Las Reliquias de

Monseñor Alejandro Labaka

y de la Hermana Inés Arango

en los Altares de los Mártires del Siglo XX y XXI

 

altEl lunes siete de abril, junto con el Hno. Benjamín Echeverría, viajamos a Roma, como delegados de la Provincia, Viceprovincia y Vicariato de Aguarico para asistir a la Celebración del Cuarenta Aniversario de la Creación de la Comunidad de San Egidio, presidida por el papa Benedicto XVI en la Basílica de san Bartolomé, en la isla Tiberina.

El objetivo de nuestro viaje era participar en una liturgia en la que se conmemoraba a los mártires del siglo XX y del siglo XXI. Habíamos sido delegados por Monseñor Jesús Esteban Sádaba, del Vicariato Apostólico de Aguarico; por los superiores de la Provincia de Navarra, Cantabria y Aragón y de la Viceprovincia de Ecuador para presentar las Reliquias de nuestros mártires Alejandro Labaka e Inés Arango, a quienes los de la Comunidad de san Egidio les guardaban un lugar especial dentro de la Basílica

Miembros de la Comunidad de San Egidio están presentes en más de 70 países y uno de ellos es Ecuador, con dos presencias áreas marginales de Quito y Guayaquil. Sucede que tiempo atrás, los señores Giovanni Impagliazzo, Presidente de la Comunidad de San Egidio y Gianni Labella, administrador de la misma, habían tenido en otro tiempo contacto con Monseñor Jesús Esteban Sádaba y, a través de él, conocimiento sobre la vida de Alejandro Labaka e Inés Arango.

 

La Odisea de las reliquias de Alejandro e Inés.

Durante la mañana, en la Curia General de los capuchinos, en Roma, recibimos a Gianni y Giovanni. Ellos nos explicaron el motivo por el que querían que Alejandro Labaka e Inés Arango, fuesen parte viva entre los mártires del Siglo XX y del siglo XXI: Nos dijeron “En nuestra celebración hemos querido recoger la presencia viva de los mártires del Siglo XX y XXI de todo el mundo. Hemos leído la Crónica Huaorani y Arriesgar la vida por el Evangelio – que ya han sido traducidas al italiano y van a ser publicadas- y hemos considerado que la vida y el testimonio de Alejandro e Inés tiene que darse a conocer al mundo y recoger sus reliquias para que estén expuestas en la basílica junto a otros mártires del universo. Lo hemos hecho acá porque Roma es paso de muchísima gente de todo el orbe y es bueno tener viva la presencia de ellos”.

Como anécdota nos contaron la odisea de las reliquias hasta llegar a Roma. El envío que había salido de Ecuador días atrás tenía que pasar por varias terminales de correo. En Alemania fue detenido el sobre. A los responsables de correos les había llamado la atención el que pudiese ser enviada una sola sandalia usada (la reliquia de Inés) y una cruz pectoral envejecida (la reliquia de Alejandro). ¡Qué habrá pasado por la mente de los responsables de la posta! Así que lo más lógico en aquella dependencia fue detener el preciado envío, que hasta vísperas de la celebración no llegaba a Roma. Debido a lo acontecido tuvo que acudir la Santa Sede ante el embajador de Alemania para que dieran paso a las Reliquias. Todo se arregló felizmente y dieron paso nuevamente al envío, sólo que esta vez, de manera urgente. Nos contaron que el Embajador de Alemania estuvo muy enérgico porque precisamente era una Reliquia religiosa, para el Papa que es Alemán y detenida precisamente en su país de origen. ¡Qué ironía de la vida! El día seis de abril, es decir vísperas de la celebración, nada menos que a las 23h00 llegaban las Reliquias a Roma. Como podemos ver ni siquiera Alejandro e Inés se querían quedar a medio camino. Ahí si que vale el dicho: más vale tarde que nunca. Pero lo bueno fue que llegaron.

 

Escribir una biografía de Monseñor Alejandro Labaka.

