aleines 1

José Miguel Goldáraz era el Vicario General del Vicariato de Aguarico. Así nos cuenta los acontecimientos.

-Si en el año 1987 no se integraba el grupo de los Tagaeri al programa de la Misión, este grupo desaparecería por las exploracio­nes de las Compañías. Era por tanto decisiva la intervención por parte de Monseñor. Esto precipitó la rápida búsqueda y el ingreso.

Monseñor mantenía con CEPE un convenio. El Gobierno obliga a las Compañías a emplear un fondo para el "desarrollo comunitario"; así las Compañías se liberan de impuestos estatales de acuerdo a la cantidad que dan como fondo comunitario.

La partida para obras comunales está fijada con el n°123-0606-01-187. Para la aplicación de esta partida se celebra un convenio entre CEPE y la Institución que desea recibir esa ayuda para esos fines sociales. Así se firmó en Quito el Convenio. Por parte de CEPE firma Carlos Romo Lerous, como gerente general de CEPE, Luis Ore­llana, como Secretario de la Conferencia Episcopal y Monseñor Alejandro Labaka, co­mo Obispo de Aguarico, realizador del programa.

El convenio se firma el 15 de octubre de 1985 y se amplía el 5 de mayo de 1987. El primero de noviembre de 1985 entregan a la Misión Capuchina para los fines indicados, la cantidad de 5.000.000 de sucres.

-Monseñor no entró nunca a la tribu huaorani por helicóptero. Siempre fue por tierra. Así fue el proceso con la primera tribu:

La Compañía CGG lo llevaba en helicóptero hasta el helipuerto de la Compañía., Allí se acercaban de vez en cuando los huaoranis a recogerles comida, machetes...

-Monseñor observaba su conducta y no les hacía nada. Permitía esta presencia. Poco a poco fue haciéndose amigo de ellos. Los huaoranis le perdieron el miedo. Cuando ya se hicieron verdaderamente amigos, lo invitaron a su choza. Así, fue muchas veces, andando, hasta ellos. Durmió más tarde en su misma casa. Yo volé, una sola vez en helicóptero, sobre su choza con Mariano Grefa.

-Táctica con los Tagaeri.

Monseñor sólo hizo dos días de vuelo sobre los Tagaeri. En el primer vuelo no llevó ningún regalo. Sólo fue a inspeccionar. La segunda vez fue con el helicóptero por dos ocasiones en el mismo día. Ese día les echó regalos en los dos sobrevuelos. En la última vez (tercer vuelo) los Tagaeri le hacen señas con los brazos. ¿Para que echara más regalos...? ¿Para que bajaran...?

La primera vez vieron sólo una persona. Las otras dos veces vieron más. Monse­ñor decidió bajar por la premura ya explicada y porque a primeros de agosto pensaba viajar a España. Los misioneros le indicaban que no bajase aún. Yo le instaba a que no bajase en helicóptero. No obstante respetan su prudencia, ciencia y la gran experiencia con otras tribus. Era realmente un experto. El viernes anterior a su muerte estuvo en la Compañía estudiando los mapas. De Coca a los Tagaeri hay como unos 150 kilómetros de distancia. El estudió todo perfectamente.

-Una cronología simple.

Monseñor entra con la hermana Inés el día 21, martes, a las 9 a.m. La expedi­ción de rescate entra el 22, miércoles, a la 1,30 p.m. y llega a Coca con los cadáveres a las 3,10 p.m. De las 3,10 a las 9,30 se realiza la cosida y arreglo de los cuerpos masacrados. El rescate lo hicimos en media hora aproximadamente. El resto del tiempo se invirtió en el viaje.

-Algo de historia.

-Roques, vasco de las Landas y gerente de la Compañía dice que fueron en heli­cóptero, descendieron encima de la chacra, sin aterrizar. Vieron mucha gente; echa­ron los regalos, pocos. Viajaban tres de la Compañía, Monseñor y la hermana Inés.

-Se elevó un poco el helicóptero. Los Tagaeri salieron tranquilos de su choza sin portar lanzas y en fila india. Los Tagaeri fueron donde los re galos a la chacra y los cogieron.

