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En el mes de Octubre de 1980, Alejandro e Inés, programaban un viaje por los ríos, Napo, Aguarico, Eno y Cuyabeno.

Yo, dentro de mi año de prácticas de enfermería en el Hospital, debía de realizar un trabajo de investigación para lo cual, me guiaría el P. Manuel, quedando como tema a investigar, “ La mortalidad infantil en niños menores de 5 años “, en la región de los ríos que visitaríamos.

Como fui invitada al viaje, algo que me hacía mucha ilusión; con ellos dos, fuimos preparando, el recorrido, las paradas para visitar, el mensaje que queríamos llevar a cada familia, el tiempo; sin prisas y anunciando el regreso en 8 o 10 días.

Teníamos que llevar, gasolina para la ida y el regreso, comida , sobre todo arroz, un Quintal; azúcar, café enlatados, algo para alimentarnos y compartir con las familias que nos iban acogiendo cada noche para dormir, lo que suponía merienda y desayuno.

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Desde luego, yo ni calculé ni suponía lo que iba a experimentar y vivir en ese viaje tan deseado, cómo desconocido.

Han Pasado creo 30 años y aún tengo en mi recuerdo, las imágenes de las experiencias vividas, como una de mis mayores y mejores experiencias de mi vida misionera en Ecuador.

La canoa en la que viajaríamos, se llamaba “Cumandá” y el que la manejaba, una buena persona, catequista de la Ribera y cariñoso y tomando interés por las familias y personas que íbamos saludando, con mucha paciencia y cierto espíritu misionero.

Los experimentados que dirigían el viaje aunque programado con todos, eran Inés y Alejandro, yo, una invitada sin experiencia y expectante.

Recuerdo la primera noche con una familia que nos acogió, sencilla y pobre, pero sólo materialmente. Desde esa noche y hasta el regreso , dormir, en el suelo, dentro de la casa claro, eran todas alzadas y el piso de chonta. Imposible dormir ni coger postura, los chanchos debajo haciendo ruido y si se acercaban a los pilares también de chonta, la hacían moverse.

Yo no dormí pero Alejandro me dijo: dentro de dos días dormirás, y así fue; El día entero navegando, el subir a las casas y luego bajar a la canoa era cansado, supongo que para él más aún.

Para dormir, poníamos un gran plástico en el piso, una sabanita y una cobija, eso era todo porque dormíamos vestidos. Alejandro y Ernesto, colocaban con clavos los toldos, Alejandro tenía un candil que lo dejaba prendido en la noche por los murciélagos. Después de una merienda, compartida con la familia, cuando ya estábamos acostados, Alejandro comenzaba a cantar: “La selva es tu mansión…”y algún otro canto o salmo que sabíamos, a modo de oración; poco a poco, los habitantes de la casa, se daban cuenta y comenzaban a cantar con nosotros, y si eran Sionas o Secoyas, cantaban en su lengua como contestándonos. Así todas las noches. Cuando eran Quichuas, Alejandro comenzaba en quichua.

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Era impresionante el ecumenismo en esos lugares apartados de todo y de todos. Alejandro se adaptaba a todos,. Compartir todo, bendecir a todos, rezar con todos.

El objetivo era: Que no se sintieran solos que supieran que Dios está entre ellos, y que nosotros estábamos por allí; que pasábamos, pero que en 10días regresábamos.

Si deseaban bautizos, funerales, bodas, alguna necesidad o intenciones de las familias o Poblados que casi no había, vivían aislados.

Parábamos en cada casa que veíamos desde la canoa, bajábamos a tierra y visitar a cada familia fuese donde fuese.

En la canoa te agarraba el sueño, con el calor, el ruido del motor y el silencio; alguna vez bajábamos a tomar un cafecito con agua caliente que Inés tenía en un termo que calentaba cada día en la casa donde dormíamos.

Si en las casas, había enfermos, les atendíamos y si deseaban misa, aunque fueran Evangelistas o en un destacamento de la frontera, si lo pedían se celebraba. Inés y yo, preparábamos la liturgia, al terminar, a veces, nos daban comida. Todo sin prisas, para qué?

Yo, hacía mi trabajo de investigación, poco a poco conversando con cada familia.

Aquí Alejandro, al amanecer prepara las cosas para celebrar una Eucaristía en castellano, quichua y secoya que era la familia que nos acogió a dormir esa noche, participaron todo. Algo impensable, la inserción, el compartir y la alegría que esas familias manifestaban agradeciendo con su pobreza pero con un gran espíritu de familia de acogida y sencillez.

Alejandro en las noches salía a ver la luna, le encantaba.

