altSIMPOSIO

EN EL XXV ANIVERSARIO DE LA MUERTE MARTIRIAL

de Mons. Alejandro Labaka y Hna. Inés Arango

Universidad Salesiana de Quito, 21-24 mayo 2012

 



La espiritualidad de Alejandro Labaka,

Perfiles y Unidad

Rufino María Grández, capuchino

 



ENCUADRE Y ABORDAJE EN ESTA HORA

La empatía, camino para abordar el misterio de una persona, Alejandro.

1. Voy a hablar de la espiritualidad de una persona, que desde 1996 en la Iglesia es reconocida como Siervo de Dios, Siervo de Dios Alejandro Labaka.

Dicen los grandes teólogos (Urs von Balthasar) que la verdad es sinfonía. Y en una sinfonía convergen múltiples instrumentos y voces. Hay tiempos y modulaciones. Unos entran, luego se retiran y callan. Ahora una flauta se hace protagonista y los demás instrumentos en sordina acompañan. Y en medio de esa la masa coral todo se acompasa, porque el concierto es uno, la armonía es una. Y la melodía, que engendra la sinfonía es una.

Los estudios que aquí hemos emprendido – ojalá que germen de otros nuevos, porque la verdad como el amor es generativa – quieren ser una sinfonía.

La melodía nos la ha dado Dios, y entiendo que es esa misteriosa atracción que provoca Alejandro, que coinciden con nuestras íntimas y misteriosas aspiraciones, aunque provengan de campos muy distintos[1].

2. Y en esta sinfonía a mí me toca hablar de la espiritualidad de Alejandro Labaka. No voy a hablar de un tema, sino de una persona. No voy a hablar del Siervo de Dios Alejandro Labaka, sino simplemente de Alejandro, que es un hermano de mi provincia religiosa. No voy a hablar de un personaje, guardado hoy por centenares de archivos que han ordenado los hermanos de Aguarico y que están todos desde hace años en mi computadora. Yo he escrito su “Vida y martirio” con el de Inés Arango, refrendando críticamente relato con 1313 notas al pie de página[2].

Pero para mí Alejandro no es un documento de archivo, sino una persona que pasa ante mis ojos atónitos, asombrados, a veces con mi corazón físicamente alterado en la evocación de su persona. Si hoy viviera Alejandro, tendría 92 años; yo tengo 75; e Inés, a quien conocí y con quien surqué el Napo en una lancha con motor fuera borda desde Pompeya a Nuevo Rocafuerte, 74.

Para entrar en tema, yo tengo que saber cómo se escribe la historia – se debe escribir la historia contemporánea – leyendo los documentos, pero transcendiendo los documentos, porque en un asunto como éste – la espiritualidad – los documentos, por cálidos que sean, son fríos. Dicen los filósofos que la empatía es vía de conocimiento[3]. Es cierto: no se puede conocer el corazón de una persona, que de esto se trata, si antes no se la ha amado. El amor es el documento primordial.

Alejandro, con respecto a mí (aun con dieciséis años y medio de diferencia), somos rutas paralelas en los ideales que se nos ha infundidos, en los métodos portadores de esos ideales, y sobre todo…, sobre todo en ese afán de vida – pasión por Jesús – que es lo que da sentido y aliento.

3. Aunque no fuera más que como metodología de estudio, para explicar esa empatía de acercamiento al corazón de una persona, a su espiritualidad, tengo que descubrirme a mí mismo, trayendo a la memoria una anécdota sucedida en los días de Alejandro. Fue en 1977, diez años antes de la muerte. El P. Alejandro Labaka ya había escrito cinco de las 19 crónicas de lo que a los años de su muerte se publicó como Crónica Huaorani. Y tuvo la valentía y el coraje, el espíritu de fraternidad, de mandarlas al Boletín informativo de mi provincia religiosa. Yo estaba en una ermita (Virgen del Castillo, Miranda de Arga, Navarra) con el proyecto de una fraternidad contemplativa, según las nuevas Constituciones, que no es del caso explicar. Y quise también con mis hermanos de la provincia. Y escribí estas hojas que ahora tengo en la mano…, hace 35 años, una extraña forma de hacer oración ante el Santísimo[4].

“De una tirada he leído hoy, Día del Señor, la Crónica Huaraní que en cinco entregas nos brinda el veterano misionero Padre Alejandro Labaca. Ningún día más propicio que el Domingo –sangre y resurrección – para esta santa lectura que la saboreo como acta de Iglesia.

… Y ahora por la tarde, a la vera del Señor, mientras la copa dorada descansa sobre el altar, yo estoy ante Él y ante los Aucas, pensativo con la cabeza baja y el bolígrafo que quiere correr entre los dedos. Mil impresiones se ciernen sobre mi alma como nubes y colores en una tarde densa de verano”.

Me quedé literalmente abrumado. Seguramente que habría llorado bastante, a lo mejor de envidia.

Y cito porque esto es la empatía:

“Hay dos momentos cruciales en esta historia huaraní. El primero es aquella liturgia elemental en el bohío, la entrañable vivencia del Rito de adopción. Está el padre Ynihua y la madre Paua; tú, de rodillas, luego despojado, como Francisco despojado ante el Obispo de Asís. Así en este esbozo sacramental entraste como hijo, de cuerpo y corazón, en el corazón de aquellos hijos de Dios, hoy amables hermanos míos. Los nombres, escritos en preciosa hoja, han de pasar a la liturgia de estas puras alturas”.

En aquel momento yo les llamaba aquellos indígenas “amables hermanos míos”. Quizás era demasiado…, pero así lo escribí. Al parecer, tomé un papel bonito y los puse sobre el altar para que Jesús los viera.

Pero sigo:

“El segundo momento álgido de emoción fue aquella catequesis del crucifijo. Yo quiero nombrar a esta catequesis profética. Las piedras comprenden cuando el corazón habla.

Con el crucifijo les decías según el Espíritu y nos lo comentas:

“Es Jesús; la Madre, María – les repetías en Huaraní -. Mientras, queriendo completar el mensaje que espero que el Espíritu les haga entender, añadías en otras lenguas como el Quichua, Euskera, castellano: Murió por nosotros en la Cruz. Resucitó y vive entre nosotros. Una de las veces quise decirlo en Chino (¡oh limpio poeta!) y me trafulqué...” (Boletín n. 117, pág. 28)[5]. Refieres que el joven Araba “besó tres veces el crucifijo”.

Y yo continúo en lo profundo la historia, porque las aguas del Arga van a fundirse con el G. C., Dicaron y Ñamengono que llevan aliento de los Aucas al Amazonas”.

Continué reflexionando delante de Jesús Sacramentado:

“Alejandro, esto es ni más ni menos que el nacimiento de la Iglesia. Al saberlo, uno se siente católico, orgulloso de una Iglesia a la que con voz antigua de los siglos llamamos Madre, la santa Madre Iglesia. Y como la Iglesia es comunión, nadie nos puede impedir el gozo de compartir contigo y con vosotros lo que un día de enero ocurría en la selva de los Aucas, de aquellos terribles y misteriosos Aucas”.

Esto y algo más escribía para enviarlo al Boletín Informativo de la Provincia, antes de que Alejandro e Inés fueran mártires. Pero me pareció algo sagrado, y un sentimiento de pudor – secretum meum mihi, decía san Francisco (con palabra de Isaías) - me impidió el publicarlo. Después de 35 años, ya bajo la aureola del martirio de Alejandro e Inés, lo he mandado a Internet.

4. Íbamos diciendo que esto es lo que quisiéramos abordar: el corazón de Alejandro. Ahora bien, el corazón es nuestra propiedad intangible, y ¿a quién le hemos dado la llave de nuestro corazón para que nos conozca tal cual somos…? Y es que ¿a alguien se la podemos dar? Todo ser humano, si es consciente de una cierta intimidad profunda, ha de asumir su propia soledad, que es un sutil sufrimiento. Hay en ti algo intransferible, que no lo puede decir, porque es tu misterio y confina con el misterio de Dios.

Alejandro, que goza de un gran don de gentes, es un hombre comunicativo. Escribe, escribe desde joven. Escribe cartas y relatos misionales desde los primeros días de China, porque ha nacido para compartir. Alegrías que se comparten son alegrías que se multiplican[6].

Sin duda que Alejandro ha escrito para sí mismo: su cuaderno espiritual – como se nos aconsejaba – donde van quedando jirones y alatidos, propósitos de ejercicios, exámenes de conciencias, experiencias que nos marcan en la vida. Carecemos de esos escritos personales e íntimos o de un epistolario de dirección espiritual, que pondría el alma al vivo.

4. Tenemos que servirnos de lo que tenemos: recuerdos, testimonios, escritos. Y con ello podemos hacer un bonito trabajo.