- El helicóptero baja otra vez y los indios se esconden. El piloto descuelga juntos a Monseñor y a Inés por medio de una wincha. El helicóptero asciende y se va hacia una casa nueva que estaban hacien­do los Tagaeri . A los cinco minutos regresa el helicóptero y todavía estaban solos Monseñor e Inés. Los Tagaeri se habían escondido fuera de su casa. El piloto quiso regresar a la hora de dejarlos, pero en vez de ir al río Tigüino, confundido, se va por el río contiguo, denominado Siripuno. El helicóptero se regresa al campamento. Monseñor les había indicado que regresaran al día siguiente. De la chacra a la casa hay un camino ancho, distante unos 500 metros. "Yo creo que los masacraron en el primer cuarto de hora".

-Organización del rescate.

Al día siguiente va Roque con los de la Compañía. Dan una vuelta y no ven nada. Dan otra vuelta y ven los cadáveres a sendos lados de la casa de los Tagaeri. Inmediatamente regresan a la Compañía, al Campamento militar y a la Misión, para organizar el rescate. La Compañía presta un helicóptero grande: helitan. En él van José Miguel y Roque, el coronel Núñez y 13 soldados. También presta la Compañía un heli­cóptero pequeño: gacela. En él van 5 personas de la Compañía.

Los militares llevan un helicóptero artillado con dos ametralladoras para cubrir el rescate. En él van los dos soldados con ametralladoras y el comandante.

Bajan 10 soldados y José Miguel. Aquellos armados totalmente. Seis soldados de­bían cubrir y cuatro realizar el rescate. Yo tenía que dirigir la operación. Abrí un camino distinto del que tenían los Tagaeri, más corto. La casa de los Tagaeri se cayó con el viento de los helicópteros. Descendí con los 10 soldados desde una altura de 4 metros. El helicóptero grande se quedó volando sobre la chacra, por eso los que llevaban el equipo de filmación no pudieron captar las primeras escenas.

Yo sin pensar lo que estaba haciendo, como un autómata, le saqué 15 lanzas del cuerpo de Monseñor y 3 de la hermana Inés. Los soldados, habían sacado algunas más, pues estaban en el suelo.

Alejandro sólo llevaba el CUMBI (cuerdica para sujetar el miembro viril). Inés llevaba su ropa normal. La toca la tenía en el bolsillo. Iba descalza.

Habían llevado sábanas, fundas de plástico; todo lo necesario para el rescate. Fue una pena, pues los soldados, asustadísismos se dejaron volar todo excepto una fun­da. La partí en dos y traté de ceñir una media parte a cada uno de los cuerpos. A 25 metros de altura, sobre la casa, el helicóptero echa las sogas para el rescate. A Madre Inés se le sube en seguida, ya que no pesaba casi nada.

No se podía subir a Monseñor. Lo elevan un poco y lo llevan así hasta la chacra. Allí baja suficientemente el helicóptero y logran subirlo con dificultad.

Se regresan a Coca.

-Por qué les clavaron tantas lanzas.

Yo creo que es como una danza ritual de muerte. Hay otras danzas de guerra.

Para la muerte tienen lanzas largas y fuertes como de unos tres metros y medio. Para la cacería son más ligeras.

Los tagaeri acostumbran a los niños a clavar sobre el cadáver lancetas para alejar a los espíritus y para hacerlos fuertes. Los padres untan con la sangre a los hijos pequeños en los brazos, en el pecho. Todos pican como avispas. Las lanzas las dejan clavadas. Así queda cogido el espíritu. Pintan las lanzas de rojo en la guerra o muerte.

El nombre de Tagaeri viene de TAGA: nombre propio. Y ERI: cuadrilla = Cuadrilla de Taga. A estos moradores los llaman Pacachaquis= Pies rojos.

Se cree que los mataron los viejos de la tribu; las lanzas son muy pesadas.

Se cree que los mataron porque no llevaron muchos regalos. INIGUA decía: cien machetes, cincuenta ollas, cien cuchillos y tagaeri no matar. ¿Será así?

Hno. José Miguel Goldáraz

Agosto 1987

VisitasVisitas

Vicariato Apostólico del Aguarico - (02) 2257689 - (06) 2880501 - info@alejandroeines.org
                                          TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS - 2012