SEMILLAS DEL VERBO

Boletín informativo de la causa de canonización de los Siervos de Dios

Mons. Alejandro Labaka y Hna. Inés Arango

Nº 9 Febrero – Año 2009

Vicariato apostólico de Aguarico (Ecuador)


Editorial: La herencia de Alejandro e Inés.

Cada ser humano que pasa por la tierra va dejando una huella. Hay seres humanos cuya memoria nunca se ha extinguido y siguen siendo luz, ánimo y esperanza para la humanidad. Han dejado una herencia espiritual. Entre ellos podemos contar a Alejandro Labaka e Inés Arango, misioneros muertos en el año 1987, en la Amazonía ecuatoriana, a manos de los tagaeri. Esta minoría étnica, aún no contactada, fue escogida por estos heroicos misioneros para llevarles el mensaje de paz, en medio de los peligros que les acechaban. Y regaron con su sangre la selva ecuatoriana, en gesto de amor hasta dar la vida. Mons. Alejandro es una figura misionera en tres continentes. Estuvo durante siete años en Asia, en la misión de Pingliang (China). Expulsado por los comunistas, viene a Ecuador donde pasará 33 años, 22 de ellos en la Amazonia. Nacido en Europa, donde se fraguó su vocación misionera, fue un hombre universal “Todo para todos”, como escribió en el recordatorio de su ordenación sacerdotal. La Hna. Inés Arango es también prototipo de amor a la vocación misionera, hasta insertarse en la cultura de las minorías de la selva ecuatoriana.

No podemos dejar que se apague la luz que nos dejaron prendida estos misioneros. Y este Boletín quiere colaborar a mantener viva su herencia misionera.

Carta de Mons. Jesús Esteban Sádaba, Obispo-vicario de Aguarico.

(Sigue la carta) (En esta 1ª pág. Se pondrá una foto)

Breves rasgos biográficos de Mons. Alejandro Labaka.

Mons. Alejandro Labaka Ugarte nació en Beizama (Guipúzcoa) el 19 de abril de 1920. A sus 12 años ingresó en el seminario seráfico de los capuchinos en Alsasua (Navarra). Profesó como religioso capuchino el 15 de agosto de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1945. Y el 28 de 1947 embarcó para China. Y Allí permaneció como misionero hasta el año 1953. Expulsado por los comunistas, regresa a España, donde permanece un año, pues en 1954 parte para Ecuador, donde permanecerá hasta su muerte. En Ecuador fue superior de los capuchinos, hasta ser nombrado Prefecto apostólico de la misión de Aguarico, en la Amazonía ecuatoriana. el 15 de febrero del año 1965. En este mismo año le tocó participar en el Concilio Vaticano II, en Roma, donde tuvo una intervención sobre la vocación misionera de la Iglesia. El 2 de julio de 1984, el papa Juan Pablo II lo nombró obispo, elevando la Prefectura apostólica de Aguarico a Vicariato apostólico. Mons. Alejandro continuó su vida misionera, entregándose a defender los derechos de las minorías, amenazados por la explotación petrolera y maderera de la selva. Así llegó el año 1987, en que cumplía 50 años de vida religiosa capuchina. Ya tenía planeado su viaje a España, para unirse a sus compañeros de profesión, cuando surgieron problemas con la minoría étnica tagaeri. Decidió ofrecerse de mediador, como lo había hecho ya con los huaorani con éxito. Pero el 21 de julio de 1987, en que lo llevaron en helicóptero hasta las chozas donde vivían los tagaeri, murió alanceado por éstos. Desde niño en el seminario había cantado:

Mi premio ha de ser, oh Madre – al pie de un árbol morir.

De todos abandonado – de todos menos de ti.

La Hna. Inés Arango Velásquez, Terciaria capuchina.