Advierto que nadie es lector neutral, porque el lector es amante o indiferente, informado o ignorante… Todo lector asume e interpreta, y el documento tiene este brillo u otro, según lo que uno vive y anhela, sin que tampoco el documento pierda su objetividad.


Primer retrato espiritual que se nos ha entregado de Alejandro

Podemos tomar como primer retrato espiritual que se traza de Alejandro la

Ficha confidencial de orientación vocacional, de fin de carrera, a los 26 años, que escribe el Director del Colegio de Teología, P. Lázaro de Aspurz, para el Superior Provincial, P. Ricardo de Lizaso, y que está fechada al final del cuarto curso de teología, con fecha de 2 julio 1946)

Piedad y observancia: es conocida de todos su virtud extraordinaria, y creo que difícilmente se podrá exigir más a un estudiante al terminar los estudios; es notoria su vida de oración y de recogimiento, delicadeza de conciencia, prontitud en la obediencia, espíritu de caridad y de sacrificio, es una virtud sencilla y atrayente la suya, sin rarezas ni singularidades, de mucho sentido práctico... En la observancia regular ejemplarísimo e insaciable en el afán de austeridad y de mortificación; hay que estar siempre conteniéndole. Su obediencia perfecta y enteramente sobrenatural le hará apto para cualquier género de ministerios.

Inclinaciones y aptitudes: siente la vocación misionera auténtica, por motivos sobrenaturales y muy bien fundamentada; tiene inclinación cualidades para la catequesis y para todo ministerio pastoral; buena disposición para el púlpito; en el confesionario es seguro que haría un buen papel; quizá no muestre tanta aptitud para el profesorado, por su dificultad de palabra y léxico reducido; redacta bien.

Aptitud para estudios universitarios: no es talento brillante, pero más que suficiente para una carrera universitaria de Filosofía o Teología; no tanto para carrera civil o Humanidades; dada su aplicación y amor al trabajo haría la carrera con éxito; la seguridad de expresión, necesaria para la cátedra, parece que la adquirirá con el tiempo. Como profesor en uno de nuestros Colegios de formación haría un gran papel como educador maestro de espíritu. - Salud a toda prueba y sistema nervioso muy equilibrado"[7].

Esta ficha, que nos da los “genes espirituales” del joven P. Manuel de Beizama nos da una impronta de carácter y estilo que va a perdurar toda la vida.


1. Alejandro desde el corazón de la fe y su vocación franciscana,

Sobre todas las cosas

el “Espíritu del Señor y su santa operación”

1. Para hablar de esta espiritualidad voy a arrancar de un pasaje de la Regla de san Francisco, que nosotros como hermanos menores capuchinos hemos profesado y fray Manuel de Beizama profesó en su día. “Sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación”. Tocamos un punto vital y central de la Regla Franciscana: esto ha de tener la absoluta primacía en nuestra vida. Todos y cada uno de los actos del hermano menor han de estar gobernado por este criterio de novedad, el Espíritu del Señor, que es lo contrario al “espíritu de la carne” y al “espíritu del mundo”. En nuestras Constituciones Capuchinas hasta seis veces aparece este criterio determinante para orientar ese estilo nuevo que debe marcarnos.

Para el humilde y sorprendente Francisco de Asís seguir el Espíritu del Señor y su santa operación es lo mismo que guardar el santo Evangelio, que es la norma inmediata para optar en la vida. Ante cualquier circunstancia de vida el hermano menor ha de preguntarse: ¿Qué dice el Evangelio? El Evangelio. En la mayoría de los casos, no le va a dar la respuesta tal cual, pero el Evangelio le va a dar el secreto de su acción.

El Espíritu del Señor y su santa operación y el Evangelio son dos referencias absolutas para la vida de un pobre hermano menor, dos referencias que las hallamos igualmente, vivas, en la vida de Labaka.

El texto central de la espiritualidad de Labaka es la carta de ofrecimiento que a los siete días de ordenado escribe a su superior provincial. Recordémoslo.

Muy Rdo. y amado Padre: Paz y bien.

Ecce ego, mitte me! Mi alegría sería inmensa si el Espíritu Santo se dignase escogerme, mediante su Rcia., para extender la Iglesia y salvar las almas en misiones, que propiamente puedan considerarse como tales y, sobre todo, en países de más dificultad y donde más haya que sufrir.

Me pongo incondicionalmente en sus manos para ir a donde quiera que disponga enviarme; con todo como desea saber las preferencias personales le comunico que la que más me ha atraído y la que más me atrae en la actualidad es nuestra Misión de China. Dígnese enviarme cuanto antes.

Reitero mi entrega incondicional en mi condición de sacerdote y capuchino.

Ruego muy de veras y confío que el Espíritu Santo y la Virgen nuestra dulcísima Madre le iluminarán para rechazarme, si soy indigno, y para escogerme, si verdaderamente es el Señor quien me llama a Misiones.

Le bendice como sacerdote; le besa su mano y le pide su bendición como hijo sumiso

Fr. Manuel de Beizama, O.F.M.Cap .

En este pasaje de purísimo valor, por ser sencillo y espontáneo, brotado de la oración, encontramos una múltiple espiritualidad, que se puede calificar con distinto términos:

- espiritualidad misionera

- espiritualidad eclesial

- espiritualidad de obediencia (me pongo incondicionalmente en sus manos)

- espiritualidad mariana (la Virgen nuestra dulcísima Madre)

Pero hay un dato primordial, que antecede a todos: el Espíritu. Fr. Manuel, con todo su ímpetu de joven sacerdote, quiere que el Espíritu sea quien le elija o “escoja”, y por lo tanto quien lo envíe. A lo largo de muchos años – unos diez – él se ha sentido impulsado para ser misionero y misionero en lo que sea la misión más difícil, pero él no puede tener la palabra definitiva, ni puede ser el juez de su propia llamada. Él sabe que solo el Espíritu conduce a la Iglesia. Sería infiel al Espíritu si él no expusiera y pidiera lo que siente; pero sería igualmente infiel, si él se empeñara en conseguir lo que quiere y manipulara voluntades, porque podemos ser manipuladores del espíritu. Él quiere proceder con la verdad, a través de la sinceridad. Solo la verdad en la sinceridad nos puede dar la paz.

Ha orado para que el Espíritu ilumine a su superior; y su superior no es su director espiritual (el P. Lázaro de Aspurz), su superior es su Provincial, el P. Ricardo de Lizaso. Lo que pide en su oración es que el Espíritu infunda la luz a su legítimo superior. Sería un mal alcanzar el ser misionero, si Dios no lo ha elegido. Y lo contrario igual: sería un mal no ser misionero, si Dios lo ha elegido. El aspirante debe mostrarse en absoluta indiferencia para que Dios haga según su beneplácito.

En resumen:

- pido ser rechazado, si Dios no me quiere misionero;

- pido ser escogido, si Dios me quiere misionero.

Cualquier maestro de espíritu sabe que estas actitudes que hemos desmenuzado aquí, son actitudes radicales que pide un correcto “discernimiento de espíritus” en los ejercicios ignacianos.

En la vida de san Francisco encontramos ejemplos claros.

Justamente en el Concilio tendrá Labaka una pequeña aportación – “animadversiones” al texto – para perfilar lo que se entiende por “vocación misionera”[8].

Es hermoso, pues, poner la misión bajo la oleada del Espíritu.

En una teología actual, que están tan marcada por el esquema trinitario, diremos que la misión nace en el corazón de la Trinidad: es la acción del Espíritu, que consuma la obra del Hijo, originada en el envío que nace del Padre.

Siempre y en todo el Evangelio

Al par que el texto del Espíritu, que san Francisco quiso poner en la Regla como ministro general de la Fraternidad, están las palabras de apertura de la Regla: “La regla y vida de los hermanos menores es esta, conviene a saber, guardar el santo Evangelio, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad. Los votos dan una contextura canónica a la “forma de vida” que uno ha aceptado; pero el alma no son los votos, sino el Evangelio, de lo cual no se puede hacer voto, porque excede a todo voto. Parece que no es decir nada afirmar que la vida y regla de los hermanos memores es guardar el santo Evangelio. Para san Francisco este no es un criterio genérico, sino lo más concreto, por una interpretación carismática y personal del Evangelio. El acta de nacimiento del franciscanismo es aquella mañana en que Francisco en la Porciúncula escuchó el Evangelio de la misión de los apóstoles: Nada llevéis para el camino, ni dinero, ni alforja… Por el Evangelio Francisco renuncia al dinero. Y un exegeta diría, con razón, que no es tal la interpretación obligada del texto.

