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Refiriéndonos al tema que nos ocupa en esta mañana yo diría que nuestra querida Hna. Inés Arango mártir hace ya casi 25 años, no aportó sólo a las mujeres wuoranis sino a muchas mujeres a lo largo de su vida, entre ellas sus hermanas de comunidad dentro del espacio de convivencia, ya dentro de su misión evangelizadora aportó a sus alumnas cuando se desempeñó como educadora en Colombia.

En el tiempo que compartió su vida en Ecuador tuvo ocasión de relacionarse y aportar a las mujeres de la cultura Siona, Secoya, Cofán , también a las mujeres colonas de su tiempo pero de manera especial lo hizo con las mujeres wuaoranis a quienes amó entrañablemente y por quienes ofrendó su vida.

¿Qué fue lo que aportó? Lo que ella era y podía hacer, porque “Nadie da lo que no tiene” Inés tenía mucho para dar.

He dividido el aporte de Inés en tres partes:

SU SER DE MUJER INTEGRADA

Plenamente identificada con su género Inés se sintió a gusto con su ser femenino encarnó valores que son propios de la mujer y los compartió con quienes ella tuvo oportunidad de relacionarse y trabajar.

Mujer de alegría contagiosa, atenta a lo que acontece a su alrededor especialmente sensible a las necesidades de los demás y pronta para ayudar en lo que le era posible; mujer de detalles, disponible para el servicio desde lo más sencillo.

Considero que esto es importante ya que el primer y más importante mensaje se da con la vida, siendo coherente. Inés nos dio ejemplo de mujer fue referente…

Su vida antes y hoy nos permite leer lo que Dios quería para los hombres y mujeres necesitados “que Dios les ama y que son importantes…tan importantes que envía personas que les ayuden arriesgando incluso su propia vida”.

IDENTIFICADA CON SUS RAICES CULTURALES

Sabemos que lo que desde niños hemos vivido y recibido tanto en el seno de nuestra familia como en el entorno y circunstancias sociales va formando nuestra personalidad y dándonos una manera concreta de ser y actuar en el presente frente a las circunstancias. Constituye este aprendizaje una riqueza que todos tenemos.

Hablando de Inés tuvo la bendición de nacer en una familia numerosa, de raíces cristianas, en un lugar llamado Medellín en el departamento colombiano de Antioquia.

Hago alusión a esto porque al contemplar a Inés nos encontramos con una exponente fiel de su cultura. Su tierra natal (Antioquia) está habitada por personas con unas características concretas como son: ser amables al saludar; fuertes, decididos y listos, hábiles al hablar de negocios, francos y fieles a su palabra, bruscos al decir la verdad, Optimistas en la derrota, no se dan por vencidos con facilidad incluso esta actitud es acuñada por la frase “Antioqueño no se vara”, son alegres en el triunfo, especiales, tenaces, laboriosos, soñadores, tiernos, honrados, trabajadores, habladores en sentido de ser expresivos, muy sociables; se sienten orgullosos de lo suyo y seguros de lo que son.

Estas características las vemos plasmadas en el ser y hacer de nuestra hermana Inés, gracias a ellos pudo asumir los restos que suponía adentrarse en la selva en una misión que demandaba mucho de riesgo, fortaleza, habilidad, tenacidad, etc.

Pudo trabajar en equipo con Mons. Alejandro y con otros y otras misioneros y misioneras que en numerosas ocasiones les acompañaron en sus viajes. Gestionó ayudas para solucionar las necesidades de “sus indios” como en confianza le decían pero como he dicho desde el comienzo no sólo ayudó a las comunidades indígenas sino a cuanta persona llegará a solicitar apoyo.

Por su alegría y sociabilidad era muy conocida de la gente, su compartir contagiaba a los demás que podían percibir en sus palabras el amor a los hermanos huaorani y su convicción para ayudarlos, esto involucraba a sus oyentes suscitando palabras de ánimo, gestos de solidaridad en función de su preferidos e incluso después de su muerte motivación vocacional al seguimiento de Jesús.

Inés amó lo que era y desde su ser amó lo que los otros eran.

CONSAGRADA Y MISIONERA A PLENITUD DESDE UN CARISMA CONCRETO COMO TERCIARIA CAPUCHINA DE LA SAGRADA FAMILIA.

Leemos en sus escritos y los testimonios de nuestra hermana Inés que desde niña soñaba con ser misionera…

La providencia le abrió las puertas de nuestra Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia en una fecha muy importante el año centenario del nacimiento de nuestro fundador.