Nació en Medellín, (Colombia), en el año 1937, en una familia muy cristiana. Sus padres Fabriciano y Magdalena tuvieron 12 hijos, 7 varones y 5 mujeres. Cuatro de estas hijas llegarán a ser religiosas. A los 17 años ingresó en la congregación de Hnas. Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. Terminada su formación, hizo su profesión religiosa el 7 de julio de 1956. Y durante 20 años dedicará su vida apostólica a la enseñanza en los diferentes colegios que la Congregación tiene en Colombia. Pero siempre soñando con ser misionera: se ofreció a ir a varias misiones de la Congregación. Por fin en el año 1977 se pudo cumplir su sueño: fue enviada a la misión de Aguarico en el Ecuador, en plena Amazonía. Allí su opción fue por las minorías étnicas, uniéndose a Mons. Alejandro Labaka en sus contactos con los huaorani. Aprendió su idioma, permaneció largas etapas conviviendo con ellos. Por fin se ofreció a acompañar a su Obispo en el intento de contactar a los tagaeri. La madrugada del 21 de julio de 1987, antes de salir para aquel viaje de aventura, dejó escrito su testamento: “Si muero, me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mí. Siempre con todos. Inés. Y fue dos veces “mártir”, pues presenció el alanceamiento de su Obispo y luego fue alanceada ella. En la catedral de Coca (Orellana-Ecuador), están las tumbas de estos dos heroicos misioneros. Sobre ellas se ha escrito esta frase: “No hay amor más grande que dar la vida por aquellos a quienes se ama (Juan 15,13).

Las reliquias de Alejandro e Inés en Roma.

El día 7 de abril de 2008, tuvo lugar en Roma un importante acto con la inauguración de los altares de los mártires de los siglos XX y XXI. La iniciativa de dedicar en Roma una iglesia a la memoria de estos mártires se debe a la comunidad de San Egidio. Y también el escoger a Alejandro e Inés como parte viva de los mártires del s. ex. Son sus palabras: “Después de leer el libro de Alejandro Crónica Huairona y su biografía Arriesgar la vida por el Evangelio, consideramos que la vida y testimonio de Alejandro e Inés tiene que darse a conocer al mundo y recoger sus reliquias para que están expuestas en la Basílica junto a otros mártires del Universo. Lo hemos hecho así porque Roma es paso de muchísima gente de todo el orbe y es bueno tener viva La presencia de ellos” La celebración tuvo lugar en la basílica de san Bartolomé, en la Isla Tiberina. A las 17h30 ingresó Benedicto XVI, acogido por numeroso público. El fundador de la comunidad de San Egidio dio la bienvenida. Y el Santo Padre dijo en su homilía: “Podemos considerar nuestro encuentro en la basílica de san Bartolomé, en la Isla Tiberina, como una peregrinación a los mártires del s. XX, innumerables hombres y mujeres, conocidos y desconocidos, que, a largo del s. San han derramado su sangre por el Señor. Este templo fue destinado por mi querido predecesor Juan Pablo II para ser lugar de la memoria de los Mártires del s. XX y lo confió a la comunidad de san Egidio. Al detenernos ante los seis altares que recuerdan a los cristianos caídos bajo la violencia totalitaria del comunismo, del nazismo, asesinados en América, en Asia y Oceanía, en España y México, en África, volvernos a recorrer espiritualmente muchas vicisitudes dolorosas del siglo pasado… ¡Qué motivador el contemplar el testimonio luminoso de quienes nos han precedido en el signo de una fidelidad heroica hasta el martirio!

Las reliquias depositadas son una Cruz pectoral de Alejandro y una sandalia de Inés.

Cómo va la causa

El 21 de julio de 1996 se abrió, en la catedral de Coca (Orellana) Ecuador, la causa de canonización de Mons. Alejandro Labaka y Hna. Inés Arango. Desde ese momento ya pueden ser llamados Siervos de Dios. El Obispo-Vicario de Aguarico, Mons. Jesús Esteban Sádaba, actor de la causa, nombró el tribunal eclesiástico, compuesto por el Juez, Promotor de justicia y Notario. Se escogió como Postulador de la causa al Postulador general de la Orden capuchina, quien nombró un vicepostulador, residente en el mismo Vicariato. Más tarde se constituyó una Comisión de historia. Todas estas instancias han ido trabajando en estos 13 años para preparar toda la documentación que debe ser enviada a Roma. Se espera que en este año pueda estar culminado el proceso diocesano. La causa está, pues, en la primera etapa, que se llama proceso diocesano. De ahí tendrá que pasar a Roma.

