ALEJANDRO E INÉS:

DOS MENORES QUE ENTREGAN LA VIDA

(Congreso en la Escuela Superior de

Estudios Franciscanos de Madrid,

26-28 de abril de 2013)

Ponencias, comunicaciones y testimonios

 

PRESENTACIÓN

Al cumplirse el vigésimo quinto aniversario de la muerte martirial de Alejandro Labaka, obispo capuchino de Vicariato del Aguarico (Ecuador), y de la Hna Inés Arango, terciaria capuchina de Colombia, acaecido el 21 de julio de 1987 se han organizado eventos a ambos lados del océano para confirmar que el recuerdo y el legado espiritual de estos dos menores que entregan la vida sigue vivo.

En marzo de 2012 tuvo lugar una jornada académica en la Facultad Teológica de Vitoria (España). En mayo del mismo año un Congreso en la Universidad Politécnica de Quito (Ecuador) de toda una semana se centró en estas figuras emblemáticas de la Iglesia ecuatoriana y de las repercusiones sociales de su obra.

Este volumen recoge ahora las ponencias, comunicaciones y testimonios del Congreso organizado en Madrid (España) por la Escuela Superior de Estudios Franciscanos (ESEF) que tuvo lugar del 26-28 de abril de 2013. Este Congreso quiso unir la reflexión a través de ponencias y comunicaciones, junto con los testimonios y las vivencias misioneras de un amplio panel de religiosos/as y laicos que, en varias mesas redondas y talleres, expusieron tanto su visión de la misión hoy como de las posibilidades que se abren a la misma en este comienzo del milenio.

La ponencia inicial de este volumen (a cargo de Fidel Aizpurúa) quiere hacer ver que la profecía misionera de Labaka contribuye a generar un nuevo paradigma misionero en la Iglesia del tercer milenio. Las raíces de la evangelización del obispo misionero quedan de manifiesto en el análisis de su uso y vivencia de la Escritura reflejados en las páginas de la Crónica huaorani (análisis realizado por el biblista José A. Badiola). La posibilidad de considerar a Alejandro Labaka como uno de los “padres” de la teología latinoamericana es presentada con profundidad y posibilidad en la tercera de las ponencias (Guillermo Múgica). Y la cuarta ponencia glosa el perfil espiritual y misionero de Inés Arango (a cargo de Isabel Valdizán).

Por su parte, la comunicación sobre los pueblos no contactados que abrió el Congreso puso el marco social a todo el trabajo realizado estos días (Miguel A. Cabodevilla). Y, con preocupación actualizadora (distintivo de la ESEF), se dibujó cómo ha de ser la cooperación hoy a ambos lados del océano (Xavi Parra).

Los testimonios de los compañeros de Alejandro e Inés, vivos y animosos, pusieron la nota cálida a un Congreso sobre personas entregadas (Manuel Amunárriz y Lino Tagliani).

Con agradecimiento a todos los participantes en el Congreso, a los superiores generales de los Capuchinos y de las Terciarias Capuchinas que, así como a Jesús Estaban Sádaba, obispo del Vicariato, se hicieron presentes en sendos videos, a los ponentes y participantes de las mesas redondas, a todo aquel que contribuyó al buen éxito de este evento, ponemos en sus manos las actas del mismo.

Queremos dedicar explícitamente este volumen a todos los hermanos y hermanas misioneros, laicos y religiosos/as, que siguen viviendo y ofreciendo el Evangelio en las selvas heridas del Oriente Ecuatoriano. Sin ellos, estas páginas serían letra muerta.

Fidel Aizpurúa

ESEF-Madrid

APERTURA

1

ALOCUCIÓN DEL MINISTRO GENERAL

DE LOS HERMANOS MENORES CAPUCHINOS

Queridos hermanas y hermanos participantes en el congreso sobre Alejandro Labaka e Inés Arango: Que el Señor os de su paz

Han pasado ya 25 años desde aquel fatídico 21 de julio de 1987 en el que Inés y Alejandro entregaron definitivamente su vida. Su muerte, al estilo de Jesús, fue consecuencia de su forma de vivir. Su santa obsesión por servir a los últimos, por querer visualizar a los invisible, por dar voz a los pobres y excluidos, por crear otro tipo de relaciones fraternas y evangélicas trasformó su vida en un precioso canto de entrega a Dios y a los hermanos. Murieron para que otros tuvieran vida.

