel Cabodevilla, capuchino y misionero que vivió con Alejandro los últimos años de su vida en el vicariato de Aguarico, testigo de todos los sucesos que rodearon la muerte, propter evangelium, de Alejandro. Miguel Ángel tituló su ponencia con estas palabras: La “Crónica Huaorani” puente entre culturas. Con su verbo ágil y acerado y con un ‘power point’ fotográfico ilustró al auditorio sobre la problemática social y cultural que tuvo que afrontar Alejandro en Aguarico con motivo de la llegada de la explotación del petróleo y de numerosos colonos, lo que ha supuesto un cambio radical en la vida de la selva y de sus naturales moradores (los huao, tagaeri, etc.), aunque (y también por eso mismo) sean grupos minoritarios no contactados hasta estos años.

Al final se dio la posibilidad de entablar un diálogo con los ponentes, en el que destacó la intervención del mayor especialista en la vida de Alejandro, su biógrafo Rufino Mª Grández, capuchino residente en México.

En el acto se hicieron presentes los obispos dimisionarios, vicarios apostólicos del vicariato de Los Ríos, D. Víctor Garaigordobil y D. Jesús Martínez de Escoriaza, y del vicariato de Sucumbíos, el carmelita P. Gonzalo18 PdE López, los tres buenos conocedores y compañeros de Alejandro Labaka en la conferencia episcopal ecuatoriana. También se hicieron presentes en el acto el prelado de la diócesis de Vitoria, D. Miguel Asurmendi, nuestro ministro provincial, Benjamín, la hermana provincial de las terciarias capuchinas, Isabel Valdizán, que es también la biógrafa de la hermana Inés Arango, y algunos capuchinos y terciarias capuchinas. Que la sangre de tan insignes mártires, derramada no “in odium fidei”, pero sí por amor a Cristo y a su evangelio (propter evangelium), nos lleven a una adhesión más fuerte a Jesús y a su proyecto evangélico de vida.

José Ángel Echeverría

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