Ante tus ropas rasgadas

La Hna. Isabel Valdizán, Terciaria capuchina, ha escrito un folleto titulado “Cartas a Inés”. Después de su visita a los lugares donde vivió Inés, ha recogido sus recueros y emociones en este epistolario. Transcribimos alguna página.

“Mi corazón aún está en Coca. Tengo vivo el recuerdo de encontrarme sentada en el pequeño museo ante tus ropas rasgadas, que muestran tu corazón traspasado por la lanza. Tu corazón ya entregado en totalidad a Jesucristo, que quiso regalarte, junto a Mons. Alejandro Labaka, la gracia del martirio. Ante tus ropas rasgadas, mis ojos quieren verte: activa y vigorosa en la selva, atendiendo a los Huaorani, cocinando con las mujeres, aprendiendo su idioma con los niños.

Tus ropas rasgadas...a modo de sepulcro vacío, nos recuerdan tu cuerpo entregado a Jesucristo, junto a Monseñor. Sepulcro vacío, ropas rasgadas que nos recuerdan, en la mañana de Resurrección, al Señor vivo y Resucitado… y vosotros, Inés y Alejandro, resucitados con Él.

Inés, hermana querida, ahora podemos acercarnos a tu corazón traspasado por la lanza.”

La devoción a Mons. Labaka

Relato de Hno. Wolfan Molina

La figura de Alejandro Labaka suscita admiración y entusiasmo por su testimonio de entrega a la misión hasta dar la vida. Hoy traemos el testimonio de un joven capuchino venezolano: Wolfan Molina.

¿Cuándo conociste a Alejadro Labaka?

… Tuve el primer encuentro con su historia el marzo del año 2000. Pero aquello fue solo descubrir su persona. A partir de allí comencé a conocerlo a través de folletos, libros, internet.

¿Qué aspectos de su figura te impactaron?

Toda su vida impacta, pero indudablemente hay aspectos que en su vida lograron impresionarme: Su sensibilidad hacía los pobres, una sensibilidad que se hace opción manifiesta de vida; su radicalidad de vida, manifiesta en su deseo de estar y compartir la vida de sus evangelizados, logró ser un evidente testimonio de que sí es posible vivir el Evangelio, y llevar a cabo lo que pide el Concilio Vaticano II sobre las misiones; Su vida misionera, verlo, a través de fotos, navegar por los ríos en búsqueda de las comunidades indígenas, cocinar en pantalones cortos, celebrar la Eucaristía en condiciones duras y vivir entre ellos asumiendo su cultura. Su sentir oblativo, con aquella frase dicha antes de su martirio: “Si no vamos nosotros los matan a ellos”. Aquello de morir sin su ropa puede ser algo que para algunos no significa nada, para mí es una identificación con Cristo en su abajamiento. “Se despojó de su condición” (Flp. 2, 7).

¿Crees que puede ser un referente para los jóvenes de hoy? ¿Cómo?

Por supuesto, hoy los jóvenes, aunque son catalogados por muchos como superficiales e individualistas, estoy seguro que tienen un gran deseo de vivir lo radical, lo intenso. El testimonio de vida de Mons. Alejandro Labaka posee estas características (radicalidad e intensidad), puede, por tanto, ser referente para ellos de que sí es posible una vida de entrega y de servicio Evangélico. Concretamente en la Pastoral Vocacional de La viceprovincia de Venezuela, donde yo presto el servicio de promotor vocacional, la Exposición del Testimonio de Mons Alejandro es siempre un aspecto que nunca pasamos en el período de Motivación. Y veo con frecuencia que su vida produce un eco profundo en los jóvenes.

Cuéntanos algo de tu vocación misionera capuchina.

Desde niño siempre me sentí atraído por este tipo de servicio. Escuchar a una de mis hermanas que es religiosa y misionera en África las historias sobre su trabajo allí, causaba una gran emoción en mí. Pero hasta entonces no me lo había planteado con seriedad, quizá lo veía como algo difícil o muy duro. Al terminar el bachillerato entré al seminario diocesano, era lo que más se parecía a lo que soñaba. No sabía que existía también la vida religiosa masculina. Mis años en el seminario fueron agradables, allí formé parte de un grupo de animación misionera, seguía mi deseo de ir a las misiones.

