Palabras del Dr. Ricardo Hidalgo Ottolenghi

decano lanzamiento del libro “curar en la selva herida”

6.10.2011.

altNo voy a referirme en profundidad al precioso libro que esta noche estamos entregando a la comunidad universitaria y a la ciudadanía en general. Lo que pienso sobre esta obra ya está dicho en el prólogo.

El Dr. Amunárriz nos ha agradecido a nosotros, sin embargo, creo que somos nosotros los que tenemos que agradecerle, como universidad, como institución, por su aporte durante estos casi cinco años como docente, y como ecuatorianos, por su silenciosa obra durante 40 largos años en la amazonia que queda tan bien reseñada en este libro.

“Curar en la selva herida”, realmente es un libro que uno no puede dejar de terminar de leerlo y examinarlo con gran interés y curiosidad, porque es tal la cantidad de material valioso que allí se acumula, que realmente es un texto atractivo no sólo naturalmente para médicos, sino para todo aquel que esté interesado en la antropología, la cultura y el humanismo.

Ciertamente, es un libro que tiene mucho más que la historia de un hospital; la obra se transforma también en parte de la historia de nuestro país, porque refleja, en gran medida, la forma distinta en el tiempo de cómo nos hemos organizado, de cómo se han tomado las decisiones públicas, de cómo se ha llevado a cabo la explotación del petróleo en la amazonia y cuáles han sido las características de muchas de esas erráticas intervenciones que han terminado afectando al ser humano e hiriendo de muerte a la selva, por lo tanto, es un documento que contribuye sustancialmente a la historia de nuestra nación.

Y por cierto, es un documento muy universitario, particularmente para la facultad de ciencias de la salud de la universidad tecnológica equinoccial, por ser ella, por su misión, una institución comprometida con la sociedad y las comunidades más vulnerables.

La universidad, es por definición humanista, ya que el ser humano debe considerarse el fin último de las cosas y no un mero instrumento para alcanzar ciertos fines. El respeto por los derechos humanos de los “nadie” como los llama galeano, debe considerarse como una expresión del humanismo, que es parte integral del hacer universitario, patrimonio de la inteligencia y del progreso en su expresión más plena.

Por lo tanto, no hay mejor cabida en una universidad como ésta y en una escuela como ésta, el lugar y el espacio adecuados, para presentar un libro como éste.

El libro es un aporte, porque refleja la contribución que ha hecho el Dr. Amunárriz con su trabajo profesional, pero también es importante debido a otras dos razones: en primer lugar, porque Manuel ha sido un investigador vinculado con mucha vocación a la docencia. Quizás, en gran medida, la docencia significó para él el sacrificio de muchas horas que pudo haber dedicado al desarrollo profesional, pero como docente contribuyó a proyectar de una manera distinta la formación de nuestros médicos.

Y el segundo elemento por el cual además la universidad debe sentirse muy agradecida del aporte que ha hecho el Dr. Amunárriz a nuestro trabajo académico, es porque en su obra se percibe, se respira, de una manera muy profunda, esta vocación de servicio que es parte de la filosofía que hemos intentado impregnar a nuestros estudiantes desde el inicio de nuestra gestión.

No están allí solamente las observaciones del científico, ahí está la labor de un hombre que puso toda su competencia profesional, está además el trabajo de un sacerdote con un profundo compromiso con las personas, con la sociedad en la que vive, con la vocación de servicio a los más necesitados. Ese espíritu de vocación pública y de respeto hacia lo diverso, probablemente, es lo que más se aprecia en este libro.

En consecuencia Manuel, somos nosotros, los que tenemos que agradecerte por lo que has hecho, por tu contribución y por haber formado a tantos jóvenes médicos, compartiendo con ellos no solo tus aprendizajes, sino sobre todo tu filosofía de vida. Por ello y por tantas otras cosas, te vamos a echar de menos querido Manuel.

Hasta siempre, padrecito, cuenta con nuestro cariño y el apoyo de esta casa, que es tu casa.

Un abrazo a todos, muchas gracias.

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