Ya dentro de la experiencia que ella misma y las hermanas nos narran en la crónica y otros escritos podemos hoy afirmar que aunque Inés soñaba con ser misionera entre los indígenas su camino para lograrlo fue lento y Dios la fue madurando como solo él lo sabe hacer… ya que una de las especialidades de Dios es la paciencia…él no se ha contagiado de nuestras prisas.

En los años que anteceden a su llegada al Ecuador ella asimila muy bien los valores que nos identifican como Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.

El seguimiento a Cristo.- Vemos a Inés convencida de su vocación, su vida está centrada en Cristo, es una mujer orante…se siente llamada y enviada

En comunidad fraterna.- Inés construyó fraternidad con sus cualidades y limitaciones.

Minoridad.- Tenía claro lo que era ponerse al servicio de los demás en lo más sencillo…y nos lo recalca muchas veces no busca su propio interés, ni sobresalir… no busca fama…

Entre los pobres.- Solo quiere ser hermana y estar entre los más pobres como el maestro, Jesús y como nuestro Fundador Luis amigó que tuvo una especial sensibilidad para con los más necesitados en su tiempo.

Esto implica cambio de mentalidad y capacidad de transformación como exigencia de fe. Conlleva asumir la propia cruz, negarse a sí misma dejando que Dios tome la iniciativa por su sola misericordia.

En fidelidad a la Iglesia…Inés sintió que esta vocación no era cosa suya sino de Dios y de la iglesia, lo hizo en fidelidad al proyecto de su Iglesia local y en comunión con los misioneros de la iglesia.

Desde estos valores franciscanos y amigonianos vivió su dimensión misionera convencida como estaba de que era también una opción congregacional.

Retomando nuevamente su vida vemos que Ecuador es el lugar donde ella pudo concretar su sueño, esto tampoco fue fácil hubo dificultades y luchas que tuvo que enfrentar y superar pero vivió siempre con mucha alegría. Su secreto el amor a Dios y a “esta porción” que se había constituido en su tesoro… “El amor no busca su propio interés…todo lo soporta” 1Cor. 13, 5-6.

Se siente feliz en la selva, en ella descubre vivamente a Dios. Siente su vocación de discípula y misionera. Fue a evangelizar pero se sintió “enseñada- evangelizada”

¿QUE NOS ENSEÑA CON SU TESTIMONIO?

Empiezo esta parte con relato de Jhon Magliola:

El niño vio la estrella y se puso a llorar.

La estrella le dijo: ¿Por qué lloras?

El niño le respondió: estás demasiado lejos ¡nunca podré tocarte!

Y la estrella le replicó:

¡pequeño, si yo no estuviera en tu corazón, no serías capaz de verme!

Quiero expresar que la pasión que sentía Inés por la misión con los Wuaorani era algo tan grande y a la vez tan sencillo como encontrar aquello que da sentido a nuestra vida. Los Wuaoranis fueron la pasión de Inés.

Aprendo de Inés y les comparto a los presentes especialmente a las mujeres que hay cosas que Inés vivió y que son tan actuales como en su momento lo fueron para ella.

Vivir el amor.- Si queremos hacer algo por los demás primeramente hemos de amarlos, es decir acogerlos en el corazón, eso no ha pasado de moda cuando queremos llegar a alguien no ha de ser por la fuerza ni la imposición sino desde el amor que dignifica…y todo ser humano pero nosotras en especial debemos dejar salir toda la capacidad de amar de que estamos dotadas y que impregne todo lo que hacemos aunque sean cosas sencillas…así lo hizo Inés.

Pero ella no sólo amó sino que se dejó amar, Inés escribe “me siento feliz entre ellos como hermana amada, respetada y acatada…” es importante no solo amar sino sentirse amada, acogida, respetada como Inés nos dice ya que eso genera confianza para el compartir, ellos le enseñaban las palabras y compartían sus relatos porque ella era una más entre ellos incluso dejará escrito “peligro entre ellos ni el más mínimo y antes de morir a la pregunta que más se repitió ¿no te da miedo? Ella dijo siempre “no tengo miedo” y es que donde hay amor no hay temor“ el amor hecha fuera el temor” nos dice 1Jn. 4,18

Ser humildes.- Valorando lo de los demás dispuestos siempre a aprender ella decía “recibimos de los indígenas una gran lección de fraternidad” refiriéndose al compartir de la comida…. Fue humilde también cuando convive con ellos sin saber su lengua, cuando aprende a silenciarse para acoger…. Vive la experiencia de morir para vivir.

