DIECISIETE LANZAS PARA UN OBISPO

Introducción: La revista italiana “La posta di Padre Mariano”, de enero-febrero del año 2009, publica una entrevista a Mons. Jesús Esteban Sádaba, con variedad de fotografías. La traducimos como prueba de que la figura de Mons. Alejandro Labaka es un referente internacional de vocación misionera.

Moría a manos de quienes iban a ser salvados por él del exterminio: fue el destino de un capuchino español, obispo de Aguarico. Nos cuenta esta historia su sucesor, Mons. Jesús Esteban Sádaba Pérez, quien nos concedió una entrevista amplia. Se lo agradecemos.

Monseñor, usted sucedió en el cargo de obispo de Aguarico, a un obispo mártir. ¿Puede contarnos algo de esta historia cruel y heroica?

En el año 1953, la santa Sede confió a la Orden capuchina el cuidado pastoral e una extensa región en la Amazonia ecuatoriana. Hoy tiene una población de unos 100.000 habitantes, el 80% católicos.

El primer Obispo-Vicario de Aguarico fue Mons. Alejandro Labaka Ugarte. Murió el 21 de julio de 1987, acribillado por 17 lanzas de los tagaeris. El Obispo intentaba salvar de la destrucción a esa minoría indígena, que se oponía a la explotación del petróleo en la zona; por ese motivo se enfrentaban al ejército.

Se hizo transportar en helicóptero a una de las viviendas perdidas en la selva y fue acogido por las mujeres y niños. Le acompañó una misionera, Hna. Inés Arango, Terciaria capuchina. Llegaron los jefes tribales de sus cacerías y protestaron por encontrar gente extraña en su choza. Uno de los jefes arrojó su lanza y derribó al obispo; todos los demás varones fueron clavando sus lanzas en el cuerpo derribado. Y a la Hermana la mataron después. Ya nadie se ha arriesgado a tomar contacto con esta minoría étnica, ya que ellos quieren vivir nómadas sin ninguna relación extraña.

El papa Juan Pablo II señaló al Obispo entre los mártires, muertos por amor a Dios y al prójimo. Y así es considerado por todos. La causa de canonización ya fue introducida y ahora estamos trabajando a fin de presentar su figura a la Congregación de los santos y después a toda la Iglesia, como servidor del amor de Dios y del prójimo,

Denos algunos datos personales y de su familia.

Nací en Pamplona (España) y pertenezco a una familia de 6 hermanos. De éstos, tres somos capuchinos. La única hermana, la menor de todos, está de misionera conmigo. Uno de los capuchinos está en México desde 1972 y el otro en Ecuador. En España me desempeñaba como profesor de matemáticas en un seminario. Y precisamente sucedió que el seminario fue cerrado y ahí recibí el nombramiento de Obispo de Aguarico, una región amazónica del Ecuador que confina con Colombia. Era el 22 de enero de 1990. Y así pasé de profesor de matemáticas a Obispo en la selva amazónica.

¿Y por qué escogió ser misionero?

Fui a misiones porque fui elegido Obispo de Aguarico. Pues difícilmente hubiera podido partir yo, estando aún vivos mis padres; y estando ya en a misiones mis dos hermanos capuchinos. Pero así les pareció oportuno nombrarme Obispo.

Cuéntenos algo de su diócesis misionera.

El Vicariato de Aguarico tiene una extensión de 25.000 kms (tan grande como Sicilia). Hay unos 20 sacerdotes para diversas parroquias. Desde el año 1990 ha crecido el número de sacerdotes. Y no son solamente Capuchinos, sino Conventuales, Javerianos colombianos y un grupo de sacerdotes diocesanos del Norte de España (Asturias) Lentamente han sido ordenados los primeros sacerdotes nativos. En 1998 fue ordenado el primer sacerdote del Vicariato. Actualmente hay 4 sacerdotes diocesanos ecuatorianos.

Hay un numeroso grupo de Religiosas, más de 50, de diferentes congregaciones. Existe también un monasterio de Clarisas capuchinas venidas de México; actualmente son nueve hermanas, siete mexicanas y dos ecuatorianas. Hay también un numeroso grupo de Terciarias capuchinas.