El Prefecto Apostólico Labaka consulta al Papa Pablo VI en noviembre de 1965 si puede arriesgar la vida de los misioneros y misioneras, seglares incluidos, y la suya propia “propter Evangelium”, por causa del Evangelio. De esto justamente se trata. La misión a los entonces llamados Aucas ¿es causa del Evangelio no lo es?

Otra razón inferior al Evangelio será una causa noble, pero no puede ser ese el motivo determinante de Labaka. El misionero Labaka, que ha ido a China para salvar almas, ha puesto su vida al servicio del Evangelio, sea con una teología que luego él mismo discutirá, sea con lo que ha aprendido en el Concilio, es un siervo del Evangelio, un ministro del Evangelio, utilizando ahora nosotros palabras paulinas. Todo lo hago por el Evangelio (1Cor 8,23), texto que se leyó, si no me equivoco, en el funeral de los mártires.

Y del Evangelio nace la evangelización, una palabra preferencial en la Crónica Huaorani. Del Evangelio, la nueva evangelización.

La verdad que el Concilio de alguna manera ha repristinado el esplendor y la fuerza de la palabra “Evangelio”, en el cual se contiene todo el bien de la Iglesia,


2. Alejandro criatura de Cristo: cristocentrismo eclesial de Alejandro

Todo lo que acabamos de afirmar para entrar en la espiritualidad de Alejandro Labaka, esos dos ejes del Espíritu y del Evangelio, tienen ahora una palabra concreta y personal: CRISTO, que encierra una historia y una vivencia.

Pienso que el punto de gravitación teológico de la Crónica Huaorani es CRISTO.

Recordad el primer encuentro con el mundo Huaorani ante la Navidad de 1976, que ha producido acaso la página más hermosa de la Crónica. Se había despojado del hombre viejo para revestirse de Cristo (dice con expresiones paulinas), y escribe

Mañana volveré al campamento, donde me esperan los trabajadores para la Misa de Nochebuena. Felices Navidades para todos los míos y para todo el mundo, especialmente para mis hermanos Huaorani. Que esta Navidad de 1976 sea el alborear de una nueva vida en su historia por CRISTO en el Espíritu. Amén.

(Nochebuena y Navidad), La Misa de estos días ha sido un gran consuelo para ellos y para mí: CRISTO en un día como hoy irrumpió en la Historia de la Humanidad. ¡Ojalá que este año irrumpa en la historia del pueblo Huaorani, comenzando el año primero de su historia cristiana, hasta llegar a su plenitud en Cristo, hecho Hombre para salvarlos a todos![9]

Esta página grandiosa, esplendente, nos abre el corazón de Alejandro y nos descubre sus secretos.

La hermandad cordial que él ha establecido con ese mundo de Dios está presidida por Cristo. Querer hablar de otro modo me parece a mí que es hacer traición a Labaka.

Alejandro ha quedado enardecido ante Cristo, y piensa que es el supremo bien que puede recibir el pueblo Huaorani. No estamos hablando de “católicos”, Estamos hablando de Cristo, patrimonio de la Humanidad, patrimonio de la historia que se inicia con el pueblo Huaorani. Por eso Alejandro quisiera dar su vida y objetivamente la ha dado en forma de martirio.

Este lenguaje es de talante paulino, más bien que joaneo para el que percibe la diferencia entre un lenguaje y otro.

He citado el primer texto de ese nutrido grupo en el que aparece la palabra Cristo. Citaré el último, donde teología y poesía se abrazan bajo la luna y las estrellas:

Cuando, por la noche, nos juntamos todos a cenar bajo la luz misteriosa de la "apaica" (luna) y "Nemu" y "Huamu" (estrellas señaladas por los Huaorani), las experiencias del día afloran en un intercambio fácil y espontáneo, impregnando el ambiente de familia con perfume de un día vivido intensamente, en sintonía de hermandad con CRISTO y los Huaorani. Nadie ha tenido dificultades de entendimiento y todos se han desenvuelto por igual, porque todos han empleado el mismo lenguaje: el lenguaje del amor en CRISTO[10].

Los textos hablan por sí solos.

La espiritualidad cristocéntrica de Alejandro Labaka quedó plasmada y grabada en su escudo episcopal con esta triple leyenda que él escogió:

- Semina Verbi.

- Todo para todos (“Me he hecho todo para todos” 1Cor 9,22).

- Cristo en todos.

Es la espiritualidad que se proclamó el día de su funeral cuando se tomó como lectura el texto paulino al que hemos aludido, en concreto: 1 Cor 9,16b-23[11]

Tabla de textos para estudiar el cristocentrismo de

 Alejandro Labaka

A modo de “material de estudio” he aquí los textos para estudiar el cristocentrismo de Alejandro Labaka que aparecen en Crónica Huaorani y que no puede ignorar quien haya de adentrarse en el conocimiento de su persona

Año 1976

Cuando se encontró el CRISTO en mi pecho preguntó: / – ¿Quino i? (¿Qué es?). / Sólo acerté a decirle: /– Es CRISTO Jesús que murió por nosotros en la Cruz / – ¿Quino i? (¿Qué es?). / Sólo acerté a decirle: /– Es CRISTO Jesús que murió por nosotros en la Cruz –. Y estampé un beso al CRISTO. / Hizo un esfuerzo para pronunciar "CRISTO Jesús", se rió y siguió el examen de todos mis bolsillos. En el pequeño bolsillo relojero encontró un rosario con su cruz: /– ¿Buto qui? (¿Es para mí?)./ – ¡Bito qui! (¡Es tuyo!) –. Y se lo colgué al cuello. / Huane se miró y volvió a reírse. Era el rosario bendecido por el Papa Pablo VI el día de la Inmaculada, en la Plaza de San Pedro, en la solemne terminación del Concilio Vaticano II. / Es verdad que durante el Concilio pensé muchas veces en el problema Auca; tanto es así, que nos regalaron la avioneta para localizarlos; pero no pensé que precisamente el rosario sería un día adorno externo de un Auca. Ojalá no quede sólo en eso y haga el milagro de su evangelización (Crónica, 4ª ed., 22)

Me desnudé completamente y besé las manos de mi padre y de mi madre Huaorani y de mis hermanos, reafirmando que somos una verdadera familia. Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de CRISTO en estas Navidades (Crónica, 38).

Mañana volveré al campamento, donde me esperan los trabajadores para la Misa de Nochebuena. Felices Navidades para todos los míos y para todo el mundo, especialmente para mis hermanos Huaorani. Que esta Navidad de 1976 sea el alborear de una nueva vida en su historia por CRISTO en el Espíritu. Amén (Crónica, 43).

(Nochebuena y Navidad), La Misa de estos días ha sido un gran consuelo para ellos y para mí: CRISTO en un día como hoy irrumpió en la Historia de la Humanidad. ¡Ojalá que este año irrumpa en la historia del pueblo Huaorani, comenzando el año primero de su historia cristiana, hasta llegar a su plenitud en Cristo, hecho Hombre para salvarlos a todos! (Crónica, 45).

(6 enero 1977). A pedido de ellos también yo canto algo y hago mi "chivo" (alijo) con el plástico, una manta y el mosquitero. En la "digintai" o shigra meto mis cuadernos, el pantalón y la camisa para poder salir a la civilización. Tomo una tacita de chonta desleída que me ofrece cariñosamente mi madre; me despido de las dos familias y nos ponemos en camino hacia el oriente. Vamos Peigo, Araba y servidor. Los tres llevamos botas de agua y pantaloneta, y yo el CRISTO al pecho. Araba toma mi "puñuna" (cama) y yo echo la shigra al hombro (Crónica, 52).

En una de las subidas me arrecian los calambres, hasta hacerme exhalar un lamento, y al poco tiempo vomito bilis. Tengo ganas de dar por terminada la jornada, de descansar para reanudar la marcha al día siguiente, pero mis guías no quieren saber nada de eso. Peigo, impaciente, opta por adelantarse hacia la Compañía, quedándome con Araba y Nampahuoe, que nos ha dado alcance a medio camino. El resto de la senda es para mí un verdadero calvario. Mis dos expertos guías Huaorani se convierten en incondicionales cirineos de mi peregrinación. Nampahuoe se ha hecho cargo de mi shigra; me quitan las botas para que pueda pasar sin caerme en los puentes improvisados sobre los ríos; o me dan la mano; o me alargan un palo. CRISTO hace resaltar mi debilidad para que brille más la fortaleza de su actuar en ellos (Crónica, 52-53).

11. ¿Aceptación consciente de Cristo? Me quedó la sensación interior de que el Espíritu Santo había obrado en el alma del joven Araba. Un atardecer me buscó dentro del bohío y estábamos casi solos. Con especial insistencia me preguntó por el significado del CRISTO crucificado. De pronto escuché muy claramente que me decía la palabra con que ellos designan al Creador, preguntándome si Jesús es el Creador. Casi sin darme cuenta afirmé mi convicción con un movimiento de cabeza. Entonces el joven, con especial reverencia, besó por tres veces mi crucifijo. Quise que me repitiera en Huao esa palabra "Creador"; no me entendió y se fue, dejándome profundamente emocionado y pensativo. ¿Aceptación inicial del Dios desconocido? Creo que sí, y esto hizo brotar una oración desde el fondo de mi alma (Crónica, 59).

