aleines 1

¡Mons. Alejandro Labaka! Su persona evoca los 13 años vividos dentro del mismo pueblo Naporuna (kichwas y Siecoyas). Nuestro equipo misionero de profesoras de la Institución Teresiana, guiado por el franciscano canadiense padre Juan Marcos Mercier, naturalizado peruano y naporuna con el apellido Coquinche, estaba continuamente en contacto con el equipo misionero de los Capuchinos, las hermanas Lauritas, las Terciarias Capuchinas, de la misma zona del río Napo, en su parte ecuatoriana.

Eran los años de difícil contacto entre los dos países. Nosotros, los misioneros, insistíamos ante las autoridades de los Ministerios interesados, sobre una realidad incuestionable: el pueblo indígena de las cabeceras del Napo, afluente del Amazonas, en la región que correspondía a su demarcación ecuatoriana, era el mismo pueblo que por razones políticas se encontraba actualmente al otro lado  de la frontera, en el Alto Napo peruano.

La pastoral indigenista desarrollada en el Vicariato de Aguarico, ha sido siempre para nosotros estimulante en su faceta de inculturación, en el aprendizaje de la lenguas nativas, en la educación bilingüe e intercultural, en el estudio de sus culturas y en las publicaciones de CICAME  como camino de devolución al mismo pueblo la riqueza estudiada e investigada, en el trabajo en favor de la promoción de la mujer y en la tarea educativa en el área de la salud. Nosotros, por nuestra parte, hemos aportado el diálogo con la religión indígena, el aprendizaje de un idioma más puro, ya que la zona del Alto Napo peruano era en aquellos años “una isla feliz”, rica en tradiciones y en mitos que nos esforzamos en recoger.

Cuando nombraron a Alejandro Obispo fue para todos nosotros una fiesta, pues soñábamos en una Iglesia Particular Indígena.

Para mí, personalmente, Monseñor Alejandro ha sido un maestro de inculturación misionera: el padre Juan Marcos, quien me introdujo en el mundo amazónico, me hablaba de él como un ejemplo de vida. Fundamental ha sido para mí su amor a la lengua, estudiada antes en la gramática del Padre Camilo Múgica, la actitud de reflexión, el compartir el trabajo y la vida sencilla del pueblo hasta donde den las fuerzas, el amor cordial que le llevó a pedir ser declarado hijo del pueblo a donde el Señor le había enviado. Aunque mi encuentro personal con él haya sido fugaz, es para mí un testimonio de vida en su forma de arriesgarse hasta las últimas consecuencias por el Evangelio, ejemplo de un Obispo comprometido en América Latina, abogado de los pobres, de los desvalidos, en la defensa de sus derechos, aún con la entrega de su propia persona. Con sor Inés Arango, admirábamos juntas su valentía y su amor a Cristo.

Su nuevo nacimiento, su amor a los nativos en hechos y en palabras, su generosidad, su respeto hacia las personas, me han alentado en momentos difíciles. Su voluntad de realizar siempre el bien, llevada de manera constante, su capacidad diplomática de unir a los representantes de distintos intereses, sus cartas de denuncia, de propuestas, de protestas, siguiendo con paciencia y perseverancia los trámites de una documentación solicitada por los Ministerios y por la burocracia del país, para conseguir un bien en favor de los que amamos, me han dado confianza cada vez que debía hablar a favor de los indígenas frente a los poderosos.

Leer posteriormente el libro que recoge su vida a orillas del mismo río Napo, escuchar la vibración de los misioneros, rezar sobre su tumba, ver las lanzas que le han golpeado ha supuesto intuir por un momento cuál ha sido la fuerza que le llevó a dar todo por la causa amada, con sencillez, con tesón, con esperanza, con fe, con coherencia cristiana. Su presencia cercana, el testimonio de la fraternidad de los Capuchinos, con quienes estábamos en contacto en nuestras respectivas visitas, han contribuido a que, vestida ahora de la túnica franciscana, aquella que siempre utilizó Monseñor Alejandro en los momentos oficiales, desde la oración y el retiro de este monasterio romano, siga contribuyendo a la causa indígena, por los medios que solo el Espíritu conoce.

                                               María Francesca Filadoro, clarisa capuchina

VisitasVisitas

Vicariato Apostólico del Aguarico - (02) 2257689 - (06) 2880501 - info@alejandroeines.org
                                          TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS - 2012