Antxon Amunárriz desde México

altQueridos amigos:

He ido siguiendo vuestra caminata de Quito a Coca con verdadero interés, más aún, con cierta nostalgia, pues me hubiera gustado estar entre vosotros en ese largo recorrido de fe y esperanza. Habéis recordado los dichos y los hechos de Alejandro e Inés. A Alejandro lo conocí personalmente, a Inés sólo de oídas. Ambos me han marcado con su testimonio incomparable. Dentro de dos días estaréis celebrando su martirio, sucedido hace 25 años. He visto el programa fijado para ese día, una combinación de reflexión, oración y fiesta. De lejos participaré en todos los actos. Y espero sentirme tan beneficiado como vosotros. 

Muchos de vosotros preguntaréis: pero, ¿quién es el que escribre estas cosas? Pues un simple fraile capuchino que vivió 15 años en El Ecuador, y que no ha olvidado a las buenas gentes que conoció en aquellas tierras andinas. Y si me preguntáis qué huellas han dejado en mí nuestros mártires de Aguarico, os diría:

primero, su fe en Dios, desnuda, sin falsos gestos, atenta y obediente a las fuertes llamadas;

segundo, su búsqueda de los hermanos olvidados, con el simple anhelo de una comunión verdadera que anuncia el Evangelio;

y, tercero, el olvido de sí mimos, la renuncia a todo poder y a todo prestigio, que hace fuerte para los auténticos compromisos.

A todos y cada uno un abrazo fraterno de vuestro amigo,

Antxon

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