Deberíamos seguir este diálogo sobre otros muchos asuntos, como el estudio absolutamente necesario de la lengua y la cultura Huaorani; de la conveniencia o no conveniencia de llevar obsequios; hasta cuándo y hasta qué grado solucionarles sus necesidades vitales. Cómo pasar de los obsequios a la conversión personal y aceptación del Evangelio, que es el camino más corto; o más bien, cómo dominar nuestras impaciencias inmediatistas por una encarnación en la vida real del mundo Huao, hasta descubrir con ellos las semillas del Verbo, escondidas en su cultura y en su vida, y por las que Dios ha demostrado su infinito amor al pueblo Huaorani, dándole una oportunidad de salvación en CRISTO (Crónica, 104).

Novedades de esta visita. Frecuentemente CRISTO devolvía la salud del cuerpo, como signo de la gracia espiritual que infundía. En este sentido fue también una novedad la visita del P. Amunárriz en su calidad de doctor. Los Huaorani depositaron en él toda su confianza, hasta dejarse con toda naturalidad examinar por él, dejarse inyectar y hasta extraer algunas muelas. Llamó poderosamente la atención del Doctor el muy satisfactorio estado de salud del grupo Huaorani. Que CRISTO premie, como hechos a El, tantos signos de la bondad del pueblo Huao, completándolos con la fe de un CRISTO Salvador, aceptado personalmente por ellos (Crónica, 119).

Convivencias bajo influjo del grupo. Veo que hay otros momentos en que uno actúa bajo cierta influencia de grupo, quizás con menos espontaneidad. Al diversificarse el grupo o equipo misionero, se hace necesaria más apertura entre todos los integrantes, conocimiento y comunicación de criterios: éstos pueden ser muy diversos en la acción, pero deben unirse en la fe de CRISTO y en la evangelización. Como contenido de esta crónica quiero reflejar mis principales preocupaciones:

Evangelización descubriendo las semillas del Verbo. Se me hace difícil describir la honda impresión del grupo de cinco misioneros en el día de Pentecostés, en la misma entrada al pueblo Huaorani: ( Página 149) / Sabemos que el hombre Huao no conoce a CRISTO y nos sentimos impulsados por el Espíritu para llevarle la Buena Noticia. La participaci6n en la liturgia de la Misa de este Domingo de Pentecostés es espontánea, gozosa y profunda; las gracias y dones del Espíritu inundan "en creciente" las almas, como los ríos Cahuimeno y Dicaron desbordan sus cauces. - Después del desayuno, al organizar nuestra partida para la última etapa, surge la pregunta: / – Padre, ¿llevamos el cáliz, las hostias y el vino? / – Todo eso lo tenemos que esconder aquí, pues nos lo quitarían todo. / – ¿Y entonces? / – Esto tiene carácter de signo para nosotros. / – ¿Cómo es eso? / – Dios quiere que entremos hasta espiritualmente desnudos. Nuestra tarea fundamental y prioritaria es descubrir las "semillas del Verbo " en las costumbres, cultura y acción del pueblo Huaorani; vivir las verdades fundamentales que florecen en este pueblo y le hacen digno de la vida eterna. Tenemos que pedir al Espíritu que nos libere de nuestra propia suficiencia espiritual, que pretende alcanzar a Dios por el Breviario, la Liturgia o la Biblia; para nada de eso tendremos adecuada oportunidad. ¡Vamos, Hermanas, espiritualmente desnudos para revestimos de CRISTO que vive ya en el pueblo Huaorani y que nos enseñará la nueva forma original e inédita de vivir el Evangelio! (Crónica, 143-144).

De todos modos, Nampahuoe y Omare están muy dentro de nuestros recuerdos. Me hago más bien la ilusión de que son los "últimos profetas" de un pueblo libre del Antiguo Testamento esperando entonar el "nunc dimittis" de la liberación de su pueblo. --- El día 1 de Noviembre, siguiendo la costumbre de otros viajes, nos entonamos en nuestros ideales misioneros celebrando la Santa Misa. Después empaquetamos todos los ornamentos y libros sagrados para dejarlos aquí, en el campamento "Cohuore onco" que nos ha dado cobijo en la noche. Entre los Huaorani sólo queremos descubrir a CRISTO que vive en su cultura y que se nos revele como Huao y como Huinuni. (Crónica, 152-153).

Por más que extreman las precauciones tanto el motorista, P. Manuel, como el puntero, Don Wilo, y certifico que ambos son muy expertos y experimentados, con todo se completa casi un doble calvario de pasadores rotos del CRISTO navegante por el Yasuní (Crónica, 157).

 Nuestro viaje reviste caracteres de verdadera peregrinación para ver a estos profetas del antiguo testamento Huaorani que, como Simeón y Ana, están próximos a cantar el "Nunc dimittis" con una entrega de su pueblo a CRISTO, Alfa y Omega de su historia (Crónica, 162).

Al día siguiente, todo este mundo misterioso me hizo sentir la presencia de Dios en la historia del pueblo Huaorani, y, en un momento fuerte de unión con El, arrodillado en la canoa solitaria e identificado con el pueblo Huaorani, adorarle en su historia, alabarle por todas las maravillas y pedirle nominalmente por todos y cada uno de los que componen este respetable resto. Al pedir que se dignara escoger a uno de los jóvenes para sacerdote que lleve a plenitud esta pequeña iglesia local, sentí que mi fe no era suficientemente confiada y dije a CRISTO que El lo pidiera al Padre. Esto, sí, será seguro (Crónica, 166).

Cuando, por la noche, nos juntamos todos a cenar bajo la luz misteriosa de la "apaica" (luna) y "Nemu" y "Huamu" (estrellas señaladas por los Huaorani), las experiencias del día afloran en un intercambio fácil y espontáneo, impregnando el ambiente de familia con perfume de un día vivido intensamente, en sintonía de hermandad con CRISTO y los Huaorani. Nadie ha tenido dificultades de entendimiento y todos se han desenvuelto por igual, porque todos han empleado el mismo lenguaje: el lenguaje del amor en CRISTO (Crónica, 167).


3. Alejandro dentro de la historia de la salvación (historia salutis), clave de la Biblia y de la Teología: el baño del Concilio

El Concilio, como bien se sabe, no ha traído a la Iglesia ningún dogma nuevo, pero ha traído una revolución imparable y un frescor nuevo a la teología, como en siglos al Iglesia no la había visto.

Digamos esto, porque Alejandro es un hijo legítimo del Concilio, y ha asumido para su vida y acción la modernidad del Concilio, los parámetros del pensamiento del Concilio, siendo cierto, por otra parte, que Alejandro no es un teólogo para especular por las grandes líneas del pensamiento del Concilio.

El germen de esta renovación ha sido, sin duda, la Escritura, por un movimiento bíblico que ya venía de decenios atrás. El concepto clave y radical para interpretar la Escritura es el hecho de que la palabra de Dios solo puede interpretarse dentro de una “historia de salvación” (historia salutis), en la cual surge la Biblia, y en la cual sigue viviendo, y de reencuentro con la Palabra, cuya expresión máxima es Cristo Resucitado, surge la liturgia, la vida y moral de la Iglesia, y surge el encuentro con el mundo, amado por Dios, y teatro actual de esa historia de la salvación de Dios con la humanidad.

Los manuales precedentes de teología – los que estudió fr. Manuel de Beizama en sus años de teología (los que estudié yo mismo) - sirven como sabios libros de consulta, pero no como textos para la nueva generación. Sin negar lo anterior, sucede que todo es distinto:

- la Escritura y la Tradición como fuentes de revelación es una distinción no adecuada, porque la Tradición nos entrega todo lo que la Iglesia es, todo lo que la Iglesia vive;

- la Iglesia es comunión por encima de jerarquía, sin negar el carácter sacramental jerárquico de la autoridad;

- los protestantes antes que herejes son hermanos, y un abrazo solo se podrá dar desde un mutuo perdón;

- el ecumenismo no es el que vuelvan a la casa de donde se fueron, sino el que volvamos todos a Cristo en el modo y tiempo que él quiera;

- las religiones son caminos de salvación, portadoras de grandes valores espirituales, que respetamos, al tiempo que confesamos que Cristo es la clave de bóveda del universo.