El 29 de noviembre de 2009, recordando el bicentenario de otro magnífico capuchino, el cardenal Guillermo Massaia, misionero en Etiopía, escribí una carta a toda la Orden para recordar a todos y a cada uno de los hermanos que la Misión es el corazón de la Orden Capuchina. La fuerza misionera radica en el amor y se fortalece si se aprende a mirar mas allá de los proyectos personales o de los propios deseos y con humildad nos ponemos al servicio de Aquél que nos ha llamado.

En mi corazón guardo una preciosa descripción de la identidad del hermano menor capuchino: ser capuchino es estar dispuesto a ir allí donde ninguno quiere ir. Lo podemos verificar en Inés y Alejandro que tuvieron el coraje de ir a los colectivos más desfavorecidos, a los pueblos “no contactados”. Cuántos misioneros capuchinos de la Península Ibérica a lo largo de la historia hicieron este mismo camino: dejando todo se atrevieron a vivir el evangelio en fraternidad con los últimos.

No debemos conformarnos con mirar al pasado. Nuestra memoria no sirve de nada si no impulsa nuestro futuro. No se puede ser capuchino sin ser misionero, sin ser solidarios con todo lo que somos y tenemos para que el proyecto de la evangelización sea un auténtico proceso de humanización, donde cada ser humano pueda percibir que el Reino de Dios está cada vez más cerca y es más real. Que este congreso sea una oportunidad para estimular nuestra generosidad y para vencer el miedo a entregarlo todo, al estilo de Jesús, como Inés y Alejandro.

Un saludo especialmente cariñoso a las Hermanas Terciarias Capuchinas con las que compartimos, desde los inicios de su fundación por nuestro hermano Luís Amigó, vocación y misión. Tantos lugares del mundo son testigos de nuestro común servicio fraterno al evangelio. Que juntos podamos seguir recorriendo nuevos caminos.

A la Escuela Superior de Estudios Franciscanos manifiesto mi deseo de que sigan prestando este servicio formativo a la familia franciscana española y a nuestras conferencias de América Latina. No olvidar nunca que todos los frutos del estudio y la reflexión alcanzan su madurez dentro de la fraternidad, y que una fraternidad alcanza su madurez cuando es capaz de salir de sí hacia las periferias, tal y como le gusta subrayar a nuestro Papa Francisco.

Que estos días del congreso sean días estimulantes para alimentar una vez mas nuestros sueños misioneros. Os deseo unos frutos abundantes.

            Para todos mi saludo fraterno y mi bendición

                                   Fray Mauro Jöhri

                                   Ministro General OFMCap

 

2

SALUDO DE LA SUPERIORA GENERAL

DE LAS HERMANAS TERCIARIAS CAPUCHINAS

DE LA SAGRADA FAMILIA

Me dirijo, en primer lugar, al Padre Benjamín Echeverría, Ministro provincial de los PP. Capuchinos de España, por su cordial invitación, mediante Hna. Isabel Valdizán, a hacerme presente a este magno acontecimiento; al no ser posible, lo hago por este medio; de igual manera, a las autoridades eclesiásticas y civiles; a mis hermanas Terciarias Capuchinas, a la Familia Franciscana, a los aquí presentes y a todos los que han contribuido en su organización (ESEF).

Gracias, P. Benjamín Echeverría y, en usted, a todos los Padres Capuchinos de España por su osadía en la organización de un Congreso donde uno de sus objetivos a desarrollar es presentar, profundizar y dar a conocer como buena noticia la vida de Monseñor Alejandro y la Hermana Inés. Realmente lo son, porque fueron pioneros llevando a la praxis, con su propia vida, el mandato evangélico de Jesús, al igual que lo expresara en su tiempo Francisco de Asís: “vayan al mundo y prediquen el Evangelio y, si es necesario, usen también la palabra”.

Alejandro e Inés vivieron a plenitud esta invitación entregando su vida en silencio por la única razón de ser voz de los que no tenían voz, los indígenas Tagaeri en el Ecuador, y por defender sus derechos ante el poderío de las petroleras que querían aplastar la selva y, con la selva, su cultura, su identidad, su arraigo a la madre tierra. Razón que nos permite llamarlos pioneros del Evangelio, aunque quizá para otros, resulten incómodos, criticados o incomprendidos por ser diferentes, camino común de los profetas de todos los tiempos.