Los dos miembros de la Comunidad de San Egidio, quienes meses atrás habían visitado Ecuador, mostraron su interés por la vida de nuestros mártires. Tras haberse acercado al material que habían recibido sobre ellos, nos propusieron su deseo de escribir una biografía sobre Monseñor Alejandro Labaka. Benjamín les habló sobre los diversos textos publicados en CICAME. Les comentamos también de aquellos que han escrito al respecto: Hnos: Rufino Grández y Miguel Angel Cabodevilla. Así como de las publicaciones de Juan Santos Ortiz y Lino Tagliani (Religioso de la Consolata) quien durante varios años vivió en el Vicariato de Aguarico y compartió el trabajo con los Huaoranis). Uno de ellos, Gianni Labella, historiador y profesor de historia contemporánea en la universidad, se ofreció a escribir una biografía sobre Monseñor Alejandro Labaka. Enfatizó que sería no tanto una obra religiosa cuanto un trabajo de carácter histórico- crítico y técnico donde se destaque la figura humana, universal y creyente de Alejandro, pero no sólo desde y para el mundo religioso, sino desde los valores universales y su postura ante la sociedad y el mundo. Al final, entre otras cosas, insistieron: es necesario que una figura como la de Monseñor Alejandro Labaka, sea conocida como testimonio de entrega en todo el mundo.

Otro de los aspectos en los que giró la conversación fue en establecer contacto con ellos como Comunidad de san Egidio desde el Vicariato Apostólico de Aguarico y desde la Viceprovincia de Ecuador, para ver si se crea una participación, e incluso una presencia de la Comunidad de san Egidio en el Vicariato de Aguarico con el fin de ir concretando algunas de las posibles propuestas.

 

La celebración y las Reliquias de los mártires.

A las 15h30 llegábamos a las afueras de la basílica, junto al río Tíber, acompañados por el hno, Alfonso Ramírez, secretario de lengua española en la Curia General. Desde varias manzanas el tráfico era casi imposible. Centenares de personas se daban cita frente a la explanada de la pequeña basílica, junto al río Tíber. Nos abrimos paso entre las gentes y gracias a las tarjetas de ingreso que nos habían entregado los de la Comunidad de San Egidio ingresamos a la basílica con facilidad. Las medidas de seguridad eran estrictas. En el interior de la capilla estábamos unas doscientas personas.

Progresivamente se iba llenando el interior. Pasaban autoridades civiles y eclesiásticas. Nunca había visto tantos cardenales y obispos juntos (alrededor de unos treinta) Sobre todo llamaba la atención la gran cantidad de jóvenes presentes. La mayor parte pertenecían a la Comunidad de San Egidio. Por lo que se comentaba, esta comunidad de laicos, es una de las más significativas en Roma, por su liturgia y por su compromiso social con los más necesitados y siempre ubicados en territorios de misión y entre realidades y temas fronterizos y vulnerables: justicia y paz, mediadores ante la violencia de las naciones, servicios a los enfermos de VIH SIDA, sobre todo en África, oración por la paz en Asís y otros lugares, lucha contra el hambre, etc.

Tal como estaba previsto, a las 17h30 ingresó el Santo Padre al interior de la Basílica. Fue recibido con una sentida ovación mientras el coro de san Egidio entonaba el canto procesional. El fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi, dio las palabras de bienvenida al Santo Padre, agradeciendo su visita en el cuarenta aniversario de esta comunidad y explicó cómo el motivo de la celebración quería recoger las reliquias de algunos mártires de todos los continentes como un testimonio vivo de Fe y entrega a Dios y al prójimo en esta sociedad. No mencionó ningún nombre, pero entre estos mártires estaban señalados implícitamente Alejandro e Inés.

El Papa Benedicto XVI, dio comienzo a la liturgia de la Palabra que recordaba la entrega hasta la muerte de los seguidores de Cristo. La lectura estaba tomada del Libro del Apocalipsis 7,12-17, que habla del testimonio del martirio de Cristo y los mártires, que están vestidos con el traje del Cordero. Siguió el salmo 115, con el estribillo cantado por la Asamblea: El Señor me ha liberado de la muerte. Una solista entonó bellamente el salmo. El Evangelio fue tomado de Juan,15,12-19. Allí se recogía el testimonio del Amor de los mártires: No hay amor más grande que el que da la vida por los amigos.