2. Y un punto muy particular que impresionó particularmente al Prefecto apostólico Mons. Alejandro Labaka que participó en los últimos meses del Concilio (1965): las semillas del Verbo. La expresión viene directamente de san Justino (siglo II) y se introdujo en la redacción 6ª del documento “De activitate missionali Ecclesiae”, enviado a los Padres conciliares en mayo de 1965:

- “(Los fieles) descubran con gozo y respeto las semillas del Verbo que se ocultan en ellas (las tradiciones nacionales y religiosas de los países de misión)” (Ad gentes, 11).

- “El Espíritu Santo, que llama a todos los hombres a Cristo por las semillas del Verbo y por la predicación del Evangelio…” (Ad gentes, 15)[12].

Esta feliz expresión, que ha tenido fortuna como la de “los signos de los tiempos”, impresionó profundamente a Mons. Labaka. Aparece 6 veces en la Crónica Huaorani, y una más equivalente (semillas de la chacra de tu Padre). Aparece también en la homilía de ordenación episcopal, y queda escrita en el escudo episcopal con la confesión de ese cristocentrismo de su espiritualidad: Cristo en todos.

Los textos son muy elocuentes y hay que estudiarlos cada uno con detalle. Transcribo uno, extenso, particularmente expresivo:

- “Cómo pasar de los obsequios a la conversión personal y aceptación del Evangelio, que es el camino más corto; o más bien, cómo dominar nuestras impaciencias inmediatistas por una encarnación en la vida real del mundo Huao, hasta descubrir con ellos las SEMILLAS del Verbo, escondidas en su cultura y en su vida, y por las que Dios ha demostrado su infinito amor al pueblo Huaorani, dándole una oportunidad de salvación en Cristo.

Sencillamente: queremos visitarles como hermanos. Es un signo de amor, con un respeto profundo hacia su situación cultural y religiosa. Queremos convivir amistosamente con ellos, procurando merecer descubrir con ellos las SEMILLAS del Verbo, insertadas en su cultura y en sus costumbres. Nada podemos decirles ni pretendemos. Sólo queremos vivir un capítulo de la vida Huaorani, bajo la mirada, de un Ser Creador que nos ha hecho hermanos”.

Bajo la mirada de un Ser Creador que nos ha hecho hermanos…, una palabra que perfectamente la podría haber dicho Pablo en el Areópago de Atenas.

Este tipo de misionología y espiritualidad no habría sido posible sin la madura perspectiva que ha posibilitado el Concilio al introducir la referencia de san Justino, filósofo cristiano del siglo II, debido, en concreto, al arzobispo auxiliar de Antioquía de los Melquitas, Elías Zoghby (intervención del 11 de noviembre de 1964).

Ya se había hablado en el aula de los “valores” presentes en otras culturas, “valores, palabra hoy en alza en la psicología. Ahora estos valores tenían una categoría teológica: eran las semillas del Verbo.

En la espiritualidad de Mons. Labaka la expresión conciliar se alza como enseña y bandera. En la Crónica Huaorani la usa seis veces, y una más equivalente (semillas de la chacra de tu Padre).

Hasta en las canciones Huaorani encuentra las “semillas del Verbo”

“Sin duda ninguna el canto rítmico de la noche tenía un sentido religioso. Puede ser que una de las más hermosas “SEMILLAS del Verbo" esté oculta en esta tradición”.

Su ideal es “descubrir con ellos las SEMILLAS del Verbo, escondidas en su cultura y en su vida, y por las que Dios ha demostrado su infinito amor al pueblo Huaorani, dándole una oportunidad de salvación en Cristo.... Queremos convivir amistosamente con ellos, procurando merecer descubrir con ellos las SEMILLAS del Verbo, insertadas en su cultura y en sus costumbres…. Bueno, Señor, ¡Ojalá hagas fructificar así esas otras SEMILLAS de la chacra de tu Padre!”

Y el día de su ordenación episcopal en Coca (9 de diciembre de 1984) recuerda este su ideal: “... Esta nuestra iglesia, nacida en la confluencia de varias nacionalidades indígenas de diversas lenguas y culturas, está llamada a descubrir las SEMILLAS del Verbo, no asumidas todavía por ella.

Los grupos humanos primitivos como son los Huaorani, Sionas, Secoyas, Cofanes, Quichuas, Shuaras, han tenido "maneras propias de vivir su relación con Dios y su mundo".


4. Alejandro bajo la mirada de Dios, protagonista de su propia historia. Cuatro constantes de su historia

1. El valor de la persona en sí, de cada persona – única e irrepetible – es un postulado de una recta psicología, y de una filosofía “personalista”. Los esquemas nos orientan y ayudan, pero, al final nos topamos con el individuo.

A propósito de Alejandro Labaka dice sus largos años compañero, codo a codo, de misión y comunidad, el capuchino misionero Dr. Manuel Amunárriz, director del Hospital de Nuevo Rocafuerte: “un vez más, compruebo que es difícil conocer el mundo interior de una persona si no se ha vivido con ella una larga existencia cotidiana… Yo he experimentado en Alejandro como una riquísima personalidad, una armonía envidiable entre realismo y capacidad de soñar, entre prudencia y sentido del riesgo…”[13] Y así va trazando una serie de rasgos de lo que él ha percibido.

Tenemos que remontarnos a su infancia. Alejandro no ha dejado ningún cuaderno espiritual, que nos descubriría su intimidad de conciencia, sus propósitos de ejercicios, su pasión dominante, sus luchas. No ha dejado tampoco cartas de dirección espiritual en el sentido corriente de la palabra. Hay que observarle desde otros escritos y desde lo que los demás han percibido de él, sus compañeros y educadores. Son datos suficientes y en las biografías han quedado consignados.

Trataré de dar unos rasgos mayores trazando su “perfil espiritual”

1ª - Una historia sin fisura, coherente y lineal: la fidelidad

2. Desde su ingreso en el Seminario aparece una línea coherente y lineal. Alejandro Labaka Ugarte, un muchacho vasco, que tiene que avezarse con el castellano, aparece como un muchacho decidido y generoso; y esta línea la va a mantener en todos los años de carrera, incluso va a ir in crescendo. En teología espiritual estos se llama la fidelidad.

En los doce años de carrera al sacerdocio solo se ha encontrado una variación pasajera, que queda superada y explicada. Se trata de aquellos resabios, un tanto mundanos que le quedaron a la vuelta de la guerra, cuando le gustaba cantar aquellas canciones de la soldadesca que había aprendido en el frente. Este detalle lo ha puesto de relieve un compañero de estudio y mesa, Tarsicio de Azcona, historiador reconocido. “Pero he aquí que algún buen pastor en el camino, - sigue en su testimonio - provocó su conversión y le redujo a las vías normales del estudio serio de la filosofía y al cultivo heroico del espíritu. Buena prueba es que fue apareciendo el hombre fervoroso y penitente, el de los maitines a media noche todos los días, sin excepción ni dispensa”[14]. Fr. Manuel de Beizama era un buen religioso, pero a partir de entonces se dio una verdadera conversión a la santidad.

2ª - Una historia de audacia y generosidad (parresía): la entrega “encarncional” hasta dar la vida: el martirio, gracia suprema

3. En este perfil espiritual hemos de ponderar la generosidad y la audacia. Es una constante que atraviesa toda su vida con sus matices propios.

No parece muy simpático recordar que, al entrar de superior de la Custodia de los Capuchinos de Ecuador en 1961 – ya llevaba siete años en Ecuador – anunció a los hermanos que el convento de Quito sería una “casa de estricta observancia”, cumpliendo con todos los usos de la Orden. Y esta casa era un obsequio de oración y penitencia que los hermanos ofrecían por el fruto del Concilio, siguiendo la llamada del papa Juan XXIII.

Recuerdan los hermanos que le conocieron en aquellos años que Alejandro era exigente para salvar la vida conventual con sus horarios.

La generosidad y la audacia en el Nuevo Testamento se dice parresía y es actitud del todo necesaria para que la Buena Noticia se propague en el mundo.

4. En este entrega total, en esta parresía evangélica, cuadra el hecho del martirio, lo cual merece un tratamiento de auténtica monografía, y más cuando en la actualidad la Causa de los Siervos de Dios Alejandro e Inés se está trabajando por la vía de las “virtudes heroicas” que por la “vía del martirio”.

El P. Lázaro de Aspurz, que fue el director espiritual escogido por fr. Manuel de Beizama para los años de Teología, dejó plasmada la doctrina que enseñaba sobre el ideal del martirio en las fuentes franciscanas en su obra, muy difundida, de Vocación franciscana. “El martirio por Cristo es la suprema aspiración y el móvil primario del apostolado franciscano entre los infieles. Es el ‘ápice de la perfección’ (Jordan de Giano, Chronica, 8, Analecta Franc., III, 593) en el seguimiento de la pobreza y humildad del Salvador. El contexto martirial aparece patente en el capítulo 16 de la Regla I que lleva por título: ‘de los que van entre los sarracenos y otros infieles.’ Todos los textos evangélicos que lo motivan hablan de la valentía ante los perseguidores, de abnegación y de fidelidad a Cristo hasta la muerte”[15].

