aleines 1

TODO PARA TODOS.

CRISTO EN TODOS.

SEMINA VERBI.

Según usos todavía vigentes, Alejandro cuando le hicieron obispo hizo componer un escudo de "chonta". En el escudo hay muchos árboles, un río largo con un indio bogan­do en solitario y ceñido todo ello del cordón franciscano y de las tres frases de arriba. También se hizo labrar un báculo de chonta, con el que quiso pastorear causas y gentes, hasta que una lanza de chonta hizo florecer de rojo esas tres frases que son un testamento en su escudo.

Alejandro ha hermanado así la vida y la muerte, la idea y la realidad, la "civili­zación" y la civilización, la naturaleza y Dios, el Evangelio y las semillas de evan­gelio, con esta gesta de martirio por el pueblo indio que, después de quinientos años, no ha encontrado el auténtico Dios 'indio'.

Nos ha tocado vivir con Monseñor Alejandro en un lugar maravilloso y trágico, donde chocan de una forma legendaria aspectos y puntos de vista irreconciliables: culturas, modos de vida y pensamiento, el silencio primordial de la selva y el ruido ensordecedor de máquinas sofisticadas, la libertad de los primeros pueblos y la an­gustiosa mezquindad del acaparamiento multinacional, la naturaleza más bella de la tierra y el saqueo de la cultura occidental que destruye para tener y conquista para "civilizar". Lo que ha sucedido en ese rincón de la selva, junto a una casa de hoja­rasca desbaratada por el aire del helicóptero y entre unos troncos de árboles despa­rramados por el suelo, no es un episodio sangriento, cerrado por la noticia, es la interpelación del profeta frente al torrente impresionante de ideologías y causas de salvación que no esperan la contestación a la pregunta que nos lanzan a la cara: ¿qué es la verdad?

Por eso las 18 lanzas clavadas en su cuerpo desnudo han hecho reventar una flor más del Evangelio que está naciendo a lo ancho de estas tierras americanas donde, paradójicamente resulta más peligroso defender la vida y la dignidad humana que “predicar" el Evangelio. El evangelio de la vida, de la dignidad y de los derechos del hombre, de los más pequeños, de los INDIOS que todavía esperan ser admitidos como sujetos concretos de la teolo­gía de la liberación. Teología, por tanto, a la que falta el capítulo profundo sobre la cultura y sobre los pueblos "creados indios”.

Monseñor Alejandro Labaca vivió un tipo de evangelio y de testimonio peculiar; ubicado al borde de este mundo increíble; en las fronteras de la "civilización" y de la "teología"; lugar de debate de proyectos sociales, culturales, económicos y teológicos. Llevan­do la divisa grabada en sangre de su escudo de obispo: TODO PARA TODOS. CRISTO EN TODOS. SEMILLAS DEL VERBO.

Hno. José Miguel Goldáraz

Sup. Reg. de Aguarico.

Agosto 1987

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