En la homilía el Santo Padre se refirió a algunos aspectos ente los que destacó: Podemos considerar nuestro encuentro en la basílica de san Bartolomé, en la Isla Tiberina, como una peregrinación a los mártires del Siglo XX, innumerables hombres y mujeres, conocidos y desconocidos, que a lo largo del siglo XX han derramado su sangre por el Señor… y que hoy iluminan con su luz nuestras vidas….Este templo fue destinado por mi querido predecesor Juan Pablo II para ser lugar de la memoria de los mártires del siglo XX y lo confió a la Comunidad de san Egidio, que este año da gracias a Dios por el cuadragésimo aniversario de sus inicios…Al detenernos ante los seis altares que recuerdan a los cristianos caídos bajo la violencia totalitaria del comunismo, del nazismo, asesinados en América, en Asia y en Oceanía, en España y México, en Africa, volvemos a recorrer espiritualmente muchas vicisitudes dolorosas del siglo pasado…Muchos han sido inmolados por no abandonar a los necesitados, a los pobres, a los que les habían sido encomendados, sin temor de las amenazas y peligros…El siervo de Dios Juan Pablo II, en la celebración ecuménica del jubileo por los nuevos mártires dijo que estos hermanos y hermanas en la fe constituyen una especie de gran cuadro de la humanidad cristiana del siglo XX, un cuadro de las bienaventuranzas, vivido hasta el derramamiento de sangre…También este siglo XXI ha comenzado bajo el signo del martirio. Cuando los cristianos son verdaderamente levadura, luz y sal de la tierra, se convierten a su vez, como le sucedió a Cristo, en objeto de persecuciones; como El, son signo de contradicción. La convivencia fraterna, el amor, la fe, las opciones a favor de los más pequeños y pobres, suscitan a veces una aversión violenta. ¡Qué útiles entonces contemplar el testimonio luminoso de quien nos ha precedido en el signo de una fidelidad heroica hasta el martirio…

Se cantó el himno de los mártires y luego en un largo espacio de silencio el Papa fue pasando por los seis altares donde estaban contenidas las reliquias de algunos mártires de todo el mundo. En cada altar estaban las reliquias de cada continente y una persona de cada región dentro del altar sostenía un cirio que era encendido cuando el Santo Padre ingresaba y oraba en él . Junto a la Cruz Pectoral de Alejandro y a la sandalia de Inés estaban las reliquias de otros mártires de América. Entre ellos las reliquias del cardenal mexicano Juan Jesús Posadas, asesinado en Guadalajara en 1993; del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 y del padre André Jarlán, asesinado en Santiago de Chile en 1984.

La celebración culminó con la solemne bendición bíblica , para nosotros, familiarmente, la bendición de san francisco. Terminada la celebración acudimos al altar donde reposan las reliquias de Alejandro e Inés, para despedirnos de ellos. La salida fue otra odisea porque a decir del andaluz Alfonso Ramírez, que nos acompañaba: ¡qué barbaridá, como vei, en eta plaza e que no cabe ni un garbanzo entre persona y persona!.

 

Aún con suerte pudimos llegar a la cena que compartimos en fraternidad con los hermanos de la Curia General.

En el recuerdo nos queda el testimonio vivo de nuestros mártires del siglo XX y XXI evocados y perennizados en la basílica de San Bartolomé y gratamente reconocidos por la Comunidad de San Egidio, a quienes agradecemos este hermoso gesto de fe y fraternidad universal. Que los mártires y especialmente Alejandro e Inés sigan alentando nuestra entrega a Dios en la vida de los más necesitados.

 

Fraternalmente.

 

Hno. Adalberto Jiménez.OFMCap.

 

Quito, 16 de abril de 2008

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