Al llegar a pedir para dormir, si nos decían que si, el trabajo era al llegar, duro, descargar la canoa de todo y la ida , todo era mucho y pesado, lo hacíamos entre los cuatro, pero lo más duro entre Alejandro y Ernesto. A mi me dolía ver a Alejandro en ese duro trabajo. Luego, él, y además en cada noche y supongo que para demostrarles que no queríamos ser una carga, se ponía a partir leña un rato para la cocina de esa casa.

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Después, nos alejábamos un rato y nos bañábamos para descanso del día, ellos algo más separados de nosotras. Un día a mi me agarró un remolino, bañándonos en el Aguarico, y yo pensé” aquí terminó todo”, pensé en mis padres…Mientras, Inés llamaba a Alejandro que llegó por el agua y de dos empujones me sacó a la arena, donde me hozo botar el agua que tragué. El susto, fue terrible. En la noche, nos puso con su grabadora, una música suave para serenar los ánimos de todos. Al día siguiente, yo estaba muda, él me escribió en un cuaderno que yo tenía para mis notas: “Te saqué de las aguas para que sigas viviendo” me lo puso en Quichua y en castellano. Ya, no lo tengo, como algunas cartas que me escribió. Nunca pensé que fue importante guardar, o no… tenía muchas cosas y recuerdos pero sólo me quedan fotos, su testimonio, y, sus frases y palabras inolvidables.

Una noche en una Comunidad de Sionas, nos dieron para dormir, una casa de chonta deshabitada, y después de instados más o menos para dormir y, ya en silencio; comenzaron a llegar cucarachas que no nos respetaron y nos hicieron salir corriendo a los cuatro. Con tal motivo, bajamos hasta el río, y contemplamos la luna… después de una hora, ya se habían marchado las cucarachas invasoras.

Continuación:

Cada día, varias vivencias importantes, sencillas, emocionantes; cada noche, un cansancio, una oración y evaluación de todo lo recorrido en el día, la tarea evangelizadora tan peculiar y tan intensa, sin pensarlo ni proyectarlo.

Continuamos navegando bajo el sol justiciero o, bajo la lluvia persistente, acompañados del ruido del motor que adormecía, o canciones que entonaba Alejandro y, la parada obligada al divisar una casita fuera donde fuera.

Hubo un día que dejamos el R. Aguarico para navegar por el río Cuyaveno donde, más adelante encontramos un grupo de Sionas, bien organizados aunque en pobrísimas condiciones.

Tenían un profesor para los niños, un enfermero y Alejandro les orientó cómo hacer para solicitar la fiscalización de la escuela, allí nos quedamos día y medio mientras caía agua a gusto…

Los Sionas, llevan túnica negra y son más pobres que los Secoyas, en el sentido material; Los Secoyas visten túnicas de colores vivos, son en su mayoría evangelistas aunque pedían bautizos y misas y nos invitaban a sus celebraciones.

Con todos, tomábamos amistad y compartíamos.

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Luego, seguimos por el río Eno hasta llegar a Shusufindi; en ese recorrido, encontramos varias familias de colonos, procedentes de la Costa, recién llegados y con niños pequeños. Lo peor era el desconocimiento del clima y la zona a donde habían llegado.la engañosa selva, frondosa pero enfermiza, cargada de humedad, calor sofocante que aplana y los insectos y otros animales, para las personas, dañinos y que muchas veces acaban con la vida vulnerable, sobre todo de los niños. Escasos de alimentos básicos, y necesarios y con escasos recursos económicos, o nada. Viviendo entre cuatro tablas, aserrando otras; sembrando unas matas de café para cosecharlo después de 4 años, con suerte, par venderlo a intermediarios que sabrán bien que, dependen de ellos para sobre vivir, y esos, lo venderán tal vez al doble o más.

Estos colonos, se sentían desubicados, en tierra extraña y agresiva, sin la familia, con vecinos también desconocidos y todos en las mismas condiciones: Invasores de una tierra, buscando un futuro mejor.

Conversamos con cada familia y eran aconsejados por Alejandro sobre todo para legalizar su presencia en esas tierras, unirse y ayudarse cómo hermanos y teniendo en cuenta al Dios de la vida que se preocupa por cada uno de nosotros.

Por el rio Eno, seguimos encontrando más familias en las mismas condiciones, pero más cerca de Shushufindy donde llegamos con nuestra canoa hasta el poblado. Allí fue una sorpresa para las hermanas Terciarias, nuestra llegada inesperada. En la ranchera, los cuatro nos fuimos hasta Shachas a pasar la noche con mis hermanas, las Dominicas que tampoco sabían de nuestro viaje y menos de nuestra llegada. Fue un alboroto y una alegría para todos.