Al terminar los estudios de filosofía, después de mucho pensarlo, pedí al Obispo la posibilidad de ir a hacer un año de misiones, quería tener esta experiencia. Él me envió al Vicariato apostólico más cercano de la Diócesis y allí viví con los capuchinos por un año. Esto fue en el año 2000. Allí tuve la experiencia de vivir en una comunidad indígena Yukpa, al noroeste de Venezuela, todo lo que iba viviendo era como venido de la mano de Dios y sin que los hermanos me lo insinuaran, empezó mi deseo de ser misionero y ahora con esta configuración propia: quería ser misionero capuchino. En aquel pequeño y sencillo convento capuchino de los Ángeles del Tukuko, en la Sierra de Perijá, estaba ubicado, en una de las paredes, un cuadro mediano de un hombre empujando una barca y en la parte inferior del cuadro una frase del Evangelio de san Juan: “Fue a los suyos y los suyos no le recibieron”. Cuando pedí la explicación al guardián de aquella fraternidad, quedé muy impactado. Me dijo: Fue un Obispo que en el Ecuador defendió seriamente los derechos de los indígenas y que por error, los mismos indígenas le asesinaron. A partir de allí quise buscar alguna referencia más detallada. Y con una biografía llamada: “La noche de las lanzas” logré acercarme a su extraordinario testimonio de vida.         

Al terminar mi experiencia de un año en las misiones, regresé al seminario, pero ahora el deseo de ser misionero era más fuerte, ya conocía mucho de los Hermanos Capuchinos y finalmente decidí dar el paso. Hoy doy gracias a Dios, pues todo este camino ha sido de gracia, el tiempo en el seminario lo agradezco, pues allí fue el camino hacia las misiones y hacia la Orden. Hoy me siento feliz como franciscano capuchino y mi labor la llevo en el vicariato apostólico del Caroní. Allí junto a los hermanos de la fraternidad d el noviciado compartimos la fe con los indígenas pemones. Y el testimonio de Mons. Labaka sigue fortaleciendo e inspirando el trabajo que muchos intentamos llevar a favor de los pueblos indígenas de Venezuela.

NOTICIAS

Publicación de una biografía de la Hna. Inés Arango.

La Hna. Isabel Valdizán, Terciaria capuchina, ha publicado un libro con el título Barro y arcilla. CICAME Quito (Ecuador). Después de un viaje que hizo por los lugares donde nació, vivió y murió la sierva de Dios, en un estilo bello, atrayente, juvenil, ha narrado no sólo la vida sino el alma de nuestra misionera. Quienes deseen adquirirlo pueden solicitarlo a la Vicepostulación.

Alejando e Inés, figuras misioneras continentales.

La CLAR (Confederación latinoamericana de religiosos) está editando un libro con los nombres de todos los mártires religiosos-as del Continente. Ha escogido a Alejandro e Inés como representantes del Ecuador. Publican sus biografías, reflexiones, etc.

Premio a la solidaridad.

El Gobierno de Navarra ha concedido el premio a la solidaridad al Vicariato de Aguarico en Ecuador– Mons. Jesús Esteban Sádaba, obispo sucesor de Mons. Alejandro Labaka, recibió en propias manos este premio en la sede del Gobierno de Navarra, a mediados del mes de febrero. Nos congratulamos de este hecho, pues Alejandro e Inés fueron de los misioneros más entregados a la solidaridad con las minorías de la selva amazónica en Ecuador.

Ya está publicada la biografía documentada de nuestros misioneros:

VIDA Y MARTIRIO DEL OBISPO ALEJANDRO LABAKA Y DE LA HERMANA INÉS ARANGO. Autor: Rufino María Grández, capuchino.

Editado en Quito, en la colección CICAME, Un volumen de 669 páginas, con 1313 notas. El autor ha escrito con amor y pasión estas biografías, visitando los lugares donde vivieron y murieron los misioneros. Ha investigado en los archivos de Coca y Quito en Ecuador. Podemos asegurar que se trata de una obra sumamente importante en el proceso de canonización de los Siervos de Dios, ya que será presentada como la biografía oficial.

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