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En 1983 ingreso al Oriente, hoy casi 30 años.

¿Cómo fue este encuentro con ellos?

Resulta que Cecilia y yo trabajábamos como profesoras en un colegio de Ibarra. Un día conversando de vacaciones, nos pusimos de acuerdo para pedir en algún lugar para hacer una experiencia misionera, pensábamos en Riobamba con Mons. Proaño o al Oriente, Cecilia había tenido la oportunidad de conocer al P. Juan Santos que estaba en Pompeya, entonces nos dirigimos por medio de una carta a la cual tuvimos una respuesta negativa por la razón de que en esas fechas se terminaba el trabajo pastoral de los misioneros y salían de vacaciones por lo tanto no había quién nos reciba. Con mucha tristeza recibimos la noticia. A los cuatro días recibimos una llamada telefónica para preguntarnos si queríamos hacer la experiencia en Rocafuerte con la Hna. Inés y Mons. Alejandro que van a preparar el viaje donde los Wuaoranis, nosotras felices, nos pusimos de acuerdo con la Hna. Inés para encontrarnos en Quito y luego viajar a Coca y Rocafuerte.

Después de unos días de preparación nos alistamos para viajar por el río Yasuní donde los Wuaoranis.

Son dones que Dios concede y también respuestas que cada una vamos dando.

Cuando estábamos en Rocafuerte en los momentos de recreo gozábamos mucho con las ocurrencias de la Hna. Inés le gustaba imitar a las personas, era alegre, juguetona y feliz, pero por esta forma de ser de ella nunca faltó a la oración como refuerzo de su vocación.

Llegamos donde los wuaos, sin complicaciones en su equipaje su vestir y siempre descalza, que impresionante ver el recibimiento, se producen gestos, gritos, abrazos al igual responde esa manifestación de cariño Alejandro e Inés. Con su espíritu de servicio a cocinar para todos, al río a bañarnos con todas las mujeres Huao y la noche alrededor de fuego a escuchar sus historias contadas por medio de cantos.

La vida entre los Wuaoranis, las vivencias de la selva le ayudaron aún más a vivir el testimonio de las mujeres del Evangelio.

Dios le había regalado muchas cualidades para la misión. Contagiaba su entrega misionera.

Sabía exigir, sin dejar sentir que estaba exigiendo. Su alegría natural, sus gestos su forma de insinuar las cosas…, se hacía querer.

Cuando terminamos nuestra experiencia misionera en la que cambiaría nuestras vidas por esa vivencia en compañía de Mons. Alejandro y la Hna. Inés me marcaría mucho. Y es que nos encontramos con el Evangelio viviente en estas dos personas; con ellos aprendimos lo que significaba descubrir las Semillas del Verbo en un espacio diferente al nuestro.

Cuando les manifesté mi decisión de quedarme en la Misión, me aceptaron, y claro a buscar donde me ubicarían, en eso se entera el P. José miguel y les pide que me dejaran como apoyo a los seminaristas, me consultaron y claro si era útil en ese lugar que bien, desde ese momento se interesó más de mi ¿dónde iba a vivir y dejarme instalada, preocupada porque iba a vivir sola en un departamento del Colegio Gamboa, durmió la primera noche acompañándome. Me dejó instalada y se regreso a Rocafuerte. Siempre me escribía dándome consejos y animándome.

Poco tiempo después, le nombran Obispo a Mons. Alejandro, cambia la situación y más todavía cuando a la Hna. Inés le envían al Coca. Supone para la Hna. Inés una nueva etapa de su vida misionera.

Claro que la encontró inmediatamente, haciendo Pastoral Familiar, ayudando al profesorado de la escuela Fray Mariano a preparar las clases de religión y a visitar a las chicas de moral distraída como diría el P. Alberto.

Mientras sucede todo esto, la Hna. Inés continúa pensando, sin lugar a dudas, en los Huaorani, en poder ir allí, incluso en vivir con ellos. Los misioneros cuando tenían algún caso sobre personas necesitadas, acudían a la Hna. Inés, reconociendo su espíritu de caridad y servicio. Visitaba las familias y procuraba darles solución a sus problemas.

Tuve la oportunidad también de ir otras veces de misión por el río Aguarico con Mons. Alejandro y la Hna. Inés, me impresionaba la forma de conocer por su nombre y situación a todas las familias que vivían a orillas del río.

Ella siempre decía que vive feliz en la selva porque en ella se siente vivamente a Dios.

En esta selva, herida en sus riquezas naturales, en hombres y mujeres despojados de sus derechos… Esta es la tierra, y la tarea, por la que Inés y Alejandro con todos los misioneros y /as.de Aguarico, trabajan incansablemente.

Inés y Alejandro, miembros vivos de esa Iglesia naciente, lo van a ser hasta el final de su vida, fieles a la llamada que han recibido.

Alejandro como Obispo, Pastor entregado a su pueblo. Su quehacer pastoral al servicio de los más necesitados, denunciando situaciones, alentando tareas, apoyando iniciativas, arriesgando la vida.

Inés como hermana menor, entregada también al pueblo. Su quehacer pastoral igualmente al servicio de los más necesitados, viviendo junto a ellos y con ellos. Complementando con otros ojos, con ojos de mujer.

ELLOS ME RECIBIERON PARA INICIARME EN LA MISIÓN.

YO LES RECIBÍ SUS CUERPOS DESTROZADOS.

 21 marzo del 2012 

 

Carmen Pérez

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