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Es la memoria del corazón la que fija los signos de las cosas vividas, la que nos enseña lo que somos.alt

Han pasado años y en mi recuerdo tengo los tiempos vividos en la selva, cómo los más felices de mi vida; como mujer y como misionera, es más, siempre afirmo que me hice misionera Dominica en la selva de Ecuador, en el Vicariato de Aguarico, a donde llegué con toda la ilusión del mundo en Marzo de 1975, con destino, después de mi profesión perpetua, a San Pedro de los Cofanes, Km. 28 donde la Congregación había fundado una Comunidad en 1974.

Ese era mi primer viaje a la selva y, no iba sola, viajábamos en el Bus “Centinela del Norte”, en la noche, Dos hermanas de la Comunidad a donde iba, y un padre Capuchino: Alejandro Labaka. El primer contacto con uno de los misioneros con los que luego trabajaríamos en la zona de la Carretera desde el Eno, donde residía él con tres misioneros seglares: Alberto, Pachy y Mariano, hasta Shushufindy y el proyecto IERAC. No se atendía, aún la zona de Shachas, sólo había unas casitas de madera y no había centro poblado.

Pronto me di cuenta de los valores de Alejandro y del interés que tenía por nosotras, nos buscaba lo más cómodo dentro de lo que se podía, nos hizo un pozo para que subiéramos el agua a la casa, ya que el tanque era muy pequeño, nos arreglaba la Petromax con lo que nos alumbrábamos en la noche, a veces nos hacía alguna comida, nos regaló un pato y una pata, en fin nos quería y contentas. Con él íbamos los Domingos a las Misas, lo más lejos era Shushufindy donde no había ni escuela para celebrar allí las Misas; Conducía el Carro Pachy, y Alejandro, en esos tiempos, fue que le puso la letra de “La selva es tu mansión…” a la música de: “Cerca de Ti Señor…”. Siempre íbamos cantando a pesar del polvo o de la lluvia.

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Era muy cercano y cariñoso con la gente y daba una imagen de Iglesia muy maternal, quiero decir no imponía, explicaba y convencía de porqué se debía hacer así, vivir mejor, prepararse, organizarse, construir escuelas para mejorar la cultura, etc. Estaba pendiente de las necesidades básicas de esos poblados incipientes que carecían de todo lo más elemental. En las Misas explicaba y dialogaba con las gentes, no era de grandes homilías, hablaba sencillo y se dejaba entender. Recuerdo muy bien que mis primeras impresiones eran que Se notaba en el que había asumido muy bien el Concilio Vaticano Segundo. Ad gentes, Mater et Magistra y todo lo que suponía la Misión. Yo aprendí de mis hermanas y de él buenas cosas y experiencias que no olvido y todo en un clima tropical que para todos es duro. Pero, éramos felices y sin mayores necesidades. Era así.

Alejandro Labaka en la carretera hacia Nueva Quevedo 1975. Con las hermanas Dominicas Laura y Clara.

CUANDO LLEGO A ROCAFUERTE

En el año 1980, terminados los 6 semestres de mis estudios de Enfermera; tenía que realizar un año de prácticas en un hospital del ministerio de salud pública, y yo decidí, solicitar el solicitar para mi año de Rural, el hospital Fisco Misional de Nuevo Rocafuerte, ya que allí, me lo concederían y tendría la oportunidad de aprender mucho con el P. Manuel Amunárriz, como así fue, y, seguramente podría vivir en Comunidad con las Hermanas Terciarias Capuchinas que allí continúan con el trabajo de Pastoral y en el Hospital.

Todo me fue concedido ya que a ese hospital tan alejado, nadie deseaba ir por un año.

Fui, acompañada por una de mis hermanas de la Comunidad de Quito donde vivía para poder estudiar. Fuimos muy bien recibidas, tanto por los padres Capuchinos cómo por las hermanas de la comunidad de terciarias Capuchinas, que me aceptaron cómo una más de su comunidad.

En la Comunidad de Padres, entonces, estaba el p. Camilo Mújica, Manuel Amunárriz y Alejandro Labaka.

En la Comunidad de hermanas, estaban entonces: Laura Fernández, Imelda Pérez, Inés Arango y la Hermana Mª Jesús.

Bueno, me sentí muy bien, en el Hospital donde cerca del P. Manuel fui aprendiendo a diagnosticar, a tratar las enfermedades y a los enfermos; qué medicinas dar, atender partos que sólo sabía la teoría, enfermedades tropicales, y cómo detectarlas, suturas, atención a hospitalizados, etc. Y mucho más. En realidad, sentía que el P. Manuel, ante los enfermos, se transformaba… Así que aprendí con él mucho más que lo aprendido en prácticas y en teoría en los 6 Semestres.

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En la Comunidad, compartía con las hermanas, desde la mañana con la oración, la Eucaristía, el trabajo en el hospital, las comidas, el descanso y en las noches, lectura comunitaria y recreación, siempre animada por Inés, Inés Arango; Era una persona que, como Coordinadora de ese grupo, estaba pendiente de todas las hermanas, de las necesidades, los alimentos en la cocina, que allí es difícil de adquirir. Se veía en ella un gran espíritu de sacrificio y, como vulgarmente se dice,” se tiraba a todo”. Eso no lo hacemos todas. Yo lo observaba, aunque no sabía que un día ella moriría de esa forma y yo tendría la oportunidad de contar lo que sentía de ella.

Lo más sorprendente era que en las noches, se transformaba, contando anécdotas y chistes de su tierra, costumbres de Medellín, su familia. Nos hacía reír continuamente, tenía para ello, un arte especial.

Los Padres, que viven a un Kilómetro del Hospital, iban casi todos los días a visitar a los enfermos y a las hermanas.

altEl P. Manuel, decía la Misa cada día y desayunaba con nosotras. El Padre Camilo, escribía los 4 Evangelios en Quichua, y el p. Alejandro, vivía obsesionado por los huaoranis y visitar a las comunidades indígenas de la ribera de los ríos: Napo, Aguarico, Eno y Cuyabeno.

Personalmente, tengo que decir allí me sentí muy a gusto en aquel ambiente, tanto en el trabajo y prácticas del hospital, como en la Comunidad de hermanas; además , los fines de semana me gustaba y me invitaban a acompañar a los padres y hermanas a las Comunas del Río Napo y rio Tiputini; cantar y aprender los cantos en Quichua y atender enfermos, para lo que llevábamos un pequeño botiquín.

Aprendí mucho, más de lo que suponía. El ambiente de orden y serenidad, la lejanía de todo y de todos, me venía muy bien, me gustaba y disfrutaba.

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