Testimonio sobre Mos. Alejandro Labaca

Hace ya 45 años que tuve la gracia de conocer a una persona fuera de serie. Aunque también me tocó estar presente el 8 de abril de 1947 en el seminario seráfico de Alsasua, cuando se despidió junto con sus compañeros para China. Ahí le oímos entonar su canto misionero preferido : " Ya voy a la misión querida". Seis años más tarde le vi a su regreso de China, en el teologado de Pamplona.

Le he admirado siempre de lejos; no me tocó vivir codo a codo en la misma casa. Sin embargo me tocó relacionarme con él, siendo superior de los capuchinos de Ecuador. Y esto abarca un lapso de años: de 1957 a a1965.

He narrado ya el hecho de su inculturación y aprecio de las minorías étnicas, al dedicarnos a estudiar la lengua quichua, recién llegados a Ecuador a Ramón Echegaray y a mí.

Quisiera destacar algunos rasgos de su personalidad que me impresionaron:

Era un hombre vital que contagiaba vida: durante los cuatro años que dirigió como superior la Custodia de Ecuador, fue un hombre de proyectos: planificó toda una estructura de casas de formación: logró una donación de terreno para construir el seminario menor capuchino en Guamaní, un paradisiaco lugar a poca distancia de Quito.

 En el año 1964 se daba ya por segura la construcción.

Levantó un hermoso y funcional edificio en Chaupicruz ( Quito ) para teologado capuchino. Hoy funciona en este edificio el seminario menor de la sarquidiócesis de Quito. Dio todos los pasos para un noviciado común capuchino.

Durante sus cuatro años de superior de la Custodia nos contagió amor a la Orden y fidelidad al carisma. Se podrían espigar en las crónicas de los conventos y en las actas de visita muchas disposiciones que dejó escritas sobre fidelidad a la pobreza, responsabilidad en llevar vida comunitaria, en un ambiente de muchos compromisos apostólicos y obras materiales de promoción.

Cuando en 1964concluyó su primer trenio de Custodio, sin vacilar se le reeligió para otros tres años, cosa poco frecuente en aquel entonces. Cuando en 1965 llegó la noticia de que era nombrado Prefecto apostólico de Aguarico.... tuvimos la sensación de que nos lo robaban.

En la biografía escrita por Rufino Grández " Arriesgar la vida por el evangelio", habla de la " noche oscura" en la vida de Alejandro. Recuerdo muy bien aquellos años entre el 66 - 69. Era plenos postconcilio: revisión de todo, fuerte contestación a algunos aspectos entre misión - carisma; reuniones para reflexionar sobre las implicaciones de l Concilio y de los cambios en la orden.

Cuando aparecía en aquella comunidad capuchina numerosa de la Concepción de Quito, se le notaba preocupado. Tenía la ilusión de que los capuchinos se hiciesen cargo del territorio del Curacay.

Los superiores no aceptaron. He oído a uno de ellos que, ante esta determinación, lloró. Pero diez años más tarde ahí morirá alanceado.

El prototipo misionero. Del 9 al 14 de marzo de 1987 se realizó en Quito en congreso misionero nacional. Asistieron más de mil congresistas, en su mayoría jóvenes. Mons. Alejandro Labaca fue uno de los que presentó experiencia misionera. Electrizó a los jóvenes. Le aplaudieron interminablemente. Cantó el avemaria en chino. Allí estábamos un grupo de capuchinos, que recordaríamos este hecho unos mese más tarde, cuando murió mártir de entrega a la misión. El 21 de julio de ese mismo nos fulminó la noticia de su muerte a manos de los tagaeris.

He pensado muchas veces que si me preguntasen cuál es la persona que más he admirado en mi vida, la que más me ha impresionado por su valentía, su entrega .... de inmediato acudiría a mis labios el nombre de Alejandro Labaca.

José Antonio Recalde

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