El martirio de Alejandro tiene un largo sustrato en todo su itinerario espiritual.

Sin retraer el tema a su infancia, digamos que en los años de China la posibilidad del martirio no aparecía como una quimera, sino como una posibilidad que por Cristo había que asumir. Escribe al Superior Regular de China, P. Jenaro de Artabia, en los días de serio peligro:

“M. R. Padre: le suplico humildemente que, si el Señor llega a creernos dignos de padecer algo por Él y endereza los pasos de los comunistas hacia nuestra Misión, me dé su paternal bendición y obediencia y me deje en cualquiera de las estaciones de la Prefectura. Creo que mi pena sería mayor si me mandaran huir que mandándome permanecer en mi puesto. Para mayor tranquilidad suya, le digo que esta mi decisión es anterior a su carta y tomada ante las gradas del altar.

Si llegado el momento y a pesar de esta mi decisión, creyera otra cosa más conveniente para mi alma y gloria de Dios, le suplico disponga de mí con toda libertad según vea ser la Voluntad de Dios”[16].

Es cierto que cuando Mons. Alejandro Labaka muere alanceado junto al bohío tiene encargado el boleto para ir a celebrar en España los 50 años de profesión religiosa. Esperaba que el encuentro no iba a ser de sangre, sino de amistad y de fiesta; Dios quiso que la gracia fuera de otra manera: mártir, mártir por Cristo, mártir por sus hermanos, mártir desnudo, llevando la encarnación – desde sus propias opciones – a las últimas consecuencias. Nada fue fortuito ni improvisado. El “martirio” no es palabra de la Crónica (solo se escribe una vez y en determinado contexto); el riesgo, el arriesgarse sí, que es la equivalencia del martirio en el lenguaje del amor.

El martirio de Alejandro tiene una nota absoluta singular, en “condiciones inéditas”. Muere desnudo…, como Jesús en la Cruz. Haremos a continuación algunas consideraciones[17].

3ª - Una historia de discernimiento: sinceridad, transparencia y comunión

5. Otra nota sobresaliente de la espiritualidad de Alejandro es la apertura y la comunión. Su historia es una historia de discernimiento. Lo que hace lo medita, lo comparte, lo consulta, y deja abierta la puerta a otras opiniones.

Su opinión, siendo al fin y al cabo dueño de sus actos y responsable último de una pastoral, es un dictamen que puede y debe seguir, y en este caso extremo sin imponerlo a nadie, ni siquiera a la misionera que le ha acompañado, Hna. Inés. Era la primera vez que Alejandro aparecía desnudo ante Inés. Alejandro no obligó a nadie que imitara su proceder; y menos – diríamos – a una mujer.

Alejandro ha intentado ver el desnudo de aquellos indígenas con candor y en

Sus primeras Crónicas ha escrito:

“Si los Huaorani roban ropas, no es por sentido de pudor ni para cubrir "sus vergüenzas", según afirmaciones poco afortunadas de otras culturas; sino por necesidad contra el frío ocasional, o novedad, o algunos otros motivos.

Así también el vestirse, para ellos, será muy ocasional. Por esto creo que Dios ha querido guardar en este pueblo la manera de vivir la moral natural como en el Paraíso, antes del pecado”[18].

Sobre el desnudo Alejandro ha reflexionado mucho. En sus papeles han aparecido unas hojas personales sobre este desnudo que podríamos llamar adámico, y donde subraya estos puntos a modo de temas:

- Desnudez originaria: Gen 2,25.

- Significado esponsal del hombre.

- Desnudez expresión de libertad humana. Atributo esponsal.

- La libertad como dominio, autodominio.

- El hombre y la mujer se ven a través de la creación de Dios por amor y no se avergüenzan.

Nuestra sorpresa es que, entrando en el análisis minucioso del textos, lal reflexión del misionero está tomada de dos catequesis del Papa sobre el desnudo, a saber: Audiencia del 19 de diciembre de 1979, Consideraciones sobre la desnudez originaria del hombre; y Audiencia del 2 de enero de 1980, El cuerpo, imagen e Dios como donación. Obsérvense las fechas. Sin duda que esta novedosa visión de la realidad del cuerpo en labios de un Papa fue, de alguna manera, a las intuiciones espirituales que él había alimentado, y una seguridad con respecto a su proceder.

Emocionan los relatos de la Crónica, pero no menos edificante es el hecho de que esto lo exponga él, cuando era un simple misionero, a conocimiento y consulta de sus superiores y lo entregue a sus hermanos capuchinos.

La apertura y la sinceridad enaltecen a Alejandro.

4ª - Una historia con el encuentro de la propia debilidad: la debilidad nota del apóstol. La “noche oscura” de Alejandro

6. En el remate de este perfil biográfico-espiritual hemos de resaltar otra condición de primerísima categoría del apóstol: la debilidad del apóstol para que en mí brille la fuerza de Cristo. Recordemos el texto paulino: “…Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo” (2Cor 12,9)[19].

Alejandro asume el propio fracaso de Prefecto Apostólico, que le lleva a la renuncia.

En esta noche oscura por la que atraviesa escribe al P. General el 8 de febrero de 1969 cuando renuncia a continuar siendo Prefecto Apostólico:

“Razones de mi renuncia:

- Me siento mental y psicológicamente cansado y, a veces, me siento mentalmente enfermo por mi extremada susceptibilidad y desconfianza hacia Superiores y súbditos.

- Me encuentro sin poder encontrar mi paz interior.

- Me siento sin prestigio ante Superiores Mayores inmediatos de la Orden y, sobre todo, sin prestigio ante los súbditos misioneros.         

Explicaré brevemente: Tanto la Visita Canónica última girada por el P. Provincial de España como en la Visita Canónica última hecha por el Padre Superior Regular y Custodio Provincial, varios asuntos graves que habían afectado grandemente a la marcha de la Prefectura se juzgaron en contra de mi modo de ser y de actuar. He aceptado la culpabilidad pero interiormente me he sentido más sólo y sin prestigio y, además, sin poder remediar los mismos asuntos de discusión por no depender totalmente de mí mismo sino en gran parte por el personal que se impone al Padre Prefecto…”[20]

Uno que ha renunciado obviamente no puede ser elegido luego…, pero lo fue, no obstante que él confesara ante los hermanos (de ello fui testigo directo, como ha quedado escrito)[21] que él no podía ser designado Obispo, porque creaba división. Fue elegido, y pienso que aquí actuó la Providencia divina, para que se viera que Dios construye sobre la debilidad, y que, al final, solo Dios va construyendo su Reino con humildes instrumentos.

Este dato hemos de considerarlo de primera categoría en la espiritualidad de Alejandro.


5. Unidad, punto culminante. Cuál es el carisma y novedad de Alejandro:

1. Del curso de las reflexiones que van lloviendo, como lluvia, de gracia estos días, puede surgir una pregunta, no precisamente académica, sino vital:

¿Cuál es el carisma de Alejandro Labaka, misionero, obispo y mártir? Y como todo carisma aporta en sí una carga de novedad, ¿cuál es la novedad que aporta Alejandro a la Iglesia de Dios en Aguarico, en Ecuador, o sin más, a la Iglesia universal? ¿Cuál es ese discurso verídico que habría que hacer a la hora de su canonización?

Un carisma – piensa san Pablo – es una gracia que Dios concede a una persona concreta, hombre o mujer, pero que no se cierra en el beneficio propio, sino que se abre a la comunidad como tal.

1° - Alejandro e Inés, mártires, fundamento de la iglesia de Aguarico

1. El primer perfil de la gracia y carisma de Alejandro y en este caso también de Inés es el hecho de ser ellos el cimiento de la Iglesia de Aguarico. Esta iglesia está regada con la sangre de unos Mártires. Alejandro e Inés son el cimiento y fundamento de la Iglesia de Aguarico. “Es gracia y privilegio que una humilde Iglesia como esta de la Amazonía Ecuatoriana pueda levantarse sobre la sangre de los mártires” (escribí en “Vida y Martirio”, 599).

¿Qué otra Iglesia, en Ecuador, ha tenido este privilegio…? Ustedes mejor que yo sabrán la respuesta.

Pero Alejandro e Inés, y nosotros con ellos, tienen y tenemos que dar gracias a los Huaorani porque han sido los instrumentos de esta gracia. No es una paradójica ironía, sino una sutil verdad.