Dicho lo anterior, considero importante que el Congreso quiera “hacer, de su mano, una reflexión sobre la misión al estilo de Jesús", pues todos los días, somos espectadores, gracias a los diferentes medios de comunicación social, de las tragedias humanas, ahí, donde la dignidad de cada hombre y mujer dejó de ser importante, donde la diferencia pareciera que se resuelve con violencia, donde lo superfluo codicia más espacio que lo profundo.

A nosotros, sus hermanos y hermanas, cuya espiritualidad compartimos, se nos presentan grandes retos: el dolor de la guerra, el desarraigo de los indígenas del mundo cuyas tierras y cultura sigue siendo amenazada, los niños y niñas en desprotección y situación de riesgo, la pobreza y abandono de los sitios de misión, la búsqueda de sentido humano desde la educación, la reeducación, la misión y la obra hospitalaria, a los cuales procuramos responder con la “herramienta de oro” que recibimos como legado, la fuerza de la Pedagogía Amigoniana, donde la compasión, la misericordia, el asombro, la ternura, la templanza y el respeto humano tienen un sitial de honor.

Este es nuestro gran reto: desarrollar la capacidad de sentir especialmente con el mundo de los excluidos de amor, de derechos y de dignidad. Desarrollar la capacidad de riesgo e indignación que Monseñor Alejandro y la hermana Inés vivieron a plenitud, ante la indignante fuerza de la corrupción, del poderío de unos pocos sobre los muchos desposeídos de trabajo, de hogar, de alimentos y de seguridad social.

A todo este reto de desarrollo personal y comunitario, se le puede llamar: tiempo de incluir el amor al evangelizar y evangelizarnos.

La voz de Monseñor Alejandro sigue viva: “Si no vamos nosotros [a la selva], los matan a ellos”, tanto como la voz de nuestra querida hermana Inés, cuando nos escribe antes de partir: “si muero, muero feliz”. Nuestras familias religiosas hemos sido especialmente amadas con el valor de dos hermanos menores que nos vinieron a recordar, para siempre, que la entrega a Dios en los pobres y desposeídos, no tiene límites y que estamos inter relacionados, sin importar nacionalidad alguna.

Que “Alejandro e Inés, dos menores que entregan la vida” intercedan ante Jesús por cada uno de los esfuerzos que se realizan en bien de la dignidad humana y la recuperación de sus derechos.

Muchas gracias.

Hna. Yolanda de María Arriaga Ruballos,

Superiora general

 

3

SALUDO DE MONS. JESÚS ESTEBAN SÁDABA

OBISPO DE COCA

Paz y Bien, hermanos: ¡Feliz Pascua!

Esta Pascua del 2013 en la que ustedes van a ir congregándose en este Congreso en el que van a celebrar a monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango: “Alejandro Labaka e Inés Arango: dos menores capaces de entregar la vida”. Saludo aquí, desde las tumbas de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango en Coca, en la catedral de Coca. En este mismo lugar monseñor Alejandro fue consagrado obispo y se tumbó para recibir la bendición con las letanías de los santos. Y en este lugar fueron ellos enterrados.

Sentimos la alegría de saber que ellos fueron capaces de salir a la periferia, capaces de ser “pastores con olor a oveja”; capaces de sentir, ser capaces de olvidarse de ellos mismos y hacerse igual a los otros, encarnarse en el pueblo Huaorani. Y en esa encarnación vivir ese compromiso de fe y ese compromiso de entregar la vida por el Evangelio, no solo en el momento de su muerte sino a lo largo de toda su vida.

Que estos días sean unos días en que penetren en ese espíritu de monseñor Alejandro y de la hermana Inés que, aquí, en el Vicariato apostólico de Aguarico ,quisiéramos vivir con profundidad y que a veces nos encontramos con esa dificultad de no tener la valentía de dar la vida por el Evangelio como la tuvieron ellos.

¡¡Paz y Bien para todos ustedes!!

Jesús Esteban Sádaba

Obispo

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