Al día siguiente, regreso a Shushufindy y de nuevo tomamos la canoa Cumandá nuestra compañera y medio de transporte que nos llevó por ríos y acercó a las personas, nos ayudó a cumplir nuestros objetivos, buena compañera que soportó todo; nuestras cargas, cansancios e ilusiones de cada día , madera liviana que no se desorientó y nos fue llevando con su silencio elocuente, buena misionera…

Comienza el retorno que fue más lento y para nosotros cuatro, más cansados; fueron nueve días de viaje ya y cargados de experiencias, viviendo en otras realidades, variadas y muy diferentes a nuestras vidas normales dentro de la misión y todo vivido muy intensamente.

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Con Alejandro, todo era motivo de reflexión y análisis de cada realidad, de interrogantes, compromisos y objetivos para el futuro próximo.

En la mayoría de las casas o centros poblados, que eran pocos, ya nos habían programado: bautizos de uno o varios niños, lo cual requería una catequesis previa, celebraciones de la Eucaristía o misas por algún difunto que murió en ese año por esas lejanías; también en los Destacamentos militares nos pidieron Eucaristías que preparábamos Inés , Ernesto y yo.

Antes de llegar a Rocafuerte, creo el 7 o el 8 de Octubre, nos varamos con la canoa y nos tocó bajar y empujarla, recuerdo que Alejandro nos dijo:”Estamos empujando la Iglesia de Aguarico” y, cuanto pesaba…no podíamos ya sacarla de la arena y eso que ya estaba casi vacía. Ella fue la que nos llevó a vivir las más variadas e intensas experiencias de Nuestra vida Misionera.

De regreso en Sushufindy saliendo casi vacíos….pero llenos.

El puntero, todo un santo.

En la casa de la vía de los aucas Km. 32 días antes de la ordenación episcopal como Obispo de aguarico

LLEGAN LOS HUAHORANIS A NUEVO ROCAFUERTE

Ese año, a mi regreso de visitar a mi familia después de 6 años, y ya en Nuevo Rocafuerte, yo continué con mi año de enfermería Rural y además pude entregar en el Ministerio de Salud el trabajo de investigación que me pedían, trabajo que programé con el P. Manuel Amunárriz y fue : La mortalidad infantil en los últimos 20 años. Cuyo resultado fue del 27%, esto lo realicé en el recorrido de los ríos Napo, aguarico, Eno y Cuyaveno.

En el mes de Julio, Alejandro viajó a España y dos días después de salir de Rocafuerte, justo después del almuerzo, el P. Camilo, avisa desde la Misión a Inés, que han llegado en una canoa, un grupo de huaoranis, vienen a despedir a su hermano Alex, dice Araba.(Después pidió a los Padres, el colchón de la cama de Alejandro, porque le correspondía a él…

Le traen de regalo, un precioso guacamayo y eso, es todo su equipaje… qué libres, qué ligeros de equipaje…!!

Recuerdo algunos nombres de los que llegaron en la misión ese día, y según dijeron: para quedarse allí e ir a la escuela.

Bueno, fuimos Inés y yo a toda prisa a la casa de los padres; aún subían del río dejando amarrada la canoa. Su expresión, era de alegría algo que les caracterizaba; reían por todo y su risa y alegría eran contagiosas.

Esto contrastaba con los Quichuas del Napo que no hacen exclamaciones, ven y callan, sin gestos ni risas. Recuerdo a Deta. Inihua,Kai, Araba, Anaento, Yaye y Ove dos jóvenes de una belleza extraordinaria; y de los niños, recuerdo a Yacata y había más.

Fue todo un espectáculo, y al mismo tiempo, como algo providencial e inesperado Que Dios nos enviaba en ese momento y ahí.

altUn grupo humano pidiendo nuestra ayuda y dedicación a ellos total. Un reto? Una propuesta?.Todo ello se fue filtrando en nuestras mentes, nuestra voluntad, el asumir esta misión esta invasión de Dios en nosotras….nuestras vidas ya organizadas en el trabajo de enfermería en el hospital, la comunidad, la tarea Pastoral.

Los interrogantes y decisiones, se nos amontonaron. Para mí, fue una oportunidad extra con la que no contaba, pero me quise involucrar hasta donde podía; y podía acompañar a Inés en las tardes , aunque para los huaoranis, no había horas, había días y noches, novedad, experiencias de todo tipo y carcajadas continuas.

Indescriptible, su entrada en el comedor de la Comunidad de los padres a un kilómetro del hospital.