2. Creo que con humildad, con sinceridad y valentía hemos de reivindicar la palabra de “martirio” y de “mártires”, para hablar de la muerte del Obispo y de la Hermana, con todo el espesor que el título ha tenido en la tradición cristiana y en la celebración litúrgica. Usar este lenguaje no es un intento forzado de adelantarse a un juicio definitivo de la Iglesia, sino dar el perfil verdadero a los datos que tenemos delante. Es la confesión del testigo que quiere llamar a las cosas por su nombre.

Hablando teológicamente el martirio es la muerte violenta por la causa de Jesús. Ambos extremos quedan patente en el caso de Alejandro e Inés, como un día quedó visible en la muerte de San Maximiliano María Kolbe. Si ha sido la Causa de Jesús, asumida de todo corazón por un discípulo, por una discípula de Cristo, la muerte violenta que se siga, en la lógica de esa opción de vida, esa muerte – dirá paladinamente el teólogo – es un sacrificio de holocausto, un martirio; y Cristo la asume así.

En su día la Santa Sede dio el “nihil obstat” para que la documentación fuera aceptada así. Si la Causa de nuestros hermanos amadísimos Alejandro e Inés pasa del procedimiento de “virtudes heroicas” (examen de virtudes teologales y cardinales) al procedimiento de “vía de martirio” – cosa que está en consulta – pronto la Iglesia santa de Aguarico y Ecuador se vería honrada con dos nuevos santos del Martirologio cristiano.

Como discípulos de Jesús y en este panorama que nos presenta la Iglesia ante la Nueva Evangelización[22], lo deseamos ardientemente.

La sangre de los mártires, unida a la sangre de Jesús, habla, sigue hablando. Recordemos en Alejandro e Inés al “Mediador de la nueva alianza, Jesús… , una sangre que habla mejor que la de Abel” (Hb 12,24).

2° - Su carisma: “Estar en trance de Iglesia y misión amando hasta morir”

3. Tenemos que avanzar.

Y me sigo preguntando cuál es el carisma específico de Alejandro en este momento en que el mundo Huaorani ha evolucionado de como él lo dejo, en que Aguarico con 137.000 habitantes – con el Puente del Majestuoso Napo, recién inaugurado – tiene una ciudad fuerte y próspera de unos 45.000 habitantes, no aquellas cabañas que encontraron los misioneros por los años cincuenta. Sobre todo me pregunto cuál es el carisma de Alejandro Labaka, leyendo el documento preparatorio (los Lineamenta) para el Sínodo de la Nueva Evangelización (octubre de este año).

Quien pueda expresar del modo más afortunado este carisma, que lo diga a beneficio de todos.

Alejandro, Profeta de las minorías... Es cierto que es defensor, padre, profeta de las minorías. Cuento la última anécdota que me he encontrado manejando la documentación de archivo. Unos meses antes de morir estaba tramitando el cambio de su apellido de Labaca con “c”, como siempre había firmado, a Labaka con “k”. Y en una carta a su hermano Txomin (4 de noviembre de 1986, por lo mismo meses antes de su muerte”, le dice: “Ya me volví a Coca, sin escribirte, después de asistir una semana a la Asamblea de la Conferencia Episcopal pero acaba de mandarme el Abogado en cuyas manos puse el arreglo de nuestro apellido en el Ecuador. El asunto no ha sido tan fácil…” Le explica qué partidas y certificados tiene que pedir. Y concluye, que es lo que nos interesaba en este momento: “Ya ves, siempre me tocó sufrir como perteneciente a minorías. Pero me ayuda mucho para comprender espiritual, material y misionalmente la situación de las minorías étnicas por las que estamos trabajando para que sean reconocidos su dignidad y sus derechos”.

Le podemos nombrar a Alejandro Labaka Profeta de las minorías. Eso es poco, eso es parte de un todo, donde se integra.

A mi modo de ver, y quede a la consideración de ustedes, para perfilar, rebatir, recomponer, el carisma específico de Alejandro Labaka es este:

“estar en trance de Iglesia para la misión, dispuesto a dar la vida por amor a quienes se está amando como a hijos de Dios”.

El Concilio Vaticano II asienta este principio: «el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.» (Gaudium et spes, 24).

Estar en trance de Iglesia para la misión es lo esencial; lo demás es el complemento.

Hace un tiempo escribía el ministro general de los capuchinos, P. Mauro Jöhri, una carta a la Orden sobre “la misión”, porque ya no hablamos de misiones. Y comenzaba diciendo que la Misión está en el corazón de la Orden, pero, al final, en la última línea cambiaba la expresión y le deba un giro: La Misión no está en el corazón de la Orden, sino: La Misión es el corazón de la Orden.

La Misión es el corazón de Alejandro Labaka; pero, atención, la Misión no es un proyecto escrito, ni tampoco una organización pastoral. La Misión no es otra cosa sino la apertura del corazón de la Iglesia al Espíritu y al Mundo.

Estar en trance de Iglesia para la Misión, eso es el carisma de Labaka.

Le nombraron Obispo. Acaso otro misionero generoso habría dicho: Lo agradezco, pero no lo acepto, porque eso me impide ser misionero como yo quiero entre los Tagaeri. Pero Alejandro aceptó y acertó. Porque, al fin, no se trataba de esta Misión, sino del trance mismo de Misión, el trance de Iglesia en Misión. Y en alas del Espíritu Dios le llevó adonde quiso llevarle, porque estuvo en trance de Iglesia.

Se trata, pues, de estar “en trance de Iglesia en misión”. La Iglesia nace de la Misión y para la Misión, y la Misión, como dijo Juan Pablo en la encíclica “Redemptoris missio”, al alba del Tercer Milenio está todavía en sus comienzo.

El carisma de Alejandro, rectilíneo y coherente, desde jovencito hasta el martirio, fue éste: estar en trance de misión con el latido de la Iglesia.

Al final, yo, humilde cristiano, me dirijo a Alejandro, a quien he conocido bastante, para decirle:

¡Siervo de Dios, Alejandro Labaka, ruega por mí, ruega por nosotros!

Y a Inés, de quien guardo una fotografía, que yo mismo tomé viajando con ella (y Mons. Jesús Langarica, Prefecto Apostólico) en canoa de Pompeya a Nuevo Rocafuerte: ¡Virgen y Mártir Inés, ruega por mí, ruega por nosotros!

* * *

Quisiera finalmente brindarles a nuestros Mártires el Himno que compuse para el día de su glorificación, sello de “Vida y martirio del Obispo Alejandro Labaka y de la Hermana Inés Arango”[23]:

La sangre de los mártires es gracia

que Dios ternura ha dado a nuestra Iglesia;

el Mártir del Calvario, Cristo vivo,

irradia así su amor y su belleza.


Loado mi Señor, por Alejandro,

tu Obispo, tu sonrisa y tu presencia;

y por Inés, tu Virgen consagrada,

llamada a ser valiente misionera.


Quisieron dar tu voz a los sin voz,

quisieron ser amor de toda entrega;

y Tú acogiste lo que Tú inspiraste:

su riesgo y muerte, flor de nuestra selva.


Los dos hicieron juntos el camino

de Encarnación amante sin violencia;

y hallaron las semillas que buscaban:

Jesús amaneciendo en esta tierra.


Que somos hijos ellos anunciaban,

que es Dios nuestra familia verdadera:

que tierra y pan el Padre nos ha dado,

que ser hermanos es nuestra tarea.


¡Honor y gloria a Ti, el Primogénito,

amor que todo amor desencadena;

honor y gratitud, Jesús amado:

en medio de nosotros vive y reina! Amén.


Quito, Curia viceprovincial de capuchinos, 24 mayo 2012.



[1] Así se ha puesto en evidencia en este Simposio, en particular escuchando las intervenciones de los “panelistas”, hombres de universidad o agentes de la vida social del país.

[2] Mi bibliografía en torno a Mons. Alejandro Labaka es la siguiente: Rufino María Grández Lecumberri, OFMCap.: Arriesgar la vida por el Evangelio: Semblanza del Obispo Alejandro Labaka y de la Hermana Inés Arango, mártires de la Iglesia de Aguarico. Aranzazu: Editorial Franciscana / Provincia Capuchina de Navarra-Cantabria-Aragón / Centro de Franciscanismo (Madrid). 1989. 7-286 p. Ilustraciones. La Presentación “Carisma y fidelidad” (pp. 7-9) lleva fecha de Tiempo pascual 1988. - Rufino María Grández Lecumberri, OFMCap.: Vida y martirio del Obispo Alejandro Labaka y de la Hermana Inés Arango. Coca, Ecuador, 2010. 666 páginas. -- Rufino María Grández Alejandro Labaka Ugarte (1920-1987), mártir por el Evangelio, en: Surge 54 (1996) 211-237. -- : fr. Rufino María Grández, OFMCap., Semblanza espiritual de los Siervos de Dios Alejandro Labaka e Inés Arango, Discípulos y Misioneros (En la Asamblea del Vicariato de Aguarico, 9 de octubre de 2007), en: Boletín de la Iglesia de Aguarico, Vicariato Apostólico de Aguarico, N. 48, Octubre 2007, pp. 38-67.

