A LOS HERMANOS CAPUCHINOS DEL ECUADOR,

VICEPROVINCIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

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¡Paz y Bien en el Señor!

Reciban mi saludo desde estas tierras amazónicas bendecidas por el Señor. Escribo estas líneas con tres  intenciones: Agradecerles, despedirme y compartirles algo de lo que he vivido. Estas  intenciones están llenas del gozo que me da el Señor por encontrarnos en este camino. Con este agradecimiento reconozco la bondad y generosidad de hermanos que he encontrado en esta Viceprovincia. Y este gozo me hace decir que no es una despedida final, sino que me llevo la intención de volvernos a ver, para continuar lo que aquí he iniciado. 

Como han de saber todos, he estado en este país por casi un año, 362 días para ser exactos, con el objetivo de “vivir una experiencia fuerte de apostolado, profundizando en los valores esenciales del carisma franciscano-capuchino, desde una vivencia de la “misionareidad” de la Orden en fraternidad”.  Es esto lo que escribía cuando pedí ser misionero en enero de 2011. Y creo totalmente que es lo que he vivido durante este tiempo.

El lugar de mi estancia ha sido Nuevo Rocafuerte, paraíso mágico de la Amazonía Ecuatoriana; donde he vivido una experiencia de gran riqueza espiritual y cultural. Vivencia  marcada por las circunstancias únicas del lugar. Este lugar marca un estilo muy particular de vivir y de hacer pastoral. Vivir  en la lejanía y en la frontera me ha permitido vivir cosas inimaginables. Imposibles de vivir en otro lugar.

La riqueza espiritual de la que he bebido incentivó en mí una profundización personal y vocacional. El río Napo, con su reflejo, ha sido el espejo de mi vida. Y aquí he podido contemplarme y contemplar a Dios. Llenándome de su Espíritu y de su amor.

Esta riqueza espiritual ha tenido cuatro fuentes. Son los espacios en los que he vivido, reflexionado, aprendiendo y he hecho realidad mi sueño. Estos espacios han sido:

a) La Viceprovincia. Aquí he podido ver otro modo de ser hermano menor capuchino. He visto grandes y valiosos hermanos, valientes en su vocación. Y sobre todo, hermanos inquietos que buscan nuevos caminos para vivir el Evangelio.

El proceso de renovación que ha iniciado esta viceprovincia es para mí un gran testimonio de querer ser verdaderos luceros que irradian pasión por el Reino.

El haber participado en los encuentros zonales, en las asambleas y en el Capítulo 2011 han sido para mí momentos valiosos de encuentro fraterno, de intercambio de idea,  de sentir que tengo verdaderos hermanos con los que hago camino en esta vida capuchina y sobre todo de ver una viceprovincia, que desde la pobreza, encarna el ideal evangélico en sus presencias y apostolados.

b) El Vicariato. Formado por hermanos y hermanas que se comprometen en la creación de una Iglesia con rostro local. Aquí he percibido una forma diferente de ser Iglesia. El testimonio profético de quienes hacen parte de este Vicariato es una motivación para mí, que alienta mi vocación en el servicio, buscando formar una Iglesia que vive renovándose y construyendo el Reino en favor de las diferentes culturas y pueblos.

El haber sido participe de la celebración del año jubilar de los 25 años del martirio de Mons. Alejandro Labaka fue una gran oportunidad de reflexión de mi vivencia misionera y una gran motivación en mi camino.

c) Mi fraternidad local. Que en realidad han sido dos, después de los cambios del Capítulo. A ellos les he aprendido mucho. Con su forma de vida, de trabajar y de hacer misión me han dejado ver como ser un hermano capuchino con una verdadera vocación de servicio. Valoro que he vivido en una fraternidad misionera, orante y que trabaja con sus manos. En mi fraternidad vi hermanos que viven naturalmente el espíritu misionero de nuestra Orden. La misión de Dios en el mundo es evidente en este lugar gracias al trabajo de los hermanos, que asumen el ser misioneros como algo propio de nuestra vocación.

El haber podido vivir con los hermanos Manuel Amunárriz y José Miguel Goldáraz, dos misioneros hechos con el molde de la selva, ha sido una gran bendición que puso un toque de sabiduría aplicada, de donde aprendí con su testimonio y palabra.

d) La gente. Aquí es donde encontré la mayor riqueza. El encuentro con la gente siempre tuvo una gran riqueza cultural. A través del elemento cultural pude conocer en profundidad un nuevo estilo de vida, que estimo y exalto por su gran sentido de Dios. He visto un nuevo rostro de Dios en la simplicidad de la vida de los Runas.

Casi siempre la gente tenía dos preguntas para mí. Preguntas claves para iniciar una amistad y que se convertían en una prueba. La primera es: ¿Hermano, ya se enseñó? y la segunda: ¿Quiere chicha?. Para ambas preguntas mi respuesta era SI. Y esta respuesta iba cargada de cierto sufrimiento por adaptarme al medio y soportar los dolores estomacales provenientes de alguna bacteria contenida en el agua. Pero estos sufrimientos fueron pocos, en comparación con lo que recibí de la gente: su amistad, su hospitalidad y sus gestos fraternos. Momentos que me llenaron de alegría y me ejercitaban en la encarnación en este pueblo. 

Para mi esta misión ha sido “la misión del saber estar”. Estar en el lugar con los ojos bien abiertos, aprendiendo de lo visto y haciendo familia con quienes nos rodean. Estar con la gente, entorno a la chicha o a la pilsener, escuchando su vida y anunciando el mensaje de la Nueva Vida me ha permitido vivir mi ideal misionero desde un contacto directo con la cultura y con la vida de los pueblos. 

La misión ha sido un reto. Un reto que todavía no he terminado. Y que aquí he podido reestructurar, generando nuevas visiones e inquietudes. Me llevo muchos sueños y también he dado vida a otros. Pero tengo la convicción de que esto continúa desde lo que he vivido en este tiempo.

Y por todo lo que he vivido aquí estoy muy agradecido. Agradecido con el Señor, con los hermanos de la Viceprovincia, con el Vicariato y con la gente. Y especialmente agradecido con los hermanos Adalberto Jiménez y Vicente Quisirumbay, que en su cargo de Ministro Viceprovincial, me han acogido como grandes hermanos, motivándome en mi experiencia.  Ha sido una gran oportunidad de compartir y de poder caminar juntos. Y al final, un tiempo que me ha dejado grandes enseñanzas para la vida.

Gracias a todos los hermanos que han sido los anfitriones de mi estancia. Gracias por comunicarme esa vida desde el Señor. Gracias por poner las sandalias en mis pies para poder caminar.

Que Dios bendiga esta Viceprovincia con la fidelidad en la vocación de cada hermano, les recompense lo que han hecho por mí y que por intercesión de Santa María de Guadalupe, les bendiga con santas vocaciones.

 

Fraternalmente

 

Néstor Wer

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Junio 15 de 2012.

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Nuevo Rocafuerte, Orellana.

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