El puente llevará su nombre…

altAsí se tituló una película ecuatoriana, realizada en 1996, que relataba la vida de Monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Ese puente es este, sobre el que estamos hoy celebrando con luz y alegría, recordando los 25 años de sus muertes. Se construyó en 1974, cuando empezaban los trabajos petroleros en nuestra zona. Ahora luce inútil, deteriorado por el excesivo tráfico de los últimos tiempos y clausurado ya por el nuevo y majestuoso puente, muestra del progreso actual y de la riqueza petrolera.

Para quien conozca la historia reciente de este lugar, este puente podría ser una oportuna y desolada parábola. Le dieron –aunque nunca pusieron la placa recordatoria- el nombre del obispo que murió lanceado. Éste siempre se empeñó en unir orillas distantes, gentes enfrentadas; pero lo cierto es que el puente ha sido mucho más un vehículo para la invasión atropellada, que para la amistad y el entendimiento. Ahora se cae de viejo y, al mismo tiempo, casi nadie recuerda quién fue el personaje con cuyo nombre se le bautizó.

Se pueden encontrar algunas razones para este olvido. La ciudad se ha quintuplicado desde la muerte de Alejandro Labaka. Su población de inmigrantes recientes es sorprendentemente joven; más del 50% de la actual tienen menos de 20 años. Por tanto no habían nacido cuando Alejandro e Inés murieron. Estos ciudadanos actuales desconocen, fuera de muy pocas excepciones, la historia reciente de la ciudad; mucho más la pretérita. Se asombrarían al saber que la próspera capital apenas tiene 53 años de vida y que fue fundada por capuchinos españoles o que se inició en una frontera de guerra, cuando a uno y otro lado del Napo indígenas de etnias enfrentadas luchaban por la tierra. El río, entonces sin puente, era una frontera muy peligrosa. La lucha entre los habitantes de ambas márgenes iba en serio y se cobraba en vidas.

Nadie guarda memoria de los muertos en ambas márgenes del río Napo. Ni de los cambios que, luego de la construcción del puente, llegaron a estas tierras. Tampoco se recuerda el documento que la Municipalidad de Coca suscribió, con fecha 23/7/1987, tras la muerte de los misioneros Alejandro e Inés: “recomendar su nombre a las generaciones futuras, como ejemplo de honestidad, trabajo, capacidad y sacrificio supremo, en aras del amor por sus hermanos”. Lo proclamaron así de solemne y se olvidaron. La recomendación quedó en retórica.

Este puente marca un hito histórico. Y también es un hito arquitectónico. Nos recuerda un antes y un después de esta aldea que se convirtió en la ciudad próspera que es en la actualidad. Nos recuerda el inicio del progreso petrolero. Nos recuerda, también, el ingreso descontrolado a los territorios indígenas y al parque Yasuní, que decimos defender.

Hoy, al conmemorarse los 25 años de la muerte de Alejandro Labaka e Inés Arango, y aquí, sobre este puente que llevaría su nombre, misioneros, ciudadanos y ciudadanas, indígenas, colonos y mestizos, jóvenes, hombres y mujeres habitantes de Coca, nos pronunciamos.

Consideramos:

Que el Gobierno Municipal de Francisco de Orellana tiene, de acuerdo al COTAD, entre sus competencias, proteger y cuidar el patrimonio de la ciudad.

Que, en el concurso del nombre del nuevo Puente sobre el Río Napo el nombre de “Alejandro Labaka” tuvo una altísima puntuación (más de seis mil votos frente a 7 mil votos que tuvo El Majestuoso Puente sobre el Río Napo), como muestra del afecto que los ciudadanos y ciudadanas de Orellana tienen por el misionero.

Que tenemos la obligación de guardar la memoria y respetar la historia de nuestros pueblos amazónicos.

Solicitamos:

Que el antiguo Puente sobre el río Napo sea considerado parte del patrimonio arquitectónico de Francisco de Orellana.

Que el Ministerio Coordinador de Patrimonio intervenga con una Declaratoria de Patrimonio para evitar que se destruya y que a la vez, sea un homenaje Alejandro Labaka e Inés Arango, defensores de esa gente que está y siempre estuvo, en la otra orilla, selva adentro: el pueblo waorani, tagaeri y taromenani.

Que, por respeto a la memoria y a la historia, debe colocarse en el puente la placa que ha estado pendiente desde hace 25 años, en la que se recuerde a Alejandro Labaka e Inés Arango y su heroica gesta de defender a los más débiles y de tender puentes entre las distintas culturas amazónicas.

Nos comprometemos:

Como ciudadanos respetuosos de la historia y de la memoria, a recoger firmas e insistir frente a las autoridades, locales y nacionales, en nuestra propuesta de mantener, cuidar y rehabilitar este espacio de la ciudad que bien puede ser un paso peatonal y un hito arquitectónico que embellezca la ciudad.

A apoyar al Gobierno Municipal de Francisco de Orellana y al Ministerio Coordinador de Patrimonio, con ideas y propuestas para su conservación, rehabilitación y cuidado.


A los 25 años de la muerte de Alejandro Labaka e Inés Arango,

En Coca, 20 de julio de 2012

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