¿Culés son sus principales compromisos como Obispo?

Mi trabajo como Obispo es que la Iglesia nazca y crezca en la Amazonia ecuatoriana. Fundamentalmente debo estar muy cercano a los misioneros y por medio de ellos animar el importante grupo de catequistas y animadores de las comunidades. Tenemos unos 1.100 catequistas y animadores que viven en pequeñas poblaciones. Son personas que se distinguen por su fidelidad; algunos de ellos llevan más de 25 años en su servicio eclesial. En cada zona pastoral se reúnen una vez al mes para la formación y la preparación del tema de la catequesis. Si el sacerdote no puede llegar cada domingo al recinto, los catequistas se encargan del encuentro de formación y de la oración de la comunidad.

El Vicariato de Aguarico está dividido en 10 zonas pastorales. En cada zona pastoral hay un sacerdote y unas tres religiosas que hacen el seguimiento de las comunidades eclesiales, formada cada una por unas 50 personas. En cada comunidad se celebra la Eucaristía una vez al mes, mientras que en poblaciones más grandes se celebra semanalmente y en algunas a diario.

¿Cuáles son las mayores dificultades que encuentran en la misión?

Un problema muy grande es la explotación del petróleo en la selva y la madera. Esta realidad está influyendo mucho en la vida de las comunidades. Los indígenas, especialmente el grupo “Huaorani”, siendo minoría, han debido replegarse en su Hábitat por causa de la explotación del petróleo y la madera. Últimamente se han dado derrames del petróleo con la consiguiente contaminación del agua.

Otra de las dificultades deriva que la misión ha tenido que ayudar a los campesinos llamados “colonos” que han llegado de muchas partes del Ecuador.

¿Y qué nos puede decir de los habitantes de la Misión?

Al principio la población era solamente de indígenas locales. En este momento ellos son un grupo minoritario. El grupo más numeroso lo forman los “colonos”, que han llegado de todas partes atraídos por la explotación del petróleo. Cuando llegaron los Capuchinos, en el año 1953, calculaban que había unos 3.000 habitantes, en su casi totalidad indígenas. Actualmente los habitantes son unos 100.000, el 90% campesinos y colonos. Solamente un 10%, unos 3.000, son indígenas.

La población es muy religiosa, solicitan los sacramentos. Administramos unos 2.000 bautismos al año; 2.500 primeras comuniones, 1.500 confirmaciones y 150 matrimonios. Ciertamente esto es desproporcionado: los matrimonios son pocos.

En la zona existen comunidades evangélicas que mantienen cierta tensión con nosotros. No provienen del Evangelismo histórico. Son grupos que tienen su origen en Estados Unidos, muy ligados a su pastor local; viene un pastor y monta su iglesia. Hay también un grupo Adventista más numeroso.

La gente es muy sencilla. Han llegado de regiones pobres en busca de trabajo y de tierras donde vivir. Y la región está creciendo en habitantes por que ven un futuro.

¿Cómo son sus relaciones con la autoridad civil?

En los actuales momentos son buenas. Se puede afirmar que la zona ha nacido del Vicariato. La ciudad de Coca, capital de la provincia, fue fundada por los capuchinos. En 1954 era un recinto de pocas casas; actualmente es una ciudad de 30.000 habitantes, que tiene su aeropuerto. La gente sabe todo esto y la Autoridad nos considera. Sin embargo no faltan motivos de enfrentamientos: últimamente hemos debido intervenir con energía a causa de actuaciones estatales que violan derechos humanos.

¿Desea enviar un mensaje a los lectores de la revista?

Lo más importante es que todos sintamos el amor que Dios nos tiene. Eso es lo que predicaba el P. Mariano y predican los misioneros. Que los hombres de buena voluntad conozcan el amor de Dios por cada uno. Mi deseo es que cada lector de esta revista haga una experiencia real de encuentro con Dios.

Giancarlo Fiorini

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