La humildad nos abre la puerta en el corazón del otro.

Obrar por convicción… Inés está convencida de lo que quiere, lucha por eso y esta dispuesta a correr todos los riesgos. Cuando queremos realizar nuestros sueños encontramos dificultades y a veces los obstáculos nos desaniman. Podemos aprender a no renunciar… nos motiva a confiar y a encontrar estrategias para lograr lo que queremos… “no es un capricho mío dice en sus escritos…lo sentía muy hondo en sus ser y está convencida de que es de Dios y que no viene sólo de su gusto sino que es una opción el seguir trabajando con ellos.

No nos conformemos… Las cosas pueden ser diferentes. Tal vez haya a nuestro lado personas con la misma inquietud, dialoguemos, apoyémonos y sumemos fuerzas. Inés compartió su sueño y sumó fuerzas por la misma causa, era tal su convencimiento que al final había logrado el permiso para estar entre ellos… hoy como ayer es importante que nos vean y sientan convencidos en lo que promovemos.

Servir – ayudar.- Hemos dicho que era sensible a las necesidades de los demás. Está pendiente de su bienestar, de encontrar soluciones para sus realidades concretas, entre otras cosas les enseña los números y a firmar para que puedan sacar y tener su cédula de ciudadanía.

Era muy inteligente y detallista se aprendía los nombres de cada uno y los llamaba así, si sabía que algo les gustaba a ellos se los regalaba, quería que se sintieran bien…pero sobre todo amados.

Confiar en la gracia de Dios.- Inés fue una mujer que cultivó su vida espiritual desde la contemplación de la realidad se abrió a la experiencia de un Dios que acontece en todo y en todos, sintió que su vida le pertenecía a Dios y que él la conducía…confiaba en Dios, gastaba tiempo a la oración y por eso no duda de que sus deseos estén dentro del proyecto de Dios, además es en el encuentro con El, su Palabra y la Eucaristía que renueva su motivación y sus fuerzas.

Respecto de su relación con las mujeres, tomo un trocito del Libro crónica huaorani donde Mons. Alejandro habla sobre las mujeres en la comunidad Wuao.

“ Es vista milagrosamente como revestida de dignidad y protección social de su propia cultura, es realmente la reina del hogar respetada, amada y adornada de una seguridad interna personal que aparece en todo momento de que ella tiene su puesto junto a su esposo y que nadie la puede desear u ofender de hecho ni de palabra. Se dedica a sus trabajos con admirable seguridad, acompañada de sus hijas a quienes no abandona en ningún momento… la mujer tiene un puesto de gran importancia en la familia y sociedad Wuao.”

Son ellos los que piden a Mons. Alejandro que lleve a las mujeres extranjeras que hay en Nuevo Rocafuerte con la expresión las vamos a cuidar. El ve una gran oportunidad de evangelizar al pueblo Wuao por la participación misionera femenina.

Cuando ya Inés toma contacto con la comunidad huaorani ella nos dice como fue integrándose a ellos:

Ella es observadora y receptiva se integra a su realidad no de forma pasiva sino participando en sus actividades, relatos, comidas nos dice “Compartimos con ellos toda clase de alimentos por ellos acostumbrados…”

La evangelización que realiza es solo a base de convivencia y cariño hacia aquel pueblo olvidado en la selva. Suponemos que su convivencia sería el mayor tiempo con las mujeres y los niños Wuao. Con ellas compartía sus actividades y con los niños jugaba, cantaba y les enseñaba.

El carisma de Inés es ser misionera; un carisma que luego se ha de perfilar providencialmente ser misionera entre los más pobres, ser misionera de las minorías.

En su quehacer misionero hizo vida las palabras que Luis Amigó nuestro fundador nos escribió en una de sus cartas:

“Vosotros mis amados hijos e hijas a quienes El ha constituido zagales de su rebaño, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada hasta devolverla al aprisco del Buen Pastor. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner para salvar a la oveja perdida…” OCLA 1831.

Inés tu causa es la de Cristo y aun nos reclama compromiso, ruega a Dios para que quienes tenemos posibilidades podamos dar con generosidad y seguir apostando por los más desprotegidos.

Termino con un pensamiento que nos cuestiona ¿de qué estamos convencidas? A la vez nos anima:

A propósito de todo acto de iniciativa y de creación

es preciso saber una verdad elemental:

Que en el momento que uno se compromete con convicción,

 la providencia se pone de su parte.

(Johann Wolfang. Goethe)

Ánimo para todas. Muchas gracias.  

Bilma Freire

 

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