[3] Pienso en Edith Stein (Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, 9 de agosto) quien hizo su tesis doctoral sobre la empatía (Einfühlung).

[4] Recientemente entregado a Internet (así Nestor Wer blogspt): La Madre Iglesia en la madre selva Un escrito que no llegó a publicarse, que pasará igualmente a otros “blogs” de mis hermanos, empezando por el blog del Vicariato consagrado a los dos mártires, a saber:

Alejandroeines.org

[5] Véase Boletín Informativo, publicado por Oficina Provincial de Información (= OPI), Capuchinos, Mayor 50, 1°, Burlada-Pamplona. Núm. 117 (marzo 1977). La Crónica VI (Crónica Huaorani, 4ª ed., pp. 71-79) fue publicada en el número 122 (5 julio 1977), pp. 11-16.

[6] En la revista “Verdad y Caridad” (PP. Capuchinos, Pamplona), una revista ampliamente difundida en nuestro ámbito apostólico de Navarra y otras provincias encontramos estas comunicaciones de China del P. Manuel de Beizama (Alejandro Labaka): Camino de China. Carta a su hermano, P. Domingo de Beizama (Estella), 14 junio 1947 (Verdad y Caridad, n. 266 (julio 194) 162-163) // Carta a su Superior desde Pingliang, 30 de agosto de 1947, “Hemos llegado felizmente a Pingliang” (n. 269 (noviembre 1947) 246-248). // 1947: Desde China: carta del P. Manuel de Beizama a sus inolvidables compañeros (n. 271 (enero 1948) 289-191. // 1948: Carta del P. Manuel de Beizama a su hermano, P. Domingo de Beizama (Estella) (Los protestantes en Pingliang - ¿El motorcito? 15000 pesetas – Los protestantes, huérfanos de la Madre del Cielo) (n. 275 (mayo 1948), 388-389. // 1948: P. Manuel de Beizama, Misionero en China, Tres entrevistas con Ma-Teng-Siao (7,8 y 10 junio) (n. 280 (noviembre 1948) 508-510). // 1948: Fr. Manuel de B., Nuestras escuelas en el “Doble Diez” (n. 281 (diciembre 1948) 532-534). // 1949: Desde el Kansu Rojo (29 noviembre 1949. Párrafos de tres cartas de misioneros, escritas el 29 noviembre 1949, entre ellos Manuel de Beizama) (n. 293 (enero 1950), 288. // 1950: En la fiesta de la consagración del Obispo de Kansu, Mons. Gregorio Ignacio Larrañaga, capuchino (29 octubre 1950). “La fiesta: Crónica del P. Manuel Labaka” (n. 304 (enero 1951) 21-22. // 1950. Carta del P. Manuel de Beizama a su hermano P. Domingo, “ante la proximidad de las Santas Navidades” (n. 305 (febrero 1951) 40-41. Al principio de esta carta le dice: “Te supongo muy enterado de las cosas de aquí por las Hojas Sueltas en las que escribo con mucha frecuencia; y sobre todo, por las entrevistas que habrás podido tener con el P. Bartolomé de P. (Puente La Reina). Desde que este bene-mérito veterano se volvió a la Provincia, la situación no ha cambiado substancialmente”. // 1952: Carta del P. Manuel de Beizama a su hermano el P. Domingo (“El P. Manuel de Beizama, en estos momentos gravísimos de la Iglesia de China, y puede ser que pronto de graves tormentos para él, escribe a su hermano el R.P. Domingo de B., agradeciéndole esas oraciones de los que aman la misión de Pingliang y por las cuales Dios le concede en este momento fortaleza”) (n. 324 (noviembre 1952) 630. -Fuenterrabía, 20 mayo 1953. P. Manuel de Beizama, En la estación de Tsingning (“El P. Manuel de Beizama cuenta su vida entre los rojos chinos, hasta su expulsión en abril de 1953”: Fundación de la estación – Llega el misionero extranjero - Cortapisas de la policía - Solo y sin cristianos – Desenlace desgarrador - ¿Frutos?) (n. 333 (agosto-septiembre 1953) 237-240).

[7] Ficha recogida en “Vida y misión…”, 101, con la nota 136.

[8] En las Acta Synodalia aparece varias veces el nombre de Emmanuel de Beizama Labaca Ugarte, como dejamos constancia en “Vida y misión” (nota 462-467). Destacamos cómo el presentó su aportación al tema de la vocación misionera: “(De vocatione missionaria). Sobre la vocación misionera. En el esquema “la vocación misionera se describe como vocación especial – peculiar – que implica (devinciens, ata) al hombre entero, y en verdad por toda la vida”. Pero del estudio del mismo documento parece desprenderse otro concepto de vocación misionera. En efecto, en la pág. 24, n. 33 se lee: “Ya que toda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental del pueblo de Dios… el Sagrado Sínodo invita… a que… tomen su parte en la obra misional ad gentes”. Puntualizando la doble acepción de vocación misionera – genérica o específica – escribe en su aporte: “En la primera acepción de vocación: Cada misionero, habiendo adquirido conciencia de su especial y peculiar vocación, tiene obligación y derecho de ir a las misiones. Este derecho del súbdito engendra tanto en el Obispo como el Superior la obligación de enviarlo. Y, por el contrario, el Superior no puede enviar a las misiones a quien no tiene esta conciencia”.

[9] Crónica Huaorani (4ª edición), 45.

[10] Crónica Huaorani (4ª edición), 167

[11] Véase recogido el texto en Arriesgar la vida por el Evangelio, pp. 263-264.

[12] Me remito al estudio preciso y muy valioso de José Luis Moreno (a quien conocí como rector del Seminario de Logroño, donde di clases): “Semina Verbi”: de san Justino al Vaticano II, en el : XIII Simposio Internacional de Teología, Pamplona 22-24 abril de 1992, organizado por la Universidad de Navarra bajo el título de “Dios en la Palabra y en la Historia”, pp. 127-139.

[13] Manuel Amunárriz, Pasión por las Minorías, en Miguel Ángel Cabodevilla (recopilador),Tras el rito de las lanzas. Vida y luchas de Alejandro Labaka. CICAME, Coca 2003 (pp. 112-113).

[14] Tarsicio de Azcona, La larga ruta de los años de formación, en Tras el rito de las lanzas. Vida y luchas de Alejandro Labaka. pp. 40-41., en la p. 41. El P. Tarsicio de Azcona (*1923), hombre sabio, de larga experiencia, nos habla en su celda capuchina de Pamplona (abril de 2012) de este cambio decididamente hacia la santidad que él observó en Fray Manuel de Beizama.

[15] P. Lázaro Iriarte de Aspurz, O.F.M.Cap., Vocación franciscana. Madrid, Centro de Propaganda 1971, p. 254 (Apostolado franciscano).

[16] Pamplona, Arch.Prov.Cap., Carpeta personal Manuel de Beizama (Alejandro Labaka), cartas n. 10.

[17] A veces se quiere salir al paso diciendo que Alejandro no murió desnudo, sino “vestido” como los Huaorani, con el cumi, como efectivamente así estaba. Sí…, pero eso es desnudo.

[18] Crónica Huaorani III B. Se trata de episodios ocurridos en diciembre de 1976 y enero de 1977, que concluyen con 11 puntos de “Experiencias y reflexiones”.

[19] Y de paso digamos que los exegetas registran una variante de crítica textual de gran alcance teológico. Algunos manuscritos leen no: “la fuerza”, sino “mi fuerza…” Es la fuerza de Cristo la que resplandece en la debilidad de su apóstol. En suma, Cristo tiene necesidad de nuestra debilidad para que en ella resplandezca la fuerza de él.

[20] “Vida y misión…”, 272

[21] Véase Arriesgar la vida por el Evangelio, 194; Vida y misión, 450-451

[22] Se ha difundido ampliamente el documento de los Lineamenta para el Sínodo de la Nueva Evangelización: para el Sínodo de los Obispos, XIII Asamblea General Ordinaria (octubre 2012): La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, fechado por el Secretario General, Nicola Eterovi´c, el 2 de febrero de 2011. Véase publicado (aparte de en Internet) en BAC-documentos, julio 2011, segunda reimpresión, septiembre 2011.

[23] LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES ES GRACIA (En espera del Día de la Glorificación de Alejandro Labaka, Obispo y Mártir, y de Inés Arango, Virgen y Mártir), en: “Vida y Misión…”, p. 599.

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