Ver una mesa, una silla que tocaban, miraban, veían que nos sentábamos y se sentaban… desconfiando pero seguido de risas; ver y tocar vasos de cristal que Inés les daba con limonada y azúcar les resultaba frío para sus dentaduras delicadas, El ruido de las cucharillas para mover el azúcar…motivo de más risas; imitando cada palabra nuestra, repitiendo cada expresión o movimiento nuestro. Digno todo de una filmación para un estudio antropológico. Filmación ni fotos que no existieron, pero si, muchas reflexiones posteriores para quienes vivimos con ellos, momentos intensos, emocionantes de un contraste tan claro de dos culturas. Tan complicada la nuestra, tan simple, sencilla y llena de libertad, la de ellos; pero muy sutilmente se fue complicando con los días cargados de convivencia y compartir con las familias del poblado, y las noches , complicadas a causa del frío, y sin su fuego debajo de la hamaca, como ellos acostumbran, que les calienta y ahuyenta los moscos que les picaban. Si tenían camas pero no el fuego y había focos de luz que les alumbraban pero atraían a los mosquitos que además no les dejaban dormir.

Le pidieron a Inés, que se entregó a tiempo completo, que les enseñara castellano para ir a la escuela. Ella me pidió le acompañase y era muy interesante: Inés les decía una palabra en castellano y la escribía en el pizarrón pero ellos no la repetían si Inés no aprendía la misma en huaorani que ellos nos enseñaban; si la decíamos nosotras, ellos, ya decían lo mismo en castellano. Más que Paulo Freire? Diferente.

Un día, estaban unos, queriendo escribir y las mujeres, queriendo aprender a coser, poniendo la aguja y pasando el hilo, no de derecha a izquierda, si no lo contrario y no de arriba abajo, sino de abajo arriba. Pero cosieron. Lo cual implica que nos enseñaban: su carácter y su propia manera y forma de hacer sin someterse en absoluto; Cuando más entretenidos estábamos todos, de repente, Inés y yo nos quedamos solas, todos salieron de estampida a la selva. Porqué?

Lo supimos más tarde. Habían percibido el olor a sahínos, que es muy fuerte, y corrieron a cazarlos lo cual consiguieron con 2. En una gran olla que les compró Inés, los pusieron a cocinar en agua hasta que después de horas, los pudieron comer, mientras, pasaron cantando y cantando casi toda la noche y contándose entre ellos lo sucedido en la cacería.

Al día siguiente, nadie comía …

Pronto comenzaron, gripes, infecciones por las picaduras de los moscos, diarreas. El cambio de alimentación y de vida, les fue afectando.

Creo que el padre Camilo que observaba en silencio, lo que iba sucediendo, llamó por radio al p. Juan Santos que vivía Con el P. Ángel González en Pompeya, y allí les llevaron como unos 20 días, conocieron el Coca, y… pidieron regresar a sus lugares, a su selva. Pero no tan lejos. Decidieron con el p. Juan Santos e Inés y un matrimonio quichua, hacer algo para vivir en una chacra de Garza cocha en el camino hacia el Dicaron donde ellos vivían. Y allí, con ellos se fueron con Juan Santos y los quichuas. De vez en cuando aparecía alguno por Rocafuerte.

Deta con camisa de cuadros, a mi lado. Deta como mujer, era una líder. No se cortaba, como decimos ahora tenía las pilas puestas para todo.

altCuando llegaban a la casa de las hermanas, entraban en los cuartos, cualquier cosa les llamaba la atención y les gustaba y si les gustaba te lo pedían que hacías? Darles. Yo le di algunas ropas, pero como no lo valoraban, aunque si era una novedad, cada rato se ponía una ropa diferente, e incluso quería saber, que más teníamos puesto nosotras a parte de lo que se veía?

Todo era novedad, admiración, pero, comenzaron a seleccionar, preferir. Creo que comenzó la dependencia de lo que nosotros llamamos civilización…

Confieso que el salir de Rocafuerte me costó un disgusto, y lloré , lloré consciente de que dejaba atrás algo que nunca podría vivir de nuevo, un regalo que Dios me brindó en aquel año que no suponía yo tan lleno de aprendizajes, de experiencias.

Desde que escuchaba a Alejandro sus narraciones al regreso de los continuos viajes que hacía a los huaoranis, me daba cuenta de que ese grupo vivía en plena libertad y realmente me hubiese gustado compartirla. Ellos no sé si lo supieron pero fue lo mejor, lo más grande lo envidiable de su vida. Esa vida lejana pero compartida en los largos silencios tan necesarios para la persona, cercanos al fuego, el humo, la naturaleza la no dependencia ni de las ropas que nos preocupan tanto y sabiendo que arriba está Huinuny -el Dios de ellos-, decía Alejandro lo nombran, luego lo saben. Qué envidia no poder vivir como ellos y qué pena que no los dejasen vivir como eran y que los grandes continentes y países y ciudades no seamos tan libres como lo fueron ellos, sólo viviendo en libertad dependiendo de Huinuny.

Hna. Elvira Fernández Aller

Misionera Dominica del Rosario

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